SIN LÍMITES

Por Mónica Carriel

Presentación de la novela “Sin Límites”, adaptación realizada en 2000 por Ecuavisa, estrenada el 20 de septiembre y que este año cumplió 20 años. Una serie importante porque entre su elenco estaba una lista de talentos juveniles que hoy son los rostros más conocidos y queridos de la pantalla.

La factura 000001 de todas las que escribiría en mi vida fue girada a Ecuavisa el 28 de junio de 2000 y marcó el inicio de mi carrera profesional, no como periodista sino como escritora de televisión, a la par que el de muchos otros miembros de aquel memorable equipo, un recorrido que iniciamos hace nada menos que dos décadas y que hoy recuerdo para ustedes.

Este relato, al igual que muchos otros, también empezó con una llamada telefónica. La productora Mora del Campo en quien había dejado buen sabor de boca con tres libretos escritos para TC Televisión, estaba ahora en Ecuavisa. Identifiqué su voz apenas levanté el auricular: “Vente al Teatro Alberto Borjes que te tengo un cachuelo…” Medio colgué y volé al teatro.

La consigna era: “Escribir dos escenas de una situación en que una alumna coquetea con un serio, pero guapo maestro mientras él se hace el estrecho…”. Me senté frente a la computadora y según recuerdo me demoré una media hora, entregué el trabajo a Mora y me fui. Más tardé en llegar a mi casa que ella en volver a llamar: “…el director quiere hablar contigo, ven…”. Sentadita en la sala de espera, comiéndome las uñas, observé de pronto como la atmósfera tranquila del área de producción se transformó. ¿Recuerdan la llegada de Miranda Priestly en la película “El Diablo Viste a la Moda”? Bien, pues el huracán que precedió a la llegada del Director de la serie fue más o menos parecida. Yo no tenía idea de lo que ocurría ni de quien era el mentado señor del que nadie se atrevía a pronunciar ni señas ni nombre, hasta que lo vi aparecer por el corredor central que lo llevaba a su oficina, justo en donde una muy joven y asustadiza “yo”, lo esperaba.

Con paso acelerado, el monstruo detrás de la mayoría de dramatizados realizados por Ecuavisa, clavó su mirada en la puerta de su oficina. Su facha era despreocupada y su aura pensativa y nadie se atrevía a saludarlo porque entendían que en esa distracción estaba su genio trabajando y que cualquier interrupción podría significar el final de cualquier idea magistral.

Como televidente de siempre de la pantalla de Ecuavisa, la memoria me llevó inmediatamente a repasar las producciones que Carl West, (Yugoeslavia 1943), había realizado para ese canal: “Solo de guitarra”, “El Cojo Navarrete”, “Los Sangurimas”, “Siete Lunas, Siete Serpientes”, “A la costa”, entre otras muchas… ¡Si pudiera tener la dicha de trabajar con él y escuchar sus indicaciones! Yo soñaba al tiempo que él se encerraba en su privado. Para mi sorpresa, después de unos segundos, la puerta volvió a abrirse y con su típico acento gringo me dijo: “¿Libretista?” Y yo: “Sí”, a lo que siguió un ademán con el que me invitó a pasar. Caminé como con rumbo al paredón, con el pálpito de mi corazón que cimbraba tan fuerte en mi garganta que apenas me permitía respirar.

Me preguntó si había estudiado literatura y le dije que era alumna de periodismo y que lo poco que sabía sobre contar historias me lo había enseñado mi papá. Me dijo que para él eso, y la prueba realizada, era suficiente. Me explicó que “Sin Límites” era una producción colombiana de 110 episodios que Ecuavisa había comprado con el fin de realizar una adaptación, pero no contaban con que la realidad del país cafetero de esa época era otra muy diferente a la nuestra, así que había que trasladar el argumento repleto de balas, sicarios y trata de blancas a uno más coherente con el Guayaquil del año 2000.

La entrevista duró unos minutos y al término de ella me contrató como dialoguista del seriado. Me atreví a preguntarle: ¿Por qué me contrata si yo no sé mucho de esto? Y me dijo: “¡Por eso justamente, porque no sabes… yo te voy a enseñar!”

