UN ACTOR MULTIFACÉTICO

El libreto de la obra llamada vida trae un viejo refrán que dice que hay cosas que se parecen a su dueño y nada más cercano a la realidad que este adagio para definir la vida del actor quiteño Diego Naranjo, que tal cual, podría parecerse a una pieza de teatro, novela de televisión, o película de cine en la que el protagonista interpreta diferentes personajes, con diferentes roles, en distintas épocas y variados escenarios en cuyas escenas ocurren desenlaces esperados e inesperados, con una trama que siempre ha divertido a su intérprete. Así en la producción artística de su vida real ha “actuado” de actor, cantante, bailarín de salsa, masajista, cheff, propietario de bar, ejecutivo, hacendado, gestor cultural, estudiante, artesano, dibujante, esgrimista, jinete de equitación, hijo, hermano, padre y abuelo. Papeles que han marcado su vida que al final de la trama tiene un final feliz

Y es que Diego Héctor Naranjo Parra, nacido en Quito, uno de los siete hijos del matrimonio formado por uno de los primeros economistas ecuatorianos Jorge Naranjo Fiallo y la actriz, presentadora de televisión y ama de casa, mexicana Alicia Parra Velasco, ha hecho de casi todo. Ha estado en diferente roles, pero su favorito, su principal, el estelar y el protagonista ha sido el de actor en el que también ha hecho de todo, pues ha trabajado en 29 obras de teatro, 17 producciones de televisión y 21 películas de cine, que resumen una dilatada carrera de 42 años, que empezó en 1978 a los 18 años, cuando siendo un estudiante universitario actuó en su primera obra teatral. Desde entonces ha pasado mucha agua bajo el puente y hasta hoy sigue mojado por esa agua pues en la actualidad está actuando en la telenovela de Ecuavisa que se está transmitiendo de lunes a viernes a las 22h00. Hoy como ayer el eterno actor sigue interpretando roles.

Pero antes de que saliera a escena, Naranjo tuvo una vida previa de niño y joven en la que “para variar” el arte acompañó su vida, con un don natural que nació instintivamente y que por osmosis tuvo un ligero contagio de su madre que tuvo una carrera fugaz como actriz de radio teatro en novelas de radio mexicanas y que fue la primera mujer en presentar un programa de televisión dando clases de Yoga en el entonces Canal 6 de Quito.

“Todo empieza cuando mi padre decide salir de Quito y decide venir a Guayaquil a estudiar economía. Aquí logra una beca para irse a estudiar en México, donde empieza a formarse en la escuela de economía marxista que empezaba a tener su auge y conoce a mi madre que para ese entonces estaba en el medio artístico, haciendo radioteatro (radionovelas). Se conocieron, se enamoraron, se casaron, tuvieron siete hijos  y compartieron reuniones con pintores como Frida Kalo, Diego  Rivera, Fernando Olivera y más personales de la intelectualidad de México, pues ese era su medio.  Al casarse, mi madre tuvo que abandonar su estrellato que ya estaba preparado pues estaba lista para hacer cine, cuando tuvo que venir con mi papá a Ecuador. Así nuestra vida se desarrolló entre Ecuador y México, unos años aquí, otros allá, siendo nosotros ecuatorianos – mexicanos”.

“Mi infancia fue la típica infancia de los 60, una infancia por demás libre, pues sí de algo gozábamos nosotros los niños de los 60, era de la posibilidad de tener una infancia llenos de amigos jugar con todos los chicos del  barrio. Yo vivía en La Mariscal desde que nací, época en la que ese barrio que empezaba a recibir a la gente que legaba del centro cuando Quito se empezó a expandir.  Es como decir Urdesa en Guayaquil. Ahí nací y ahí crecí. Como nosotros no teníamos nada electrónico ni teléfonos celulares y no había más que una televisión para toda la casa, teníamos que desarrollar la inventiva y la creatividad que estaba en nuestros genes, porque nos reuníamos con todos los del barrio y los primos de la familia y jugábamos como juegan todos los niños sin preocuparnos de horarios, seguridad, sin teléfonos celulares. Nuestros juegos eran los típicos como: hacer bailar el trompo, jugar pelota, canicas, rulimanes, a los cocos y juegos de esa naturaleza. En temporada de vacaciones escolares tras culminar el curso en mi escuela Pensionado Borja 3, íbamos con mis hermanos y mis primos a la hacienda familiar en Alausí, donde mi mayor pasión desde los siete años era montar a caballo. Así viví una niñez de ciudad y campo y de familia. Crecí bien, muy feliz, obviamente con altos y bajos, cuando llegar a casa a las siete de la noche tenia ciertas dificultades, no tantas como las de ahora, pero se salía adelante”.

