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VOTAMOS O BOTAMOS

En las próximas elecciones ¿Votamos o Botamos? Un análisis de lo que significa votar y la diferencia con botar

Se vienen las elecciones. Ya, de hoy en ocho, la próxima semana, el próximo domingo 7 de febrero tendremos que decidir el futuro del país eligiendo presidente de la república, asambleístas y parlamentarios andinos. Lo de decidir el futuro del país no es exagerado, pues eso es lo que hace el pueblo al votar, decidir quién lo va a gobernar en los próximos cuatro años. Y aunque uno crea que un voto, el nuestro, no decide nada, nuestro voto sumado al de los de  13 millones 099.150 habilitados por el Consejo Nacional Electoral (CNE) para votar en estas elecciones, sí decide, por mayoría, quien será el próximo gobernante. Así que este domingo 7, no vayamos a salir con un domingo 7

Y más allá de un juego de palabras ¿Qué vamos a hacer en estas elecciones, votamos o botamos? Por lo pronto, lo primero; lo segundo se sabrá después. El primer paso ya lo daremos el próximo domingo marzo, cuando nos acerquemos a las urnas a depositar el voto. Que ese voto no resulte botado, dependerá de la conciencia, si la tienen, claro está, de los elegidos. ¿Cuántas veces nos habremos equivocado y en vez de votar, botamos? ¿Cuántas veces creímos en políticos que en campaña ofrecieron el oro y el moro? Y ya posesionados se llevaron el oro y se convirtieron en moro, seres que jamás se bautizaron en el servicio, la integridad y la honestidad y a los que la historia y sus actos, los bautizaron con el nombre de corruptos.

Pero, ¿nos hemos detenido a pensar en cuál es el primer acto de corrupción de los políticos? Quizá todo cambiaría si nos convencemos de una vez que el primer acto de corrupción de un político, de un funcionario público, es aceptar un cargo para el cual no tiene la capacidad y la competencia necesaria. Entonces si ellos no tienen la cara o la conciencia para no hacer lo que no les corresponde, hagámoslo nosotros, no votando por ellos, si sabemos lo que están haciendo. Es que es fácil, si esos buitres están en el poder, es porque nosotros los pusimos allí, recordemos: los buitres existen porque la democracia huele a cadáver, democracia que nosotros ayudamos a construir o destruir.

Cada vez que vamos a botar, anhelamos no botar. Esta vez, ¿volveremos a confiar? Más de 13 millones de electores, estamos facultados para votar, no para botar y tendremos en las tres papeletas que nos entregaron,  un número desproporcionado de candidatos, lo cual me deja una primera lectura. ¿Por qué se interesan tantos en participar? ¿Por servir o por servirse?, ¿Por qué participan candidatos que de entrada saben que no van a ganar, que no tienen la mínima posibilidad, que no son conocidos en las masas, que son las que votan y botan? ¿Puede Ecuador tener 16 binomios presidenciales de candidatos? ¿No les parece mucho? ¿Verdad que sí?

¿Por qué participan candidatos que saben que no tienen la mínima opción? La respuesta es sencilla, porque el Tribunal Electoral les asigna una cantidad de dinero para que hagan su campaña política. ¿La harán? ¿invertirán, todo lo que le dan?. ¿No será que me cojo una parte, me hago y me quedo hecho de por vida, si igual sé que no voy a ganar? No debería ser tan fácil, pues hay que justificar cada gasto, no es así no más de decir en esto gasté y ya. Debo demostrar que realmente gasté, pero en este país de Ripley, todo se justifica. ¡Todo!, para eso existen los contubernios con empresas falsas, fantasmas o mañosas y facturas falsas. Y de nuevo me hago una pregunta. ¿Por qué el tribunal debe asignarles un valor para que hagan sus campañas? ¿Por qué? Quieren celeste, pues que le cueste. .Que gasten ellos mismos en su campaña,  si ello ocurriera, les garantizo, que se inscribirían muchísimo menos de los que se inscriben.

Pero saben ¿de dónde sale el dinero que se les asigna? ¿Saben, quién en definitiva financia sus campañas? ¿Quién cree? El pueblo, usted y yo, porque por más que digan que sale del presupuesto del Estado, ¿de qué bolsillos sale ese presupuesto?, simple de nuestros impuestos, sí, impuestos, literal, porque los impuestos son impuestos, porque nos imponen pagar un valor determinado y está bien, así debe de ser, pero fuera ideal, que nuestros impuestos sean retribuidos ¿lo son realmente?

Ante esa vorágine de candidatos, debería haber una regulación que limite la participación electoral sin que esto signifique coartar el derecho a elegir y ser elegidos. Pero reitero, el día que no se les financie la campaña a los candidatos, ese día no todos tendrán interés en participar, demás decir que la campaña que finanza el Estado, sale de nuestro dinero. Y no solo tendremos 16 binomios calificados. Hay que elegir además  137 asambleístas: 15 nacionales, 116 provinciales y 6 del extranjero (periodo de cuatro años) y 5 parlamentarios andinos (periodo de cinco años). Un dato más, estas elecciones marcan un récord como la de mayores binomios presidenciales en participar desde 1979 en que se volvió a la democracia. Esta vez son 16 binomios, superando en tres a los 13 de la elección pasada. ¡Lindo record! Vergüenza debería darles. Solo en tres de las últimas 11 convocatorias, ha habido más de diez opciones para elegir en las urnas: en 1992 (con 12 binomios), en 2002 (con 11) y en 2006 (con 13)

¿Se necesitan tantos candidatos? ¿Son candidatos o candidotes? ¿Hay derecho?, Derecho, si, obvio, por eso se inscriben, los ampara la ley,  pero que tengan el derecho, no quiere decir que sean derechos. De hecho, muchos no lo son y lo sabemos. No importa, igual botamos por ellos, sí, botamos, con la b de burro, como muchos de los que se inscriben, pidiendo respeto al burro por compararlos.