Llegué en la corrección tres de las treinta y tres que en total tuvo el libreto UNO antes de ser firmado por Carl en señal de que ese era el definitivo. Andrés Crespo, Director asistente y mi jefe directo, resultó descomplicado y ameno, más acorde con el tipo de maestro que enseñaba “haciendo” y eso estaba bien para mí. Sin embargo, la presión de ser aprendiz de dirección empezó a afectarlo y como se dio cuenta de que era alumna medio aprovechada, sus ausencias se fueron haciendo más y más largas.

El Director

West era un director conocedor de su oficio, un verdadero artista creativo, exquisito en todo sentido, pero estaba a cargo de un equipo de producción que delante y detrás de cámaras era mayoritariamente novato y por ello su necesidad de control se había duplicado y su estrés y mal genio eran casi permanentes.

La producción tenía un fuerte liderazgo de dirección, lo que quería decir que Carl controlaba todos los poderes y ejercía mano de hierro sobre cada una de las instancias del proceso, aterrorizando al equipo con dos reuniones generales antes del rodaje para determinar si estaban o no de acuerdo con su línea de pensamiento (creativa y hasta cromática) antes de salir.

A muchos nos costaba comprender que mientras nuestra mente estaba en el Borges, la suya ya estaba en el día del rodaje, exactamente en el momento de la acción. Por ejemplo el día que debía grabarse una escena en que uno de los chicos intentaba pescar, utilería presentó el equipo de pesca casi completo, pero no creyeron importante agregar los anzuelos. ¿Para qué si solo va a fingir que pesca? – dijo el utilero -, y Carl respondió su acostumbrado: “En tu película hermanito”. Y a grito pelado, como era su costumbre, explicó que si el actor tiraba la caña al río y por casualidad un pez mordía el anzuelo habríamos logrado una escena mucho mejor que la planteada en el guion. A Juanito, nuestro utilero, le tocó ir a despertar a todos los dueños de artículos deportivos de la ciudad, nada menos que a las 22h00 para conseguir los anzuelos.

A West no le gustaban las cosas bien hechas sino perfectas y la búsqueda de esa perfección podía ser muy estresante. Marcelo Gálvez tenía el papel de Rafael, el malvado inspector del colegio y recuerda que, a pesar de conocerlo desde hacía años, una vez lo sometió a una especie de prueba: “Era la última escena del día y la última del capítulo. Y cuando Carl debía gritar “corte” no lo hizo, así que yo, que había leído el libreto que venía, seguí hablando y hablando en función de la historia futura… De pronto sentí un aplauso lento y luego una mano en el hombro de Carl West, que me dijo: “Gracias… Aquí les presento a un verdadero actor. Él no deja de actuar hasta que el director dice: CORTE, aunque el texto de su diálogo haya concluido”. Luego de eso Carl le designó la Dirección de Actores, cargo en que se mantuvo hasta el final.

Roxana Varas, Productora General, también tiene recuerdos parecidos: “Cierta vez, la actriz Bernarda Calvo, que interpretaba un papel secundario, decidió irse y su Vitara blanco debía estar en una escena del parqueadero, le pedí que me lo alquilara, pero no fue posible. Sabiendo cómo era Carl no me quedó más que irme a la calle a parar cuanto carro parecido viera. Después de horas, en Miraflores, encontré uno igualito parqueado y toqué la puerta de la casa. Salieron los dueños, un par de señores mayores. Me dijeron que no podían alquilármelo porque tenían un itinerario que les iba a tomar todo el día, así que no me quedó más que prestarles el carro de producción con el chofer para que cumplan con sus citas y me pudieran alquilar el Vitara…”.

Años después, al ser entrevistados para un segmento del recuerdo dentro de “En Contacto” descubrí que muchos miembros del equipo de producción tuvimos pesadillas recurrentes con West. Sin embargo, cada uno lo recordaba como el mejor maestro que tuvo jamás y otros, como un honor haber colaborado con él.

El elenco

El elenco de “Sín Límites” casi completo: (De pie, de izquierda a derecha): Marcelo Gálvez (Rafael/Inspector), Ricardo Briones (Prof. Antonio Rendón/Protagonista), Antonio Aguirre (Don Gabriel/Rector), Lissy Angelelli (Ximena/Mamá Mechas), Carlos Martínez (Joaquín/papá Mechas) Miguel Ángel Albornoz (Prof. Rigoberto) y Sandra Sandoval (Diana/Asist. Rectorado). En cuclillas: María Teresa Guerrero (Mechas/Protagonista), Jaime Arellano (Gustavo), Jennifer Graham (Luz María), Érika Vélez (Isabella), Paola Roldán (Alejandra) y Fernando Gálvez (Felipe). Sentados: Geovanny Guzmán (Arturo) y Juan Carlos Román (Zamorano). / Foto de Alberto Bailón para Revista Vistazo.

