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DÍA DE LOS DIFUNTOS

Hoy 2 de noviembre se celebra el Día de los Difuntos. Aquí contamos el significado de la fecha, el origen, las costumbres y tradiciones de una fecha muy respetada en el país.

Hoy el calendario de la vida y el mundo de los recuerdos, dedica el 2 de noviembre a la memoria de aquellas personas que murieron, que dejaron la vida terrenal y que fueron parte de un mundo en el que dejaron huellas. Hoy en Ecuador como en muchos países de Latinoamérica y Europa, celebramos el Día de los Difuntos, un feriado relacionado con la muerte, y/o la vida después de la muerte. En este día rendimos homenajes a los seres queridos que ya no están entre nosotros.

¿Pero cuál es el origen de esta celebración? ¿Por qué se lo celebra? ¿Debe ser una celebración o una conmemoración?  Todo esto y más detalles, lo revisaremos en esta nota especial.

Lo primero que hay que señalar es que el  2 de noviembre en Ecuador, en que se celebra el Día de los Difunto, es  una costumbre muy arraigada entre los pobladores. Algunos autores señalan que el inicio de esta festividad de origen religioso se da en la vieja Europa, en el año 998 con San Odilo (foto), quinto abad del Gran Monasterio de Cluny, quien tuvo la idea de rezar por el descanso de todos los muertos, dando inicio así a la recordación cristiana actual. En nuestro país, esta festividad, se caracteriza por la numerosa concurrencia de las familias a los cementerios y el recuerdo respetuoso de los familiares fallecidos.

Su origen en Ecuador, al igual que otras festividades, celebraciones, conmemoraciones, o como se la quiera denominar, es el resultado de combinar una antigua tradición o rito indígena con una fiesta católica. Las celebraciones del Día de los Difuntos, en nuestro país, consisten de vigilias y visitas a los cementerios, donde se encuentra la última morada del difunto, en la que se estila: arreglar su tumba, colocar flores, y en un acto de fe realizar unas oraciones para el descanso de su alma. En algunos casos, cuando termina la visita, toda la familia escucha la Misa que sólo en este día es en el cementerio.

En algunos lugares del país, además de la visita al cementerio, para dejar ofrendas de flores, según la costumbre se deja también comida tradicional a los difuntos. ¿Llevar comida a los difuntos? ¿Es  cierto esto? ¿Está  bien narrada esta historia? ¡Sí!. Tal cual y como lo lee. En algunos lugares de Ecuador, donde residen comunidades indígenas y mestizas como en Pichincha, Santo Domingo de los Tsáchilas, Chimborazo, Tungurahua, Cañar, Azuay y en algunas de la costa como Santa Elena y Manabí, se lleva comida al difunto y se come “junto” a él, en un ritual de fiesta.

Esto tiene su explicación. Al ser una conmemoración ancestral, de tiempos prehispánicos, ésta tiene su significado. Así, en la cosmovisión indígena, sus muertos no mueren, sino que pasan a otra vida donde el diálogo es posible. Los ingredientes principales para «dialogar» con los muertos, está en la comida, por ello: la bebida denominada champús y el pan amasado en casa. La preparación del champús, el alimento ritual funerario de los pueblos del norte, requiere harina de maíz, panela y hojas verdes de limón. Esta preparación es consumida exclusivamente en noviembre o en los funerales de adultos y es considerada como la colada predilecta de los muertos. . De acuerdo con la cosmovisión andina, la muerte proporciona ese contacto con el más allá y hace posible el flujo constante de energía entre tres mundos: el supramundo o mundo oscuro de los muertos, el de los vivos y el mundo de arriba. Las sociedades prehispánicas consideraban que existía una energía vital que fluye entre estos tres mundos y los muertos son el contacto

En el mundo contemporáneo, como toda festividad o costumbre ecuatoriana, nacida de los ancestros indígenas, luego españolizada tras la conquista, tiene sus símbolos y sus rituales, y en muchos casos se vincula a la gastronomía, como es el caso de la ya tradicional colada morada que se consume en estas fechas, una bebida ancestral con una historia que data de la prehistoria, hace más de 5.000 años. Este potaje es una mazamorra espesa que incluye hierbas aromáticas, harina de maíz fermentada, miel de azúcar, trozos de frutas dulces, mora, mortiño (un tipo de arándano que se da en los páramos), ishpingo, flor de canela, el ataco y hojas de arrayán. La colada se acompaña con pan, caracterizado en figuras humanas, conocidas como guaguas de pan, que simboliza al ser humano que partió.

Feriado religioso

Hay que señalar que la Conmemoración de Todos los fieles difuntos es un día feriado religioso dentro de algunas Iglesias cristianas, en memoria de los fallecidos. Su  objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, en el caso católico, por quienes se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio. En la Iglesia Católica hispana, la conmemoración de los difuntos fieles se basa en la doctrina de que las almas de los fieles que al tiempo de morir no han sido limpiadas de pecados veniales, o que no han hecho expiación por transgresiones del pasado, no pueden alcanzar la Visión Beatífica, y que se les puede ayudar a alcanzarla por rezos y por el sacrificio de la misa. Ciertas creencias populares relacionadas con el Día de los Difuntos son de origen pagano y de antigüedad inmemorial. Así sucede que los campesinos de muchos países católicos creen que en la noche de los Difuntos los muertos vuelven a las casas donde antes habían vivido y participan de la comida de los vivientes.

Antecedentes

La enciclopedia virtual Wilkipedia, detalla de los antecedentes de esta celebración. Así dice: “En el libro Segundo de los Macabeos está escrito: «Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» (2 Mac. 12, 46). Análogamente, en los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia Primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar”.

