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ELOY ALFARO, EL VIEJO LUCHADOR

Un 17 de enero  de hace 123 años vio a luz el Alfarismo, con la proclamación de Eloy Alfaro como presidente del Ecuador y un día 16 de enero cumplió su segundo periodo. Un recuerdo de quien es considerado uno de los mejores mandatarios de todos los tiempos.

Su nombre es uno de los más ilustres, si no el más ilustre de la historia política ecuatoriana. La obra de Eloy Alfaro, apelado el viejo Luchador, es una de las más notables de los gobernantes del Ecuador, tanto por las transformaciones ideológicas que logró como por las obras que realizó. La más connotada el Ferrocarril. Fueron también numerosas sus intervenciones en el campo social: exoneró del tributo territorial a los indios de la Sierra y a los montubios de la Costa; suprimió la prisión por deudas; permitió la participación de la mujer en cargos administrativos; y promovió escuelas y centros de educación.

En el campo internacional promovió una reunión de representantes hispanoamericanos en México para la formación de un Derecho Público Americano; intervino ante la reina María Cristina en favor de la independencia de Cuba y luchó por resucitar la idea de la «Gran Colombia» de Bolívar; en torno a él se unió el pueblo frente al Perú, pero no lo respaldó en su idea de alquilar a Estados Unidos las islas Galápagos.

Hoy literalmente nos vamos a embarcar en el ferrocarril de la historia, de la política y del tiempo, ferrocarril que el mismo construyó, para transitar por los rieles del recuerdo histórico y rememorar una historia entre triunfal y salvaje que terminó de manera cruel y sangrienta, en la que primó el humo. No el humo que expiraban las locomotoras, sino el humo de una Hoguera Bárbara que calcinó a quien es uno de los mejores ecuatorianos de todos los tiempos.

Según varios historiadores y varias publicaciones, Alfaro es una de las más fuertes personalidades que han guiado al pueblo ecuatoriano. Considerado, por unos, paladín de las libertades e instaurador de democracia en su país, fue, para otros, la encarnación del anticlericalismo y del despotismo político. Su militarismo, prepotencia y carácter dictatorial lo llevaron a conculcar los derechos de sus adversarios en nombre de la ideología radical de su partido, y le ganó la airada protesta de los intelectuales del país y el rechazo, y el odio incluso, de muchos de sus copartidarios. Pero para el partido liberal ecuatoriano (e incluso de otros países), Alfaro ha pasado a la historia como el arquetipo y mártir de las ideas libertarias.

El Viejo luchador

José Eloy Alfaro Delgado, nacido en Montecristi, Manabí el 25 de junio de 1842 y fallecido en Quito, un 28 de enero de 1912, fue presidente del Ecuador de la historia, ejerciendo dos períodos. El primero desde el 17 de enero de 1897 hasta el 31 de agosto de 1901 y el segundo cinco años después desde el 16 de enero de 1906 al 11 de agosto de 1911.  En ninguno de sus mandatos llegó al poder por elección popular, siempre fue por medio de golpe de Estado dado por los revolucionarios, luego de lo cual se llamaba a asamblea constituyente para legitimar el poder.

Hijo del comerciante y exportador español Manuel Alfaro y la manabita Natividad Delgado, Alfaro, quien participó en los negocios de su padre, viajando al Perú, Colombia, América Central y el Caribe, fue un General del Ejército ecuatoriano desde 1985 y líder de la revolución liberal ecuatoriana (1895-1924), conocido con el apelativo de el Viejo Luchador, por su rol central en las batallas de la revolución y por haber combatido al conservadurismo por casi treinta años. Su obra magna es la construcción del Ferrocarril Andino, que debía servir de enlace entre las ciudades de Guayaquil y Quito. Además se lo recuerda por el  el progresivo aislamiento de la Iglesia católica con respecto al poder, tiempo en el cual los liberales hicieron frente a la Restauración Católica.

Alfaro inició su lucha contra los conservadores católicos desde los años 60 del siglo xix, las fuerzas revolucionarias lo nombraron Jefe Supremo de las provincias de Manabí y Esmeraldas, durante su rebelión en febrero de 1883, rebelión que terminó el 11 de octubre del mismo año cuando fue organizado un gobierno provisional que restauró el conservadurismo en el poder. El 5 de junio de 1895,  el pueblo de Guayaquil se pronunció en contra del presidente interino Vicente Lucio Salazar y lo nombró jefe supremo, por lo que Eloy Alfaro volvió al país desde el destierro en Panamá y se dio inicio a la Revolución liberal y a una corta guerra civil con la que conquistó el poder.

