EL ÁNGEL QUE OYÓ LA MÚSICA DEL AVE MARÍA

Un recorrido por la carrera musical del tenor guayaquileño Ángel Oyola, uno de los mejores cantantes líricos ecuatorianos de todos los tiempos.

Es el Ángel de la música, un Ángel de nombre y de pertenencia, que como buen ángel Oyó-la música sacra y celestial, del Ave María e hizo del canto su vida, por ello el nombre de Ángel Oyola no puede ser más coincidente y perfecto para él, porque ese ángel que oyó la música en clases escolares al son del Ave María, hizo del canto su profesión y su vida en la que ha derrochado arte, talento, profesionalismo, seriedad y lírica por los escenarios de Ecuador y del mundo durante casi sesenta años. Su voz que nace de la garganta pero que proviene de las entrañas del alma, ha hecho que su público lo aplauda a rabiar y que que la crítica lo considere uno de los mejores tenores ecuatorianos de todos los tiempos. Es tanta su grandeza que a pesar de ser un artista clásico que no son para nada populares, él ha podido tener popularidad.

Tanta es su popularidad que su canción símbolo, por la que todos lo reconocen: el Ave María adaptación de la pieza conocida como el Ave María de Schubert, ha sido cantada por su voz en más de 5.000 matrimonios de Guayaquil. Que Ángel Oyola cante en su boda, el tema  originalmente compuesto como un arreglo de una canción popular del poema épico de Walter Scott, «La Dama del lago», es para los novios, motivo de orgullo, placer y distinción.

Conversar con Don Ángel, es eso, conversar. Hacerle una nota a él, no es una entrevista es simplemente la conversación con un señor mayor a quien respeto y admiro y a quien conozco desde mi adolescencia por ser padre de mis dos buenos amigos Angelino y Harry, con quienes compartía tardes de fútbol en el Cristóbal Colón y jodas de juventud en su barrio de Bolivia y Ambato, al sur de Guayaquil, zona cercana al Parque Forestal. La entrevista se dio en una reunión de amigos que derrochan cultura. Gracias a la invitación de mi amiga, la poeta, cantante y gestora cultural, la Gaviota Manabita, Damia Mendoza fui parte de una tertulia, realizada en la casa de la abogada, escritora María Gloria Cornejo en la que le realizaban un cálido y sencillo homenaje a Don Ángel, que fiel a su costumbre y a pesar de lo informal del encuentro, con su clásica elegancia, llegó vestido de traje con saco y corbata.

Allí, sentados en la sala, fui oyente de conversaciones fantásticas de personajes que desbordan cultura por los poros y son personas sencillas, frontales, afables, amigables, que sin poses cuentas sus experiencias y anécdotas de vida con las que se puede escribir decenas de libros. Allí mientras escuchábamos  un disco de don Ángel en el que interpretaba, O Sole Mio, En mi viejo San Juan, Ángel de Luz, Ave María, entre otros temas,  el pintor y artista plástico Alejandro Chávez (Alex Chabes) le entregaba un cuadro de un retrato pintado por él, como testimonio de amistad. Fue una noche mágica y amena. Allí su voz fuerte que usa para cantar se transforma en voz suave y pausada en el diálogo. De pronto a ratos y para sorpresa de todos, se emociona, torna su voz suave en potente y melodiosa, para deleitarnos a capela con una magnífica interpretación a su estilo del bolero En Mi Viejo San Juan, compuesto en 1943 por Noel Estrada que ha sido interpretado por centena de artistas de todas partes del mundo.

El tenor del Ecuador

Ángel Oyola García, hijo del electricista Marco Oyola y de la ama de casa Concepción García Fernández, es un guayaquileño de cepa, nacido el tradicional Barrio del Astillero, cerca del antiguo Hipódromo “Jockey Club Guayaquil”, que luego se convirtió en el Parque Forestal, zona en la que hoy reside. Vino al mundo, un lunes 3 de octubre de 1938, hasta el día de su nacimiento es motivo de jolgorio en esa reunión de amigos en la que se bromea que por nacer un lunes él es largoooooo, en referencia a su gran estatura de hombre espigado. Como largooooooooo ha sido su trajinar por la música que empezó en 1958 en  el canto clásico como protagonista del Conjunto de Ópera y Zarzuela de la Casa de la Cultura, siendo la figura principal, compartiendo coro con figuras de la talla  con Beatriz Parra, Astrid Achi, Maritza Ortega, María Francisca Rinbau, Guido Garay, Raymond Ray y José Sánchez.