Su apego al arte

Y en esas vivencias infantiles de Diego, el bicho del arte siempre estuvo presente. En su casa, creció En creció escuchando a su madre cantar boleros y viendo a su padre compartir con amigos vinculados al ambiente intelectual y artístico de Quito. Fue a los ocho años de edad, cuando tuvo su primer encuentro con la actuación que nació en escenarios atípicos como la baranda de un tercer piso del edificio de su escuela en la  que jugaba a ser  equilibrista o a ser piloto de carreras automovilísticas o cuando en la escuela con sus compañeros o con sus primos en su hacienda jugaba a las películas.

En la escuela yo no jugaba fútbol, como todos, me gustaba el básquet, pero jugaba poco, yo prefería otros juegos. Así en los recreos me dedicaba a hacer juegos que tuvieran que ver con crear personajes, normalmente jugaba a lo que podía ver en la tv como Speedy Gonzales o El Gato Félix o hacía equilibrio y malabares en una balandra en el tercer piso, en una baranda. Realmente era tremendamente temerario. Además con los primos siempre jugábamos a representar. Nos disfrazábamos, nos inventábamos físicamente personajes de diferentes maneras, y escenificábamos las cosas que veíamos en el pueblo cercano a la hacienda y así se me fue construyendo un poquito las ganas de convertirme en actor. La convicción se dio cuando en la escuela, vi por primera vez una obra de teatro: Pluff el Fantasmita que me encantó, volé y  lo disfrute mucho y no lo niego, hubo una parte que me dio sueño, pero nada,  me desperté y volví  a seguir con esa ganas de seguir viendo, como me habrá impactado que todavía me acuerdo de la canción. Desde ese día soñé con ser actor”.

Así, llegó la adolescencia, tiempo del colegio, en el que influido por la herencia familiar paterna de tendencia liberal, quiso ser militar, como el hermano de su padre, el alférez de marina, Víctor Naranjo Fiallo, héroe de la guerra del 41 como comandante del barco Atahualpa, o como lo fue su tatarabuelo José Antonio Pontón, héroe de la independencia, su abuelo que afincado en Alausí, siempre de la mano derecha de Eloy Alfaro o su padre que en el país ocupó cargos medianamente políticos, de cierta importancia. “Así, estudié el  colegio en la Academia Militar Ecuador, al que fui un poco impactado por haber tenido un tío que hasta un monumento tienen en el mausoleo de la Marina en Parque de la Paz por haber derribado uno de los aviones peruanos en la guerra del 41. Me encantaba vestirse de marino, porque el uniforme de parada del colegio era parecido al de los marinos. Estudiando allí, como una actividad colegial, vi mi segunda obra de teatro y quedé impactado, por eso entré al club de teatro de la Academia Ecuador y ese hecho creo que ya me empezó a marcar mucho más. Allí conocí al primer personaje por el cual pude acercarme al teatro,  mi primer maestro Sixto Salguero que fue una persona muy importante en el teatro y actuación en Quito. Después de eso, me fui a Estados Unidos a terminar el colegio y allá empezó mi inclinación hacia otras artes. Así, empecé  a trabajar en cosas de cuero como lo hacían los hippies de aquel entonces, trabajaba con alambre de cobre para hacer brazaletes, hacia cerámica,  algo que hace años que no hago. Tenía un profesor de artes tremendamente loco y yo me sentía a gusto porque nunca me gustó la formalidad de la enseñanza, la formalidad de lo escolástico de las cosas, es que yo era demasiado inquieto”.

