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EL CHE PÉREZ

Un recuerdo de Eduardo “Che” Pérez, el hincha número uno de Emelec que hizo del fútbol una fiesta

Recorría la tribuna del estadio Guayaquil, con una bandera gigante en su mano, la camiseta azul de franja ploma adherida al pecho, mientras sonaba el bombo de su barra fiel y surgían cánticos de una barra organizada que él dirigía cuan batuta en mano. Su figura se hizo popular y querida y su nombre se asoció al nombre del hincha al fútbol. Hoy nos embarcamos en el tren del fútbol, para viajar en los vagones del jolgorio y transitar por los rieles de la pasión futbolera que se desborda y contagia. Hoy hurgamos en el baúl para extraer de él, el recuerdo de Eduardo Pérez, el popular y recordado “Ché Perez”, quien ya no lleva la fiesta al estadio, pero que la vive desde el cielo azul, azul como el Emelec de su alma.

Con el “Che” tuvimos una bonita amistad que nació por esa identificación del amor al mismo equipo y la pasión por los mismos colores. Muchas veces me inserté en su barra para vivir la fiesta y alguna vez veces viajé en su tour, para apoyar a nuestro cuadro en otras ciudades. Coincidimos en el Mundial de México y dirigió la barra de cuanto equipo sudamericano jugaba e hinchamos por Argentina en la final. Hoy lo traigo al recuerdo, como lo que fue un buen hombre, humilde, sencillo, generoso de gran pasión por el fútbol. De dos notas que le hice, una publicada en Diario El Universo, el domingo 18 de diciembre de 1988que salió en el suplemento Paratodos en el segmento Con Nombre Propio y  de otra hecha para un libro de Emelec que nunca salió, extraigo su pensamiento y su sentir.

Apareció una tarde dominguera de fútbol en la tribuna del estadio Modelo Guayaquil, vestido completamente de azul, con una camiseta de Emelec adherida al pecho, un colorido gorro sobre su cabeza, un cintillo en la frente y una corneta en sus manos para hacer sonar el latido de su corazón que desbordaba pasión futbolística y romper los esquemas con respecto a las hinchadas de un equipo que por aquella época, era muy conservadora en su tarea de apoyar al equipo de sus amores. Desde ese momento Eduardo Pérez Valarezo, conocido como el “Che” se ganó su nombramiento de hincha número del Emelec que se lo impuso el periodismo deportivo, alcanzó popularidad en las diferentes canchas del país, se constituyó en uno de los pioneros de las barras organizadas en os estadios ecuatorianos y se convirtió en símbolo de la leyenda emelecista.

En esa época de poco bullicio organizado en los estadios, de ausencia de un grupo que tuviera un director de barra, que hiciera entonar cánticos alusivos al equipo de sus amores, que dirigiera el agitar de banderas, el alzar de pancartas y de saltos y gritos, este machaleño nacido el 15 de octubre de 1935, le dio otra cara a la tarde dominguera de fútbol, para convertirle en alegra, festiva, vestirla de colorido y pasión y darle más vida y hacerla más agradable y acogedora.

Pérez logró que desde su aparición el fútbol fuera diferente y que su tarea que empezó con unos pocos seguidores, se vaya extendiendo con el tiempo hasta contagiar a los hinchas de otros equipos que se atrevieron a hacer lo mismo, convirtiendo al rey de los deportes en una pasión de vida adictiva y festiva.

Su amor por el fútbol lo siente desde cuando era pequeño. “De niño, en mi provincia: El Oro no había fútbol profesional, sino amateur, y yo seguía las incidencias del fútbol ecuatoriano por lo que poco que se publicaba en la prensa o se escuchaba por radio, quizá por eso no tenía una camiseta definida. Hay que recordar que en esos tiempos (años 40 y 50) el fútbol no era organizado como ahora, recién empezaban a jugarse los primeros campeonatos profesionales de Guayaquil y Quito y la información que llegaba era muy poca, de vez en cuando alguna noticia. Pero me gustaba el fútbol y lo jugaba en el barrio, en la escuela, en cualquier solar baldío. El fútbol era mi pasión como cualquier niño de la época que jugaba con sus amigos a la pelota de trapo”

