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ECUAVOLEI Y LA FIESTA DIARIA EN LA FERROVIARIA

Escrito por Francisco Santana

Lo que sí está claro con el volley-ball –que se pronuncia voleibol– es que se originó en América, que el inventor se llama William Morgan y que se lo juega con las manos. Lo otro, por ejemplo, con cuántos integrantes por equipo se compite, que podría ser en formato de duplas o cuadras cuando se lo hace sobre arena, de seis cuando es olímpico, o en tríos cuando se trata del Ecuador, no es problema. La gente siempre se acomoda. Pero el de aquí, el de nosotros, el que la mayoría juega y disfruta se llama ecuavolei.

El reglamento del Club 24 de Mayo, de la ciudadela Ferroviaria, entre otras cosas, dice: respetar la decisión del juez, no patear ni devolver bruscamente el balón; no lanzar gritos o hacer ademanes que psicológicamente confundan a los jugadores contrarios. Les prohíben el lenguaje soez, así como ingerir bebidas alcohólicas dentro de las canchas. No los dejan usar el urinario y hasta los obligan a vestir correctamente. Todo para practicar este deporte que consiste en pasar el balón o pelota de fútbol –porque hay que decirlo, en Ecuador se juega con pelota de fútbol no como en otros lados– por encima de la red.

Junto al parque grande de la Ferroviaria están las canchas. Un lugar que se llena de gente, muchos espectadores, jugadores, algunos que apuestan y vendedores ambulantes. El complejo donde se juega está cercado por mallas de alambre y en los alrededores se forma un mercadillo, con carretillas llegadas de quién sabe dónde, que ofrecen frutas, jugos y frituras variadas.

Todo es como una fiesta. Se puede percibir la intensidad del juego, que siempre es leal. Las tardes que llenan de emoción y sufrimiento. La victoria y la derrota. Las risas que pueblan los días. Las chácharas y mofas que nunca llegan a peleas. Los apodos entre los amigos y también para los que se arriman de vez en cuando. Siempre hay más mirones que profesionales, amantes y eruditos de este deporte, jugadores de naipes y de damas. Taxistas que llegan a las tres de la tarde y dicen, “ya no ruedo más”. Llega la noche, se prenden los reflectores y la fiesta sigue. Esto no es París, pero parece que se viviera una juerga permanente. “Te doy una mano”. “Te juego con la chulla”. “Yo solo vuelo y nunca coloco”. Los más expertos y dotados otorgan ventajas a los jóvenes, a los menos sabios.

Otros sólo llegan a revolar, “a ver si se consigue para las bielas”. Algunos, con algo de suerte, lograrán parar la olla.

Hay que observar el ecuavolei –donde sea que se practique– porque es una tradición no solo de Guayaquil sino del Ecuador. Este juego esconde algunos trucos. La persona que hace de juez tiene que estar siempre despierta.

¿Quién no agarra la pelota? Hay muchos que hacen doble toque, expertos en la cuchareta, en el llego. Si el hombre no hiciera trampa, no habría necesidad de la ley.

Serie: Vida de Barrio. Nota publicada en Diario El Universo en julio de 2003 y parte del parte del libro Crónicas de Ecuador escondido de Francisco Santana, publicado en mayo de 2013

Fotos. Apertura: El Comercio. Textos: eluniverso.com; El Telégrafo,

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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