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YO SOY MIGRANTE

Memorias de un chileno en Ecuador

Soy chileno de nacimiento, nací el año 59 del siglo pasado en Santiago de Chile, una infancia sin mayores inconvenientes hasta que por cuestiones familiares tuvimos que emigrar a México, y ahí comenzó el problema.

En Chile era demasiado chico, y tal vez por eso no recuerdo haber tenido muchos amigos, ya mayor en México si me recuerdo haber tenido dos, uno de ellos chileno, el otro mexicano, casi un hermano, y punto, no más amigos en cinco años, los que considero los peores de mi vida, por el odio reflejado cada vez que te escuchaban hablar, tener que ir a comprar pan y llegar insultado y golpeado, solo por el hecho de ser un poco más blanco y hablar distinto. Fue una pesadilla, lo mismo en el colegio, por suerte contaba con mis dos amigos, con los cuales podía uno confiar y al menos conversar, luego por causas nuevamente familiares y políticas tuvimos que venir a Ecuador.

Llegamos en diciembre del año 74, pleno invierno, mosquitos. olores.. basura en las calles, después de venir de México DF que era una ciudad totalmente cosmopolita, fue un choque, solo con el viaje del aeropuerto al Barrio Centenario ya quedé asustado, pero , al llegar a casa de mis tíos y conocer de nuevo a mis primos, que no veía en años, desde antes de salir de Chile, primos que por suerte eran ecuatorianos hijos del hermano de mi padre, y hacernos amigos en un segundo, y conocer a todos sus amigos fue un cambio impresionante, y pasó a segundo plano el olor y los mosquitos, salir a andar en bicicleta a cualquier hora, y poder llegar de noche tranquilo a tu casa sin que nadie te insulte o golpee por hablar distinto ya era ganancia.

Luego entrar al colegio, el famoso Cristóbal Colón, donde gracias al rector, el Padre Sandoval, pude ingresar sin tener todavía los papeles del ministerio de educación, cosa que en México tardó dos años en los cuales no pude entrar a ningún colegio, aquí tardó una llamada de mi tía al Padre Sandoval, quien me dejó entrar de oyente hasta solucionar lo de los documentos, cosa que pasó a los seis meses, pero él se había encargado de tener el registro de mis calificaciones, así que en la práctica no perdí ni un día de clases.

Asustado el primer día de clases, a la defensiva, a ver que me deparaba el futuro en éste nuevo país, pero oh sorpresa cálida recepción, todos acercándose a preguntar que de donde era, y que hacía en Ecuador, en fin todo cordial. A los tres días me fueron a buscar unos compañeros a la casa, no sabían mi nombre, nunca supe como sabían dónde vivía, pero después descubrí que en Guayaquil todo se sabe, y al grito de ahh chilenooo baja… salí a la calle sin saber que esperar, preparado para pelear, por suerte algo de artes marciales había aprendido con mi amigo en México, así que mucho miedo ya no tenia, pero eran tres, cuando bajo abro la puerta con cierto recelo veo que todos sonríen y dicen… oye, vamos al cine, te invitamos… no lo podía creer, en México todos mafiosos y aquí ¿maricones?

Total sin muchas ganas fuimos al cine, el famoso cine Lido, que ya no existe, y después a la sanduchera Las Américas, a comer un sánduche de mortadela con queso y una coca, todo financiado por mis compañeros, porque yo no tenía un medio, y así fue mi primer contacto con mis amigos ecuatorianos. Resulta que abrieron su corazón a un extranjero chiro que no tenía nada que ofrecer sino su amistad, y descubrí que estaba en el lugar correcto.

Recién a los 15 años tenía verdaderos amigos por montones, uno mejor que otro, lo que en México fue una excepción, aquí era la norma, y no, no eran maricones, eran buena gente, y aquellos amigos siguen siendo mis amigos queridos hasta la fecha actual.  Amigos donde fuere. Amigos de colegio. Amigos de la clase o del otro paralelo. Amigos de barrio. Amigos de otros barrios. Amigos de  juegos. Amigos de las fiestas. Amigos donde sea. Era el Guayaquil de los 70. El Guayaquil de los amigos.

