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NO HAY UNA SOLUCIÓN SIMPLE

Escrito por James Neale Yerovi

Es martes 9 de febrero, el día 40 del año. El equinoccio de primavera es en 39 días. El amanecer en Miami fue a las 6:59 a.m. y el atardecer será a las 6:10 a.m  durante 11 horas y 11 minutos de luz solar.  La luna menguante está 4 por ciento llena.

El torneo de tenis Abierto de Australia, el primer evento de Grand Slam del año calendario, está en marcha, al igual que la perenne interrogante acerca de Serena Williams: ¿Conseguirá el título No. 24 de Grand Slam en individuales para empatar con Margaret Court? En el lado de los hombres, el drama recae en Rafael Nadal de España, quien busca su 21º título individual masculino de Grand Slam para romper el actual empate con Roger Federer de Suiza.

Federer, seis veces ganador en Australia, no está en Melbourne por primera vez en 21 años. Algunos informes afirman que todavía se está rehabilitando después de dos cirugías en la rodilla derecha; otros dicen que se opuso a los estrictos protocolos de la enfermedad actual que habrían requerido que su esposa y sus cuatro hijos, que viajan con él a muchas torneos, no pudieran haber salido de su habitación de hotel durante 14 días, y no estaba dispuesto a dejar a su familia durante cinco semanas.

En otro ámbito, es innegable que nuestra sociedad no está diseñada para proteger a las madres.

¿Qué quiere decir esto?

Las mujeres y los hombres no ganan la misma cantidad de dinero por el mismo trabajo. Al ritmo actual, se necesitarán cerca de 100 años para que las mujeres cobren tanto como los hombres. Con mayor exactitud, se requerirá de 99,5 años para lograr la igualdad de género global, según un informe anual del Foro Económico Mundial (WEF).

El Informe “Global de Brecha de Género-The Global Gender Gap Report 2020”, ahora en su decimocuarto año, comparó a 153 países en su progreso hacia la igualdad de los sexos basándose en cuatro categorías: participación y oportunidades económicas, logros educativos, salud y supervivencia, así como empoderamiento político.

A este ritmo, no veremos la paridad de género completa en nuestra vida.  Eso se debe en gran parte a que la sociedad todavía presiona a las mujeres para que asuman la gran mayoría del trabajo no remunerado en el hogar, incluido el cuidado de los niños.

A las mujeres a menudo no se les paga por el trabajo que realizan. Todos los días acumulan un promedio de 4,5 horas de trabajo gratuito en las tareas del hogar y el cuidado de los niños, independientemente de dónde se encuentren en el mundo. En los países en desarrollo, las mujeres pueden incluso realizar 10 veces más de trabajo “regalado” que los hombres.

Si las horas de trabajo no remunerado realizadas por mujeres en todo el mundo se pagaran con el salario mínimo, valdrían al menos USD $10 trillones (billones en español), aproximándose al Producto Interno Bruto (PIB) de China, según una estimación conservadora de la firma consultora estratégica global, la estadounidense McKinsey & Company.

Además,  de acuerdo con estimaciones proporcionadas por el Foro Económico Mundial (WEF), se necesitarán 95 años para cerrar la brecha de género en la representación política, con las mujeres ocupando sólo una cuarta parte de los escaños parlamentarios y alrededor de una quinta parte de los puestos ministeriales.

Oriente Medio y África del Norte obtuvieron los puntajes más bajos en el índice de brecha de género, y se espera que la región alcance la igualdad de sexos en aproximadamente 150 años.

“Por ahora, muchas mujeres en la región continúan enfrentando limitaciones de derechos básicos, incluyendo divorcio, herencia, propiedad de activos, acceso a la justicia y libertad de movimiento”, señaló WEF. De hecho, todavía hay 72 países donde las mujeres tienen prohibido abrir cuentas bancarias u obtener crédito. Y en los últimos 50 años, 85 estados no han tenido mujeres líderes.

En el extremo opuesto del espectro, el informe del WEF afirma que se necesitarían tan sólo 12 años para lograr la paridad de género en la educación.

Pero estas son sólo estimaciones.

En realidad, no disponemos de datos suficientes sobre gran parte del trabajo que realizan las mujeres en todo el mundo.

La misma sociedad e infraestructura que recopila y aplica datos de todas las facetas de nuestras vidas no ha sido capaz de realizar un seguimiento eficiente de las horas que las mujeres trabajan y cobran fuera de los lugares de trabajo oficiales.

El progreso en la igualdad de género debe basarse en la cuantificación de las brechas. «No podemos cerrar la brecha de género a menos que se cierre la brecha de datos», afirma Melissa Gates (Gates Foundation-Fundación Gates).

Es muy cierto, captar adecuadamente el alcance total de la productividad de las mujeres las mantiene en roles dependientes y pasivos, lo que puede justificar las dinámicas sesgadas por género.

