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PINTOR HASTA LA ETERNIDAD

Un homenaje póstumo al Maestro Enrique Tábara, quien tras una larga, fructífera y exitosa carrera de 72 años, partió esta semana para pintar en la eternidad.

El Pincel no pintará más, ya no habrá más arte en el lienzo, el caballete descansará en un rincón y la paleta de colores tiene hoy colores sombríos. La pintura ecuatoriana, las artes plásticas y la cultura, han perdido a uno de sus más altos exponentes, el Maestro Enriqe Tábara, partió a poner colores al cielo, a pintar las nubes y a retratar a los ángeles.

Revista Delado, rinde un homenaje póstumo a uno de los mejores pintores escuatorianos de todos los tiempos, quien partió a la eternidad a residir en su última morada, el pasado 25 de enero de 2021, a los 91 años.

Luis Enrique Tábara Zerna, nacido en Guayaquil, el 21 de febrero de 1929 y fallecido en Buena Fe, provincia de los Ríos, fue un maestro de la pintura ecuatoriana que representó en su conjunto la cultura hispana pictórica, dejando un legado artístico sin parangón, caracterizado por su constante exploración del color y de la condición humana.

Tábara, nacido en el tradicional barrio guayaquileño del Astilllero, al sur de la ciudad, hijo de una familia pobre, pasó su infancia en medio de las necesidades y limitaciones de su condición humilde construida sobre la injusticia. Así dice el inicio de su biografía publicada en su propio sitio web, del que reproducimos su biografía.

Pero quien nace para brillar, brilla por sobre sus limitaciones porque la grandeza no tiene límites y ese fue el caso del Maestro Tábara, quien se interesó en la pintura a los tres años de edad y que tres años después, cuando entraba a la escuela a los seis años, ya dibujaba regularmente, alentado por su hermana y su madre quienes le enseñaron que no hay que amilanarse ante nada.

En 1946, apenas a los siete años, ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Guayaquil en la que fue influenciado por el artista alemán Hans Michelson, maestro de la composición y el color, quien infundió en él disciplina y capacidad de trabajo. Otra de sus influencias fue la del artista Martínez Serrano, excelente dibujante, quien consiguió inculcar en Tábara la importancia y disciplina de las formas, aprendizaje determinante en sus trabajos futuros. Si bien ambos maestros le inculcaron la disciplina, le inculcaron también la búsqueda constante de un lenguaje propio

Su trabajó lo inició a muy temprana edad, lo suyo fue desde siempre la pintura, siendo consecuente con este principio toda la vida. Sus primeras influencias de las corrientes plásticas universales las recibe del expresionismo indigenista que niega los conceptos de un arte que reproducía los símbolos del poder, colocando en sus lienzos a personajes que por su etnia y su composición de explotados, fueron invisibles en los cenáculos del arte.

A diferencia de los pintores indigenistas,  Tábara, influenciado en un inicio por la corriente del expresionismo indígena, rápidamente se decantó por su propia versión y transmitió el dolor de los habitantes marginales de Guayaquil en cuadros que impactaron a la crítica, tanto por su estilo personal como por la capacidad de reflejar el drama de la pobreza de manera concreta y cuestionadora. Así, empezó a retratar a los personajes de su entorno, creando su propia versión tropical del realismo social. Este extraordinario creador plasma con pasión intensa personajes marginales, los carboneros del barrio Garay, las prostitutas de la calle Machala, escenas de salones, personajes o lugares pobres y suburbiales del puerto. A través de su pincel, los dramas urbanos, se vuelven profundamente concretos y tangibles, las poéticas imágenes figurativas de Tábara poseen una extraordinaria profundidad y alcanzan la excelencia plástica.

En sus inicios en la década del 50, una corriente de rebeldía y crítica social recorre América latina y para los artistas era casi imposible mantenerse al margen. Tábara es un creador que lejos de refugiarse en el cómodo hallazgo de una imagen que le es propia, indaga y desmitifica esos conceptos y deja que ellos encuentren un refugio en una y mil imágenes que dialogan en el seno de la suya propia y que constantemente se renuevan.

Este espíritu innovador es una constante que revela el ser inquieto y versátil del maestro. Experimentación que no olvida sus raíces, ni el proceso que el mismo ha elegido, a través de años de paciente y fructífero ejercicio pictórico, con abundantes obras que mostró a cambio.