Además fue solista del coro del Conservatorio Antonio Neumane  y durante 25 años fue solista en el coro de la Universidad de Guayaquil, bajo la dirección del maestro Enrique Gil Calderón. Como director, dirigió la primera agrupación coral de la Universidad Laica Vicente Rocafuerte de Guayaquil y del Banco de Descuento.

Como cantante, grabó ocho trabajos discográficos, entre ellos: un LP (disco de larga duración) con la orquesta Sinfónica Nacional (1971), en el que interpretó canciones clásicas y música nacional; tres discos sencillos en Venezuela junto a la pianista Beatriz Triviño que tuvo mucha acogida en el Caribe y cuatro discos compactos (CD) denominado Sueño Imposible con música internacional y folklórica latinoamericana; La Familia de Música Sacra, Juramento y Mi querido Guayaquil con música ecuatoriana e hizo Además es  miembro,  desde hace más de 50 años de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Con un talento innato y una voz privilegiada de tenor, interpreta ópera, zarzuela, romanzas de zarzuelas, música sacra, temas clásicos, de música nacional, pasillos, canciones italianas y temas vernaculares.

Con su privilegiada voz ha grabado varios himnos que son cantados en actos protocolarios como el Himno del Ecuador, de Guayaquil, Durán, Yaguachi, A la Bandera, Al Maestro, al Maestro Jubilado, a Liga Deportiva Estudiantil (LDE),  la Logia Masónica de Guayaquil, al Deporte, a la Virgen María Auxiliadora, de La Dolorosa, Santa Teresa de Ávila, a la Tercera Edad con música de Elina Manzano y de varios colegios como: Eloy Alfaro, El Cisne (Loja), Provincia de Tungurahua en el que compuso la música,

En su vida privada, es viudo de su esposa con quien tuvo 47 años de matrimonio, es padre de seis hijos de los cuales ninguno heredó su  talento del canto. “Pero uno de sus nietos posee voz de tenor. Ojalla pudiera seguir mis pasos porque esto es un regalo de Dios”, dice con emoción.

Su vida antes de la música

Don Ángel con cuenta detalles de vida antes de la música, recordando hechos de su niñez y adolescencia. “Yo nací y viví por algunos años en el Barrio del Astillero, donde nacieron Barcelona y Emelec, frente al coliseo Huancavilca. Por mucho tiempo disfruté desde la ventana de la casa donde vivía junto a mis hermanos, de las peleas de box, lucha libre y los juegos de básquet que allí se realizaban. Son momentos inolvidables. Luego mis padres me llevaron a hacer la preparatoria en el colegio de monjas Las marianitas, al pasar al primer grado me matricularon en el Centro Escolar Nueve de Octubre, una escuela fiscal, fundada en 1920, que recibía ayuda de una fundación alemana y que quedaba en la calle Calicuchima entre Eloy Alfaro y Chile. Su edificio era una estructura de madera que tenía un salón de actos en el que canté varias veces. Además había una piscina de 25 metros en la que empecé a nadar y una hermosa cancha para recreo en la que jugaba básquet. Toda la primaria solo tuve una maestra, la señorita Maruja Calderón Von Buchwald. Había otros maestros de gran conocimiento y pedagogía de otros grados, a los que recuerdo con cariño como las señoritas salcedo, María Wither. Fue una etapa maravillosa de mi vida en la que fui muy feliz”.

“Mi adolescencia la paseé en el colegio Vicente Rocafuerte en el que estudié la secundaria. Tengo gratos recuerdos de esa época. Tengo una anécdota especial,  Una vez canté en un acto especial del colegio y allí estuvo el profesor de Educación Física, el exfutbolista, Jorge Delgado Guzmán, entonces a mí se me ocurrió que para evadir esa clase, debía decirle  que me exonere de la materia porque hacer ejercicios me ponían tensas las cuerdas vocales, en verdad era un pretexto para no hacer gimnasia pero él lo aceptó. Cosas que uno hace de muchacho. Del colegio también recuerdo grandes maestros como los profesores Roque salcedo, Teobaldo Constante y el señor Pincay de quienes aprendí mucho. Mi afición por el deporte me permitió ser seleccionado del colegio en básquet, béisbol y fútbol, yo era arquero”

Su vida musical

Con voz pausada, retrocediendo en el tiempo y envuelto de gran serenidad combinada con dosis de emoción, Don Ángel, nos cuenta de sus inicios en la música, mientras saborea un jugo de frutilla, enfriado al ambiente, porque no bebe bebidas heladas para mantener su voz sana e intacta. “Esto se cuida”, dice mientras se toca la garganta con sus dedos. “Esta fue mi herramienta de trabajo por muchos años y le he cuidado a cabalidad. Yo jamás he fumado, ni he bebido alcohol. Por eso he podido mantenerme cantando tantos años”, dice. En seguida, vuelve a la pregunta y rememora sus inicios.

