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ADIÓS DIEGO

Se ha ido un grande. No es momento de discutirlo. Es momento de despedirlo

Que feo despertar, coger el celular para ver la hora y ver varios mensajes  (catorce para ser exactos) que informaban la muerte de Maradona. Por un segundo quise creer que era un fake news (noticia falsa) pero tantos mensajes no podían ser falsos. El primer menaje que abrí fue el de mi pana del Ringo, de colegio, barrio, pelota, Javico Valdiviezo, Don Ja, con quien justamente nos hicimos grandes amigos por el fútbol y por la idolatría que sentíamos por Maradona de quien somos sus fans. La admiración por el “Pelusa” nos identificó y éramos después de Pelé, Maradonianos. El pasado domingo, nomás, viendo el partido de Emelec Delfín, hablábamos del Diego, sus grandezas y sus dolores y me vacilaba por mis dos TBT publicados en Facebook en que ponía, esas sí, fake news, en que jugaba con fotos de él y mías. El mensaje de Ja, era como si hubiese partido un amigo en común. Al mensaje le faltaba derramar lágrimas. Nosotros nos entendemos.

La revista salió el domingo pasado, pero dije. Es noticia. Debo hacer un artículo especial. En eso sonó el teléfono, era desde Loja, mi colega y amigo Lindon San Martín, para entrevistarme en su programa radial, sobre mi percepción de la muerte de Maradona. Él sabía de mi apego al fútbol y de mi afición al Diego. Hablamos varios minutos y cerramos con una sentencia. Lindon me dijo: “Espero la crónica en Revista Delado”. Y aquí estoy escribiendo.

¿Qué decir de Maradona? ¿Qué decir que no se ha dicho?  Hacer una reseña de él, que cuente su vida, trayectoria, sus goles, sus triunfos, sus derrotas, dar su biografía, no creo que quepa. Lo van a hacer casi todos los medios del mundo. Entonces dije, no voy a repetir lo que todos dirán. El que quiera saber su biografía que guglee. Yo lo voy a hacer desde mi experiencia. Lo que yo siento por él. Lo que recuerdo de él. Lo que haya vivido con él.

Entonces la mente me llevó a ese viernes 16 de febrero de 1979 cuando en el aeropuerto de Guayaquil lo vi por primera vez en persona en mi vida. No sabía que lo vería pero lo vi. Ese día llegaban de Europa mis padres y con mi tío Ramiro fuimos a recibirlos en el viejo Volkswagen rojo de mi viejo y ese mismo día llegaba en escala a Guayaquil el equipo de Argentinos Juniors que dos días después debía jugar un partido amistoso en Quito ante Liga Deportiva Universitaria que ganó 7-0 en una goleada impresionante. Al  ‘Pelusa’ no le fue bien. Pues además ese día fue expulsado pues insultó al árbitro central Adolfo Quirola (+) a los 35 minutos del segundo tiempo, reclamándole una fuerte falta contra él.

Estábamos con Ramiro, esperando la llegada del avión en que venían mis viejos, cuando vimos por el vidrio de la puerta de salida internacional que salía un grupo de hombres con maletín en mano con facha de jugadores de fútbol. Ambos aficionados a la pelota, sabíamos por instinto e identificación, que eran futbolistas y nos acercamos a ver qué equipo era. No sabíamos que equipo llegaba pero inmediatamente nos dimos cuenta que era Argentinos Juniors y ambos al unísono dijimos: !Maradona!. Entonces yo corrí por el aeropuerto buscando un papel decente  para pedirle su autógrafo al tiempo que pedía una pluma en el counter. Encontré un cartón de Marlboro que lo abrí para que se convierta en «papel» y una pluma roja, como rojo es el color de la camiseta de Argentinos Juniors. No era tiempo de celulares para tomarnos la foto, ni teníamos papel en mano. Esa fue la única opción.