Su obra

Tábara, influenciado por el movimiento constructivista fundado alrededor de 1913 por el artista ruso Vladimir Tatlin, hizo su paso en Europa y América Latina por medio del pintor uruguayo Joaquín Torres García y el pintor parisino ecuatoriano Manuel Rendón. Sintió además una enorme atracción por el informalismo español, orientándose hacia un constructivismo geométrico. Pero su obra aún dio otro giro hacia un tipo de pintura de caligrafías repetitivas, inspiradas en decoraciones precolombinas.

Tábara que en 1955 a sus 26 años viajó a España, regresó nueve años después a Ecuador. Fue  en 1964 y volvió al país con la temática precolombina. Así en 1968 creó su serie Pata pata, una de sus más reconocidas obras de su legado, que corresponden a cuadros que en las que la figura principal son las piernas. «Experimenté con coloraciones que antes nunca había encontrado, tomaba apuntes que se transformaban en cuadros de piernas, luego piernas con zapatos y pantalones con zapatos”, dijo Tábara en  una nota publicada en 2010 por Diario El Universo

Y aunque Tábara tiene en su vocación los Pata Pata, en ningún momento abandona eso, cambia pero se concatena, cambio y continuidad en el sentido de dar a la composición del cuadro, esa riqueza incuestionable de la forma y contenido. Entonces aquellos paraíso, en este caso de vegetación, los paisajes  y los insectos, que también fueron modelos para sus cuadros. Era algo así como un maestro de la experimentación Allí el pintor  ya tuvo el paraíso, descansa de él, al descansar, simplifica, va quitando lo anecdotario, quitando lo superfluo para quedarse en la propia esencia de su dimensión creativa, que es la simplificación absoluta de la forma y contenido.

Hace algunos años había creado su propia reflexión de los mono cromatismos, un proceso constante de sustracción de elementos que tenía en anteriores etapas. Escudriñando el olvido, en el perenne afán de no repetirse, un retorno a la esencia del espacio pictórico, del que emergen motivos de su identidad como los Pata Pata y las huellas y geometrías de nuestro pasado remoto. Enrique Tábara continuará por siempre en su infinita búsqueda de nuevas formas y colores para su extraordinaria pintura.

En su última etapa su obra se centró en obras minimalistas, geométricas con reminiscencia a su estilo histórico. En sus últimos años fomentó la creación de un museo de la fundación Tábara con temática precolombina.

Exposiciones

Su primera exposición la tuvo a los 22 años en 1952, en su ciudad Guayaquil, en la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas. A partir de  1953 se encaminó hacia el arte moderno, dos años después en 1955 a sus 26 años  viajó a España y allí fue la primera vez que expuso en el exterior en Barcelona, en la Tercera Bienal Hispanoamericana. En su carrera tuvo más de 50 exposiciones. Expuso en casi todos los países de América Latina, en Estados Unidos y Europa, donde expuso en 15 ocasiones.

Paseó su arte por Madrid y Barcelona en España es salas como los Museos Municipal de Mataró, y de Granollers, Ayuntamiento de Sarria, Galerías Layetanas y René Metrás, Sala Neblí, Ateneo Barcelonés, entre otras; en Suiza en Basilea en la galería Hilt, en Lausana en la galería Kasper y en  Grenchen en la Brechbuhl ; en Italia en Galería La Perette y Naviglio; en Alemania en Bochum en  Galería Falazik, en Munich en la Kunstlerhaus y en Karlsurhe en la Rottoff; en Lisboa, Portugal en Diario de Noticias, en Austria en Galería Maleline de Viena, entre otras. En 1961 el escritor francés André Breton lo invitó a ser parte de la delegación española para el Homenaje al Surrealismo, junto con otros artistas de renombre como Salvador Dalí, Joan Miró y Eugenio Granell.

Reconocimientos

En su carrera, Tábara tuvo múltiples reconocimientos a nivel nacional e internacional. En 1960, ganó el II Premio Internacional de Pintura Abstracta, en Suiza. En 1967 obtuvo el I Premio en el Salón de Julio. En 1988 recibió el Premio Nacional Eugenio Espejo. En el 2017, recibió la condecoración Doctora Matilde Hidalgo de Prócel de la Asamblea Nacional.

En 2015 tuvo uno de sus más grandes reconocimientos cuando el cineasta David Grijalva y su hijo, estrenaron un documental sobre la vida y obra del artista plástico titulado “Enrique Tábara, memoria efímera”. Esto fue parte de su serie Memoria de las artes del puerto que mostraba una perspectiva dialéctica de la evolución de las artes contemporáneas de la región Litoral.

