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CLÁSICO EMPATE Y MANDA GUAYAS

Como hace tiempo no ocurría, al menor que yo recuerde, tres equipos de Guayas comandan la tabla de posiciones. El primero y el segundo empataron en el tradicional Clásico del Astillero, el otro ganó de local. Emelec, Barcelona y Guayaquil Ciity, líderes igualados en 22 puntos

“No se hicieron daño”, dijo convencido el relator radial al término del Clásico del Astillero, entre Emelec y Barcelona jugado hoy (domingo 6 de diciembre) en el estadio Capwell, que terminó empatado 1-1- ¿No se hicieron daño? Pues yo creo que sí y el daño se va a notar quizá no ahora, sino al final de la etapa cuando al sumar los puntos faltantes entrarán en la cuenta estas dos unidades perdidas en el denominado “Partido Inmortal”.

¿En qué me baso para decir que no se hicieron daño? En que los dos y más Emelec que era el local y desperdició un penal a cinco minutos del final, necesitaban ganar para tomar distancia uno del otro, alejarse más de los tres equipos que vienen en las siguientes posiciones a esperas, justamente de esto: de un desliz del Astillero.

Era la oportunidad de que uno de los dos, el que gane, se despegue del otro y tenga un colchón de dos puntos más que le permita protegerse de alguna caída en los partidos siguientes. No ganó nadie, los dos perdieron dos puntos y la oportunidad de respirar tranquilos, al menos por tres días más, ya que el próximo miércoles se juega una nueva fecha del campeonato ecuatoriano de fútbol.

Por eso, Barcelona, Guayaquil City, Liga Deportiva Universitaria de Quito y Universidad Católica, gritaron de alegría y a todo pulmón, el penal que malogró el uruguayo Facundo Barceló y que pudo darle la victoria a Emelec. Si lo hacía, todos los equipos nombrados, se hacían daño. Ellos no se lo hicieron pero Emelec sí y Barcelona también porque necesitaba ganar. Este partido era para ganar y no hacerlo, les causa daño. Y aunque muchos no estén de acuerdo. Yo en los Clásicos en Guayaquil no creo tanto en la localía. Menos si se juega sin público.

En fin. Los locutores seguirán diciendo que no se hicieron daño. Pero amén de eso. Vimos un buen partido. Aceptable. No fue un espectáculo  para aplaudir de pie por su excelsa técnica, jugadas de lujo, ritmo incesante y juego vistoso.  Tampoco fue  un fiasco. Por ahí ambos mostraron ganas de jugar, pusieron más actitud que aptitud, tuvieron el control del balón en su momento y no supieron rematar. Definitivamente, no fue un dechado de virtudes. ¿Qué clásico lo es? La mayoría son de mucho respeto mutuo, tomando precauciones en demasía, jugando más con el corazón que con la mente y las piernas  y dejándolo todo, porque es el juego que nadie quiere perder. Y ese no querer perder hace que los equipos no se atrevan a tanto y no ofrezcan el espectáculo que el hincha quiere ver. Así son los clásicos. O son la mayoría. Y he visto muchos.

Pero más allá de la espectacularidad que se quiere ver en este cotejo, fue un partido aceptable, bien disputado, con mucha actitud más que aptitud y ahí está el desbalance, con buena dosis de fútbol, a ratos intenso, a raros soso; por ratos emocionantes, por ratos aburrido, pero siempre de muchas emociones y palpitaciones vibrantes. El palo de Barcelona al inicio hizo parar el corazón a los azules, como el penal en el palo del Azul hizo parar el corazón al amarillo, quien respiró al final. Buen partido. Para un seis o siete sobre 10. Calificación que en Clásico no es mala. Pero Clásico es Clásico y  partidos así, sea como sea que se lo juegue, merecen estadio lleno, que hoy la enfermedad que nos azota no lo permite.

A ratos fue mejor Emelec, a ratos Barcelona. Ambos en su momento tuvieron la iniciativa y la posesión de balón y el control del juego. Ambos pudieron ganarlo y ambos pudieron perderlo, porque así como Barceló falló el penal que estrelló en el horizontal, un remate en el vertical de Emanuel Martínez pudo dar un gol ganador a Barcelona. Y por ahí cada equipo perdió una o dos opciones claras que pudieron cambiar la suerte del partido que fue limpio, pues se jugó con fuerza combativa, más no con deslealtad, algo que merece ser destacado.  Apagado Damián Díaz, intermitente Sebastián Rodríguez, los jugadores llamados a manejar la rienda de sus equipos, el partido no alcanzó a tener el brillo que debió tener. La prueba es que es elegido como figura del juego el volante de marca Dixon Arroyo, que es más «destructor» que constructor…de juego me refiero. Y tampoco hubo muchas figuras a resaltar, en honor a la verdad.

