LA NOCHE QUE ARDIÓ EL SUR

Lo recuerdo claramente, como si fuera ayer. Era de madrugada. Ya estaba dormido, luego de cansarme de pensar que estrategia podía usar para convencer a mis padres que me dejen ir a la playa con mis amigos del barrio, colegio y de la vida: Roberto y Fabián (+) el fin de semana siguiente. Salinas nos esperaba con toda la chacota setentera pero había un impedimento: Yo estaba castigado por haberme quedado para abril en seis materias, mientras cursaba cuarto curso de sociales en mi colegio de siempre. Cristóbal Colón.  De pronto a eso de las dos de la mañana, mis padres me despiertan abruptamente totalmente angustiados. “Se quema la casa” me dijo mi mamá dramáticamente. Salimos al jardín. El cielo era rojo, una gruesa capa de humo cubría el cielo, sonaban explosiones, en algunas casas literalmente volaban los techos y todos los vecinos de la cuadra de mi barrio El Centenario, estaban en la calle gritando, asustados, algunos descontrolados. Para poner más drama al asunto, la radio trasmitía el incendio como si se tratara de un partido de fútbol.

Yo vacilaba la nota como película de Hollywood y gozaba el espectáculo con la inmadurez de un adolescente inconsciente. Y hablando de Hollywood, esa noche las llamas, el fuego, el susto, nos hizo recordar a la película Infierno en la Torre que dos años habíamos visto en el cine Inca, cercano al incendio. Fue una noche de aventuras. Lo más bacán fue que la vecina del frente, una hermosísima señora rubia, cuarentona de un cuerpazo, estaba en bata transparente que dejaba ver toda su escultural figura. Yo me acerqué a ella, lo más que pude y hasta conversación le hice. A la mierda el incendio de la ciudad, yo en mi mente y en mi cuerpo tenía un incendio propio. De pronto mi padre da la orden: “recojan sus cosas, nos vamos a dormir donde mi primo Efraín. Hay que salvar nuestras vidas”. Y dejamos la casa bien cerrada y nos fuimos donde mi tío. Lo más curioso es que su casa, tan lejos, no estaba. Apenas veinte cuadras más allá, en la Ciudadela Naval, también al sur. Recuerdo que muchos amigos, emigraban a otras zonas y parecía una mudanza masiva. La Avenida Quito se abarrotó de familias que iban caminando hacia el norte de la ciudad a dormir a la casa de algún familiar o amigo. Esa noche del incendio en casa de mis tíos, mientras los grandes seguían la radio y comentaban el hecho, yo me puse a jugar con mis primos, hasta que volvimos a dormir y del incendio no supe más.

Hoy el tren del recuerdo, recorre inflamado en llamas por rieles de fuego. Sus vagones botan humo al cielo, vestido de rojo y gris. Hoy transitaremos por la vía de la remembranza dantesca para recordar el incendio de la Shell, que llenó de pánico al sur de Guayaquil, aquella noche del miércoles 10 de marzo de 1976. Hoy revivo este recuerdo, gracias a la sugerencia de mi amigo de infancia, vecino y hoy colega, Ángelo Molina, con quienes debimos estar afuera de la calle viendo el terrorífico espectáculo.

Una nota publicada por Diario El Universo, el 10 de marzo de 2016, al conmemorarse los 40 años del dantesco incendio, titulada “Hace 40 años el incendio de Shell estremeció Guayaquil”, escrita por Juan Pablo Pérez, en la Sección Gran Guayaquil, nos recuerda la noche en que ardió el sur de Guayaquil.

“Fuego, caos y temor. Son los elementos de una historia triste para la ciudad, que se escribió hace 40 años, cuando un incendio en los depósitos de combustible de Shell Gas alteraron el descanso de los habitantes de sectores del sur como la ciudadela 9 de Octubre y el barrio Cuba, la madrugada del 10 de marzo de 1976.

A las dos de la madrugada de hoy, depósitos de gas ubicados al sur de la ciudad, se incendiaron y explosionaron en forma espectacular e impresionante, poniendo a un extenso sector de Guayaquil en estado de emergencia ante el tremendo peligro que se cirnió por largos minutos en un sector densamente poblado». Así inició EL UNIVERSO la crónica en su edición de ese mismo día, donde recogía la noticia: «Emergencia en Guayaquil. Tanques de gas estallaron hoy».

De acuerdo a lo publicado por este medio, todo comenzó en las primeras horas de ese miércoles en la planta ubicada entonces en el límite del barrio Cuba y la ciudadela Pradera II, entre la avenida Domingo Comín y el río Guayas, cuando un buque cisterna de bandera peruana se encontraba descargando gas. Ahí se inició un incendio que provocó «una gran masa de humo y fuego». A las 01:55, un interno del hospital del IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social), Teodoro Maldonado Carbo, inaugurado en 1970, llamó a los bomberos.

