DURMIENDO EN EL HOSPITAL

Pasos imprecisos por escalones desolados y fríos. La noche se alarga lenta y temible. Un hospital no es un lugar alegre, menos para un niño. Aquí la realidad sorprende por su crudeza, pero tres chiquillos roban momentos para jugar con figuras de algún álbum olvidado. Junto a ellos, Ana Chávez se toma las manos nerviosamente. Mira y sonríe tímida. Su sonrisa parece venir de otro tiempo. Su hija Jéssica, de 14 años, lleva dos meses internada en el Hospital de niños Francisco de Ycaza Bustamante. Durante ese tiempo, Ana ha dormido sobre una silla o dos, cuando no hay muchos pacientes y las enfermeras logran conseguírselas. Las penurias no importan si se trata de cuidar a su niña, que necesita una operación de corazón abierto para intentar llevar una vida normal.

La historia va más allá de donde la lógica alcanza. Desde muy pequeña, Jéssica tuvo complicaciones. Nació con un soplo en el corazón. Fue operada de apendicitis, tiene quistes en el ovario, infección en las vías urinarias, nunca ha menstruado y además tiene una fístula (1) por donde se le escapa la orina. Está obligada a usar pañales.

Ana llega a la hora del almuerzo y se queda dentro del hospital hasta las dos de la tarde del día siguiente. Luego va a casa donde vive con su compañero, cuatro hijos y su suegra. Prepara la comida, lava y realiza otras actividades domésticas.

Al día siguiente, todo vuelve a empezar. Su vida que se escapa en una mirada triste y gris. Jéssica observa de lejos, mira como retraída. Sus pensamientos vuelan hacia el futuro mientras dice que desea ser doctora cuando sea grande, o como una de las licenciadas, que es su forma de llamar a las enfermeras que la atienden. Todo es por su afán de ayudar a los demás. Desea salvar vidas.

Por momentos, el silencio le gana a las palabras y sus ojos vagan por la habitación. El viaje a los recuerdos. Surge el día en que Jéssica asistió por primera y única vez a la escuela. Tenía 7 años. Era una mañana de mucho sol. A pesar de que le indicó a las profesoras que su hija no debía agitarse, lo hizo. Y en el momento del descanso, Jéssica se puso moradita. Le falló la respiración, dice Ana. El resultado fue que en la escuela no la aceptaron más. La consideraron una persona de alto riesgo, alguien podía morir en cualquier momento.

El compañero de Ana, Rafael Bonilla tiene 39 años y trabaja pescando en el río Guayas. El dinero que consigue es muy poco. Él ayuda en casa con los niños, pero al hospital no va nunca. Las palabras en la boca de Ana Chávez nacen despacio, y se alargan en la oscura noche.

Dice que quedó embarazada de Jéssica cuando tenía 16 años. Antes, a los 15, ya había perdido dos mellizos por ataques de eclampsia (2). Los no nacidos también tenían problemas de corazón.

Por los pasillos, las miradas. Caras de pequeños curiosos, madres que se acurrucan sobre sillas y charlan con sus vecinas, intentando olvidar las penas que produce la impotencia del no tener. Observo aquí y allá, pregunto a la más cercana, ¿por qué está aquí?

Carmen Gavilanes, de 52 años, lleva ocho días durmiendo en su silla. Está junto a su hijo Jacobo García, de 14 años, que se quemó a los 7 meses de nacido. Vienen del recinto Matilde Esther, en la provincia de Bolívar. Jacobo ya fue operado por sus quemaduras. Ha regresado al hospital porque, en estos días, debe soportar otra cirugía para hacerle injertos en las piernas. Es un chico inquieto e inteligente. Es el abanderado de la escuela Haití Nº 200 en San Lorenzo, provincia de Los Ríos. Le encantan las matemáticas y admira a su profesor Kenny Alvarado. En ocasiones, Jacobo hace de maestro del primer grado, y espera convertirse en administrador de empresas cuando sea adulto.

Carmen se revuelve en su asiento, habla muy bajo y con frases entrecortadas. Para ella es muy importante la voluntad de Dios. Por las mañanas sale a las calles a conseguir dinero para las medicinas que necesita su hijo, sube a los colectivos, pide la colaboración de los pasajeros. Observa distraídamente. Como no queriendo se abraza a ella misma y vuelve sobre las frases. Piensa en estos ocho días con la misma ropa. En su pequeño Brian Benjamín que la espera en casa y en la operación que deben hacerle para extirparle unos lipomas1.

Afuera es noche. En los pasillos duermen personas sobre cartones en el piso. Al menos, Ana y Carmen tienen una silla.

Fotos: diariodelcesar.com; clarim.com; baraderoteinforma.com; elnacional.cat; parabuenosaires.com;elespanol.com

(1) En medicina, una fístula es una conexión o canal anormal entre órganos, vasos o tubos. Puede ser el resultado de estrés, heridas, cirugía, infecciones, inflamaciones, o ser de origen congénito

(2) La eclampsia es la aparición de convulsiones o coma durante el embarazo en una mujer después de la vigésima semana de gestación, el parto o en las primeras horas del puerperio, sin tener relación con afecciones neurológicas.


Serie: Historias cotidianas. Nota publicada en Diario El Universo, el domingo 6 de abril de 2003 en la sección El Gran Guayaquil, capítulo Guayaquil Escondido y parte del parte del libro Crónicas de Ecuador escondido de Francisco Santana, publicado en mayo de 2013

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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