De pronto salió Argentinos Juniors y empecé a pedir autógrafos a todos los jugadores, pero esperaba a Maradona. El “papel” aun lo tengo y está guardado en un álbum de fotos como uno de mis más grandes tesoros. Hasta que salió Diego. Con Ramiro lo abordamos. Por entonces Diego tenía 18 años (yo 19), recién salía al fútbol, pero ya era conocido y el mundo empezaba a hablar de él como la nueva maravilla del fútbol.  Así que el día que lo vimos con Ramiro ya Maradona era un personaje conocido.

Ya se contaba que en 1968 cuando tenía 8 años de edad y era un niño, junto con su amigo Goyo Carrizo y luego de conseguir de forma difícil la autorización de su padre Don Diego, consiguió una prueba en Argentinos Juniors. Pese a la lluvia, el entrenador Francis Cornejo lo probó en el Parque Sarmiento, y dudó en ficharlo, por más que se cansó de hacer goles: “¿Seguro que sos clase ’60?.” El maestro no creía que esa joya tuviera ocho años y pensaba que era un enano.  Ya su nombre había sido publicado en el Diario El Clarín, aunque la primera vez que salió fue mal escrito: Caradona, pusieron.

También sabíamos que ya había debutado en primera tres años atrás, un 20 de octubre de 1976, con 15 años de edad y a diez días de cumplir los 16 años, jugando por Argentinos Juniors ante Talleres de Córdova por un partido del Campeonato Nacional argentino. Ya había antes saltado a esa cancha pero no a jugar sino a hacer malabares con el balón en los entre tiempos. Ese día el entrenador Juan Carlos Montes, lo ingresó  al cambio al comenzar el segundo tiempo en remplazo de Rubén Aníbal Giacobetti. En la primera  que hizo, le hizo un túnel a un rival. Esa jugada a la que le dicen caño los argentinos y galleta o ancheta los ecuatorianos, es pasarle el balón por el medio de las piernas a quien te está marcando, que es una humillación futbolística Ese día no vistió la 10, su número fue el 16. Tampoco fue un debut triunfal, su equipo perdió 1-0. Eran los días del Borrego, así se le decía, aún no era Pelusa.

También ya había sido seleccionado de mayores de Argentina a pesar de ser juvenil, convocado por el técnico César Luis Menotti, para varios partidos amistosos de la Selección Albiceleste que se preparaba para jugar en su casa el Mundial 1978, al que no fue convocado por ser joven. ¡Linda razón! Siempre creí que Menotti se equivocó y fue injusto. Pero bueno, yo soy Maradoniano, tan imparcial no he de ser.

Esa fue su primera gran frustración pues el 19 de mayo de 1978. Menotti dijo ante todos los jugadores los tres que saldrían de la concentración  y que no estarían en el Mundial. “Los que salen son Bravo, Maradona y Bottaniz”. El Diego, se fue a la habitación de la Fundación Natalio Salvatori en José Paz y se largó a llorar. Ese viernes lluvioso se enteró de que no iba a estar en el Mundial de su país. De ese hecho, recuerdo tanto una nota escrita por Enrique Omar Sívori publicada en el Gráfico, que justamente me hizo la leer Ramiro, en que se lo consolaba y le decía que ya vendrán más Mundiales para él, que espere que era joven. Una de las mejores notas periodísticas que he leído en mi vida. Ese día fue una de las primeras veces que leí una nota con lágrimas en los ojos. Me llegó al alma. Eran los días que en mi casa no faltaba una Revista Estadio, ni una Gráfico. Poco después tal como dijo Sívorí, Maradona sería campeón mundial juvenil en Japón 1979. O sea Ramiro, yo y el mundo, sabíamos quién era Maradona y sabíamos su dimensión. Por eso las ganas de abordarlo y tener su autógrafo.