Dos días antes de la tragedia había sido posesionado el coronel Gabriel Gómez Sánchez como primer jefe del Cuerpo de Bomberos. Bajo su mando, 1.200 bomberos llegaron al lugar de la tragedia a las 02:15. Los primeros en hacerse presentes fueron los de la Cuarta Brigada (cuarteles del sur) y luego llegó el resto”. 

Sin embargo, su presencia no garantizó una solución inmediata. El reportaje explicó el motivo: «los jefes de brigada tienen menos de 24 horas de posesionados y no contaban con la coordinación necesaria. Por otro lado, la institución bomberil no tiene el equipo necesario para luchar con flagelos de esta naturaleza». Las llamas alcanzaron los 200 metros de altura, según los reportes.

Por eso se pidió ayuda a los bomberos de Durán, Yaguachi, Milagro y otras ciudades vecinas. También llegaron los miembros de la Comisión de Tránsito del Guayas (ahora Comisión de Tránsito del Ecuador) para controlar la movilización de los vehículos que iban hacia el sector, y de las Fuerzas Armadas, pues se reportaron robos.

“Los moradores de las ciudadelas vecinas al incendio como la Nueve de Octubre, La Pradera, 25 de Julio, Morán Valverde, de los Periodistas, de los Maestros, de los Empleados del IESS, salieron a las calles cuando escucharon explosiones intermitentes y entonces vieron cómo las llamas enrojecían el cielo. La alarma subió de punto cuando a las 2:35 de la madrugada estalló un enorme tanque de gas, que se sintió en toda la ciudad como un estruendoso trueno», narró EL UNIVERSO.

Cinco minutos después ocurrió la segunda gran explosión, que provocó que los habitantes de estas zonas empiecen a evacuar desordenadamente. A eso se sumó que a las 03:00 se cortó el servicio de energía eléctrica. Las avenidas que llevan al Puerto Marítimo (ahora la 25 de Julio) se congestionaron con miles de vehículos de ciudadanos que iban a buscar a sus familiares y de curiosos. «Al hospital (Luis) Vernaza empezaron a llegar contusos y heridos. Unos, que en la confusión del momento y ante el temor de que sus viviendas fuesen presa de las llamas, huyeron precipitadamente en medio de la oscuridad, sufriendo lesiones en la huída desesperada. También llegaron bomberos lesionados en la lucha contra el fuego».

Este medio reportó en esa edición los nombres de los 30 heridos que en las primeras horas del incendio llegaron a los hospitales.

A las 03:10 ocurrió la tercera y mayor explosión, que destruyó vidrios de las casas y afectó estructuras. Se temía más por el barrio Cuba, pues «en su mayor parte está formada por construcciones de caña y madera y que está densamente poblada».

Las calles de las ciudadelas 9 de Octubre (i) y La Pradera lucieron inundadas por el agua que usaron los bomberos para apagar el incendio (Archivo)

Recién a las 05:00 los bomberos reportaron que había disminuido la intensidad del incendio, cuando terminaron las explosiones de tanques de gas, lo que les permitió acercarse a combatir con mayor efectividad las llamas.

El día después

El incendio de Shell Gas fue el «quinto de mayor envergadura que ha soportado Guayaquil a lo largo de su existencia», precisó el reportaje. Con la luz del día, la extinción de las llamas y la remoción de escombros, se pudo hacer las primeras evaluaciones. «Contaminó a importantes instalaciones industriales; hecho que determinó la pérdida de centenares de millones de sucres (la moneda que usaba Ecuador en aquel entonces) y el pánico en todo el conglomerado porteño», se añadió.

EL UNIVERSO dedicó seis páginas de su edición del 11 de marzo a resumir las consecuencias del incendio. «Industria conservera paralizaría labor ante destrucción de fábrica de envases», «Diez bomberos lesionados. La falta de equipo se suplió con arrojo y decisión de legionarios», «Llamas, destrucción, desolación y temores», «Más de 5.000’000.000 millones de sucres (200.000 dólares al cambio actual) sumarían activos de las empresas en el área siniestrada», «Decenas de indeseables detenidos por la Policía», «Gobernador: En 10 días reconstruirán instalaciones de Shell Gas», fueron los titulares.

La tragedia generó el debate sobre la ubicación de las plantas de combustible. «No es posible, bajo ningún pretexto, que los depósitos de combustible sigan donde están, pues con ello se mantiene en permanente nerviosismo, que puede ocasionar incluso serias lesiones psíquicas, a millares de personas que habitan en las pintorescas y nuevas urbanizaciones que existen en esa área, y pone en peligro también la inversión de centenares de millones de sucres, efectuada por varias empresas industriales establecidas en el sector», aseguraba este medio.

