EL PINTOR DE LA HUMILDAD

Un trazo con pincelazos a la vida del pintor Álex Chávez (Ales Chabes), quien ha vuelto a Guayaquil para seguir disfrutando de su pasión: la pintura.

El que pinta bien firma como quiere. El adagio pictórico le cae como anillo al dedo al  pintor guayaquileño Alejandro Chávez Romero, quien muy a su estilo y mutando la regla gramatical, puso su sello especial a su firma de autor al transformar su apellido en Chaves (con b grande y s) para llamarse artística Alex Chabes y con ese nombre, valga la redundancia, hacerse un nombre en el mundo de las artes plásticas ecuatorianas en la que tiene una larga trayectoria de 50 años y se ha convertido en uno de los mejores artistas del medio.

“Autodidacta, humilde y trabajador”, así se cataloga este pintor guayaquileño, nacido un 17 de abril de 1945, que fue profeta en su tierra y en tierra ajena, pues se inició como artista en la sierra, vivió por 40 años en Manabí, donde dejó escuela y marcó huellas y desde hace diez años, está de vuelta a su tierra para llenarla de pintura, color, expresiones, estilo, arte y belleza. “Soy más guayaquileño que muchos, porque nací y crecí en el barrio que nació mi ciudad, en Las Peñas en la casa del doctor Aguirre Over. He recorrido el país porque así lo quiso el destino, hoy he vuelto para quedarme porque amo mi ciudad y tengo mucho que pintarle”, dice con su voz pausada pero firme.

Un día de 1964, con 20 años a cuestas y en plena flor de la juventud, dejó su ciudad natal para dar rienda suelta a su pasión, la de pintar, tras sufrir en su Guayaquil querido su primera decepción artística. “Me fui dejando Guayaquil porque yo quería ingresar a la escuela de Bellas Artes, pero mi padre no tenía los 60 sucres que costaba la matrícula y no me permitieron entrar. Entonces me quedé afuera de la escuela con y esperar que sean as nueve de la noche que salían los estudiantes, para salir junto a ellos y para hacerme la ilusión que salía de allí. Me frustré, con ese hecho, pero pudo más mi gusto por la `pintura y seguí adelante siempre con la ambición de seguir pintando. Así partí para la sierra, donde inicié mi carrera”.

Carrera que la hizo de forma autodidacta, gracias a ese don natural con el que nació y que se dio cuenta que lo tenía, cuando siendo un niño de ocho años, en la escuela destacaba en la materia de dibujo. “Me gustaba mucho dibujar y lo hacía bien y desde allí soñaba con ser pintor. Yo fui  formándome solo. No tengo escuela, jamás estudié pintura, soy enteramente autodidacta, todo lo que se lo aprendí leyendo, investigando, aprendiendo de grandes maestros, practicando, pintando, pintando y pintando. Aprendí de maestros nacionales consagrados como Oswaldo Viteri, Gilberto Almeida, Chico de la Torre, Galo Oscar Duque, Alfredo Gortaaire, Lucho Peñaherrera, Enrique García y los chilenos Carlos Catasse y Manuel Tricallotis. De mis viajes al exterior, aprendí de uno de los más grandes  maestros, como el español  José Manuel Ciria que tiene galerías en México, Nueva York y Madrid. Siempre esyoy preso a aprender”

De esos primeros años en la sierra, recuerda una anécdota que terminó cambiándole la vida. “Una vez un ministro de agricultura me compró un cuadro pero me dijo que me dedicara mejor a un trabajo más provechoso, porque la pintura no daba plata y me mandó a una hacienda que tenía a El Empalme, allí conocí a mi esposa que era manabita con quien me case y me fui para Manabí donde me quede 40 años, viviendo de la pintura”.

O sea que el ministro se equivocó. Se puede vivir de la pintura. “Se puede. Al menos yo lo he hecho. Yo nunca he trabajado en nada que no sea de la pintura, nunca ha recibido un trabajo remunerado, un sueldo, no soy jubilado, nada. Solo he vivido de la pintura, trabajando honestamente. Sé vivir modestamente”.