Hasta que salió Diego y lo abordamos. Le enseñamos el “papel” para pedirle su firma y no puso reparos en lo improvisado de ese cartón de cigarrillos. Solo firmó. Mientras firmaba le hice un par de preguntas, le pedí que venga a Emelec y le hice saber nuestra admiración. Él contestó amable. Aún era accesible, sencillo, humilde. Conversamos dos o tres minutos. Con Ramiro, lamentamos no tener una cámara de fotos. Justo en eso pasa un compañero de él y le hace una broma que al principio no entendí. Le dijo:, “ve Diego, Don Chitoro anduvo por aquí” y el Diego ríe y dice: “Sí igualito” Luego me dice “¿tu apellido no es Maradona”? y vuelve a reír. Ahí entendí la joda. No. Le dije. Soy Paredes. Nos dimos la mano y el siguió su camino. Fueron dos o tres minutos inolvidables. Ese día no me quise lavar más manos. Guardé el papel en mi álbum de fotos. La troleada (como dicen ahora), a él y a mi que hizo su compañero de equipo por nuestro corte de pelo parecido con los rulos largos sobre el hombro y la misma estatura, quedará hoy como anécdota eterna. No sería la primera vez que me dirían Maradona. Así me decían en el barrio cuando peloteaba y así me bautizó Vito Muñoz cuando en 1982 fuimos compañeros de periodismo en la Laica. Muchos años después cuando Diego se dañó, en el barrio el Maradona cambió a «Taradona».

La segunda vez que lo vi en persona fue un 26 de enero de 1980 en el estadio Modelo de Guayaquil, en su primera de las cuatro venidas a jugar a Guayaquil. Fue en un partido de Argentinos Juniors ante Barcelona que empataron 2-2 con un gol del Diego, quien abrió el marcador para poner 1-0 en ventaja a los Rojos.  Ya era una celebridad y su llegada a Guayaquil causó gran expectativa. Y aunque mi equipo no jugaba ese día, yo fui a ver a Maradona y quería que haga goles y gane. No fue así. Pero lo vi jugar en persona por primera vez en mi vida. Recuerdo que era tan conocido que previo al juego el periodista Mario Valdez Cevallos «Chausón» en una nota titulada: Señor Maradona: !lo esperábamos!, dijo:  “¿Quién duda que este joven jugador es tanto o más conocido en el mundo que Jimmy Carter, el Ayatollah Khomeini, Lord Killanin, Frank Sinatra, Mohammed Ali, Indira Gandhi, Henry Kissinger, etc.?”.

Ese día, fue el primer gol de Maradona que vi en persona. Ahí está la foto. Fue cuando el partido recién empezaba. Al minuto 11. Recuerdo que lo marcó llevándose a toda la defensa barcelonista y burlando al arquero brasilero Rafael, quien quedó en el suelo. El estadio estaba repleto y yo estaba en galeta abajo del marcador junto a mi pana Pablo Vela «El Rey de la Cantera», como uno de los 50 151 espectadores que fueron a ver al argentino. No se pongan bravos los del otro equipo, pero más que ir a ver jugar al suyo que estrenaba refuerzos en su primer partido de pretemporada, fueron a ver al Diego que andaba de gira con su equipo que meses antes había quedado vicecampeón metropolitano.

La tercera vez que lo vi en persona y ahí si con un contacto directo y de varios minutos se dio el domingo 20 de diciembre de 1981, en uno de los camerinos del estadio Modelo. Tenía 21 años, estudiaba leyes en la Católica, aun no estudiaba periodismo (entré al año siguiente) ni tenía nada que ver con el periodismo. Pero mi «viveza criolla» hizo que fuera al estadio con una grabadora en la mano. Mi propósito era al final del juego, bajar al camerino y entrevistar a Maradona, haciéndome pasar como periodista. Ese día fui al estadio con dos niños que eran como mis hermanos menores, César y Luchi Robles, a quienes su hermana Yoli me los había encomendado porque ellos también querían ver a Maradona.  Y lo vimos. Terminó el partido que Barcelona ganó 3-2 en que Maradona no brilló ni marcó gol y apresurados bajamos a los camerinos. En aquella época no había mayores controles. Entramos al camerino, Diego estaba rodeado de grabadoras y yo puse la mía. Luego hice un par de preguntas. Mi intención era recordarle nuestro encuentro sucedido dos años antes, pero me daba vergüenza hacerlo porque había mucha gente. Al final cuando todos se fueron César y Luchi corrieron hacia el para tocarlo, él les correspondió, algo les dijo y yo aproveché para recordarle el encuentro. El solo dijo “Ah sí recuerdo, mi hermano perdido en Ecuador”. y se fue a duchar.