Según un informe de la misma McKinsey, dentro de 10 años las mujeres podrían contribuir USD $12 trillones (billones en español) más a la economía mundial con una mejor participación en el lugar de trabajo (trabajando a tiempo completo, en mejores trabajos y con salarios más altos), una cifra que podría llegar a los USD $28 trillones (billones en español) si se se logra la igualdad de género profesional de manera completa.

¿Qué sucede en Estados Unidos?

Hasta hace poco, las mujeres solían constituir la mayoría de la población activa estadounidense.  En el mes de diciembre de 2019, las mujeres laboraron en el 50,04 por ciento de los trabajos de nómina, frente al 49,99 por ciento del mes anterior. En ese momento, la cifra reflejaba una tendencia mayor y en curso.
De acuerdo con datos del “Departamento de Trabajo-U.S Department of Labor”, de los 145.000 puestos de trabajo recuperados en diciembre de 2019 en toda la economía, las mujeres obtuvieron la mayoría: 139.000.

Pero el año pasado, las madres representaron casi la mitad de las más de 2,3 millones de mujeres que dejaron la fuerza laboral. Se produce cuando decenas de miles de escuelas se han vuelto virtuales y las mamás son cada vez más incapaces de dejar de ocuparse del cuidado de niños y de sus trabajos reales las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

Estudio tras estudio ha descubierto que las madres que trabajan sufren niveles desproporcionados de agotamiento y estrés. El agotamiento es una condición de salud reconocida, no solo un eslogan. Ya era un problema para las madres trabajadoras incluso antes de la pandemia.

El año pasado, la Organización Mundial de la Salud lo agregó como un síndrome a la “Clasificación Internacional de Enfermedades”. Según la OMS, la condición se califica como un «estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha manejado con éxito».

Había alrededor de 35 millones de madres trabajadoras en los EE. UU. a fines de 2019 y aproximadamente 9,8 millones de ellas sufren de agotamiento en el lugar de trabajo, según un nuevo análisis de “Great Place to Work”, a su vez autoridad mundial en cultura laboral, y la empresa emergente de atención médica Maven, realizado en base a su encuesta a 440.000 padres que trabajan, incluidas 226.000 madres.

Sólo por ser una madre trabajadora, las mujeres tienen un 28% más de probabilidades de sufrir agotamiento que los padres, según el análisis.

Eso significa que en los EE. UU., existen 2,35 millones de casos adicionales de agotamiento debido a las demandas desiguales del hogar y el trabajo que se imponen a las madres trabajadoras. Los casos de agotamiento son más altos entre las madres negras, asiáticas y latinas en comparación con sus contrapartes blancas. Según dichos informes, las madres negras están abandonando la fuerza laboral en más del doble de la tasa de madres blancas. No es la única área donde están creciendo las divisiones raciales.

Continuemos.

Las madres negras también enfrentan desigualdades sanitarias desproporcionadas. Tienen tres veces más probabilidades que las mujeres blancas de morir por causas relacionadas con el embarazo, además, pueden tener el doble de probabilidades de experimentar infertilidad. Es menos probable que las personas de color tengan acceso a cosas como la atención prenatal, y aún menos sobre la atención enfocada en la fertilidad. El racismo sistémico en el cuidado de la salud también es evidente en los ensayos clínicos, donde las personas de color están subrepresentadas. Sucede al mismo tiempo que los estadounidenses negros están muriendo de la enfermedad actual  al doble de la tasa de los estadounidenses blancos.

¿Qué se está haciendo?

Los legisladores afroestadounidenses han introducido la “Ley Momnibus de Salud Materna Negra de 2021” para abordar estas inequidades en la salud en todo el país. Financiaría organizaciones comunitarias que están trabajando para promover la equidad y mejorar la atención médica para las mamás. Invertiría en cosas tales como servicios de cuidado infantil, nutrición y programas de capacitación contra los prejuicios raciales y la discriminación.

En cuanto a las mujeres que abandonan la fuerza laboral, la administración de Biden lo ha denominado como una «emergencia nacional», y, según se informa, propuso un crédito fiscal por hijos (hasta USD $3,600 por niño) para ayudar a los padres. Espera entregar cheques de estímulo adicionales por USD $1,400.  Asimismo, algunos legisladores están tomando la iniciativa para abordar los problemas que persisten durante décadas.

No obstante, hay más formas en las que todos podemos ayudar a las madres a enfrentar esta pandemia, la cual ha agravado las fallas del sistema estadounidense y global, que defraudan a mujeres y madres.

Es una situación grave.

No hay una solución simple para la masiva traición social que las madres trabajadoras han experimentado durante el último año.

Lo que antes era un “balde con fugas” ahora se ha convertido en una “cascada” de talento que abandona la fuerza laboral.

Foto: Apertura. República.com; espnpressroom.com; freepick.es; eswilkipedia.org; blogs.ifm-formacion.com; spdepositphotos.com; aldianews.com

jneale@plan-a-consulting.com

Móvil: 593.9.9399.5413

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Estrategia Dinámica, Finanzas Corporativas, y Mercadeo Cuantitativo

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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