“Yo empecé en la música muy niño, al tiempo que empecé a leer, yo empecé a cantar. Ya a los cuatro años con mi lengua mocha, en la casa, cantaba canciones que me enseñaban mi madre y unas vecinas mayores que yo, las señoritas Maruja y Lola Maridueña, quienes para que cante me daban un caramelo o una galleta y me colocaban en la mano una especie de palo de escoba para que lo utilice como micrófono. A mi mamá la hacía muy feliz escucharme. En realidad así empezó mi afición por el canto. Ya a los nueve años de edad, cuando estaba en tercer grado de la escuela Centro Escolar Nueve de Octubre, mi maestra Maruja Calderón Von Buchwald, que siempre me acompañaba en la hora de Educación Musical, formó un grupo de compañeros para que tocaran algunos instrumentos de percusión y a mí me puso como cantante. Entre mis compañeros del grupo estaban Jorge Ribadeneira, Luis Franco, Juan Argenzio y Jorge Villacís. Ella fue quien descubrió que tenía aptitudes para el canto, pues se dio cuenta de que mi voz era diferente a la del resto de niños y me hizo debutar en un acto escolar con un grupo de percusión del colegio. Esa fue mi primera presentación. Luego era infaltable en los actos escolares, nosotros éramos los que animábamos los cumpleaños de los profesores, cantándoles dos o tres canciones. Luego en Navidad y Año Nuevo nos hizo confeccionar un traje con mangas de arandeles, como usaban las orquestas caribeñas. La primera canción que aprendí e interpretamos fue una canción cubana que se llama El Manicero, también cantábamos pasillos. A partir de ahí inicié una larga vida en la música”.

Ya descubierta esa inclinación y con esa pasión que sentía por la música, siguió desarrollándose en el colegio Vicente Rocafuerte, en el que estudiaba la secundaria. “Allí recibí clases de Educación Musical con el profesor, el doctor Ramiro Larrea Santos. Sus clases eran bastante teórica y muy poco canto, pero una vez me escuchó cantar y le agradó, por lo que me invitó a cantar en la sala del colegio en una ceremonia especial. Desde ahí cantaba siempre y era el cantante del colegio”.

Al graduarse de bachiller, a los 17 años, decidió hacer de ella su carrera y empezó hacer sus estudios musicales en la Academia de Música Beethoven, estudió canto en el Conservatorio y canto clásico con varios maestros consagrados “Tuve excelentes profesores como Carlos Arijita, quien me dio clases en la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas; Laura Calle en Conservatorio Antonio Neumane  y el tenor español Luis Ganarty, con quien tomé clases particulares. A esa edad,  integré una orquesta juvenil llamada “Ritmo Tropical”, que tenía piano, e instrumentos de percusión y en la que yo era el vocalista junto a Ricardo Loor

En 1957 cuando tenía 19 años, me llevaron a la Casa de la Cultura,  en la que como integrante del coro, comencé mi carrera de tenor, de mano del profesor Carlos Arijita.  Al principio participé como corista por siete meses y luego ya lo hice como solista y comencé a cantar como partiquino en óperas y zarzuelas, que es música teatral, que se distingue principalmente por contener partes instrumentales, partes vocales de solos, dúos, coros y partes habladas.”.

El año de 1962, será inolvidable para Don Ángel. Tenía 24 años, cuando cantó en el atrio de la iglesia San Francisco, en la que actuó como primera figura junto a la soprano española María Francisca Rimbau. Luego hizo zarzuelas como Luisa Fernanda, una comedia lírica en tres actos, de Federico Moreno Torroba y libreto de Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw Iturralde y Los Gavilanes, zarzuela en tres actos y cinco cuadros en prosa, con música de Jacinto Guerrero y libreto de José Ramos Martín.

“En el año de 1962 en el teatro San Francisco, realicé mi primera Ópera «Caballería Rusticana», basado en un relato del novelista italiano Giovanni Verga. El acto fue creado por los estudiantes del conservatorio de música. Durante mi etapa artística fue invitado por las Orquestas Sinfónicas para hacer Ópera (italiano y francés) en varios países como Panamá, México, Costa Rica, Venezuela, Perú, Chile y Argentina. Grabé cinco discos en los que rinde homenaje a la música clásica y a la ecuatoriana. También ha cantado música sacra como el Ave María”.