Pero cuando las cosas están para uno, están, y para Diego, luego de terminar el colegio en Estados Unidos y antes de su vuelta al país, el rumbo de destino lo puso en el camino al arte. “Antes de volver a Quito, pase por México a visitar a la familia y allí investigue que posibilidades había de quedarme a estudiar arte dramático, a lo cual se opuso mi padre que conocía el entorno de la intelectualidad mexicana y no le pareció  que yo me quedara y peor a estudiar arte dramático. Así que me trajo inmediatamente a Ecuador y me inscribí  en la universidad en la carrera de medicina. Hice el primer semestre pero realmente yo quería ser actor así que salí de medicina, obviamente discutiendo y en pelea con mi padre. Entonces me eché al abandono seis meses, estar en abandono es estar en casa, sin hacer absolutamente nada, a lo mucho leyendo, escuchando música, saliendo con los amigos. Hasta que mi  padre a los seis meses me dijo: “que vas a hacer, de vago no vas a estar” A mí me gustaba dibujar, hacia buenos dibujos y yo dije me voy a arquitectura que también es arte.  Y me fui a la facultad de arquitectura de la Universidad  Central. Por esas cosas del destino hizo que levante la cabeza y mire al lado izquierdo y vi el letrero decía facultad de artes. Y dije bueno voy a arquitectura, pero al menos voy a conocer la facultad de artes. Entré vi las aulas, a la gente que hacia artes plásticas y terminé en el área de teatro estaba viendo lo que hacían los alumnos, hasta que se me acerco uno de los maestros, platicamos y para no hacer largo el cuento, me inscribí en la Escuela de Teatro de la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador, hasta allí llegó la arquitectura. Llegué a la casa, le dije a mi padre que me inscribí  en teatro y me dijo haz lo que te dé la gana, ya no aguanto que estés desocupado, así que ya por lo menos algo vas a estudiar. Ahí empezó mi aventura del teatro que desde el año 1978 es lo que he hecho en mi vida profesional”.

Su carrera artística

Estando estudiando teatro, tempranamente le llegó su primera actuación que lo encaminaría en el mundo artístico, fue en la obra de creación colectiva El Color de la Ilusión, escenificada en 1978. “Luego de ese estreno actoral, vino mi primera obra grande con un montaje bárbaro. A la diestra de Dios Padre de Enrique Buenaventura que la hice con mis maestros de universidad, lo que provocó una pelea entre ellos, pues algunos querían que sea parte de su grupo teatral, mientras algunos maestros no querían poner a un estudiante en la vida profesional. Al final actué, el destino quiso que así fuera y estuve en la obra con dos personajes, uno de Jesucristo y uno de un ciego. Luego vienen las cosas que normalmente en el campo de la actuación vienes, formación, seminarios, presentaciones, giras. Así con el grupo Saltamontes, recorrí todo el país haciendo teatro infantil, yendo en chiva de pueblito en pueblito, de escuela en escuela, subiendo y bajando con hospedajes que  no eran de lo mejor, dormíamos donde podíamos, a veces en los buses. Incluso tuvimos una obra para adultos y niños que estrenamos en Galápagos, después fuimos a festival de Brasil, al  de Caracas con carta de recomendación de la Universidad  y así han transcurrido 42 años de actor cine teatro y televisión”.