Luego y por cuarta vez lo volví a ver personalmente en el Mundial México 86. Lo vi ser campeón mundial dando cátedra de futbol. Lo vi en todos los partidos que jugó. Lo vi hacer el llamado “gol del siglo” a Inglaterra y le vi también hacer el gol de “la mano de Dios”. Lo vi en todo su esplendor. Lo vi pasar cerca de mí, separado por una cuerda, pero ya no pude decirle nada, luego de su partido con Uruguay en Puebla por cuartos de final. Diego y sus compañeros iban rumbo al bus.

Fui a ese Mundial por ver quedar campeón a Brasil (en fútbol soy brasilero) y por ver a Maradona. E hice esfuerzos por ir. Me fui con oposición familiar por las condiciones en que me fui. Yo tenía 26 años y trabajaba en la Dirección de Estudios. Ganaba algo más de 600 sucres mensuales y la cuota mensual del tour que compré en deuda por tres años era de 580. “Estás loco” me dijo mi padre. “Vas a trabajar para pagar el viaje. Ni para una cola vas a tener. No seas irresponsable” me dijo mi madre. No estaban de acuerdo con esa “locura”. Y yo dije. “Me voy porque me voy. No me importa nada. Yo veré como me arregló con la plata. Yo no sé si mañana pueda ver otro mundial. Tal vez en cuatro años me case y tenga otras prioridades o quizá ya  no esté aquí. La nota es ahora o nunca. No se si mañana pueda estar en un mundial». La vida luego diría que sí. Vi uno más Japón – Korea 2002 ya como periodista con todos los gastos pagados. Pero ese de México no me lo iba a perder. Había trabajado duro para ello.

Por dos temporadas playeras (85 y 86),  con mi entrañable y queridisísimo amigo Fabián Bruno, puse un negocio de venta de cervezas en Salinas, solo con ese propósito. Íbamos en su camioneta “La Mulita”. Nos parqueábamos en el Malecón de Salinas junto a Heladería Pingüino y vendíamos como locos. De 20 a 30 jabas en fin de semana y7 en Carnaval y semana santa, el doble. Una locura. Y todo el dinero que me tocaba lo guardaba en el banco y no sacaba jamás un centavo. Esa plata era para el Mundial. Para llevar a México porque el viaje, el hospedaje y la alimentación la pagaba el tour. Era la plata para gastar allá. Para la joda- Me tenía que ir y me fui y me fui para ver jugar a Maradona.

Y lo vi ser campeón mundial. Y viví una de las anécdotas más increíbles de mi vida. Es esta: La historia empezó en Ecuador, en mi amada Guayaquil. Resulta que ya estaba a pocos días del viaje a tierra azteca, en la que vivía mi gran amigo y compañero de colegio “El Negro” Ángel, que había ido a estudiar allá y uno de mis propósitos de mi estadía allí, era encontrarme con él, que no sabía que yo iba. En ese tiempo, no había internet y redes sociales y la comunicación no era nada fácil. Así que una tarde fui a la casa de sus padres en la ciudadela Nueve de Octubre a pedir a sus familiares que me dieran su número telefónico. El día que fui, no estaban ni sus padres ni sus hermanos y la persona que me atendió me dijo que regrese. Entre una cosa y la otra, no fui más, así que me tocó ir a México sin saber cómo localizarlo.

