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HUÉSPEDES NOCTURNOS

Escrito por Francisco Santana

Los huéspedes nocturnos de las calles guayaquileñas. En el día la vida es diferente, cuando baja la noche Guayaquil adquiere otro color, vive otra realidad

Una lenta llovizna cae sobre la ciudad. En las calles de la ciudadela Kennedy (1) la basura se amontona en las esquinas. Debajo de un cobertizo, como protegidas de la lluvia, se observan unas fundas negras. Un hombre vestido completamente de negro carga sobre la espalda un saco de tela sucio. En la mano que le queda libre lleva una caja de cartón. Se aproxima hacia las fundas, deja el saco en el suelo y empieza a rebuscar entre la basura.

El ruido de esta acción apenas se escucha más allá de la medianoche. La lluvia sirve de amortiguador. El hombre hurga metiendo sus manos entre los desperdicios, separa las cosas que pueden serle útiles y repite el proceso. Cuando encuentra algo de comida, la huele y la prueba. Luego, la guarda en tarrinas de plástico que oculta en la caja de cartón.

El hombre observa detenidamente a uno y otro lado de la calle. Por momentos, fija la mirada en las luces de algún auto que circula veloz. Acomoda las fundas, las cierra con un nudo y se marcha hacia otra esquina. No lleva prisa, todo lo hace meticulosamente. Sigue por la avenida San Jorge deteniéndose en cada montón de basura que encuentra. Pasa por un puesto de hamburguesas, se acerca con recelo, pide que le regalen algo de comer. Nadie parece prestarle atención. Lo ignoran. Insiste con un dejo que se asemeja a una súplica.

El encargado del negocio le entrega dos panes y le dice que no moleste a los clientes. El hombre guarda los panes en la caja y sigue su camino.

El hombre transita por la Avenida de las Américas en dirección al paso a desnivel que queda frente a la Universidad Laica. Se detiene debajo de las escaleras para peatones del colegio Aguirre Abad. Ahora viene el momento de comer algo de lo que ha recogido, luego ya dormirá sobre el pavimento.

La noche en Guayaquil se viene profunda. El cementerio general es un lugar para el descanso de los muertos. Afuera también se puede dormir tranquilo. El pilar de una construcción sirve para arrimarse. Hay doble capa de cartones en el suelo, una sábana sucia y raída que sirve para medio taparse, y la oscuridad. Cuando las miradas le molestan, el hombre se coloca una camiseta sobre el rostro, recoge sus pocas cosas y se marcha molesto. También en las calles se exige algo de privacidad.

El hombre sigue bordeando las paredes del cementerio, alejándose de los ojos curiosos

(1) Una de las más tradicionales ciudadelas del norte de Guayaquil.

Fotos: revistaanfibia.com; eluniverso.com;


Serie: Historias cotidianas. Nota publicada en Diario El Universo, el domingo 20 de abril de 2003 en la sección El Gran Guayaquil, capítulo Guayaquil Escondido y parte del parte del libro Crónicas de Ecuador escondido de Francisco Santana, publicado en mayo de 2013

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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