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SOLO POR JOROBAR”

Escrito por Mónica Carriel

A mis 22 años de carrera

Un agradecimiento especial a:

Wendy Escobar, Mora del Campo, Andrés Uribe, Richard Barker y Marcelo Gálvez

¡Como hacía calor esa tarde de 1999! en que se me ocurrió responder el insistente teléfono. ¡Guayaquil ardía! Y mi mal genio, por tener que salir de la cocina con el cucharón en la mano, mientras mis chiquillos berreaban de hambre, andaba más o menos por la misma temperatura. Sin embargo, al levantar el auricular intenté hacerme la agradable: “Hola… Aquí yo y allá quién…” Y me respondió la inconfundible voz chillona de Wendy Escobar, una compañera de la universidad que tenía un desesperante problema y que había pensado en mí como la última oportunidad para solucionarlo.

“La Flaca”, como le decíamos en la “U”, era ya asistente de producción en una comedia que grababa TC Televisión, (canal 10) en esa época, llamada “DC Empleo Camello Seguro”, producida por Mora del Campo (no es chiste, así registra su cédula) y Andrés Uribe y protagonizada por Richard Barker y Marcelo Gálvez. Dentro de ese dramatizado había un sketch llamado “Zorullo” que narraba las vicisitudes de un papá desempleado (Gálvez) que vivía a la sombra de su exitosa mujer (Camila), que por estar desempleado y no poder aportar económicamente al hogar tenía que hacer de niñero del pesado e intragable hijito de ambos (Zorullo/Richard), pero el esposo sospechaba que “la bendición” no era realmente de su sangre por ser oscurito y de ahí que el título de la pequeña comedia hiciera referencia a la letra del merengue del dominicano Johnny Ventura que sonaba fuerte por aquella época: “Oye Capullo… es hijo mío el negrito? Y ella le contestó: Oye zorullo, el negrito es el único tuyo”.

El sketch ya tenía una actriz fija que interpretaba a Camila, pero se había reportado enferma de improviso y Wendy me quería para tapar el hueco. Y yo respondí lo que era lógico: Yo no soy actriz! Y ella, bien suelta de huesos como ha sido siempre, me dijo: “Mira… en la serie eres una mujer blanca, gritona e imponente que trata mal al marido y en eso tienes suficiente entrenamiento así que ven, la dirección es tal y tal, acá te pago el taxi” y colgó. Y yo como autómata, encargué a mi mamá, cocina y críos y salí de mi casa rumbo a la grabación. Ya en ella, salió Marcelo Gálvez al paso y me dijo: ¿Tú vienes por el papel de mi esposa? Y le dije: “Yo vengo solo por jorobar, pero si les sirvo, chévere!” Y me dijo: “La primera escena es una de beso así que ensayemos…” E identifiqué inmediatamente su sentido del humor, ese que ha caracterizado nuestra amistad de más de 20 años.

En ese instante Wendy vino a mí con una hojita de un artilugio llamado disque “libreto” que contenía mis escasas tres líneas de diálogo. Lo vi e inmediatamente sentí que el tiempo se montó en una hormiguita. Era una sencilla hoja de papel bond tamaño A4, pero yo había descubierto en ella una sabiduría tan milenaria como la que contienen los rollos del Mar Muerto.

El rodaje empezó y en la escena, Richard, cuya caracterización era la de un niño de unos siete años de esos bien sangrones, debía juguetear con un chupete, de pronto se atragantó con el caramelo que se alojó en su garganta e inmediatamente empezó a ponerse azul. Yo, que estaba cerca, alcancé a propinarle una potente palmada en la nuca que le hizo escupir el dulce a unos dos metros. ¡Bonita manera de empezar una relación laboral azotándole tremendo golpe al jefe! Sin embargo, cuando se recuperó fue hasta donde mí y me extendió la mano: “Gracias… ¡Que buen brazo mi pana!” Habrá sido gracias a eso o a que la actuación me salió naturalita, ni idea… La cosa es que mi participación se hizo recurrente. Un día de esos que van y vienen se hizo más extensa, así que me dieron un libreto completo y al fin pude explorar la estructura completa de una comedia para TV.

Yo sabía que sería escritora desde que en la escuela nos enviaron una tarea en la que debíamos describirnos y cuando la mayoría hizo una carilla yo había escrito cinco, saqué diez, pero nadie me quitó jamás el rótulo de lambona de la profe. También sabía que era poeta, desde los 12, cuentista desde los 15 y estaba estudiando periodismo, pero jamás se me habría ocurrido que podía escribir historias para televisión y muchos menos, comedia. Luego de una semana ya tenía una propuesta que mandé con Wendy, luego hice otra y otra más que me sirvieron como ensayo y que fueron bastante bien pagados, hasta que el libretista de planta sintió que le estaba serruchando el piso y sentó su airada voz de protesta ante la dueña del canal y automáticamente dejaron de comprarme (no crea que esto pasaba en 1999 y que hoy no pasa, porque es más común que antes).

Sin embargo, ya era tarde, estaba enamorándome cada vez más del oficio de escritora que buscaría desarrollar en cada una de sus múltiples facetas (yo porque puedo) y además, me había picado el bicho de la televisión, una comezón que empezó hace 22 años con una cita a la que acudí “solo por jorobar”.

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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