Al promediar el segundo tiempo parecería como que ambos equipos prefirieron el empate y se conformaron con el resultado y le bajaron al ritmo que decayó en demasía, hasta levantar un poco en los minutos finales cuando intentaron poner el pie en el acelerador, pero ya el físico por el desgaste no daba para más. Por eso el segundo tiempo no fue bueno, faltó ritmo, atrevimiento, alegría. Pero había que cuidar el resultado. Como si eso era conveniente. No. Había que ganar.

En otro punto, la expectativa creada por el  video arbitraje (Video Assistant Referee que traducido, al español es árbitro asistente de video) más conocido como VAR, solicitado por Emelec, casi pasa desapercibido, de no mediar los dos minutos de para del partido para que el árbitro consulte si fue falta o no la clarísima infracción del paraguayo William Riveros sobre Dixon Arroyo. Hubo falta que no necesitaba VAR. Pero ya que se pagó por él, había que usarlo. Y usarlo aunque se usó cuando no se debía y no, cuando se debía. No es trabalengua, es reglamento. El VAR debió usarse para ratificar que el penal debía repetirse. Sí porque el árbitro, los asistentes y los jugadores de Emelec que debieron reclamar, no se dieron cuenta que hubo invasión al área al momento de ejecutar el cobro. Riveros, el mismo que cometió la falta penal, invadió el área, además que otros dos jugadores de Barcelona, también lo hicieron. La foto aquí expuesta, exime de cualquier comentario. Y ojo que esta jugada tampoco necesitaba VAR porque fue evidente la falta. El árbitro cerca de la jugada no se percató.  La rapidez de la acción  y la decepción emelecista que quedó en shock tras el fallo, no hizo que sus jugadores o técnico se dieran cuenta de ese detalle. Pero pese a las fallas, hubo VAR y fue el primer clásico en la historia en tenerlo.

¿Qué no se hicieron daño? Lean El Universo que dice: “Frenazo para Emelec y Barcelona en la pelea por el liderato absoluto de LigaPro”. O lean el portal digital Studio Futbol que titula: «Amargo Empate». Es que así fue, ambos frenaron sus aspiraciones de escaparse como líderes en solitario, algo que a falta de cuatro fechas es sumamente importante. Ese resultado amargó a muchos. Yo particularmente salí amargado e inconforme.

Azules y amarillos empataron a 1 gol en el último Clásico de la temporada. Poca ayuda para subir en la tabla, que cierra la jornada 11 con tres clubes igualados en 22 puntos. Emelec pudo triunfar, pero erró un penal en el tramo final del juego.

El trámite del juego

Aunque es muy pronto para definir tácticamente un partido apenas iniciado, Barcelona lo comenzó mejor al provocar la primera acción de peligro sobre el arco de Pedro Ortiz, Es ese remate en el vertical de Martínez que narro arriba y que se dio al minuto dos. Susto para Emelec que tardó en reaccionar y que conforme pasaban los minutos mostraba a un Barcelona más compacto, más dinámico, con mejor control del juego y mayor tenencia de balón. Eran minutos amarillos. De diez a doce para ser exactos. Y así sucedía hasta el minuto 13. Pero en el fútbol nada está dicho. Cuando dominaba y mejor jugaba Barcelona, marcó Emelec y se puso en ventaja.

El gol Azul nace de un error Amarillo. Dicen que dos cabezazos seguidos en el área o cerca de ella  es medio gol. Y así fue, pero está vez en contra de quien los hace. Dos malos despejes de Pedro Pablo Velasco y Nixon Molina que cabecean para atrás, le permiten que la pelota le llegue a Facundo Barceló que dentro del área no perdonó y remató preciso para vencer a Xavier Burray y poner el 1-0.