Carrera que ha sido extensa y en la que Diego Naranjo tiene una larga y proficua trayectoria como actor, arte que compartió con su hermana, la conocida y popular artista Patricia Naranjo, famosa por papeles como Leocadia en el Ángel de Piedra, la tía Charo en Dejémonos de Vainas o María Gracia en Promeeo Deportado, quien se adelantó a la partida hace dos meses atrás, a la edad de 65 años. Tal es su calidad como actor que ha recibido varios reconocimientos como el Premio Nacional al mérito teatral otorgado por la Casa de La Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión” en noviembre de 2001, la  nominación de Mejor actor en el Festival internacional de Cine Guayaquil 2018 con “Cenizas y Mejor actor en el Festival de Cine de las alturas Jujuy – Argentina 2019 también con “Cenizas”

En  teatro sobre las tablas, derrochando clase en el tablado, Diego ha participado en 29 obras, desde que debutó en 1978 hace ya 42 años. En Quito y diversas ciudades ha presentado: El Color de la Ilusión de Creación Colectiva (1978), A la Diestra de Dios Padre de María Escudero en la que actuó junto a su hermana Patricia y El Globito Manual  de Ilonka Vargas (1979); Siempre hay alguien de Jorge Guerra (1981), La verdadera historia de Tarzán y La mayonesa se bate en retirada (1982), Entre Gallos y media noche (1984), Pedro Manso, adaptación de la fierecilla domada (1985) y Galileo Galilei (1987) todas de María Escudero; Isabel de Godín  de Yanara Guayasamín y No hay ladrón que por bien no venga (2008) de José Vacas; El pecado del éxito de Marcos Rosenzvaig (2010), Un dios salvaje de Wilson García (2012), Lisístrata de Diego Aramburu (2013), Burundanga de Cristina Rodas y Sonia Valdez (2014), El viejo celoso (Cervantes) de Víctor Hugo Gallegos.

Desde el 2017 que radica en Guayaquil ha participado en Que cante la vida (musical) de Sebastián Sánchez Amunátegui (2017); Rabia de Sebastián Cordero, Preñados y Paranoia de Ricardo Velasteguí, Las vacaciones del Señor de Michael Selaya y Bajo terapia de Jaime Tamariz (2018). En 2019 actuó en Lo que me temía de Melissa Valverde, En otros brazos de José Rengifo, Michi y Melo 2 (el show) de Jessica Páez,  Hamelin de Andrés Lima, And the Oscar goe´s to. de María Paula Ortega y Hannibal de Fabo Doja, además de Rabia que también se presentó en Quito.

 

 

Televisión

En televisión ha participado en 17 producciones entre serie y novelas, dese su primera vez en la Los que Vendrán que transmitió, Ecuavisa en 1987 con guion de Miguel Donoso y dirección de Paco Cuesta, que fue protagonizada por Penélope Lauret y Pepe Aray (+) en la que compartió roles con Carolina Ossa, Amparo Guillén, Luis Serrano, Lorenzo Ricardi, Antonio Bellolio, Nicolás Landázuri, Azucena Mora, Saudade Moy-Sang, Álvaro Esteban Cruz, Rosalía Cáceres, Tomás Larrea, Marián Manzur y Marina Salvarezza. Para esa estación ha hecho  la comedia Dejémonos de vainas (1991-1999) actuaciones en los dramatizados del programa documental Pasado y Confeso (1994-2005), El cojo Navarrete (1996), Solo de guitarra (1997), Sé que viene a matarme (2007), Pio Alvarado, Parece que fue ayer (2013) serie de seis capítulos con motivo del proyecto para la celebración de bicentenario del país, en la que fue protagonista junto a Monserrath Serra, Milagros (2016), una de las temporadas de Tres Familias (2016).

También ha estado en producciones de otros canales como Zámbiza  (1992) y el Caminante (2008) de Teleamazonas, El día que llovió billetes (2012), Vida de Artistas y Retratos de Gamavisión (2019) y Tierra de serpientes (2016), Cuatro cuartos de TC (1077-2018). Ahora está en Sí Se Puede (2020), novela sobre la historia de la primera clasificación que la Selección de Fútbol de Ecuador a un Mundial, transmitida de lunes a viernes a las 22h00.

