Breaking News

EL CARNAVALAZO

Detalles del famoso Carnavalazo con revelaciones inéditas de aquel episodio histórico que pudo fin a la dictadura de Velasco Ibarra y a la llegada de los Militares al poder, en una nota del recuerdo.

Tiempo de carnaval. La magia del recuerdo nos lleva a una palabra histórica en Ecuador: Carnavalazo. No. No es un juego de carnaval con agua, espuma, confetis o desenfreno. Carnavalazo, es un hecho político, clave en la historia de nuestro país. En aquel carnaval de 1972, un martes 15 de febrero, los militares se tomaban el poder. Hoy nos vamos a meter en un tren político para transitar por los rieles de la historia y extraer del vagón geopolítico, el golpe de Estado que permitió al General Guillermo Rodríguez Lara, por entonces comandante general del Ejército, asumir el poder, tras derrocar al presidente José María Velasco Ibarra, elegido en agosto de 1968, cuando faltaban seis meses para concluir su período, el quinto y último de su historia como Mandatario. El militar asumió el poder en nombre de las Fuerzas Armadas y proclamó una revolución nacionalista. Con este hecho, se cambió de dictadura civil a dictadura militar, pues desde el 22 de junio de 1970, Velasco,  se había declarado dictador con apoyo castrense.

El golpe militar del 15 de febrero de 1972 dado en Quito, sorprendió a Velasco Ibarra que ya enterado del rumor que lo iban a derrocar, se trasladó a Guayaquil para desde la estación televisiva Telecentro Canal 10 denunciar el golpe, lo cual no pudo hacerlo, pues fue apresado y al día siguiente lo desterraron a Panamá. Desde allí Velasco se trasladó a Buenos Aires, Argentina donde vivió exiliado hasta 1979, año que regresó a Ecuador, donde murió en forma natural. La dictadura militar, que derrocó a Velasco, se auto denominó Gobierno Nacionalista Revolucionario de las Fuerzas Armadas.

Este derrocamiento se debió al complejo momento político que vivía el Ecuador en esos años, el surgimiento de la izquierda política, el cual incluía el peligro inminente de que estallara una guerra civil debido a la polarización de las facciones que pretendían llegar al poder en las elecciones venideras. “Ante la encrucijada en que se encuentra la nación por el desgobierno y de la ambición política, las Fuerzas Armadas… interpretando el sentir mayoritario del auténtico pueblo ecuatoriano, han decidido asumir el control de la República para instaurar en el país un Gobierno Revolucionario de clara concepción nacionalista”, decía la proclama al país del nuevo régimen militar.

Con ese golpe de estado, llegó al poder, Guillermo Antonio Rodríguez Lara, nacido en Pujilí, Cotopaxi, el 4 de noviembre de 1924, que fue Presidente del Ecuador en un período de facto que se extendió por casi cuatro años, pues gobernó el país desde el 15 de febrero de 1972 hasta el 11 de enero de 1976, cuando la cúpula militar le pidió la renuncia. A él lo sucedió un triunvirato militar presidido por los jefes de las tres ramas de las Fuerzas Armadas, presidido el almirante Alfredo Poveda Burbano por la Marina y los generales Guillermo Durán Arcentales por el Ejército y Luis Leoro Franco por la Aviación, que en agosto de 1979, entregaron el poder al presidente Jaime Roldós, para culminar con nueve años dictatoriales y restablecer la democracia.

Cabe recordar que cuando Rodríguez Lara, asumió el poder, en virtud de ser el oficial más antiguo de las Fuerzas Armadas, era un personaje desconocido en la escena política nacional del Ecuador hasta ese momento. Fue el golpe de estado el que lo dio a conocer en el ámbito nacional e internacional.