El 1-0 era poco premio para Emelec que hasta ese momento era superado pero Barcelona. Pero en el fútbol lo que mandan son los goles y lo que cuenta es el festejo y el que festejaba ese momento, era Barceló y con el su equipo y su hinchada. Posterior al tanto, Emelec tuvo de ocho a diez minutos para rematar el juego pues tuvo el control de pelota, y la mejor producción de juego, pero no supo ni pudo aprovechar. Por momentos parecía que llegaba la segunda, pero poco a poco se fue quedando, al tiempo que reaccionaba Barcelona, que ya ponía en aviso de sus intenciones cuando a los 18 minutos, un centro desde la izquierda de Damián Díaz, llega preciso a la cabeza de Riveros, quien solo sin marca y con todo el arco a su disposición, falló en el cabezazo que fue a parar a las manos de Ortiz que aunque estuvo bien ubicado, prácticamente se la encontró. Pudo ser el empate. Y luego tuvo un mar más que también desaprovechó.

Pero el aviso, ya daba una clarinada de alerta que Emelec no supo entender o no pudo entender. Mientras Barcelona presionaba, el equipo Azul, se extralimitaba en jugadas riesgosas queriendo salir jugando con balón dominado dentro de su campo que provocaban fallos en ventaja para su rival. Ortiz no sabe jugar con los pies y todo balón jugado de esa forma, era mal jugado. A los defensas Eléctricos, les hace falta entender que a veces hay que botarla.

El bajón de los Azules y la presión Amarilla que jugaba mejor en ese tramo del cotejo, dio su fruto. Así A los 33 minutos un tiro de esquina cobrado a media altura por Díaz es cabeceado en forma de peinada por Velasco hacia el área, en donde estaba Jonatan Álvez que con un disparo potente puso la igualdad. Ese fue el punto de quiebre del partido y así terminó el primer tiempo que tuvo dos opciones más para Barcelona que no fueron aprovechadas por el mismo Álvez y Díaz. De aprovecharlas otro era el cantar.

En el segundo tiempo, ambos técnicos replantearon su juego y hubo cambios con diferentes propósitos. De entrada en Emelec ingresó Bryan Carabalí en remplazo del africano Lassane «Laz» Bangoura, para retomar esa dupla por derecha que tan buenos resultados dio en partidos anteriores: la de Carabalí y Caicedo. El guineano no jugó mal, cumplió a la medida de sus posibilidades, sabe con el balón, es claro para jugar y hace buenos pases, pero la tarea de marca que cumplen los dos laterales ecuatorianos, no la siente el foráneo y eso permitió al lateral Mario Pineida ser un aporte ofensivo para su equipo que creó peligro al rival. El estratega español Ismael Rescalvo quiso mejorar esa deficiencia y apuntalar ese sector y al principio lo consiguió.

Pasaron los minutos y hubo más cambios. El más notorio, el de Emelec. Su técnico Rescalvo en un atrevimiento ofensivo, al ver que estaba jugando algo mejor que su rival, se lanzó a ganar y varió su esquema táctico. Ingreso al zaguero central Joel Quinteros por el lateral zurdo Oscar Bagüi y al volante de creación José Francisco Cevallos por el alero zurdo Bryan Cabezas. Así del 1-4-4-2 inicial, pasó a jugar 1-3-5-2 en una clara línea de tres zagueros con el ingresado Quinteros, el uruguayo Aníbal Leguizamón y el nacional Marlon Mejía y abierto por las bandas como carrileros de marca y salida Caicedo por derecha y Carabalí por la izquierda. La dupla que armó al inicio del segundo tiempo, la desarmó al promediar la mitad de la segunda etapa para atacar más y a ratos, solo a ratos, dio sus resultados. En ofensiva Roberto Ordoñez, peleaba contra toda la defensa amarilla y ganaba algunos duelos no solo por su potencia física, sino también por buen control de balón del que hizo gala.

Tanto dio resultado el intento de Emelec y la dupla de laterales derechos que fue justamente Caicedo quien provoca la falta penal que desperdició Barceló. Barcelona había bajado su juego y Emelec atacaba más, tenía más la pelota, pero no era lo suficientemente profundo y efectivo. carecía de contundencia y no era tan peligroso. Al final el clásico terminó igualado.

¿Quién dice que el Clásico no es especial? Barcelona que había jugado mal, los partidos anteriores en que a pesar de ganar (por eso está donde está), no mostraba un juego efectivo, vistoso, agradable que satisfaga a su afición. Ganaba, nada más, pero no gustaba. Hoy salió a jugar y jugó, al menos por momentos. Tuvo el partido a ratos y pudo ganar. Pero esta vez nadie ganó. Los dos, perdieron. ¿No se hicieron daño?  ¿Usted qué cree? Los leo.

Foto: Apertura. El Universo; @CSEmelec;  studiofutbol; lacanchita.com; Liga Pro.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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