Su primera presidencia

El 12 de enero de 1897, una Asamblea Constituyente, tras expedir la undécima Constitución, se pronunció por el liberalismo y eligió como presidente a Alfaro quien se posesionó cinco días después. Así, el 17 de enero de 1897, fue nombrado Presidente Constitucional, siendo su vicepresidente Manuel Benigno Cueva Betancourt (tío del futuro Presidente Isidro Ayora Cueva). Entre sus principales logros estuvo la separación entre la Iglesia y el Estado.

En su primera administración, realizó muchas obras sociales, educativas y económicas. Estableció el laicismo. Abolió la pena de muerte. Libertad de enseñanza religiosa de conciencia. Brindó la superación de la mujer. Realizó la vía férrea. Estableció el Registro Civil. Eloy Alfaro ejerció la jefatura suprema hasta el 17 de enero de 1897.

La primera medida fue exonerar a los indígenas del pago de la contribución territorial y del trabajo subsidiario, y gobernar con todos los sectores del liberalismo. La segunda, aplacar a la Iglesia: escribió al papa León XIII para presentarse y le pidió que canonizara a la quiteña Mariana de Jesús Paredes y Flores. El Papa le contestó con paternal bondad, pero la Iglesia local no estaba dispuesta a la paz y le llevó la contraria en variadas ocasiones incluso organizando revueltas. En contraparte, se persiguió a los hermanos de la Salle, a los padres salesianos y redentoristas y se apresó a algunos sacerdotes y religiosos, sobre todo, a los dominicos. Y expulsó de la misión del Napo a los jesuitas,

En lo político, e n Quito, la represión a los conservadores fue durísima: la Universidad y sus profesores fueron ultrajados y los periódicos, clausurados. Pese a esta guerra religiosa y regionalista, el Gobierno gobernó: canalizó Guayaquil, construyó el mercado de Quito, reformó los aranceles, suspendió el pago de la deuda externa, apoyó la independencia de Cuba ante la reina de España, María Cristina, convocó un Congreso Internacional Americano en México para fomentar la unión latinoamericana, que no tuvo éxito, y llamó a elecciones para Asamblea Constituyente. Casi todos los elegidos fueron liberales y gobiernistas.

Entre sus obras, la más connotada es la construcción del ferrocarril. En 1897, Alfaro celebró un contrato con el empresario estadounidense Archer Harman, de confesión protestante, para la terminación del ferrocarril Guayaquil-Quito. Desde Durán había construidos 70 kilómetros de línea estrecha. Todo el mundo se le opuso: los comerciantes y banqueros porque había contratado con una compañía extranjera, y había que renegociar la deuda externa y gravar con impuestos el comercio exterior. Los latifundistas de la Sierra, por la deuda externa y los trastornos que el ferrocarril acarrearía al mercado interno; la Iglesia, porque el contratista no era católico y porque con el ferrocarril llegaría la disolución de las costumbres. Alfaro se mantuvo firme:

La obra pública fue inteligente: sancionó la Ley de Instrucción de 1897, que reservaba al Estado el control de todo el ciclo de enseñanza, incluida la universitaria; la educación debía ser laica y gratuita, y la primaria obligatoria; inauguró los primeros colegios normales para preparar maestros de primaria, fundó el Colegio Nacional Mejía, entregó la recaudación de impuestos en la Costa a una compañía privada, la Sociedad de Crédito Público; adoptó el patrón oro como base del sistema cambiario y norma referencial para el comercio exterior; reorganizó las Fuerzas Armadas, abrió la administración pública a la clase media, y las oficinas del Estado a la mujer trabajadora.

En 1900, Ecuador concurrió con éxito a la Exposición Mundial de París; se trasladaron solemnemente a la catedral metropolitana los restos mortales del Mariscal Antonio José de Sucre, descubiertos en el subsuelo del Carmen Bajo de Quito. La paz interna fue perturbada por sucesivos levantamientos de los conservadores.

