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EL BALADISTA DEL PUEBLO

Lo conocen como el Baladista del Pueblo o el Marco Antonio Solís ecuatoriano. Lleva la música en los genes y en la sangre, heredado de su padre, un bolerista muy popular del Guayaquil de los 60 al 80. Tiene un timbre de voz fuerte y un tono alto que le permite hacer vibrar los escenarios. De orígenes humildes, ha sabido hacerse su nombre artístico en base a trabajo, esfuerzo y calidad. Hoy el nombre de Javier Fernando Barzola, es un referente en la música popular ecuatoriana que lo tiene como uno de los preferidos.

Nacido en Guayaquil, el 17 de noviembre 1969 y con 45 años de afición musical y 21 de profesionalismo, Javier Fernando  Barzola Riquero, artista, cantante profesional, animador de Eventos & Técnico en Diseño Gráfico, nos cuenta su historia. “Mis inicios en la música son como los de casi todo los músicos, que empieza en el entorno familiar, que son las personas más cercanas a uno, en mi caso, mis padres. Mi papá (Julio Ramón Barzola +) era músico profesional y mi mamá, compositora y cantante aficionada.  Mi padre y mi madre fueron mis primeros maestros. Mi papá fue integrante de varios grupos musicales de Guayaquil como los Trío Gema y Diamantino, además como solista se presentaba en diferentes escenarios y programas de radio y televisión como Los Musicales de Telecuatro, Chispazos. Además también cantaba con músicos de calidad y fama como Cecilio Alva, Naldo Campos, Jesús Fichamba, y alguna vez cantó con Julio Jaramillo. Recuerdo que por el conocí los medios de comunicación, pues él me llevaba a sus presentaciones y yo me deslumbraba con ese mundo”

Con esa influencia y ese entorno, a Javier Fernando la música le llegó como algo innato y natural que lo marcaría para que un día, ya mayor, se decidiera por hacer de la música parte de su vida. “La guitarra siempre estuvo presente en la casa, y era la que animaba los bailes en las reuniones familiares. Mi mamá tenía una facilidad para componer canciones a veces jocosas a veces tristes y era una costumbre familiar que en cada cumpleaños o acontecimiento importante de un miembro de la familia, ella componía canciones referentes a eso. Ella ponía la letra y mi papá le ponía la melodía, los dos se ponían en complicidad  y armaban un tema bonito y ese era el regalo al pariente agasajado que podía ser el cumpleañero, graduado, matrimoniado o lo que fuere el hecho a contar y cantar. Y en esas reuniones, siendo nosotros sus hijos, muy pequeños, nuestros padres nos presentaban como artistas y nos ponían a cantar y ellos se sentían orgullosos de ver a sus hijos interpretar las canciones de ese tiempo. Mi padre tocaba la guitarra, yo por mi tono alto era la voz principal y mi hermano, me hacía la segunda. Para nosotros era hermoso porque además de cantar, algo que nos gustaba, nos hacíamos nuestro dinerito, porque los invitados nos regalaban cinco, diez, veinte sucres. Y aquí hay una enseñanza familiar que guío nuestros principios. Mi padre nos hacía repartir en partes iguales lo recaudado, aunque yo siempre llevaba  la voz líder, la voz cantante. Mi papá fue mi profesor para los primeros pasos de baile, para mi forma de cantar, para la expresión corporal y demás. Él nos preparaba para que en esos eventos lo hiciéramos bien”.