De esos ciudadanos que se inscribieron en el tribunal electoral, amparados por un partido político o un movimiento, ¿Cuántos realmente son preparados?, ¿Cuántos tienen una carrera intachable? ¿Cuántos son probos?, ¿Cuántos no se cambian de camiseta, como cambiarse de ropa interior?, mostrando que ideal partidista no tienen, ideal de ser rico y cuadrarse de por vida, quizá. ¿Cuántos, ya fueron autoridades y fracasaron?, ¿cuantos ya se llenaron los bolsillos en cargos públicos? ¿Cuántos ya se burlaron del pueblo y se quieren volver a burlar?

No importa o no parecería importarnos, porque igual volveremos a votar o botar por ellos, por más que la prensa los denunció en sus actos dolosos, por más que nosotros creemos o sabemos que nos van a robar, por más que haya antecedentes que los condenen, por más que los conocemos. No importa hay que votar por obligación y por eso botamos. ¿No sería mejor que la elección no sea obligatoria, sino voluntaria y se acerquen a las urnas, tan solo los que tienen conciencia de los que significa una elección? Así los ciudadanos que tienen conciencia castigan diciéndole no en las urnas o los que tienen inconciencia para con el pueblo al que dicen representar. ¿Saben cuál es el problema de la votación obligatoria?, que en su gran mayoría, quienes eligen a los mandatarios son los mandantes, que no leen los periódicos o los libros, sino que se limpian el culo con ellos.

No busquemos culpables, los políticos no tienen la culpa de ser elegidos, la culpa es nuestra que los elegimos, la culpa es nuestra, pues en la gran mayoría de votantes, por ignorancia, por conciencia, por inconciencia o por interés y conveniencia, votamos y botamos. No nos hagamos los cojudos, asumamos nuestra responsabilidad. Gran parte de lo que pasa es nuestra culpa por no saber elegir. ¿Hasta cuándo?

Hagamos conciencia que no es la política la que hace a un candidato convertirse en ladrón, es nuestro voto el que hace a un ladrón convertirse en político. Si nos informamos bien, si estudiamos bien al candidato, si leemos sus planes de gobierno, si vemos sus antecedentes, si vemos la gente que lo rodea, quizá tengamos la posibilidad de equivocarnos en menor grado, pero si vamos a votar desinformados tengamos la seguridad que no votaremos, botaremos.

Nos quejamos tanto de los robos y no reflexionamos en la diferencia entre un ladrón común y el ladrón político o el político ladrón que es lo mismo. El ladrón vulgar nos roba el celular, la plata, el carro; el político nos roba la esperanza de ser felices, de tener buena salud, de vivir dignamente, de educarnos como es debido, de trabajar, de divertirnos, nos roba el futuro y ahora nos quiere robar nuestra pensión jubilar.

Pero pensemos en una diferencia, el primer ladrón, nos elige, al segundo lo elegimos. Ya lo dijo el novelista brasileño Paulo Coelho (Pulo Coelho de Souza), “cuando un político dice que acabará con la pobreza, se refiere a la suya”.  Hagamos conciencia. ¿sí, la tenemos, no?

A veces creería que no. Reflexionemos en algo. En la vida, si hay algo más molesto, más triste, más peligroso, más denigrante que un político corrupto, es que los ciudadanos, lo defendamos y al votar por ellos, no solo que lo defendemos, lo apoyamos. Después si nos pone boca abajo, no nos quejemos. Nos lo merecemos. Es que Ecuador no es un país pobre, nunca lo fue, quizá nunca lo sea. Somos un país empobrecido por los políticos corruptos que han desangrado, decapitado, destrozado, demolido a su propia patria. ¿Qué saben ellos de patria?

Cómo, ¿qué sabemos nosotros de votos? Y así sepamos, no importa, pongamos el imaginario de que tomamos conciencia y votamos bien, sucederá inevitablemente lo que predijo Stalin (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili), exsecretario general del comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética cuando sentenció que “Los que votan no deciden nada, los que cuentan los votos son los que deciden”.

Visto así, debería cambiarse el sistema de poner a contar, al que salga al azar de un padrón electoral, sino a poner a contar alguien que sepa contar, claro que ahora “cuenta” la computadora, pero a esa computadora, alguien la hace contar. El asunto es por donde se mire estamos jodidos.

¿Sigo?, ya no, ya me cansé. ¿ya, para qué?, si siempre es lo mismo, elección tras elección, ¿de qué, vale analizar ahora?  si  igual votamos. El tiempo nos dirá si no botamos.

PDT: ¿Y no habrá políticos buenos? Sí pero, salvo honrosas excepciones, a ellos no los eligen.

Fotos: politicacomunicada.com; elcomercio.com; saberlo.com; imf.org; twitter.com;  transmilenium.wordpress.com;

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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