Le cuento qué leyendo de él, he leído que es un pintor manabita. Entonces aflora todo su buen humor y entonces termina su relato contando un chiste. “Mucha gente cree que nací allá, porque viví mucho tiempo, 40 años para ser exacto, pero yo no soy manabita, yo soy manabita porque soy hombre. De esto tengo una anécdota Una vez el periodista Fernando Cazón me llama para entrevistarme y me puso pintor manabita, yo luego lo llamo y le dije que estaba enojado por la nota porque me puso pintor manabita, cuando no soy manabita, sino manabito, porque soy varón”. Enseguida ríe a carcajadas y de inmediato suelta una ocurrencia y me pregunta. “Todos dicen que Manta es la tierra del atún y no es cierto” “¿Sabe usted cual es la tierra del atún”  Le contesto: que yo sepa es Manta. “No señor. Está equivocado, la tierra del atún es Atuntaqui”. Entonces ríe y se nada una tanda de chistes parecidos que transforman lo que era una entrevista formal en una charla llena de ocurrencias.

Estadía manabita

Su estadía en Manabí fue larga y fructífera. Allá fue querido por  el pueblo, reconocido en el medio artístico y galardonado por el Congreso Nacional  que en junio 2017 durante la Sesión Solemne de la Federación de Cámaras de Manabí le otorgó una condecoración al Mérito Artístico. “Es un honor que lo recibo con orgullo y humildad. Yo quiero y le debo mucho a Manabí, tierra a la que le he pintado muchos cuadros. He plasmado en ellos, la vocación pesquera de la ciudad portuaria de Manta y la bondad agrícola productiva de la provincia de Manabí. He pintado a sus canoas, a la campesina, a los guayacanes, al mar del Pacifico. Manabí es una fuente de inspiración. He hecho muchas exposiciones allá, pero recuerdo una muy especial, una que hice en mayo de 2018 en Manta en el Museo Municipal Cancebí, donde expuse 25 obras hechos con amor”.

Con ese mismo amor a Manabí, Alex Chávez ha pintado murales en la Plaza Cívica de Manta, en el Banco de Fomento de Portoviejo, en la casa de Luigi Benincaza, sede social del IESS en Quito y en el edificio del Cuerpo de Bomberos de Manta. Habiendo recibido reconocimientos de la Casa de la Cultura, de la Municipalidad, de la Federación de Periodistas de Manabí, Consulado de Los Ángeles y la Alcaldía de la misma ciudad, Asociación de Artistas Plásticos, entre otras.

Pero en Manabí no solo expuso su calidad artística, sino su calidad humana, pues en varias ocasiones tuvo acciones benéficas en la que donó sus cuadros para que sean vendidos, subastados o rifados en beneficio de causas sociales. La última fue en 2018 en la que apoyó  a la Fundación Fuvida para apoyar  a los niños con Diabetes tipo1  «El arte me ha dado mucho, la vida me ha dado mucho y uno debe ser agradecido con ello,  una manera de serlo es teniendo consciencia social y sí debo aportar con mi arte y mi pintura a causas benéficas, ahí estaré gustoso de ayudar».

Pintor de trayectoria

Chavez o Chabes como se firma, ha pintado más de 3.000 cuadros y ha realizado más de 200 exposiciones entre individuales y colectiva, en Ecuador y en el extranjero. En el país ha estado en  Las Peñas y el Salón de Julio en Guayaquil, en Salinas, Portoviejo, Manta, Bahía de Caráquez, Ambato, Cuenca y Loja. Además su trabajo es conocido en Colombia (Cali, Bogotá, Cúcuta) Venezuela (Caracas y Valencia), Puerto Rico (San Juan y Ponce) Estados Unidos (Nueva York, Miami, Long Beach, San Diego, Los Ángeles y Las Vegas). Ahora tiene invitaciones para muestras en Barcelona, España y Austria, a las que espera poder concurrir.

Preguntas sueltas

En una parte de la charla, nacieron algunas preguntas sueltas, que seguramente deben ser cliché en la charla con los pintores, pero que a veces surgen solas.

¿Porqué, Alex Chaves. Que lo motivó a cambiar su nombre? “En el Carmen, Manabí había un profesor Alex Chávez, que también pintaba y una vez en un Salón de Quito mandó un cuadro y ganó la premiación de un viaje a Francia, con una beca incluida, pero al tiempo se regresó, perdiendo una gran oportunidad. Eso me pareció inconcebible, entonces me enojó ese hecho y para diferenciarme de él, decidí firmar diferente. Entonces Alex Chabes pasó a ser mi nombre artítico”

¿En que se inspira? “Me inspiro en la necesidad, en las ansias de pintar. No tengo estilo. Soy de un estilo variable. Uso varias técnicas acuarela, acrílico, oleo, plumilla. Me gusta pintar esa es mi inspiración y mi técnica, mi amor por pintar”.