Durante este primer período de la administración de Alfaro se firmó el “Contrato Harman” en virtud del cual quedaba asegurada la continuación rápida de los trabajos del ferrocarril Guayaquil a Quito, llegando hasta Costa. En este período Eloy Alfaro también dio mucho impulso a la educación. El 19 de mayo de 1896 se inauguró el colegio Bolívar de Tulcán, siendo el primer colegio laico del país, el 1 de junio de 1897 el Instituto Nacional «Mejía», el 14 de febrero de 1901 el Colegio Normal Juan Montalvo y el Colegio Normal Manuela Cañizares, el 11 de agosto de 1901 el Colegio Vicente Rocafuerte de Guayaquil.

Segunda Administración

Su segundo periodo presidencial, lo ejerció entre el 16 de enero de 1906 y el 11 de agosto de 1911. El golpe militar de Eloy Alfaro contra el presidente Lizardo García influyó para que los dos primeros años de su segunda presidencia fueran perturbados por la oposición de los liberales placistas (seguidores de Leonidas Plaza) y de los conservadores. Lo más notable de este segundo período fue la consolidación del laicismo, la llegada del ferrocarril a Quito y la unión nacional en torno al conflicto bélico con el Perú.

En lo político, muchos liberales radicales se pasaron a la oposición. Había descontento contra los abusos del Ejército, cuyo liderazgo iba escurriéndose de las manos de Alfaro, quien, débil y achacoso, permitía que el Poder se repartiera entre los favoritos y sus familias. También perdió el apoyo de un amplio sector de los intelectuales.

El 19 de julio de 1907 del mismo año, se fraguó un intento de asesinato contra Eloy Alfaro en la gobernación de Guayaquil, escena en la que murieron ocho de los oficiales que lo defendieron, y se fusiló a ocho de los 16 complotados que habían sido reducidos a prisión tras las investigaciones.

Pero la Revolución Liberal consiguió afianzarse aunque sólo institucionalmente. La Constitución promulgada el 23 de diciembre de 1906, la duodécima desde la fundación de la República, llamada «atea» por los conservadores, consagró el laicismo en el Estado, la educación y la familia y defendió la libertad de conciencia colocando las demás religiones a la par de la católica. Perfeccionó la independencia de los tres poderes del Estado y amplió las garantías ciudadanas. Esta Carta Política se convertiría en el referente mayor del derecho constitucional ecuatoriano. La Convención que la promulgó eligió presidente a Eloy Alfaro por 41 votos contra los 16 que obtuvo el guayaquileño Carlos Alberto Aguirre.

El 6 de noviembre de 1908 se promulgó la Ley de Beneficencia, más conocida como «De manos muertas». Su primer artículo decía: «Decláranse del Estado todos los bienes raíces de las comunidades religiosas establecidas en la República». Y el segundo: «Adjudícanse las rentas de los bienes determinados en el artículo primero a la beneficencia pública». La mitad de las rentas producidas por esos bienes fue para la sustentación de los religiosos y religiosas despojados de ellos, y la otra mitad para hospitales y obras sociales. En 1910 se promulgó una ley que autorizó la venta de los terrenos adyacentes a las iglesias y conventos con el objeto de financiar la defensa nacional. La Revolución, sin embargo, no avanzó en el terreno de los cambios estructurales de la tenencia de la tierra y de la distribución del ingreso a favor de las clases populares y campesinas. La Revolución había sido castrada por la burguesía liberal. Una fracción de esta burguesía, la comercial y bancaria, se opuso al fomento de la industria nacional, uno de los proyectos favoritos de Alfaro, quien había promulgado en 1906 la primera Ley de Protección Industrial y en 1908, la Ley de Marcas y Fábricas. El sector bancario tuvo una rápida expansión: se fundaron en Quito los bancos del Pichincha (1906), de Crédito (1907), y de Préstamos (1909), y en Gua-yaquil la Caja de Préstamos y Depósitos La Filantrópica (1908). Alfaro perdió el apoyo de las bases populares cuando estas empezaban a organizarse: se fundó en 1906 el Partido Liberal Obrero y en 1909 se reunió en Quito el primer Congreso Obrero.