Sobre el hecho hay algunas versiones. Algunos historiadores afirman que este golpe de Estado tuvo su motivación en impedir la celebración en ese año de las elecciones presidenciales y consecuentemente el casi seguro triunfo del líder cefepista Assad Bucaram Elmhalin. Otras versiones, también procedentes de historiadores y actores políticos, sostienen que el golpe de Estado se dio por el interés de los militares para desde el gobierno, ejercer la administración del país que para entonces iniciaba la masiva explotación petrolera en la Amazonia ecuatoriana, que ofrecía una inmensa riqueza.

Antecedentes

Los primeros días de febrero de 1972 estuvieron plagados de rumores y de una tensa situación política. Los cálculos de los analistas políticos eran de que, pasadas las fiestas de carnaval (del 13 al 15 de ese mes), se podrían despejar algunas incógnitas, pues se hacían conjeturas de la formación de una alianza multipartidistas para oponerse a la única candidatura en firme, que era la de Assaad Bucaram. No faltaban quienes hablaban de un posible pronunciamiento militar, pues el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Guillermo Rodríguez Lara estaba tomando distancia con el presidente Velasco.

El martes de carnaval, mientras la mayoría de los ecuatorianos se disponían a descansar tras el feriado, se registraron movimientos militares que detectaron los allegados al doctor Velasco Ibarra. El mandatario intuyó que se venía el golpe y decidió viajar a Guayaquil a las siete de la noche para trasladarse al canal 10 de televisión (hoy TC), desde donde pensaba dirigirse al pueblo para denunciar el golpe y pedir el respaldo ciudadano.

Fue muy tarde, pues a esa hora en Quito, el general Guillermo Rodriguez Lara se disponía a asumir el poder a nombre de las Fuerzas Armadas y en el canal de televisión irrumpieron miembros de la Marina para impedir la transmisión, comunicarle al doctor Velasco que estaba destituido y llevarlo al aeropuerto para embarcarlo desterrado a Panamá.

Cuando ocurrió el “Carnavalazo”, el presidente Velasco Ibarra, ejercía una dictadura civil, pues dos años antes, un 22 de  junio de 1970 se había declarado dictador, debido a que por sus desavenencias con el Congreso, se había convencido de que no podía gobernar constitucionalmente dada la insuficiencia de las leyes y que lo mejor era optar por la dictadura, hecho que fue apoyado por las Fuerzas Armadas, las mismas que tiempo después lo derrocaron. Así, él cinco veces presidente de Ecuador, asumió la plenitud de poderes, disolvió el Parlamento y desconoció la Constitución vigente con el propósito de “regularizar la vida del Estado y poner bases de justicia social y vigor nacional”, según dijo en su momento.

Las diferencias entre el ejecutivo y el legislativo se dieron entre otras cosas, por la petición de Velasco a reformar a la Constitución para dar más poder al Ejecutivo y por reparos en torno al presupuesto general, lo que causó una pugna de Poderes entre el presidente y el Congreso. Se iba creando así, un clima general de intranquilidad en el campo por la pobreza, y en las universidades por la campaña en pro del libre ingreso para los bachilleres titulados y por la represión violenta a las manifestaciones estudiantiles. Este cúmulo de circunstancias provocó una crisis política que estalló el 22 de junio de 1970 y que hicieron que Velasco Ibarra se proclame dictador. La etapa dictatorial duró un año y siete meses en los que el Gobierno reprimió a la oposición, a los medios de comunicación y a las universidades y no halló otra fórmula para restablecer el régimen de derecho que convocar a elecciones bajo la Constitución de 1946 a la que añadió dictatorialmente algunas reformas.