Diego del cine

En cine ha estado en 21 películas entre largos y cortos metrajes, desde hace 33 años en que en el primer día del año de 1987 como una premier de fecha especial, se estrenó su primer filme: Tequimán de Jorge Vivanco, un largometraje musical de 75 minutos, rodado en Quito, dirigido para público infantil cuya trama se basaba en un juego infantil de los 50 en que los niños se dividían en dos bandos de buenos y malos en el cual tras esconderse y salir a buscarse los primeros debían aprehender a los segundos. En el filme este juego en una recepción matrimonial efectuada en los jardines de una mansión, unos niños deciden jugar al tequimán, representando a sus héroes favoritos de televisión, pero se topan con el problema que todos querían hacer de buenos y representar a los justicieros y nadie acepta a rebajarse a tomar los papeles e villano y asaltante. Allí compartió roles con Manuela Vivanco, Edison Suárez, Tatiana y Vinicio Oquendo, David Guayasamín, Guillermo Vega, Ricardo Peñaherrera, Manuel Escandón, Rodrigo Hidrobo y Sebastián Cornejo.

A partir de allí ha actuado en una docena de largometrajes: Ratas Ratones y Rateros de  Sebastián Cordero (1999), de Pasos de baile ( up stairs dance ), John Malkovich (2002), 1809-1810 Mientras  llega el día de Camilo Luzuriaga (2004), La miel de las Morojas  de Jorge Vivanco (2009), Eileen producida en Holanda en 2011, Mono con gallinas de Alfredo León y Tu Historia al aire, 2013,   Sácame a pasear de Micaela Rueda 2016, Isabel de Godín  de Yanara Guayasamín (2017), Agujero Negro de Diego Araujo y Generación Invisible de Irina Gamayunova  (2018) y Azules Turquesa de Mónica Mancero (2019.

Cenizas, tiene un rol especialísimo en su vida, pues en ese filme que sigue los detalles de una crisis familiar en medio de un desastre natural y en el que Diego tuvo el rol protagónico, interpretando el papel de Galo, un viejo artista plástico que dejó su hogar bajo una ola de sospechas y acusaciones de abuso sexual, obtuvo dos premios de reconocimiento como mejor actor. Uno en el Festival Cine de las Alturas, llevado a cabo del 7 al 14 de septiembre de 2019 en Jujuy, Argentina y otro en el Festival de Cine Internacional en Guayaquil. En Argentina, la cinta obtuvo el primer lugar en dos categorías: ‘Mejor largometraje de ficción’ y ‘Mejor actuación masculina’, otorgado a Diego Naranjo. Además tiene dos nominaciones  a mejor actor. Una en el Premio Platino, junto a Javier Bardem y otra a los Premios Colibrí.

La cinta cuenta que en medio de la imprevista erupción de un volcán, el protagonista se pondrá frente a su hija Caridad (Samanta Caicedo), a quien no ha visto en años y cuyo reencuentro removerá una serie de conflictos, silenciados por mucho tiempo. “El director Juan Sebastián Jácome me habló del proyecto y me encantó la idea, porque si algo me gusta como actor es caracterizar, crear el personaje desde su historia hasta el desafío de cambiar físicamente. Lo cual conlleva: investigar sobre el personaje y tomar algunas referencias. Me nutrí de lo que debía ser el personaje, que era un artista plástico, alcohólico en recuperación. Si hay algo que caracteriza a los actores es que somos curiosos y observadores, así que volví a explorar ciertos espacios de la vida bohemia de la ciudad, una experiencia fuerte pero que me sirvió para construir la forma de caminar, de hablar e incluso de mirar. Eso me sirvió para ser honrado con premio al Mejor Actor, lo cual es altamente satisfactorio y me lena de orgullo, logro que lo debo a todo el equipo que hizo Cenizas”.