Pero Javier Fernando no solo lucía sus dotes en la familia, también lo hacía en su vida escolar de la que tiene gratos recuerdos. “Yo estudiaba en una escuela fiscal que quedaba a una cuadra de mi casa, la número 13, Rosa Borja de Izquierdo que por entonces quedaba en Ayacucho y Guerrero Martínez. Allí los profesores se dieron cuenta de la facilidad que tenía para la música y en las horas sociales me ponían en mi aula a cantar y también lo hacía en fechas especiales, como las fiestas de Patrias del 10 de Agosto y 24 de Mayo, las de Guayaquil en julio y octubre, en Navidad, Día del Padre o la Madre, o aniversario de la escuela. Ellos me hacían preparar unas canciones y me ponían delante de todas la escuela como parte del acto. Recuerdo que mis canciones eran: Pobrecito mi cariño de Kike Vega y Oración del Olvido del autor Vicente Amador Flor Cedeño y del compositor: Carlos Solís Morán, que la cantaban muchos artistas como Los Brillantes, Irma Arauz, Pepe y Julio Jaramillo. A la gente le gustaba mi actuación y yo era feliz porque me aplaudían. Así me convertí en el niño cantante de la escuela. Tengo una anécdota simpática de esos tiempos y era que los profesores se aprovechaban de eso, porque como querían conquistar y enamorar a las maestras, me llevaban donde ellas para que yo les cante a manera de serenata. Como premio siempre me daban algo, no dinero, sino que me pagaban con helados, colas, sánduches, los famosos caramelos Limber y yo era feliz”.

De esa época de niñez, Javier Fernando recuerda una simpática anécdota- “Recuerdo que en ocasiones, en las madrugadas en que papá llegaba de trabajar, solía llegar con sus amigos con quienes armaban tertulias musicales y se ponían a cantar y yo por el gusto a la música, me despertaba y salía a curiosear y a veces me hacían cantar, pero la verdad, por esas cosas de niño, mi intención no era en  cantar, sino que me gustaba que al final me regalen las botellas de wiski vacías, porque allí había algo que me interesaba. En esa época el wiski de moda era el White Horse que tenía un caballito banco colgado del collarín y yo coleccionaba esos caballitos, en cambio la botella de Buchanan´s, tenía una válvula bonita que tenía una bolita de cristal y yo la cogía para jugar. Entonces mi afán era eso, coger mis cosas, antes de que boten las botellas y de tanto oír a buenos músicos me fueron quedando enseñanzas musicales que ahora me sirven en mi carrera”

Al crecer e ingresar el colegio, Javier Fernando siguió con su apego a la música, aunque reconoce que ya en menor escala, por dedicarse a las actividades propias de la juventud como el estudio, el deporte, las reuniones con los amigos, las fiestas y demás. “Ya en el colegio en el  ciclo básico estudié en el Camilo Destruge de Argentina y la Octava y participaba en festivales artísticos estudiantiles, cantando pasillos, valses y boleros. Luego fui al Vicente Rocafuerte, en el que me gradué y allí no hubo tantas oportunidades de cantar. Quise ser de la banda de rock que era muy famosa a nivel estudiantil, pero como no tocaba ningún instrumento no pude participar. Lo único que hacía era que en los últimos días de clase cuando se hacían actos en las aulas, algún compañero tocaba guitarra y yo cantaba. Es entonces en que yo me prometí que iba a aprender a tocar. Por ese entonces no cultivé el arte de tocar guitarra, pese a que mi padre era guitarrista. Y no fue hasta que salí del colegio, en que toqué guitarra. Me gradué en marzo de 1987 y desde  ahí empecé a tocar guitarra. Aprendí solo. Afortunadamente tengo buen oído para sacar las notas y solo cuando uno canción se me complicaba mucho, acudía donde mi papá, quien me enseñaba