En aquel tiempo, primeros meses de 1972, cuando sucedió el Carnavalazo, Ecuador era un país sumido en el caos, con un presidente convertido en dictador civil, con unas elecciones generales próximas a celebrarse y con actores políticos cuyas acciones eran impredecibles. En el país se vivía un período bastante turbulento y sin visos de resolverse por una vía pacífica o democrática. De alguna manera, estas múltiples circunstancias, en gran parte imprevistas e incluso improvisadas, empujaron a las fuerzas armadas ecuatorianas a tomar la decisión de intervenir activamente en el destino

Ante ese escenario político convulsionado y con el descenso en aceptación por parte de los ciudadanos hacia la dictadura de Velasco Ibarra, las Fuerzas Armadas decidieron intervenir. El incruento golpe de Estado en el que no se disparó ni una sola bala, ni se derramó una gota de sangre, se produjo cuando Velasco Ibarra se encontraba en Guayaquil.

La asunción de Rodríguez Lara al poder se dio en medio de un ambiente bastante convulsionado e incierto, y debido a que se quiso evitar la celebración de unas elecciones generales cuyo ganador ya se sabía de antemano, por el favoritismo del pueblo a su candidatura. Con ello se logró impedir que Assad Bucaram Elmhalin, participara y ganara en las nunca celebradas elecciones presidenciales de 1972. El político era un  personaje populista y con mucha llegada entre la clase trabajadora, especialmente en Guayaquil y también en el resto de la costa ecuatoriana, el cual no era precisamente del gusto de la oligarquía, de los sectores conservadores ni de la cúpula de las fuerzas armadas.

En un principio se pensó, e incluso pareció, que el gobierno de Rodríguez Lara iba a ser de una tendencia marcadamente progresista o inclinada hacia una izquierda moderada, más esto no se cumplió tal y como se esperaba o anunciaba, y el paso del tiempo, se encargó de rectificar o desmentir dicha falsa creencia. Finalmente no se cumplieron las expectativas iniciales de cambio que se depositó en el nuevo gobernante y que en la época eran bastante altas, lo cual a la postre produjo un desgaste inevitable e irreversible de la gestión gubernamental del general Rodríguez Lara, circunstancia que culminó con su alejamiento definitivo del poder y de la política ecuatoriana. Nunca después volvió a tener una participación destacada o digna de nombrarse en la vida pública del Ecuador y hasta se podría afirmar que su figura cayó en el olvido con el paso de los años.

El golpe de estado

El golpe de estado incruento e inesperado ocurrido el 15 de febrero de 1972, fue ejecutado materialmente por un joven oficial de la Armada del Ecuador, el comandante Jorge Quierolo Gómez, que llevó finalmente al general Guillermo Rodríguez Lara al poder.

Contrariamente a lo que habitualmente sucede en estos casos, el golpe en sí sucedió en Guayaquil y no en la capital, Quito. Se dio sin que se produjeran hechos de violencia, enfrentamientos entre los golpistas y las pocas fuerzas que protegían a Velasco Ibarra, hubiera víctimas o heridos que lamentar y sin que se disparara ni un solo tiro. El despliegue militar que se realizó fue mínimo y pasó prácticamente inadvertido para la población de la ciudad, incluso en el barrio en el que por entonces estaba la residencia presidencial en la cual se encontraba Velasco, que estaba situado en Los Ceibos, un sector residencial de clase media alta. La ejecución del golpe fue muy discreta, pacífica y silenciosa. Todo ello se dio gracias a la notable pericia táctica del comandante Jorge Queirolo Gómez, quien pese a ser el que ejecutó materialmente el derrocamiento de Velasco Ibarra, solo asumió el poder por unas pocas horas, cediéndolo casi de inmediato, durante la madrugada, al general Rodríguez Lara, que además era quien en verdad estaba tras el golpe.