A los dos años de llegado conocí a la chica más bella que uno podía imaginar, solo con mirarla me quedaba mudo, pero por suerte entre los grandes amigos que tenía estaban sus hermanos, y pude acercarme y “amarrarme” como dicen aquí. Fue mi primer y único amor, con ella nos casamos y formamos una linda familia, con dos hijos inteligentes, estudiosos, respetuosos y educados, todo gracias a ella, porque uno salía temprano y llegaba fundido a final del día, dejando toda la carga de la casa a mi querida esposa, que siempre fue una madre ejemplar, preocupada hasta el más mínimo detalle para que a sus hijitos queridos nunca les falte nada, nunca entendí como se daba tiempo para hacer de todo, y encima lucir como una princesa.

Pasó el colegio, pasó la universidad, tiempos buenos, tiempos malos, pero siempre contando con mi esposa, mis hijos y mis amigos en cualquier momento, lo que necesitabas lo conseguías con una llamada, y si alguien necesitaba algo te llamaban sin ningún recelo, pues la palabra amigo es bidireccional, y todos lo tenemos bien claro.

Los niños crecieron y se graduaron del colegio, luego de la universidad, el mayor arquitecto, para seguir la tradición familiar en la cual hay varios arquitectos. El menor siguió ingeniería civil una carrera compleja, que ha sabido llevar bien, pues es una rama que abarca todos aspectos de las demás ingenierías y es digamos el director de orquesta en una obra en que se reúnen varios ingenieros de distintas ramas.

Resulta que un día llegó mi hijo mayor a presentarnos a una “amiga” que había conocido en los juegos de video, y que ella les daba palo a todos, y a él le dio palo en el corazón, porque no se volvieron a separar jamás y están felizmente casados y siguen siendo mejores amigos, lo que en un matrimonio es complicado, ella vino a llenar ese vacío que teníamos de haber tenido una hija, y resultó muy parecida a mis hijos, pues es inteligente, bonita y con la cual se puede tener una conversación profunda acerca de cualquier tema, amante de los animales igual que nosotros, por lo cual completó un huequito que había en nuestro corazón pasando a ser una hija en la familia.

Pasó el tiempo y resulta que de pronto en la política nacional surgió un bocón que gritaba mucho y ofrecía de todo a todos, brillante para manejar masas y promover odio, y el país que conocí fue cambiando de a poco, porque crisis siempre hubo, malos y buenos momentos, la gente tenía amigos, pero de pronto surgió la envidia fomentada todos los sábados con dos horas de insultos y escarnio a los detractores, mientras el pueblo azuzado gritaba contra los pelucones, que eran los culpables de todos sus males, y solo escuchaban lo que querían oír, siempre el rico era malo, el pobre subido en un altar, dueño de todas las virtudes y ser pobre pasó a ser un título nobiliario, el estado te tenía que pagar todo, dar educación, comida, salud, porque tú eras pobre, si atropellabas a alguien, o te chocaba un taxista tu tenías la culpa, porque ellos eran pooobres, así alargado y acentuado y tu tenías que correr con todos los gastos, solo por el hecho de “parecer” pelucón.

Y llegamos a la era actual, donde veo que se robaron todo. Robaron en absolutamente todo lo que pudieron, sin importar nada, porque le robaban al pelucón, nunca al pueblo, pero si el pueblo no tenía agua era por culpa del pelucón, lo mismo si no tenía salud, o educación, todo era culpa de los pelucones que no pagaban impuestos, y hacían escarnio de ello todos los sábados, pero los pobres no tenían que pagar impuestos, pues ellos son …pooobres, y así se fue perdiendo la costumbre de ganarse el pan de cada día.

Lo que más lamento de todo esto es como una sola persona, pudo cambiar a todo un pueblo cariñoso y amable, les robó todo, incluso el afecto por su familia, porque siempre en cada familia hay un pelucón al menos, pero lo que más duele es ver que a mis hijos les robaron sus amigos, ya no hay esa cantidad , calidad, incondicionalidad y lealtad que había, no entiendo cómo, pero hasta eso se robaron, y eso, eso no tiene perdón, el resto se repone, el amor de la gente es más difícil, porque ya nació una generación con odio y con todos los derechos y ningún deber.

Fotos e ilustraciones: Apretura: Forbes.com.mx. Textos: gkcity.com; elpais.com; frepick.es;  canstockphoto.es; istockphoto.com; esdreamstime.com

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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