A la semana de estar allí, ¡oh! casualidad. En otra ciudad sede, distinta a la del distrito federal me encuentro en el hotel, con el papá y los hermanos del “Negro”, y claro le pregunté cómo localizarlo. Me dijeron que ellos tampoco lo habían podido ver, porque él había viajado a otra ciudad, pero que volvía dos días antes de la final para encontrarse. Igual me dieron el número de teléfono de su casa. Lo llamé varias veces, pero nunca contestó. Cuando se acercaba a la final, pregunté en la recepción del hotel por los familiares del “Negro”, pero ya se habían ido. Allí murió toda mi esperanza por encontrarme con mi amigo. Llegó el día de la final y fui al estadio con el grupo de ecuatorianos del tour. Entre ellos estaba Eduardo el «Ché» Pérez», deje de la barra emelecista, que llevaba una pancarta de Argentina. Allá el ingreso al estadio era sumamente ordenado. Entrada cuatro, puerta seis, fila 8, asiento 21 y así por el estilo. Estaba sentado en mi puesto, esperando la hora del juego, cuando, siento que por atrás me meten un tute, me viro cabreado a reclamar y ¿qué, creen? ¿Quién creen que estaba en el puesto atrás del mío? Acertaron: El Negro Ángel. Parecía increíble, que en el estadio más grande del mundo, con capacidad para 95.500 espectadores y totalmente repleto, con tantas especificaciones para la ubicación de los puestos, justo le tocara sentarse a mi amigo, al que infructuosamente había buscado desde Ecuador. Al vernos nos dimos un abrazo interminable. Él ya sabía por su padre que yo estaba allí, pero jamás pensó encontrarme. Y en honor a la verdad, yo tampoco. El reencuentro como no podía ser de otra manera se selló con una bieliza del padre y señor nuestro en el propio estadio Azteca. Al final del partido que ganó Argentina de Maradona a Alemania 3-2 y que le valió el título mundial, salimos a la calle a festejar. Al día siguiente yo me regresaba. No tuvimos tiempo de joder allá, como había pensado que sucedería, pero ese encuentro lo hizo todo. Era como un gol en el último minuto que te da un campeonato o que te salva de perder la categoría. Increíble e inolvidable, por eso lo recuerdo en este recuento “aventurístico”  que se dio por mis deseos de ir al Mundial a ver a Maradona.

Luego lo vi una vez más. Esta vez no lo vi en persona, fue en TV, pero fue altamente especial. Fue un 7 de octubre de 1993 en una de sus vueltas al fútbol luego de su triste paso por el Sevilla español. El Diego volvía a  Argentina a Newell’s, Olds Boys de Rosario. ¿Sí saben que rival fue el escogido para ese partido del debut de Maradona? Sí. Claro que lo saben. Fue mi Emelec del alma. Emelec grande como siempre. La amistad de dos rosarinos, el DT Jorge Solari, técnico del Newells y el “Toto” Salvador Capitano, hizo posible el juego. Allí el Diego hizo su presentación con un golazo de derecha. Perdimos 1-0 pero no podíamos dañarle su fiesta.

La última vez que lo vi en persona fue un 25 de mayo de 1994. Para esa época ya era periodista, era coeditor de Estadio y ahí si lo vi con todas las de ley. Y ahí sí lo entrevisté de verdad. Fueron pocos minutos, pero fueron inolvidables, Y ya ahí no le recordé nuestro primer encuentro. No cabía. Además que vergüenza. Un periodista que se ponga en esas. Había venido con Argentina a jugar un partido amistoso contra Ecuador que ganó 1-0 con gol de Byron Tenorio. Fue la última vez que lo vi en mi vida, con un hecho anecdótico especial. Maradona nunca ganó en Ecuador.  Más allá de anécdotas. Esa fue la ultima vez que lo vi en persona, un 25 de mayo de 1994. Luego vino dos veces más. Ambas a Quito, ambas por eliminatorias mundialistas sudamericanas y ambas en junio. Una como comentarista el 2 de junio de 1996, cuando Ecuador dirigido por el colombiano Francisco Maturana, venció a Argentina 2-0 con goles de Alberto Montaño y Eduardo Hurtado previo al  Mundial de Francia 1998. Y la segunda  un 10 de junio de  2009 como entrenador de Argentina para medir a  la Ecuador de Sixto Vizuete que ganó  2-0 con tantos de Walter Ayoví y Pablo Palacios, previo a Sudáfrica 2010.