En el 2017, el pleno de la Asamblea Nacional le otorgó una condecoración al mérito cultural. Y recibió la condecoración Doctora Matilde Hidalgo de Prócel. Sus obras están en algunos museos de Ecuador, España y el mundo. La Fundación Enrique Tábara, junto a varias entidades, eligieron a noviembre como el mes de Tábara, en el que desarrollaban varias actividades en homenaje al maestro guayaquileño.

Autocrítica

Tábara dijo esto sobre su propia obra: «Por mucho tiempo estuve obsesionado por descubrir todas las posibilidades de expresión del color, sus contrastes, tonos, densidades y relaciones armónicas o desarmónicas; la luz al ubicarla en un determinado tipo de imagen, descubrir el choque visual que se produce al ponerlos en disputa, color y línea, sobreponiéndose el uno al otro. Con el manejo del color sucede algo distinto a otras disciplinas, no vale lo aprendido o vale muy poco… Las emociones están supeditadas al simple impacto del color que descubrimos en la realidad exterior. El artista creador sabe que crear significa no repetir sino inventar, receptar, ordenar algo nuevo. Aun considerando que jamás podría existir un divorcio absoluto de la línea y el color, este es lo más importante en la pintura.»

«Yo me inspiro en unas imágenes o en unos ritmos, sobre todo ritmos… ritmos arquitectónicos, puedo darme a conocer con mis patas pero inspirándome en la cosa precolombina, ese es mi mensaje y no quiero nada más…», le dijo al curador Rodolfo Kronfle en una entrevista para Diario El Universo.

“El sitio donde quiero ir es donde mi obra mantenga un lenguaje… yo no tengo mayores ambiciones… sencillamente yo quiero que mi obra sea mi mensaje… el mensaje no es de una obra, el mensaje quiero que sea de 500 obras, mi obra maestra no es una, mi obra maestra tiene que ser las 500 pinturas…» dijo sobre su obra.

Su sueño

En 2016, en una nota concedida a Diario El Universo, reveló al mundo su sueño: el de tener un museo. El Museo de Arte Precolombino. Su plan era levantarlo en la hectárea de un terreno que tenía en Cuatro Mangas para exponer allí 5.000 piezas arqueológicas de diferentes culturas ancestrales y 100 cuadros de diferentes pintores nacionales y extranjeros. En esa nota, contó que hace más de veinte años esa idea se había convertido en su cuenta pendiente, en el sueño que deseaba ver cristalizado antes de “partir a donde todos al final de la vida debemos de partir”. Incluso, ya imaginaba como iba a ser su estructura: “muy curiosa, muy rara y de un gran atractivo turístico”.

“Yo confío en que algún día se haga el museo, que si no lo hago yo, lo hagan mis hijos. Ese sería un regalo que yo haga para el país, a través de la fundación (Fundación Enrique Tábara)”, expresó con plena seguridad en esa nota

¿Se concretará el anhelo que mantuvo en vida el maestro Tábara?, preguntó El Universo al hijo del pintor, Eduardo Tábara, en una nota, publicada el pasado 21 de enero (2021) en la Sección Cultura, escrita por Mishell Sánchez González. «En eso estamos, por años hemos trabajo en ello. Esperemos que la ayuda en algún momento llegue por medio de la Fundación Enrique Tábara que es la contenedora de su patrimonio», respondió. 

El adiós

Tras una extensa y fructífera carrera, para conseguir tranquilidad en esa búsqueda, Tábara, padre de diez hijos, se refugió en su hacienda de Buena Fe, en el Recinto Cuatro Mangas, cerca de Quevedo en Los Ríos, lugar donde se retiraba de la sonoridad de la ciudad y se entregaba al silencio del campo para hacer lo que más amaba: pintar y esculpir y donde siguió trabajando hasta su deceso, reinventándose siempre. Tuvo una muerte natural por un problema de insuficiencia renal que le provocó un infarto.

Tras una larga y exitosa carrera de 72 años Ha partido el maestro que nunca detuvo sus pies hacia el vanguardismo y quien «Fue pintor hasta el última día de su vida.

Fotos: Apertura: eluniverso.com. Texto: slideshare.net; elcomercio.com; enriquetabara.com puertasalaimaginaciom.blogspot; es.wilkipedia.org; pinterest.com; Asamblea Nacional; eltelegrafo.com.ec, lahora.com.ec; fundacionenriquetabara.org

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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