EL HOMBRE DE LA CAMPANA

Un paso por el recuerdo para rememorar a uno lo más más fervientes hinchas de Barcelona. Julio Espinoza. El Hombre de la Campana

Tilín, tilín, tilín. ¡Suena la campana!.. Y suena en el estadio… Y suena cuando juega Barcelona… Y suena fuerte… Y suena como campana, pero no es campana. ¿Qué es entonces, si no es campana? Es un aro de la llanta de un vehículo. Pero suena como campana. Por ello al hombre que lo tocaba le pusieron el popular nombre del Hombre de la Campana. ¡Si!, nombre, porque ese fue el segundo y quizá más conocido nombre de Julio Espinoza Campos, personaje popular de Guayaquil, conocido por alentar a su Barcelona del alma. Y la campana sonaba fuerte, como fuerte era la pasión que sentía por el equipo Amarillo. Ese al que siguió en las buenas en las malas, en Guayaquil y fuera de ella. En el país y fuera de él. Su presencia en los estadios era un símbolo. Y por ser símbolo hoy tiene su estatua, en las calles guayaquileñas que tanto amó.

Hoy nos embarcamos en el tren del recuerdo que trae sonido de campana. La campana de fútbol. La campana de Barcelona. La campana de Don Julio, un hincha como ninguno. Hoy transitamos por los rieles del ayer, de ese ayer del Guayaquil popular, querido, romántico, añorado. Hoy suena la campana y su sonido tiene color. Amarillo es el color.

Hoy ya no suena la campana, En 2007, Don Julio partió a la eternidad para hacerla sonar en el cielo y convertirla en inmortal. Como inmortal será su ferviente amor por Barcelona del que se convirtió el hincha Nº 1. Como inmortal es su imagen hoy retratada en una escultura hecha por la artista Daniela Ponce, ubicada en las calles Nueve de Octubre y Vélez en la que posa en su banquillo de madera con el aro de llanta que lo llevó a la fama.

Julio Espinoza, nacido en Daule, en los alrededores de Santa Clara un día de 1926 y fallecido el 1 de julio de 2007 a los 81 años, era un humilde hombre de pueblo, un vendedor de revistas, camisetas, balones y recuerdos deportivos que tenía su kiosko en pleno centro de Guayaquil y que es otro de los  personajes populares de ciudad, de esos que hicieron historia y se ganaron el cariño y respeto del guayaquileño, en los primeros años del siglo pasado. Él logró con su carisma y su fidelidad que  hizo que su figura se volviera conocida, reconocida, inconfundible e infaltable en los escenarios deportivos en que jugaba Barcelona. Si. Escenarios deportivos porque no solo iba al estadio. También seguía a su equipo en otros deportes. Allí, primero sonó su aro de llanta, al que tiempo después remplazó por un triángulo de acero que consiguió en la estación ferroviaria de Durán.

Una nota publicada en El Universo el 14 de noviembre de 2020, titulada: “Recordando al último campanero de Barcelona”, escrita por Mario Canessa Onetto, cuenta detalles de la vida de este popular personaje que tuvo su puesto de revistas en la esquina de las calles Boyacá y Vélez, y posteriormente en Chile y Aguirre en los exteriores del Correo y que vivía en  la barriada de Sucre y la Octava, suroeste guayaquileño. De ese hombre que de niño disfrutaba de bañarse en el balneario de agua dulce de Virgen de Lourdes de su natal Daule, y quien llegaba a su negocio en su camioneta Datsun del 66. ¿Qué color? Eso no se pregunta. Ya se sabe, la nota dice:

 “En su niñez, no se cansó de patear la pelota de trapo en las polvorientas calles del barrio. Julio, por medio de la radio, se enteró de que existía en Guayaquil un equipo de fútbol al que lo adoraban los descamisados. Escuchó que el arquero de Barcelona, Rigoberto Pan de Dulce Aguirre, había sido capaz de atajar un penal con la frente al infalible Ramón Manco Unamuno. En el imaginario de Espinoza se agrandaba el sentimiento por la camiseta amarilla que lo enloquecía de a poco….Cuando llegó a Guayaquil, no tardó mucho en convencerse de que Barcelona era el equipo de sus amores y comenzó a visitar el estadio George Capwell, ubicándose en la popular que da a la calle Quito, que era la destinada para los descamisados cholos, aquellos a los que les gustaba ajumarse escuchando a Julio Jaramillo”

El Hombre de la Campana fue tan conocido y popular que como relata Canessa en su columna, fue inspiración para artistas, poetas y hasta políticos. “Ahí se comenzó a grabar la leyenda del Hombre de la campana, que inspiró a poetas, políticos y cancioneros a incluir el sonido del campanero mayor como signo de identidad del barcelonismo. El esmeraldeño Julio Micolta Cuero, en su poema Barcelona es esplendor, incluye en su segunda estrofa: “Hay tañidos de campanas, suena la voz consagrada de la barra, de la hinchada, de inmensas caravanas”…. “Jaime Nebot Saadi, prologando, escribió: “Si un forastero llegase a preguntar qué es Barcelona, habrá que decirle que es una emoción sin traducción, un ícono metido en el alma del pueblo, ese es el equipo de la campana”. O lo que el viejo Héctor Napolitano dice, al cantarle a Barcelona: “Para los que tienen la suerte de ponerse la amarilla, campeonar es nuestra meta, respeto a la camiseta y al golpe de la campana”.

Otra nota publicada por El Universo, el día de su fallecimiento, contaba que: El popular  Hombre de la Campana  sufrió un infarto. Hace un año se vio obligado a despojarse de su compañera: la campana, al tener que venderla por 500 dólares que necesitaba para comprar medicinas tras una serie de dolencias que lo aquejaban en su pobreza. Entonces había superado problemas hepáticos y del corazón, los que al parecer fueron los que acabaron con su vida”.

Don Julio, padre de nueve hijos de tres compromisos, tenía a más del fútbol otra pasión y con esa misma pasión, militó en el Cuerpo de Bomberos de Guayaquil. Como también era pasión su familia a la que pidió que cuando parta a la eternidad no dejen de acudir al estadio a hacer sonar la campana y continuar con la tradición. Él partió con un deseo, que quedó testimoniado en una nota en diario Súper dijo: “Aunque me muera, seguirán escuchando la campana en el estadio”.

Esté tranquilo, Don Julio. Su campana que está vigente en el recuerdo y en los corazones amarillos no dejará de sonar jamás.

 

Fotos: eluniverso.com; futbolizados.com; es.wilkipedia.org

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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