 En su época de juventud, vivió el fútbol con más pasión y lo practicó con toda pasión, pero una lesión lo alejó de la práctica activa y desde ahí tuvo que conformarse con vivir la emoción dominguera desde la tribuna. “Siempre me gustó el fútbol, cuando joven lo practiqué, incluso recuerdo que en 1961 cuando tenía 16 años, con el “Chino” Nestor Azón vinimos a probar fortuna al Everest, pero una grave lesión me dejó fuera. Él se hizo profesional y yo por amistad con él y por seguir su trayectoria empecé a identificarme con el cuadro everiano que llegó a ser campeón nacional en 1962, pero luego de su mala participación en la Copa Libertadores de 1963 en la que fueron goleados……..por Peñarol de Uruguay en el que ya jugaba Alberto Spencer,  sufrí tal decepción que me alejé de ese equipo. Entonces apareció Emelec con el fútbol encantador de Fernando Patternoster, con la fantasía de los Cinco Reyes Magos, con ese juego vistoso, elegante, técnico, alegre,  que llenaba de goles a los rivales, con ese fútbol de fantasía , con esos nombres de lujo como Raffo, Balseca, Raymondi, Bolaños, Pulido, Pineda, Ortegam Mayereyer, y opté por cambiar de camiseta. La pasión por el buen fútbol me hizo emelecista. Desde ahí he gozado con Emelec y me he convertido en su fiel seguidos”, cuenta con su voz ronca y su dialecto sencillo.

Pérez cuenta el origen del nacimiento de su apodo que lo hizo tan popular: “Lo del “Che” nació en 1972, cuando había asistido a un entrenamiento a ver la presentación de los jugadores extranjeros, los argentinos Carlos Ramírez Oscar Storti y Pedro Prospiti. Un conocido periodista se me acercó a preguntarme por ellos y yo por vacilarlo le dije en tono argentino. Mirá Che, somos los cuatro: Ramírez, Storti, Prospiti y yo. Desde allí me llamó Che y quedé como Ché Pérez para toda la vida”.

Su presencia en la tribuna y su barra, se formó dos años después. “Corría el año 1974 cuando se me metió la idea de que tenía que apoyar físicamente a mi equipo, formando una barra que cantara, saltara, gritara y llenara de fiesta al fútbol. Después de algunas inversiones y muchos sacrificios logré cumplir mi deseo. Inicialmente el grupo lo formé con solo ocho personas y una corneta de aire asentada en un cajón de madera, cargado con una batería de carro. Así nació el famoso claxon. Luego gracias al esfuerzo fuimos conformando un grupo muy numeroso de más de cien personas y llegaron el bombo, la corneta, los cánticos y así formamos la barra del Che Pérez. Aquí no hay egoísmo y acogemos a todos los emelecistas que se comporten bien, amen al equipo y quieran contribuir con la causa. . Esto de la barra creció de manera insospechada. Mire que hasta mi familia se involucró en esto. En 1988, mi esposa quería compartir conmigo esta idolatría y así por iniciativa de ella se decidió formar el grupo de las Bastoneras de Emelec, que saltaba a la cancha junto a los jugadores, y luego subían a la tribuna a hacer barra. Esto es pura pasión. Mi slogan es: esto no es pagado, esto es puro corazón”.

De las anécdotas en la cancha Pérez recuerda: “En los inicios recibimos agresiones de hinchas rivales, no de las barras, porque casi no había barras organizadas, solo la de Emelec. Los hinchas de los otros equipos nos tiraban objetos, nos insultaban. En Machala, Portoviejo, Cuenca, Quito nos recibían con insultos y hasta agresiones físicas, pero a pesar de ello, seguimos en la lucha que ojalá no termine nunca. Entre las cosas buenas, están los amigos que uno cosecha: futbolistas, dirigentes, entrenadores, periodistas, hinchas y personalidades. Además los viajes al exterior. Con Emelec y la Selección, hemos ido a Perú, Colombia, Argentina, Chile, Brasil y me fui al Mundial de México 86”

Pero el amor de hincha superó sus expectativas y el “Che” llegó a ser dirigente del club de sus amores, en el cual ha ocupado el cargo de vocal en varios periodos. “Ser hincha a ser dirigente es totalmente diferente. Llevas la misma `pasión, el mismo amor, pero debes pensar y actuar diferente. Ahí hay que trabajar por el bien del club, tomar decisiones, ser objetivo y nada pasional y actuar según los intereses del club, para defenderlo como un servicio y una vocación. Yo prefiero ser hincha pus se vive más el fútbol y se está más en contacto con la fiesta. Como dirigente me he comprometido más con el equipo y me ha ayudado a ser parte integral del mismo”

Pérez, cuenta que el trabajo de ser jefe de barra es difícil y sacrificado. “Hay que organizar muchas cosas, antes y después. Pues hay que preparar las cosas, alistar las banderas, los bombos, organizar a la gente, dirigir los traslados al estadio y después de terminado el partido, hay que recoger todo, llevarlo a guardar a las bodegas. A veces me gustaría bajar a los camerinos a estar con los muchachos, pero como jefe de barra es estar con mi gente. Recogiendo todoFuera del fútbol, Eduardo Pérez fue un próspero comerciante, dueño de un importante y reconocido almacén de materiales de construcción de la ciudad.

Por su amor al club, por su fidelidad de hincha y por ser uno de los precursores de las barras organizadas en el país, el “Che” se ganó su sitial en la leyenda del fútbol nacional y más concretamente en la historia de Emelec, que lo tiene como su hincha símbolo, como su hincha número uno.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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