Ya han pasado 11 años  de su última visita como futbolista. Hoy el Diego se fue. Ya no jugaba fútbol pero aun sin jugarlo, se seguía hablando de él. Y no siempre se hablaba bien. Su vida desordenada le pasó factura. No se lo veía bien. No estaba bien. Pero de eso no quiero hablar. Solo me queda como colofón un twit  que me mandaron entre tantos mensajes, de biografías, goles, memes y demás, que hoy he recibido. Es de Ricardo Antoniotti y dice: “Lamentablemente “El Diego” murió hace muchos años. Hoy solo dejó de respirar…”. Duro pero cierto.

De él, queda el recuerdo de su fútbol mágico y de su sabia filosofía popular que resumo en estas frases muy al estilo Maradona.

«Yo crecí en un barrio privado… privado de luz, de agua, de teléfono.”

“Mis sueños son dos. Mi primer sueño es jugar el Mundial y el segundo es salir campeón de Octava.”

“De los apodos, el que más me gustó es Pelusa, porque me devuelve a la infancia. Me acuerdo de Fiorito, cuando jugaba por el sandwich y la Coca. Aquello era más puro.”

“Cuando me dicen que soy Dios, yo respondo que están equivocados. Soy un simple jugador de fútbol. Dios es Dios y yo soy Diego.”

“Llegar al área y no poder patear al arco es como bailar con tu hermana.”

“Cuando el Flaco me llamó para entrar en mi primer partido de Selección, me temblaban las piernas.”

“Tenía ganas de putear a Menotti cuando me dejó afuera en el ’78.”

“Pase lo que pase, dirija quien dirija, todo el mundo sabe que la camiseta diez de la Selección seguirá siendo mía. Para siempre.”

“La hinchada de Boca es la más maravillosa que hay.”

“Ganarle a River es como que tu mamá te venga a despertar a la mañana con un beso.”

“En el Mundial soy capaz de ir al arco con tal de estar en la cancha.”

“La primera vez que me drogué fue en Europa, en el ’82. Tenía 22 años y fue para creerme vivo.”

“Vine con mucha ilusión, pero el catalán es especial. La gente me trató bastante mal, como si fuera un enemigo.”

“Sabes que jugador hubiese sido yo si no hubiese tomado cocaína, qué jugador nos perdimos. Me queda el mal sabor de boca al saber qué hubiese sido más de lo que soy”,?”

“Estoy muerto porque le di mi vida a Guillermo y me equivoqué. Me mintió durante muchos años.”

«Antes no había fechas FIFA, los clubes te retenían el pasaporte. Aquel era otro fútbol, era otro mundo. Yo no me borré. Nunca me saqué la camiseta de la Selección.»

“Fue la mano de Dios.”

“A la Claudia la estoy vacunando todos los días porque quiero un hijo varón.”

“Esto es para la Italia rica, que se piensan que Nápoles es el norte de África.”

“Entré al Vaticano y vi el techo de oro. Me dije: ‘Cómo puede ser tan hijo de puta de vivir acá y después besar la panza de los nenes pobres’. Y ahí dejé de creer.”

“Y sí, soy cabecita negra. Nunca renegué de mis orígenes”

“Jamás me imaginé que iba a salir al balcón de la Casa Rosada a saludar a la gente. Me sentí el presidente.”

“El doping, es una vendetta porque los eliminamos en el Mundial.”

“Me preparé como nunca y ahora escucho que todos hablan de efedrina. Siento que me cortaron las piernas.”

“Me drogo, pero no vendo cocaína.”

“Con Bilardo nos cagamos mil veces a trompadas en una pieza.”

“Basile se emborrachó con dos Copa América.”

«Al café le ponían algo y por ahí corríamos más. Eso Grondona lo sabía. Para jugar con Australia te daban un café veloz.»

«Ya les dije periodistas que acá no quiero a nadie… Y los voy a seguir lastimando. Acá no quiero que les rompan los huevos a mis hijas.»

“Chilavert es un buchón. Lo único que falta es que un planta mandioca nos venga a decir a los argentinos lo que tenemos que hacer.”