Cabe resaltar que el ejército no reaccionó en forma activa frente al golpe ni tampoco intentó detenerlo o siquiera retrasarlo, pese a que en Guayaquil sí disponía de los efectivos suficientes como para poder hacerlo. El factor sorpresa también estuvo ciertamente presente, pues los sucesos se dieron durante el Martes de Carnaval, al anochecer, en medio de un feriado que es muy tradicional en el Ecuador, en momentos en que el país estaba con la mayor parte de los ecuatorianos dedicados a descansar o festejar. Prácticamente nadie estaba en ese momento pendiente del acontecer político o siquiera de las noticias, las que por esos años no se propagaban con tanta facilidad ni rapidez como ahora. La oficialidad del ejército acantonada en Guayaquil, concretamente los efectivos que estaban asignados a la Brigada de Infantería Número 5 «Guayas», situada entonces relativamente cerca del centro de la ciudad, no fue la excepción. No intervinieron ni tampoco intentaron hacerlo. Fueron testigos pasivos y silenciosos de la ruptura de la democracia en el Ecuador, la cual tardó siete años en ser recuperada.

Durante esa jornada solo había unos pocos soldados más un oficial de guardia presentes, para quienes el golpe pasó totalmente desapercibido. No tuvieron la oportunidad de apreciar la existencia de algún movimiento extraño o inusual que delatara que se estaba procediendo a derrocar al presidente en funciones de la república. Para el personal militar de guardia todo se veía muy normal y sin novedades. Bien podría decirse que el ejército fue un elemento pasivo en la ejecución misma del golpe, mas no en lo tocante a la asunción del poder como tal. Es menester tener en consideración que las comunicaciones eran entonces mucho más precarias que las que existen hoy en día, sin teléfonos celulares, conexiones a internet, notebooks, tabletas, redes sociales ni otros artilugios tecnológicos cada vez más sofisticados que han ido surgiendo con el transcurso de los años

Ese mismo día, sin dar tiempo a que sus partidarios reaccionen o tomen cartas en el asunto, Velasco Ibarra fue rápidamente expulsado de Ecuador y obligado a abordar un avión de la Fuerza Aérea del Ecuador  (FAE) que lo trasladó inmediatamente con rumbo a Panamá, país desde donde partió poco después a su exilio definitivo en Buenos Aires, Argentina, de donde regresó a Ecuador en 1979 tras la muerte de su esposa, la poetisa argentina Corina del Parral, en un accidente de tránsito en el que fue arrollada por un bus urbano, sucedido en febrero de 1979.

Tras el golpe de estado, se marcó el fin inesperado de la dilatada carrera política de José María Velasco Ibarra, la que se extendió a lo largo de algo más de cuatro décadas y que capitalizó una gran parte de la atención pública durante ese lapso en el que fue cinco veces presidente del país. A partir del golpe de estado, Velasco, nunca más intervino en la vida pública de Ecuador y solo hizo ocasionalmente declaraciones que, en cualquier caso, no alteraron los sucesos políticos que se desarrollaron en su país. Vivió un exilio sin grandes estridencias ni declaraciones y con un estilo de vida más bien modesto en Buenos Aires, Argentina. La edad de Velasco (86 años) fue un factor clave para que él no haya podido retornar a la política activa tras su regreso a Ecuador en 1979. Ni siquiera lo intentó. Los años pasados en Buenos Aires lo alejaron de la contingencia política e hicieron que cayera casi en el olvido. Pese a todo, el funeral de Velasco quien murió el 20 de marzo de 1979 a los 86 años, fue altamente concurrido en 1979.

Revelaciones inéditas

El comandante Rodrigo Rivadeneira,  jefe militar de la Casa Presidencial y edecán naval, del presidente José María Velasco Ibarra, cuenta detalles inéditos de cómo realmente se vivió, día a día, el fin del quinto velasquismo y como inició la última dictadura militar del siglo XX en Ecuador, en una nota publicada el viernes 28 de febrero de 2020, titulada: El Carnavalazo: Así cayó Velasco Ibarra” escrita por Rodrigo Rivadeneira / Cecilio Moreno.