Carl sabía que los actores juveniles: María Teresa Guerrero (protagonista), Carlos Luis Andrade, Jaime Arellano, Érika Vélez, Jennifer Graham, Giovanny Guzmán (Colombia), Juan Carlos Román y Paola Roldán debían estar bien apuntalados, y por ello los rodeó de actores de carácter y experiencia como Jaime Bonelli, Antonio Aguirre, Miguel Ángel Albornoz, Sandra Sandoval, Fernando y Marcelo Gálvez y como coprotagonista, en el papel del profesor enamorado, Ricardo Briones con quien Carl ya había trabajado en otras dos oportunidades (“El Cojo Navarrete” y “Solo de Guitarra”).

El elenco experimentado estaba encargado de sostener a los juveniles y terminaron haciendo de confidentes, couchins y muchas veces de consejeros. De esta época recuerda, Carlos Luis Andrade (Charlie), una anécdota con el querido y desaparecido Antonio Aguirre Febres Cordero (Don Gabriel / Rector): “Una vez terminamos de grabar muy tarde y Antonio Aguirre nos llevaba a casa, a Jaime Arellano (Gustavo) y a mi… Y nos dijo unas palabras tan sentidas que a nosotros nos llegaron al alma, nos dijo que estábamos iniciando una carrera como protagonistas y que no seamos como él, que busquemos una mujer, que nos casemos, que formemos una familia, que estar solos era muy triste… Eso me quedó grabado en la mente…”.

Como anécdota personal, recuerdo que luego de un día de pesados ensayos me pilló en la compu dando los últimos toques a un poema que había escrito y me pidió que se lo imprima. Se sentó en una de las escaleras del teatro y me dijo: “Ven, veamos si las rimas funcionan…” y me senté junto a él… Lo recitó cinco veces e hizo tres correcciones y quedó listo. La última versión de “El Teatro Vacío” la recitamos juntos. Me aconsejó que termine mi educación y que no me deje absorber por la TV, consejo que he seguido. Antonio nos dejó a inicios de junio de 2018 y quienes lo apreciamos todavía lloramos su partida.

El equipo de producción

Dejé de contar cuántos pasaron por ahí, por ejemplo, luego de una jornada de gritos de parte y parte entre Carl y la experimentada Productora General Veiky Valdez, aburrida de las inestabilidades emocionales del creativo, decidió irse. En su reemplazó se integró Roxana Varas que trajo a cuestas una tonelada de diplomacia y era tan previsora como recursiva y logró, de alguna forma, aprender a manejar el temperamento de West y quedarse hasta el final.

Una de las anécdotas que recuerdan varios miembros del equipo era que cuando había escenas en el parqueadero del colegio, los carros de todos los personajes (recordemos que era un colegio aniñado) debían lucir limpios, so pena de que Carl entre en ataque de puteadas si veía un atisbo de lodo en algún guardafango. Así que entre Roxi, Juan y José (Utileros) y el colaborador que se prestara se daban a la tarea de abrillantarlos. ¿Se imagina ser productora general de un canal y terminar lavando carros? ¡Ja!

Carl se encargó de despachar a varios miembros del equipo como Luis Burgos, productor de campo que recordará toda su vida cuando le dijo: “Lucho, tu… grrrrr” y haciendo el sonido en un cuchillo pasando por su garganta le hizo saber que hasta ahí había llegado.

Andrés Crespo se fue luego de que lo encontrara durmiendo en la oficina de libretos mientras yo escribía. Ese día me dijo que el guion #11 lo iba a escribir sola, advirtiéndome que pobre de mí si lo hacía mal por simple espíritu de cuerpo y cuando se lo entregué y vio que ni correcciones necesitaba, despidió a Crespo.