“Passarella y Gallego se olvidaron de que tomaron cerveza, vino y otras cosas. Rinoscopía, pelo corto… Un día los muchachos de la Selección se van a rascar un huevo y Passarella se los va a mandar a cortar.”

“Tenemos que luchar por un gremio fuerte, porque la gente no va a la cancha por los dirigentes.”

“A Toresani le dije en la cancha que vivo en Segurola y Habana, séptimo piso, y vamos a ver si me dura 30 segundos.”

“Al cartonero Báez se le escapó la tortuga. Yo nunca dije nada de su autosecuestro.”

“A River se le cayó la bombacha.”

“No sé quién es el publicista de turno, pero ese cartel ‘maldita cocaína’ no tiene nada que ver. Tenemos un país donde siempre se empieza a construir por el techo.”

“Mis hijas legítimas son Dalma y Giannina. Los demás son hijos de la plata o de la equivocación.”

“Muchas veces me he dado un saque, he querido agarrar la pelota y no pude. Mi cerebro daba órdenes y mi cuerpo no las cumplía.”

“Si veo a Duhalde en el desierto, le tiro una anchoa.”

“Un día Macri va a querer que el fútbol se juegue con un dado.”

«Si Pelé es Beethoven, yo soy Ron Wood, Keith Richards y Bono, todos juntos.»

“Soy completamente izquierdista, de pie, de fe y de cerebro.”

“Acá uno se cree Napoleón, otro se cree un rey y yo digo que soy Maradona y nadie me cree.”

“Es imposible tener quieto a Maradona.”

.“La Selección es un Rolls-Royce lleno de tierra, hay que limpiarlo.”

“Con Benjamín mi nieto me entró un aire de juventud muy grande.”

“A los que no creyeron en mí, con perdón de las damas, que la chupen y que la sigan chupando.”

“Es una trompada de Muhammad Alí, no tengo fuerzas para nada.”

«Cada vez que era la hora de la comida, mi vieja decía: ‘Me duele el estómago’. ¡Mentira! Era porque no alcanzaba y quería que comiéramos nosotros.»“Grondona es tan rápido que le pone un supositorio a una liebre.”

“A los contras, Cristina los tiene que pelear como los peleaba Néstor.”

«Yo le diría al sheik o al príncipe que me hagan un contrato de por vida y me quedo a vivir en Dubai.»

«Me siento orgulloso de mi papá, quien siempre me llevó a entrenar, pese a todas las dificultades del mundo. Había veces que tenía que ir a pedir plata para poder pagarme el colectivo.»

«Hablé una cosa con Infantino y me decepcionó. Yo veo que le dan un premio a Macri. ¿Un premio a qué? Una patada en el culo hay que darle.»

«El futbol es el deporte más lindo y más sano del mundo»

«Porque se equivoque uno no tiene que pagar el fútbol yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha»

«“Cuando me pinta el bajón, pongo ‘El Chavo’ y se me pasa todo.”

«Mi historia con Newell’s es cuando estás con una mujer 20 horas y no pasa nada y estás con una mujer 20 minutos y te quedas hipnotizado. Como diciendo, ‘quiero volver’. Y yo a Newell’s quiero volver»

«Del Lobo y de Estancia Chica me va a tener que sacar la gendarmería.»

«A vos Mauricio, por más bombas de humo que tires, vos sabés que tus decisiones le cagaron la vida a dos generaciones de argentinos.»

“Todos los días, cuando me levanto, le doy un beso a Fidel.”.

 Pues ahora podrá dárselo, porque por esas coincidencias de la vida, Diego Armando Maradona Franco, muere el mismo día que hace cuatro años atrás murió su gran amigo Fidel Castro. Allá se encontrarán. Se ha ido Diego,

Adiós Diego. Descansa en paz

Fotos: futbolred.com; pinterest.com; marca.com: eluniverso.com; Revista Estadio; lagacetasalta.com.ar; marca.com; spoiler.bolapip.com; infobae.com; pinterest.com.au; pinterest.it; canalhistoria.es; mundodeportivo.com

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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