Aquí la reproducción de la nota:

“Empezaba 1972. Velasco Ibarra estaba en su quinto mandato. Dos hechos importantes estaban previstos para mediados de año: Las elecciones presidenciales y el inicio de las exportaciones de petróleo. El debate nacional se alternaba entre la incertidumbre por el muy probable triunfo de Asaad Bucaram, de Concentración de Fuerzas Populares y; el destino que tendrían los nuevos ingresos petroleros. Otro país estaba por venir.

 En público todo era armonía. El presidente Velasco y el jefe del Comando Conjunto Guillermo Rodríguez brindaban juntos por el nuevo año. Bucaram estaba virtualmente fuera de juego. Con pruebas –que resultaron falsas- se lo acusó de ser extranjero. Pero en los primeros días de febrero, ya en los cuarteles era “secreto a voces” que en Carnaval, se daría un golpe de Estado.

 

Uno de sus actores, el jefe militar de la Casa Presidencial y edecán naval, capitán de fragata Rodrigo Rivadeneira Suárez, cuenta por primera vez, los últimos días de Velasco en el poder. 

 

Viernes antes de Carnaval

 

Solicité hablar con el comandante general de Marina, contralmirante Reinaldo Vallejo Vivas y le dije: “Mi Almirante, es de mi conocimiento que en este Carnaval, las Fuerzas Armadas (FFAA) van a asumir el poder, así que solicito me dé instrucciones sobre qué debo hacer con el señor Presidente y su esposa, pues es de mi responsabilidad velar por ellos”.

 

El Almirante me dijo: “Comandante Rivadeneira, le hemos pedido al Ministro de Defensa que consiga una reunión entre el Presidente y el Alto Mando para conocer qué podemos hacer por su total seguridad, pero él se niega a recibirnos o tal vez el Ministro no le haya dicho nada, por lo que usted vaya y dígale que nos reciba”. A lo cual yo le respondí. “Mi Almirante eso es función del Ministro de Defensa”, a lo cual el Almirante me dijo: “Comandante ante la situación en que estamos, tómelo como una orden mía”. 

 

Me reuní con el edecán militar, mayor Jorge Vaca y el edecán de la FAE, el teniente coronel Héctor Vascones. Les expuse que tenía la orden de hablar con el señor Presidente, para informarle que las FFAA iban a hacerse cargo del Gobierno y que el Alto Mando quería, de ser posible, reunirse con él. Fuimos a hablar con el secretario particular, el doctor Jaime Acosta Espinosa quien nos indicó que él tenía la misma información y que estaba de acuerdo que debíamos comunicárselo al señor Presidente quien nos recibiría a las 07H00 del día siguiente.

 Sábado, víspera de Carnaval

A las 07H00 estuvimos puntuales los tres edecanes. Debo admitir que a esa hora y con el frio que hacía en los pasillos del Palacio, no me sentía muy feliz. El Presidente no se hizo presente.

 A las 07H30 salió con su esposa, listo para viajar.

 Partimos para la Base Aérea y volamos primero a Ambato, donde desembarcó la señora Corina. Continuamos al Oriente, donde estuvimos participando en las ceremonias por el 12 de Febrero (Día del descubrimiento del Amazonas). A las 16H30 regresamos a Ambato. El Presidente y doña Corina se alojaron en la casa de la señora Toya Samaniego con quien les unía una gran amistad. 

 Domingo de Carnaval

Para mí fue un día de sorpresas. El programa del Presidente para ese día era, a las 10H00 entregar un número de casas construidas por una entidad del Estado y a las 12H00 asistir a la coronación de la Reina de Ambato en la Plaza de Toros. Yo estaba muy preocupado de tener al Presidente en un lugar cerrado, rodeado de una multitud en una posición superior a la nuestra, de los cuales muchos no serían simpatizantes suyos y con pocas posibilidades de escape en caso de algo desagradable.

 A las 12H00 estaba previsto que ingresaría el Presidente a la Plaza pero para mi sorpresa no lo hizo. Él era reconocido por su gran puntualidad. A las 13H00 llegó e ingresó a la Plaza en medio de una gran rechifla.