La llegada del ferrocarril transandino a Quito el 25 de junio de 1908 fue el triunfal Domingo de Ramos para el acosado presidente. El arzobispo de Quito ordenó echar a vuelo las campanas. Hubo fiestas populares y oficiales. El regocijo fue intenso. «Día», dijo Alfaro, «el más glorioso de mi vida porque es la realización de los más grandes ideales del país y que han sido y son los míos propios». Quedaba una deuda muy grande y la ilusión de que este ferrocarril transformaría a Ecuador. Sólo fue así a medias. La oposición, con razones, se opuso al contrato Charnacé para construir un ferrocarril entre Ambato y el Curaray a cambio de una gran extensión de la Amazonía. Y también se opuso con pasión a los ferrocarriles Quito-Ibarra, Ibarra-Esmeraldas, Guayaquil-Manta-Bahía de Caráquez y Guayaquil-Machala. Alfaro recobró su popularidad no solo con el ferrocarril Guayaquil- Quito sino por su decidido liderazgo en la contienda limítrofe con el Perú en 1910.

El laudo arbitral del Rey de España estaba próximo a pronunciarse, y se supo que iba a ser desfavorable a Ecuador. «El Perú había comprado con oro, derramado pródigamente, a todos los españoles que tenían que tomar parte en el proyecto del laudo», opinaba González Suárez en una carta privada. Y aunque el laudo hubiese sido favorable a Ecuador, Perú había declarado por boca de sus representantes en Madrid y de su propio presidente que «si peruanos ocupaban (ya) todo el Oriente, estas tierras son y serán peruanas contra todas las declaraciones del mundo«. Los ánimos populares se encendieron. El 3 de abril de 1910 fueron atacados en Guayaquil el Consulado del Perú, algunos establecimientos comerciales y un barco mercante de ese país. Hubo desmanes parecidos en Quito. Ecuador dio satisfacciones, pero el Perú respondió con un ultimátum incumplible para el honor nacional. Alfaro encargó la presidencia y se puso al frente de un Ejército de 25 mil soldados y una reserva de 20 mil voluntarios. Todo el Ecuador lo respaldó a través de Juntas Patrióticas Nacionales. No se llegó a combatir porque mediaron Argentina, Brasil y Estados Unidos.

Ecuador se abría lentamente al progreso: el teléfono presidencial era el número 3, Guayaquil estrenó tranvías eléctricos y Quito, una planta eléctrica en Guápulo. Se creó la Cruz Roja y se estableció la Sanidad Pública. En 1909 se celebró el centenario del Primer Grito con la inauguración del monumento a los Héroes de la Independencia en la plaza mayor de Quito y con una Exposición Internacional. En 1906 se fundó el diario «El Comercio». La oposición conservadora se benefició del llanto de la efigie de la Dolorosa en la capilla del internado del Colegio San Gabriel de los jesuitas en Quito el 20 de abril de 1906.

En la segunda administración del General Alfaro, se realizaron las siguientes obras: el 25 de junio de 1908 se inauguró el ferrocarril del Sur que unía Quito con Guayaquil; se dio 1’700.000 sucres para la construcción del sistema de agua potable de Quito, dotó a Guayaquil de canalización para este mismo servicio básico, se construyó, por el centenario del primer grito de la Independencia, un monumento conmemorativo en la Plaza Grande de Quito, y se realizó una Exposición Universal. Para sede de esa exposición se construyó el Palacio de la Exposición, actual sede del Ministerio de Defensa del Ecuador. Hizo levantar planos de nuestra frontera y proporcionó adecuados edificios a diversas instituciones militares. En 1910, ante una posible guerra con el Perú por el centenario conflicto territorial, se trasladó a la frontera sur para organizar la defensa de la República, y adquirió armamento moderno. En 1906 se promulgó la Constitución liberal, que consagró el Estado laico, poniendo fin a la injerencia de la Iglesia Católica en la política. Un dato interesante es que desde el gobierno de Eloy Alfaro se le  io oportunidad a las mujeres de estudiar y ser parte de la sociedad.

También se dio el hallazgo de los restos mortales del Gral. Antonio José de Sucre,  Mariscal de Ayacucho, que que fueron llevados a la catedral metropolitana donde se los guarda, se los conserva y se los venera muy respetuosamente. Reorganizó el desaparecido conservatorio de música Desapareció privilegios militares y eclesiásticos. Hizo levantar un monumento al insigne escritor y amigo Juan Montalvo en Ambato, su ciudad natal. En 1901, se estableció locales para el funcionamiento de los Colegios Normales Juan Montalvo y Manuela Cañizares, y se hizo el edificio del Colegio Vicente Rocafuerte de Guayaquil. Construyó el ferrocarril del sur, se dio 1’700.000 sucres para el Agua Potable de Quito, dotó a Guayaquil de canalización, se inauguró en la Recoleta el local que hoy ocupa el Ministerio de Defensa, proveyó al Ecuador de un armamento moderno.