¿Qué tiempo se demora en pintar un cuadro?Eso depende del estado de ánimo. A vece me levanto cabrero, chiro y pinto rápido.”,  bromea. “No hay tiempo límite para pintar

Un cuadro al óleo puede pintarse en unas horas o en varios días, o semanas incluso meses. Todo depende de cómo se plantee lo que se quiere pintar. Hay veces que se puede pintar un un cuadro e incluso más en el día. Otros en cambio requieren de más tiempo. También depende de la técnica. El impresionismo permite trabajar con la pincelada ligera mientras que el realismo es más exigente, etc. En mi caso, tengo cuadros que termino en unas horas mientras que otros me llevan más semanas de trabajo. En esta época de confinamiento he pintado 60 cuadros”

¿Y cuál es su mejor cuadro? “Ninguno es mi mejor cuadro, porque nunca esto conforme”.

¿Se ha pintado auto-retratos? “Sí. Dos”

¿Y ha pintado famosos?

Muchas veces. Pinto a quien me lo solicite, a quien merece, a quien compre, a quien se interese en mi pintura. Mi profesión es pintar. He pintado a gente de la televisión, la política, la cultura, el deporte y al hombre común. Para mi no es de pintar famosos o sencillos, mi vida es pintar.

¿Y qué hay de cierto que los pintores son bohemios? “Hay de todo. Yo he sido bohemio trasnochador, bebedor. Ya no bebo diez años. Tampoco fumo. Yo pintaba un cuadro y me fumaba dos cajetillas de cigarrillos. La última vez fue hace doce años. Ya había comprado una cajetilla y ya me había fumado dos, al tercero dije: No más. No vuelvo a quemar mi plata. Y no fumé más”

¿Qué es lo mejor que le ha dado el arte? “Conocer a gente del arte, y de otras áreas. Me siento satisfecho de conocer mucha gente. Además de trabajar, ganar dinero, conocer otros países. El arte me ha dado mucho”

¿Qué es la pintura para usted? “Todo. La pintura es mi vida. Mi todo”

De vuelta a sus raíces

Desde hace diez años, Chávez, tomó la decisión de regresar a Guayaquil, porque quiso estar en su tierra en los siguientes años de su vida. “Hace 10 años volví a Guayaquil, vendí mi casita y mi carro en Manabí y volví a mi tierra. Hay mucha gente que no me conoce aquí por haber estado fuera tantos años. Pero yo ya quería volver a mi ciudad. Me encanta haber vuelto, disfrutar de la ciudad, de mi familia. Estar con la familia es un privilegio, una alegría y es una de las cosas que me ha dado el retorno a mi ciudad a la que tanto quiero y a la que jamás dejé de querer por más ausente que estuve físicamente de ella por mucho tiempo”.

Su vuelta a la ciudad, le ha dado  muchas satisfacciones como la se ser invitado por el Municipio de Guayaquil para el próximo 20 de octubre en la que se le hará un homenaje, o el pedido de la misma Municipalidad para pintar un retrato de Miguel Palacios Frugone, que es el primero de una serie de trabajos; pero también le ha dado anécdotas tristes. “El anteaño pasado en la Casa de la Cultura de Guayaquil se realizó una exposición de los 50 mejores pintores del país y me nominaron para integrar la muestra. Di mi obra, la colgaron en la pared y al día siguiente que iban a inaugurar, voy a ver y veo mi cuadro en el piso, pregunto qué pasó y me dicen que no podía exhibir por que no era miembro de la Casa de la Cultura y me lo dijo un señor pintor y que es profesor de un nieto mío. Lo quiero nombrar. Joaquín Serrano. El me dejó el cuadro fuera. Me quedé trémulo de la forma que me trato. Y yo soy miembro de la Casa de la Cultura desde hace 38, años me inicié en ella en Quito, luego seguí Manabí y aquí. Cosas de la vida”,

Esa misma vida, que ha sido para él la pintura, en la que ha disfrutado y triunfado y en la que se siente feliz de haber sido “el pintor de la humildad”.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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