Inicios profesionales

Javier Fernando reconoce que su inicio profesional fue tardío, pero que no es óbice para poder haber desarrollado una carrera que le ha deparado grandes satisfacciones. “Yo me inicié tarde como profesional, pues aunque desde niño la música estuvo en mí, no me dediqué de lleno a ella, y era para mí un hobbie, porque yo tenía otras actividades laborales que me remuneraban. Yo soy dibujante y publicista, estudié Publicidad, Relaciones Públicas y Marketing en la Universidad Laica Vicente Rocafuerte y trabajé en ese campo en imprentas como Offset Abad o agencias de publicidad como Norlop Thompson. Además decoro las motos Harley- Davidson. Lo más cercano a la música era cuando cantaba en reuniones de amigos o familia y cuando ocasionalmente cantaba en bares y peñas. Pero nada formal. No vivía de la música. Mi ingreso serio fue tras un hecho anecdótico muy original. Fue hace 21 años, cuando yo tenía 31, un 15 de marzo de 2000. Resulta que un amigo policía a base de engaños me sacó de la casa, me dijo que ya era tiempo de que deje de  desperdiciar  el talento que tenía  y que piense en cantar profesionalmente y que iba a llevarme al concurso Nace una Estrella de Gamavisión que conducía Yuli (Giuliana Maiocchi Woodman). Fuimos al canal, el entró me hizo esperar afuera, pero todo había sido amague, su fin era otro»

«Así, me llevó al Cuartel Modelo y me dice hoy te lanzas al estrellato. No me vas a hacer quedar mal. Hoy es un homenaje que se le hace al Coronel Cubero y me han pedido que yo consiga los artistas y yo te voy a llevar a ti. Yo le dije. No me hagas esto. Yo no estoy para esto. Yo no soy cantante profesional, además no tengo ropa para la ocasión. Me dijo no te preocupes. Tú eres mejor que los que van a presentarse, así que no hay discusión: Hoy te lanzas al estrellato o aquí mismo te meto preso. Total fuimos a su casa, me prestó un terno, zapatos y ya listo y entonado con unos wiskis, me llevó al Restaurante Cantones donde era el evento»

«Al llegar veo a Silvana Ibarra y Gustavo Pacheco y al rato llegan Fresia Saavedra, Hilda Murillo y Jesús Fichamba. Le digo. ¿Dónde me has traído? Esos son unos monstruos, señores artistas, yo no estoy a esa altura. No me hagas esto. Me sentí intimidado y hasta me quería ir. Yo había ido con mi guitarra únicamente y me sentía desarmado ante tremendos talentos. Y allí entre esos grandes estaba Fernando Barzola. Había una mesa enorme de oficiales, unas banderas, escenario y todas las de ley. De paso, yo nunca había cantado con pistas y ese día me tocó hacerlo. Le pregunté al DJ si tenía temas de Javier Solís, Pedro Infante me contestó que sí y eso canté. Para esto, antes de mi presentación, estuve conversando con Jesús Fichamba y yo recordaba que mi padre me contó que había cantado con él. Yo tenía y tengo una foto de el en la billetera y se la mostré, me dijo. Claro, el Negro Barzola, gran segunda voz. Mi amigo. Lo que no esperaba es que cuando a él le tocaba cantar me llamara para que cante junto a él, me sentí honrado y la gente disfrutó nuestra presentación. Ese día nació el artista profesional, porque de ahí me salieron contratos, habían unos promotores artísticos que me involucraron en el medio y la cosas se fue dando para que terminara de lleno en el mundo artístico”

El cantante recuerda algunas de sus presentaciones y detalles de sus inicios y su carrera. “Al principio cantaba con mi guitarra e interpretaba a  grandes artistas, tratando de hacerlo lo más parecido al original. Así cantaba como José José, Roberto Carlos, Camilo Sesto, Leo Dan, Los Terrícolas, Ángeles Negros, José Luis Rodríguez, José Feliciano. Pero me di cuenta que no se explotaba mucho las canciones de Marco Antonio Solís. Para mi sorpresa que ese fue el que mejor me salió y lo cogí como mi bandera. Fue buena decisión cantar marco Antonio porque por entonces nadie lo hacía Al inicio de mi carrera con mis discos de pistas, me fui a la Posada de los Amigos que hacían audiciones los días jueves, hablé con el animador, pedí la oportunidad y me pusieron en lista de espera, hasta que me presenté Ese día cante con gran potencia de voz y tanto sentimiento que le gusto a la gente, y ya en la primera canción, se volvieron locos, no me dejaban bajar de la tarima. Según la policita de ese lugar, había que cantar tres jueves gratis y recién el último fin de semana del mes, te pagaban. A mí, a la siguiente semana me llamaron contratado.  Luego canté y sigo cantando, en los mejores bares, peñas y restaurantes de la ciudad. Hoy no se lo hace tanto por las restricciones de la enfermedad que atravesamos, pero he cantado en La Posada de las Garzas, La Posada de los Amigos, Punta del Este, Barricaña, Peña la Gloria, Peña Cañí y ahora canto de planta en Giani Giani Café Bar. Y tengo muchas preentaciones en actos sociales. Gracias a Dios, trabajo no me falta.