Por el script pasaron varias personas, entre ellas, Shayarina Monar y la brillante Guadalupe Loor quien jamás se amilanó ante los gritos y siempre tuvo una respuesta ecuánime para todo, por Dirección de Arte, Gina Castro y luego Lupi Palma (+), por vestuario Sarita Cevallos y luego Mariuxi Loor, hoy maquilladora profesional. De esta época La Maru recuerda como el equipo se hizo diestro en corregir errores al andar: “Un día, yo que era muy joven y era mi primera vez en un trabajo como ese, no había leído la pauta donde decía que Charlie (Carlos Luis Andrade) llevaba un bividí, cuando Carlos Luis me dijo y noté el error corrí como loca por la ciudadela donde estábamos grabando y como a media cuadra veo a un señor lavando su carro que estaba en camisetilla y le rogué que me la prestara. Que cara habré puesto que me la dio y se la llevé a Charlie quien se la puso sin preguntar de donde venía o de quien era. Nadie lo notó, así era, había que improvisar.”

Aunque el elenco debía mantenerse hasta el final, hubo también bajas entre los protagonistas:

Jennifer Graham (Luz María), no estuvo fichada desde el inicio pues para ese papel ya estaba María Sol Galarza, pero la Graham, que estaba en un muy buen momento de su carrera como modelo y tenía un talento natural para el drama, fue un día de visita al set acompañando a su íntima María Teresa Guerrero, Carl la vio, le hizo un casting y al día siguiente: “Adiós María Sol”. Sin embargo, Jenn, no soportaba el carácter de West y, un día de grabación en que las indicaciones llegaban al son de gritos y alaridos, la colorada se cansó y le recitó las cuarenta en alemán, inglés y español y terminó yéndose por su propia mano en los libretos 30 y 31.

A pesar de su carácter Carl tenía sus engreídos, entre ellos, todo el elenco senior y Marcelo Gálvez, además de Ricardo Briones. Carlos Luis Andrade, Giovanny Guzmán y Juan Carlos Román (antagonista) por quien incluso me dio la orden expresa que desarrollara más su personaje porque como malo se lucía.

Travesuras:

Carlos Luis Andrade (Charlie): “Nosotros iniciábamos la grabación el miércoles y el día lunes nos pegamos una mega farra! Pero todos. Y ya en la noche al calor de los tragos me pego un suelazo y me raspo toda la cara. Carl me quería porque yo era el niño correcto y de pronto hago la cagada y tuvimos que cambiar todo el plan de rodaje… Pero esta fue una de las reuniones que nos integró a todos y que terminó formando ese lazo que hasta la fecha de mantiene…”.

Enamorados: Uh varias parejitas, pero si cuento me gano enemistades. Sin embargo, cuando era reportera de En Contacto se me pidió que hiciera un “Confesiones” sobre esta producción y me encontré una sorpresa: Ricardo Briones confesó en cámara que él debió hacer un trabajo mental con María Teresa Guerrero para que sus escenas de romance salieran más creíbles. Esta estrategia mejoró las cosas, pero hizo que él empezara a despertar sentimientos especiales por La Flaca. Ella, en cambio, dijo no haberlo notado.

Carl West no terminó la serie, la entregó a la Directora Nitzy Grau (Cubana) en el capítulo 38 cuando faltaban tres para terminar. Él se fue a un nuevo proyecto, el reality “Cuestión de Honor”.

Los más guapos: Todos, pero entre los juveniles Jaime Arellano tenía las fans más alborotadas y en el grupo de los caballeros, Ricardo Briones, dejaba con la boca abierta hasta a las guardias del canal.

Extras: Dentro de los extras que simplemente llenaban el salón de clases estaban: Cristina Reyes, hoy candidata presidencial y Julio César Saona, presentador de RTS.

La Canción: La canción de la serie la escribió Carlos Luis Andrade (letra y música).

El colegio: El colegio ficticio se llamaba: “Liceo de las Américas” y el verdadero en que se grababa la serie era el femenino Espíritu Santo.

Después de observar donde está hoy este maravilloso equipo de trabajo y todo lo que ha progresado, cualquiera puede darse cuenta que no fue una simple serie, sino una escuela que hizo realidad el sueño de quienes éramos juniors, de entrar al mundo de la televisión de la mano de experimentados profesionales y grandes talentos de pantalla, y vivir una experiencia “Sin Límites”.

Ricardo Briones, Marcelo Gálvez, María Teresa Guerrero, Jaime Arellano, Jennifer Graham y Aída Alvarez en el set de “En Contacto” durante un homenaje realizado a la serie, años después.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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