Su muerte

Desde mediados de 1911, en Quito y en todo el país, se fue afianzando y extendiendo, un clima anti-alfarista que culminó el 11 de agosto con un golpe de estado militar, que obligó a Eloy Alfaro a dimitir de la presidencia, a refugiarse en la Legación de Chile y posteriormente exiliarse a Panamá. Meses después, Eloy Alfaro, regresó de Panamá, ante el pedido de uno de sus más fieles seguidores, Pedro Montero para actuar como mediador y pacificador entre el gobierno y los liberales que tenían grandes pugnas y enfrentamientos. Alfaro regresó, para servir de mediador entre los suyos y el Gobierno y evitar mayores problemas para el radicalismo y aún la mismísima desaparición del partido.

Las fuerzas liberales fueron derrotadas en sucesivas batallas en Huigra, Naranjito y Yaguachi, donde mueren cerca de 1.000 hombres, en una corta guerra civil. Ante la eminente derrota del liberalismo, el Viejo luchador firma la rendición, que fue mediada por los cónsules de Estados Unidos y Gran Bretaña en Guayaquil. Contemplaba la rendición de las fuerzas liberales, amnistía a Montero y los partícipes del 28 de diciembre, y el exilio voluntario de don Eloy, en un vapor asignado por el Gobierno. Se aseguró que no habría represalias.

Pero la Capitulación no fue respetada, se argumentó que Alfaro tampoco había respetado su compromiso anterior de 1911, y el General Leonidas Plaza, Jefe de las fuerzas gobiernistas, ordena la detención de Eloy y su hermano Flavio, Pedro J. Montero y Ulpiano Páez. En Guayquil se asesinó a Montero y El Presidente Freile ordenó que los otros prisioneros sean llevados a Quito. Como una ironía histórica, el general Alfaro fue llevado a Quito en el mismo tren que él construyó Finalmente el 28 de enero de 1912 en el Penal García Moreno de Quito, se dio el asesinato de los líderes liberales. Poco después del mediodía una turba, estimada en cuatro mil personas, rodeó el Penal para asaltarlo. Un grupo de artesanos de Quito, armados con fusiles, pistolas y garrotes, ingresaron con facilidad a las celdas donde se había conducido al expresidente y sus tenientes.

Cuando el general anciano sintió un ruido, se puso en pie y se acercó a la puerta, en ademán de imponer silencio. Un cochero llamado José Cevallos, al parecer un sicario contratado por el ministro de Gobierno de Freile, Octavio Díaz, entró en la celda a matarlo. Al parecer, Cevallos tras golpear al expresidente le disparó dos tiros, uno en la cara y otro en el ojo, quedando en la celda un charco de sangre. El espectáculo fue horrendo. Los cadáveres desnudos fueron amarrados por la turba de pies y manos. Los cadáveres de Eloy Alfaro y Ulpiano Páez, fueron arrastrados por las calles Rocafuerte, Venezuela y Guayaquil, pasando por las plazas de Santo Domingo y La Independencia, para luego converger hacia El Ejido. Una vez ahí, se encendieron por lo menos cinco hogueras para quemar los restos, ya muy deteriorados por el arrastre a lo largo de muchas cuadras sobre calles pavimentadas de piedra.

Ni el Ejército ni la Policía presentes intervinieron, hasta cuando los asesinos dejaron la hoguera que el escritor Alfredo Pareja Diez-Canseco llamó «la Hoguera Bárbara». Se supo que el Gobierno dio la orden de no reprimir ni intervenir, tanto a los mandos militares, cuanto al intendente de Policía de Quito. El intendente declaró en el proceso que fue el propio Freile quien le dio la orden de no impedir los desmanes, por lo que renunció inmediatamente.

Así penosa y horriblemente se terminó con la vida de un ecuatoriano ilustre.

Foto: informefracto.com; revistacrisis.com; sites.google.com; wilkipedia; esmil.mil.ec; larepublica.ec; elcomercio.com; eloyalfaro1b.blogspot.com; es.wilkipedia.org; personajesdelecuador.blogspot.com;ultimasnoticias.com

Fuentes: Biografías y vidas.com; wilkipedia;

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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