Jaime Díaz Marmolejo, periodista de EL UNIVERSO, comentó: «Y no es exagerado admitir que Guayaquil corrió el riesgo de desaparecer, porque no habiendo fosos que protejan las áreas de almacenamiento de los tanques de gas y de combustibles, de haberse producido la explosión en uno de los tanques de gasolina, entonces ésta se hubiese regado por la Ría (río Guayas) y habría corrido a través del alcantarillado, con lo cual los conductos de propagación del fuego habrían sido múltiples».

El mismo día del incendio (los testigos dijeron que las explosiones se escucharon hasta sectores del norte como La Atarazana y que el cielo se volvió rojizo), el comisario tercero de la Policía Nacional José Aguilera Peña inició las investigaciones para determinar responsables. Se hizo reconocimiento del lugar, se evaluaron los daños a fábricas y viviendas aledañas, y se entrevistó a los gerentes de las empresas afectadas. A las indagaciones se unió la Inteligencia Militar, por orden del gobernador del Guayas Alfonso Trujillo Bustamante.

El sábado 13 de marzo, el comisario provincial de Salud del Guayas Jaime Vernaza Trujillo emitió una providencia que ordenaba a Shell Gas la suspensión del abastecimiento, envasamiento y almacenamiento de gas en las instalaciones de la avenida Domingo Comín. 

La empresa también debía vaciar, en máximo cinco días, los tanques de gas existentes en la planta. «Una vez vaciados deberán ser trasladados a un lugar en el que no constituyan peligro alguno para la salud, seguridad y bienestar de la población».

Una víctima mortal dejó el gigantesco incendio de Shell Gas. Víctor Benites, quien era guardia en la planta de gas, falleció en el hospital del IESS.

Y es que el incendio de la madrugada del 10 de marzo de 1976 no solo provocó angustia y dejó pérdidas. Marcó a los habitantes de Guayaquil que, como se dijo en EL UNIVERSO, mostraban «angustia en los rostros, porque en ese instante la ciudad estaba a merced del fuego, en sus manos y expuesta a merced de su capricho».

Cifras del incendio

– 74 carros de bomberos acudieron, entre tanqueros, carros escaleras y camionetas;

– 8 bomberos heridos;

– 1 accidente de tránsito: una motobomba del Cuerpo de Bomberos fue impactada por un camión cuando se dirigía al lugar del incendio, pero no hubo heridos;

– 11 empresas fueron mayormente afectadas: Shell Gas, Manaoil, Cridesa (Cristalería del Ecuador), Fadesa (Fábrica de Envases), IMSA (Industrias de envases y hojalata), lavandería Secomático, Molinos del Ecuador, fábrica de pinturas Sherwin Williams, Almacenera del Ecuador, Rheem Ecuador e Interama;

– 3 millones de galones de asfalto y 300.000 galones de otros químicos había en Manaoil, destinados a la preparación de aceites, según su gerente Agustín Febres-Cordero Rivadeneira;

– 1 buque tanque fue evacuado de un muelle cercano al incendio. Mundo Gas transportaba gas butano;

– 19 tanques no fueron alcanzados por las llamas: 12 tenían asfalto, gasolina y químicos; mientras 7 estaban llenos de gasolina, kérex, diesel y querosín;

– 9 horas llevó al Cuerpo de Bomberos controlar el incendio. 

¿Les gustó la historia? Yo la viví y fue dantesca, sí, pero también emocionante aventura

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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2 comments

  1. Bonita reseña lo viví mi padre era el segundo jefe y estuvo en el incendio me acuerdo que llegó a las 4 de la tarde a la casa con una facha llena de lodo de lo que la exploración del tanque de almacenaje de gas que explotó lo arrastró algunos metro en el lodo que había de la cantidad de agua que votaron los bomberos y no había uniformes para incendio .
    Yo estaba en la ciudadela 9 de octubre con Vicente Roca hijo del coronel que también estuvo en el incendio evacuando a personas de la tercera edad de la ciudela antes mencionada cuando explotó el tanque grande u llevieron llaves de paso y pedazos de lata del tanque de la que una partió una casa en dos y todos los curiosos que estaban a un lado de la ciudadela corrieron como loco asusta de lo fuerte que fue la explosión gracias a Dios por consecuencia de la misma bajo la intensida del fuego

  2. José. Gracias por escribir. Sí fue una noche de terror. Quien más que usted para contarla con propiedad siendo hijo del Coronel que intervino en el incendio tras arduas horas de trabajo. Saludos.

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