 Coronó a la Reina y comenzó su discurso en términos duros para los asistentes. Luego fue cambiando, recordándoles que eran descendientes de los tres Juanes, sus virtudes y las grandezas de Ambato, terminando con grandes aplausos. Al salir, poco faltó para que nos saquen en hombros como a los toreros. El Presidente demostró su genialidad y su gran capacidad para el manejo de masas.

 A las 14H00 la señora Toya me indicó que el Presidente deseaba salir a ver cómo estaba la carretera Ambato-Guaranda. Recorrimos unos diez kilómetros de carretera y esta se terminó, lo que disgustó al Presidente; más aún cuando la señora Corina le dijo: “José María, ¿ves cómo te mienten y te engañan?”. 

 Retornamos y se bajó disgustadísimo. Minutos después doña Toya nos dijo: “El Presidente les espera en la sala principal”. Esto me cayó como un bombazo, yo sabía que era el peor momento para hablar con él. Parado frente a la chimenea y dirigiéndose a los tres edecanes nos dijo: “Señores querían hablar conmigo, hablemos”.

 Al ser el más antiguo de los edecanes le dije: “Lamento venir con malas noticias pero lo hago en cumplimiento de una orden del señor comandante general de Marina, para decirle que en estos días de Carnaval las FFAA se van a hacer cargo del gobierno y le solicitan una reunión con el Alto Mando para conocer qué medidas o acciones quiere que se tome para su seguridad y la de su esposa”. 

 Vi nuevamente en su rostro un gran enojo. Me dijo: “Comandante, soy el Presidente Constitucional, elegido por votación popular y no puedo entregar el poder. Le pido que hable con ese general Rodríguez y le diga que si quiere el poder, que venga a quitármelo y yo me iré protestando”. 

 Lunes de Carnaval

A las 04H00, un soldado me despertó para decirme: “Comandante, el señor Presidente dice que le han informado que en Quito hay un movimiento de tropas y que quiere regresar de inmediato”. Salimos de Ambato a las 06h00 y llegamos a Quito a las 09H00. Luego de pedir información, determiné que no había tal novedad.

 Martes de Carnaval

Siendo las 08H00 recibí una llamada: “El señor Presidente ha decidido viajar a Guayaquil así que véngase de inmediato”. Cuando llegué vi que estaba con algunos ministros, amigos y dirigentes velasquistas.

 Tras llegar a Guayaquil, el doctor Velasco pidió que le llevaran al Canal 10, donde le sentaron en un set, solo frente a una cámara, un aparato sin personalidad para una persona acostumbrada a hablar ante multitudes. No pudo hablar. Salió y pidió que le permitan volver en una hora. 

 Al llegar a la Casa Presidencial de Los Ceibos, se encontró que ya había disposiciones del Alto Mando de llevarle al aeropuerto y volar a Panamá. Al Istmo llegó a las 18h00. Había sido depuesto.

 El Presidente, cuando salía de su oficina, aquel martes por la mañana, se volvió hacia mí y me dijo: “Comandante, lo más querido, lo más preciado para mí, mi esposa, dejo en sus manos”, a lo cual le agradecí el honor que me hacía y le dije: “Vaya tranquilo que yo velaré por ella”. Cuando le vi salir de la Presidencia, se me vino a la mente aquellas frases que tan sabiamente dijo la señora Corina: “José María ves cómo te mienten y te engañan”. 

 A las 12H00, me llamó el general Guillermo Rodríguez Lara para decirme: “Comandante Rivadeneira, conozco que usted se ha quedado en la Presidencia con la señora Corina, lo que me parece muy bien. Tiene hasta 19H00 para trasladar a la señora fuera del Palacio”. A lo que le repliqué: “Mi general, deme instrucciones, sobre lo que se va a hacer con la señora”. A lo que me respondió: “No lo sé, ese es problema suyo”. 