“En el siglo VI los benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En el siglo V, había una celebración parecida el sábado anterior al sexagésimo día antes del Domingo de Pascua (domingo segundo de los tres que se contaban antes de la primera de Cuaresma) o antes de Pentecostés.

“En Alemania cerca del año 98,  según el testimonio del cronista medieval Viduquido de Corvey (foto), hubo una ceremonia consagrada a la oración de los difuntos el día 1 de noviembre,  fecha aceptada y bendecida por la Iglesia romana. Probablemente a causa de los movimientos milenaristas, alrededor del año 1000, la conmemoración de los fieles difuntos, el día 2 de noviembre  se popularizó y extendió por la Cristiandad occidental, hasta ser finalmente aceptada como fecha en el que la Iglesia celebraría esta fiesta.

Ancestralidad en Ecuador.

Una nota periodística publicada el 31 de octubre de 2017 por Diario El Comercio, en la sección Cultura, titulada “Día de los Difuntos en Ecuador se inspira en ritos ancestrales sobre la muerte”, habla de su origen ancestral en Ecuador.

La nota recoge criterios de historiadores, que hablan del significado de esta fecha en el país, que aquí detallamos:

«Las sociedades prehispánicas consideraban que existía una energía vital que fluye entre estos tres mundos y los muertos son el contacto», explicó Fernando Arteaga, coordinador de sitios arqueológicos del Instituto Metropolitano de Patrimonio de Ecuador.

“Aunque meros símbolos de tradiciones ancestrales, reflejan la relación entre los vivos y los muertos en la concepción mítica indígena, cuyos ceremoniales mortuorios siguen siendo objeto de investigación. «América Latina es un continente muy rico y diverso en cuanto a prácticas funerarias. En la cuenca amazónica la muerte entre las culturas hortícolas, cazadoras y recolectoras, es considerada como una transformación», explica Kathy Alvarez, socióloga de la Universidad Central del Ecuador. Entre los rituales de las comunidades nativas de esa región, la investigadora distingue prácticas que van desde dejar a su suerte al difunto en la selva, pasando por la quema o incineración dependiendo del lugar donde fallezca, hasta el sepulcro cavado a varios metros de profundidad, venganzas y canibalismo”

“ Estos hechos son considerados por estas sociedades «transformadores al igual que el sudor, la eyaculación, defecación, etc, que suponen un cambio radical del cuerpo humano. Y a raíz de esta transformación han creado ancestralidad», sostiene. La comunidad huaorani, por ejemplo, originaria de la cuenca amazónica del oriente ecuatoriano, sepultaba a sus fallecidos a tres metros de profundidad ante el temor de que fueran capturados por jaguares, porque -según la creencia popular- el felino era un familiar del fallecido que podía convertirlo en cachorro del sexo opuesto al difunto. «El cuerpo es sumamente importante, el muerto viene a ser la persona que abandona su cuerpo y adquiere otro, se coloca otra envoltura, esa es la concepción en la cuenca amazónica», afirma Álvarez”

“Para Jaime Pilatuña, del pueblo de origen inca Quitu Cara, hoy municipio de Calderón, el concepto de la muerte ni siquiera tiene cabida en su tradición, según la cual cada individuo cobra vida convertido en otro ser vivo tras fallecer. «Para los pueblos originarios la muerte no existe, cuando nosotros morimos nacemos en otra forma de vida. En nuestra tierra damos de comer a los muertos, nuestros rituales están enmarcados en la cosmovisión de trascendencia», argumenta. En la cultura indígena quichua, una de las minorías más importantes del país con lengua oficial propia, las ofrendas, ceremonias y comidas junto a los sepulcros se han arraigado en la tradición popular. Se trata de un viaje de ida y vuelta puesto que los nativos también han adoptado la fecha del 2 de noviembre como jornada en la que se recuerda a los seres queridos que fenecieron. «Es una manera de encontrarnos con ellos, alegrarnos con ellos y decirles que aquí estamos, agradecerles que nos hay ayudado en la crianza de la familia», defiende Pilatuña, quien ataviado con un poncho, asegura que el «aya» (espíritu, en quichua) de su hijo fallecido le ha visitado”

Celebración o Conmemoración

Algunos autores de la semántica, historiadores o personajes comunes y corrientes, discuten el significado idiomático y el sentido espiritual de esta fecha, señalando que no es una celebración, sino una conmemoración. ¿Cuál es la diferencia entre estos términos? Aquí lo explicamos tomando el concepto de la lingüista latinoamericana María del Rosario Ramallo: «Conmemorar puede usarse para hacer referencia a cualquier hecho, triste o alegre, festivo o luctuoso, mientras que celebrar únicamente se debe emplear para aludir a actos solemnes o acontecimientos festivos o fechas importantes, no a hechos vinculados a la muerte o a alguna circunstancia dolorosa».

Lo publicado, son costumbres de ciertas comunidades ecuatorianas que vale conocer por cultura general. Lo realmente importante de la fecha de hoy, es que cada uno de nosotros, tenemos familiares, parientes, amigos, conocidos que han fallecido y a quienes hoy recordamos con respeto y en algunos casos, veneración.


Fotos: Apertura: (goratmi.com). Texto: compartiendo mi opinion.com; catholic.org; astelus.com; turismo.gob.ec; la hora.com.ec; cookpad.com; ww2.elmercurio.com.ec; youtube.com; wilkipedia.org; pinterest.com.mx; notiamazonía.com; eluniverso.com

 

 

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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