A la par que se desarrollaba como música, se dedicó a su otra pasión: la docencia. “Siempre quise ser cantante y profesor. Muy joven a los 25 años, empecé a dar clases en la escuela Corazón de Jesús. He sido docente durante 42 años en varios colegios emblemáticos de la ciudad. He estado en el colegio San José la Salle, Sek Internacional, Liceo Panamericano Provincia del Tungurahua, en el que estuvo 24 años, entre otros y varios de mis alumnos realizaron obras de ópera en el Centro Cívico, haciéndome sentir orgulloso. Esta es una etapa de mi vida la docencia, me llena  de satisfacción”.  

Homenajes y reconocimiento

Ángel Oyola ha recibido múltiples reconocimientos en su vida por su gran trayectoria artística. Así ha recibido  varias condecoraciones del Gobierno Nacional, del Congreso, de Municipalidades, de la Casa de la Cultura, de Asociaciones Culturales, Cámaras Nacionales, de gremios profesionales y periodísticos y de instituciones públicas y privadas.

Recuerda con cariño y gratitud los homenajes recibidos en vida, que han sido muchos. En 1992, el Congreso Nacional le otorgó una medalla y diploma Al Mérito Artístico, seis años después, en 1998, el Municipio de Guayaquil hizo lo propio, luego en 2002 lo hizo el gobierno del Ecuador, por manos del presidente Gustavo Noboa Bejarano, u nuevamente la Municipalidad de Guayaquil le hizo entrega de un acuerdo y una medalla en 2012 de manos del alcalde Jaime Nebot.

Pero hay uno que lleva con gran cariño, como aquel que le brindaran sus colegas cantores de  La Sociedad Amigos de la Lírica, cuando cumplió sus bodas de oro como cantante, quienes ofrecieron un concierto en el Paraninfo Simón Bolívar de la Casona Universitaria, un jueves 9 de mayo de 2002. “No lo olvido nunca. Estuvieron los mejores exponentes del canto lírico para cantar para mí en un acto de gran cariño y calidad artística. Ahí estuvieron: Astrid Achi, Beatriz Parra, Marjorie Córdova, Maritza Ortega, Yoconda Castro, Yasmine Yacelga, Edelwaiss Cárdenas, Guido Garay, Alejandro Sángster, Pedro Vallejo, Giovanni Molina, Carlos Villavicencio y Pedro Pinoargotty. Fue maravilloso. Un gran recuerdo de eso que solo te da la música, tener buenos amigos.”

Entre esos homenajes, está un libro editado por la Municipalidad de Guayaquil, obra que en 166 páginas resume más de 60 años de trayectoria y recoge su vida y sus obras.

“Yo entregué todos los recuerdos, fotos, portadas de discos, afiches, recortes de periódico y revistas, memorias, todo lo que  que he guardado de mi vida artística y se los entregué a Melvin Hoyos, quien a nombre de la Municipalidad de Guayaquil me propuso hacer un libro de mi vida que más que libro es una especie de álbum personal que cuenta mi vida. Es una alegría inmensa tener esa obra que se llama biografía iconográfica del tenor Ángel Oyola. Es un orgullo que mi legado sea recogido en una obra para la posteridad.”

Un mundo de anécdotas

Don Ángel sonríe cuando se le pide cuente anécdotas de su vida artística. “Hay muchas”, dice y enseguida se acomoda en el sillón para evocar sus momentos inolvidables “Uno de los momentos más inolvidables de mi carrera, fue cuando la esposa del expresidente José María Velasco Ibarra, doña Corina Parral, quien era poeta, compositora, música y pianista, me llamó un día, para hacer un disco de sus canciones y grabamos un long play (LP disco de larga duración) con la Orquesta Sinfónica Nacional de Quito. Eso fue  en 1971 en la última presidencia del Dr. Velasco. Fue un disco con 15 canciones que se vendió a nivel de empleados públicos del gobierno. Que una dama como ella me elija para cantar sus canciones es un gran honor”

“Hay tantos recuerdos. Yo hice mi carrera en Ecuador. Empecé en Guayaquil, pero estuve cantando en Quito en el  Teatro Sucre. Una vez canté allí la famosa zarzuela. Luisa Fernanda. También recuerdo cuando canté El Ave María en la misa ofrecida por el Papa Juan Pablo II, cuando visitó Ecuador en 1985 y cuando la canté en las misas de cuerpo presente de la ex reina del Ecuador, Sofía Monteverde Nimbriotis, de Julio Jaramillo y Alberto Spencer. Pero el mejor Ave María fue el que canté en mi propia boda”