 Aproveché para decirle: “Mi general, ayúdeme, mi problema es sacar las pertenencias del Presidente y de su señora. ¿Puede disponer que me envíen un bus del Ejército?”. A lo que me respondió: “perfecto, daré las disposiciones”.

Cuando llegó el bus, procedimos a sacar las pertenecías. Fueron pocas, unas cuantas cajas de libros (le gustaban los libros en francés), unas pocas maletas y finalmente sus cinco jaulas de canarios.

 El Presidente les tenía gran cariño, incluso les tenía con nombres propios: Pepito, Carlitos, etc. Un día lo vi con las ventanas abiertas y los canarios volando encima de él, cantando y silbando, parándose en sus hombros, brazos, en la cabeza, era un espectáculo maravilloso. 

 Luego llamé al doctor Alberto Acosta Soberón, pariente del doctor Velasco, persona muy querida y respetada en la Presidencia. Le pregunté si podía llevar a la señora Corina a su casa, a lo que me contesto “claro que sí, incluso ya estamos preparándonos para recibirle”.

 Siendo las 18H30 subí para pedirle a señora Corina que procedamos a salir, pero ella me dijo: “No Comandante, yo me quedo para decirle a esos militares que son unos traidores y unos mal agradecidos”, poniéndome en una situación incómoda.

 Le repliqué: “Señora, los militares no le van a recibir. Ya es tarde y hace frio en el Palacio, se va a exponer a enfermarse. Le prometí a su esposo que velaría por usted, le pido que salgamos”. Aceptó pero me dijo: “Antes quiero despedirme del personal de Palacio”.

 Este personal le tenía mucho cariño y agradecimiento pues ella estaba siempre pendiente para ayudarles; cuando se enteraba que alguien tenía alguna necesidad grave, acudía de inmediato. 

 A la salida nos esperaba el vehículo del doctor Acosta Soberón. A las 22H00 la señora Corina me dijo: “Acabo de hablar con el Presidente y me ha pedido que debo estar con él, mañana mismo, ayúdeme para poder hacer el viaje”. 

 Me dirigí a la Presidencia, encontrando que en el Salón Amarillo estaba el general Rodríguez Lara, el Alto Mando y varios oficiales de las tres ramas. Luego de cuadrarme, le reporté: “Mi general, la señora Corina se encuentra en casa del doctor Acosta Soberón, sana y salva”. El general Rodríguez me dijo: “Muy bien, así es como se debe actuar, venga le doy un abrazo”. Tras el abrazo le pedí el transporte aéreo para la señora. 

 Volví a la casa del doctor Acosta para decirle a la señora que había un avión de la FAE listo para partir a Panamá a las 11H00 del día siguiente.

 Miércoles de ceniza

A las 07H00 encontré que la señora Corina esperándome. Me dijo: “He hablado con mi esposo y me ha dicho que él ya no es Presidente del Ecuador y por lo tanto el país no puede darle, ni él puede recibir nada que pertenezca al Estado y que yo vea cómo viajar”. 

 Luego fui a la Tesorería de la Presidencia para averiguar sobre los sueldos del Presidente. Aquí otra sorpresa: me enteré que no había cobrado sus sueldos, ni bonificaciones. Él había dispuesto que sean entregados a una institución de beneficencia.”

Esos fueron los hechos que cuentan la historia del famoso Carnavalazo.

Bibliografía: Revista Vistazo, Diario El Comercio, Wilkipedia, Pagina Facebook Guayaquil, Estampas y Costumbres de mi Tierra.

 

Fotos: vistazo.com; Facebook.com (Guayaquil, Estampas y Costumbres de mi Tierra); enciclopediadel ecuador.com; sitles.com:

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

Check Also

EL HOMBRE DE LA CAMPANA

Un paso por el recuerdo para rememorar a uno lo más más fervientes hinchas de …