De sus tantas presentaciones hay una que recuerda de manera especial. “Fue en una presentación por las fiestas de Guayaquil en los eventos realizados frente al colegio Guayaquil. Ese día fui parte del show en el que los artistas internacionales eran Los Adolescente de Venezuela y Maelo Ruiz y de los nacionales el principal, el esmeraldeño Paolo Plaza. Para esa presentación me prepará con mucha dedicación. Me compré instrumentos musicales y una guitarra eléctrica y una electroacústica y toqué con el grupo Haiudamarca. Fue apoteósico cantar ante casi 20.000 personas, hacerlo bien, salir aplaudido y que me pidan otra. Fue una gran noche”

Otra de sus anécdotas es su fallida participación en el programa Yo me Llamo (Ecuador) de Teleamazonas en 2018. “Fuimos con unos amigos artistas a las audiciones. Había dos filtros. La primera presentación fue un sábado en Guayquil en el Parque Forestal y todos clasificamos. Luego en la final en el Centro Cívico fui aprobado y puesto en la lista final de participantes. Allí me hicieron una observación, diciéndome que había que trabajar en apariencia del cantante. Luego a poco de empezar el programa me llamaron de Quito por medio de una secretaria a decir que no estaba en los planes del canal y que mi participación quedaba anulada. Me molestó, porque uno siempre tiene retos. Me dijeron que lo sentían y yo les dije que quienes se perdían de la oportunidad eran ellos, no yo. Me dio pena ver como artistas con mejor marketing, aunque menos calidad de canto que la mía, estén allí. .Desde ahí desistí de ir a esos programas. Pero vea como son las cosas. Una vez en una presentación en la Peña la Gloria, coincidimos con artistas que participaron en ese programa, quienes me decían, debiste haber ido al programa, te hubiera ido bien y yo les dije. Si fui, clasifiqué pero no me permitieron participar. Cosas que pasan”

Ya han pasado 21 años desde su primera presentación y hoy Javier Fernando con 51 años se ha hecho su propio nombre artístico. “Hoy mi especialidad es cantar temas de Marco Antonio Solís y Nelson Ned, pero canto de todo, interpreto casi todos los géneros musicales, baladas, boleros, valses, música tropical e incluso algunos temas en inglés. Gracias a Dios no me faltan presentaciones. He cantado en varias ciudades del país y en el extranjero en Bogotá al que fui contratado. He grabado dos discos, uno con temas de Marco Antonio Solís que fue exportado al exterior a Estados Unidos y España y otros con temas de Luis Miguel y Ricardo Arjona. He alternado con aristas internacionales como Marc Anthony, Alberto Plaza, Los Adolescente de Venezuela, los Golpes y Antares de Chile, Maelo Ruiz, Alejandro Fernández y nacionales como los Hermanos Miño Naranjo, el grupo Sahiro, el fallecido Jinsop y mi hermano menor Rogger, uno de los mejores intérpretes de salsa del país. Creo que aún no ha legado mi techo y siento que puedo dar mucho más”

Y nosotros también creemos que puede dar más. En música el cielo es el límite.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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