Otro de sus orgullos es haber viajado por diversos países del mundo, levando su arte. “Estando en México canté en una sala del teatro de Bellas Artes que lleva el nombre del compositor Manuel Ponce, algo que no lo había hecho antes un ecuatoriano. Estuve en Costa Rica Panamá, Chile Colombia Argentina Venezuela. En esos países fui con el coro de la Universidad en que era tenor solista y tenía cinco solos con el coro. Otra presentación inolvidable fie cuando cané en la UNAM (Universidad Autónoma de México) en un teatro de más cien años de construido con una acústica preciosa. Cantar ahí fue maravilloso”

Dentro de mi actividad Para cuidar mi voz, me he cuidado mucho, jamás en mi vida he tomado algo helado, ni he fumado y no he bebido nunca en mi vida. Por eso es que llegue a cantar hasta el año 2016 en que di mi último concierto en el Museo de la Música Julio Jaramillo ahí me retiré. De ahí nunca más canté.

Cuando se le pregunta por las admiradoras que debe haber cosechado por la música, sonríe pícaramente y dice: “Siempre la música atrae admiradoras, pero hay que tener mucho cuidado. Yo admiro los cantantes populares, pero yo no soy un cantante popular. Yo soy un cantante de música clásica y nosotros tenemos otra manera de comportarnos. Claro que siempre había alguien que le agradaba uno, para conversar, salir a pasera o irse al teatro. Esto me paso de joven y soltero en Panamá, Chile, Colombia en Cali  y en Venezuela a donde regresé por verla. Lo más hermoso es las amistades que cosecha uno.”

“Otro gran recuerdo es el de una reunión de siete cantantes internacionales que hizo en 2010 en Manabí, la poetisa Damia Mendoza quien hizo un trabajo maravilloso. Reunirnos siete cantantes internacionales y compartir nuestras experiencias, fue muy enriquecedor. Ella nos tenía a raya, pero muy linda gente con un trato muy amable. A las seis de la mañana, todos estábamos despiertos para el desayuno y de ahí íbamos a diferentes ciudades de Manabí a cantar en diversos actos. Fue una grata vivencia”

Fin a la música. Su presente

Don Ángel, puso fin a su carrera musical en 2016 con un concierto en el museo Julio Jaramillo, en el que cantó romanzas de zarzuelas, canciones italianas y pasillos. “Fue una decisión importante y a la vez difícil, pero sentía que mi voz ya no da más. Me di cuenta que ya no podía llegar a ciertos tonos y que no era el mismo. No fue fácil tomar esa decisión”

¿Y que hace ahora? “Ahora estoy con una  situación bastante delicada de mi salud, tengo diabetes, y como ya me jubilé del colegio, paso en casa. Mi único salario es el que recibo del Seguro Social como maestro jubilado, que no es mucho y no alcanza para tratar la enfermedad.  Ya casi no salgo. Paso mas en casa, y allí  veo mucho la televisión  alemana y española que dan unos conciertos y unas operas preciosas. Sobre todo en la televisión alemana  que pasan unos conciertos maravillosos de Wagne, quien construyó un teatro con su dinero para presentar sus obras allí. Hay una obra que tiene duración de seis horas la que menos dura es de tres horas. Por lo regular las óperas duran máximo dos horas como Vivaldi, Mozart, Bethoven que también hizo opera. Esas no duran más de dos horas y media. También paso viendo y oyendo fútbol”.

Don Ángel cuenta su historia y yo reflexiono sobre su caso y el de muchas personas que le han dado mucho al país y han entregado su vida al desarrollo de la cultura, arte, deporte, entre otras actividades que viven historias parecidas, que viven modestamente  y que deberían contar con una pensión vitalicia digna y acorde a la realidad económica del país y de estos tiempos para poder subsistir. Esa debería ser una reciprocidad del Estado a quienes se esforzaron por poner en alto el nombre de nuestro país.

Las horas pasan, la amena charla termina, mientras tanto suena un disco con la voz de Don Ángel y yo que soy rockero, me sumerjo en su música,  aprecio su arte, valoro su voz, la disfruto  y pienso que no solo es de nombre. Él en verdad tiene voz de ángel.


Fotos: Diario El Universo, Archivo Ángel Oyola

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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