Y en medio de esa intensa actividad, Diego nos sorprende con una confesión inesperada. Soy disléxico por esa razón se me dificultaba el tema de la lectura. De entrada a la primera lectura no los entiendo porque se me confunden los textos de los guiones, se me cruzan las letras por lo que debo leerlo tres veces y despacio y ya ahí los manejo”

Otras facetas

Pero Diego Naranjo no solo es arte, también ha incursionado en otros campos de diferente índole, actividades que compartía con la actuación que de una u otra forma, siempre estuvo presente. Obviamente en esta etapa de artista han sucedido muchas cosas en el ínterin, porque sabemos que del arte y el teatro no se puede vivir e hice otras cosas y mi vida fue impregnándose de otras experiencias. Así fui burócrata del Banco Central por dos años, tiempo en el que me gane el sorteo mayor y con ese premio en 1981, en sociedad con mi cuñado, abrí un bar: El Bogarín, en la zona de La Mariscal, quizá soy uno de los pioneros en la transformación de ese barrio como zona de entretenimiento y diversión. Por ese entonces había pocos bares y el mío fue uno de los primeros en ser un bar temático, pues dos parejas que hacían batucada. Yo estaba por entonces entre el teatro y el bar y en medio de eso tuve la posibilidad de ir a Cuba al Festival Mundial, al llegar, hice la solicitud para quedarme como parte del elenco del teatro del Escambray que era el ícono de la revolución cubana de ese entonces. Me  aceptaron. Entonces llamé a Ecuador a mi novia con la que estaba empezando a convivir para decir que mi iba a quedar, pero ella me dio la noticia que estaba embarazada y como iba a ser papá, me regresé, quedando allí  lo de Cuba, es que había que volver para crear las condiciones que la criatura que es mi primera hija, tuviera las condiciones para vivir bien. Entonces me dediqué más al bar que con algunos años de interrupción, por una etapa que fui hacendado, lo tuve hasta el 2010, en lo que siempre estaba haciendo cambios e innovaciones. En los últimos 13 años de vida del Bogarín, terminé la  relación con la gente que hacia el show porque se iban de gira y me quedé solo con el guitarrita y el baterista y nada seguí adelante porque a mí nada me para, soy de los que no me paran los problemas porque si algo soy es resolvedor de problemas. Así me subí al escenario a cantar durante todas las noches, canté durante trece años, pues tenía como base mi formación en canto y técnica vocal con la maestra Blanca Hauser; además bailaba salsa en los intermedios con la gente que quería bailar, porque tenía formación en danza contemporánea con el Maestro Wilson Pico y tenía destrezas en baile de Salsa y ritmos tropicales, también preparaba cocteles, ordenaba la cocina. Y ya me puse a cocinar en serio porque cocinaba desde niño, pues mi madre nos ponía a cocinar y a participar de la cocina, que es otra afición que me gusta y disfruto muchísimo. En el 2010 cerré Bogarín y con él una etapa de mi vida”.

Hacendado y empresario

Pero tanto la etapa del Bogarín, como la del arte, tuvieron como complemento otras actividades como la de hacendado y empresario agroindustrial. “A mi vuelta de Cuba, cuando estaba a punto de nacer mi primera hija, mi padre falleció, y había que hacerse cargo de la hacienda. Entre los hermanos decidieron que como el supuesto desocupado era yo, pues ellos tenían sus ocupaciones que eran importantes, consideraron que era yo quien podía asumir eso»

«Entonces tuve que hacerme cargo de una plantación  de palma  africana que estaba vinculada a una empresa de agroindustria que producía aceite y manteca vegetal. Fui involucrándome en la compañía y por un tiempo llegué a presidir el directorio de la compañía  fundada por mi padre y sus amigos, que luego la tomamos la segunda generación. En ese tiempo me dedicaba a la empresa haciendo de todo, pero siempre con la actuación metida en mis actividades. Así que me fui al campo en el sub-trópico a vivir por nueve años. Vivir entre comillas porque iba y venía de Quito, al principio, seguía manteniendo el bar, iba a la plantación en la que me quedaba tres días, y mientras estaba en Quito, aprovechaba para alguna película, participaba en alguna serie de televisión. Ya después por los horarios y las ocupaciones tuve que cerrar un tiempo el bar. Así pasaron nueve años, hasta que retomé la actuación del teatro con más seriedad y volví a escena algo que fue muy satisfactorio, muy rico. Además participé en algunas películas, tanto en el país como a nivel internacional como Pasos de Baile (After Dance) de John Malcovich que es sobre la captura de Abimael Guzmán que se hizo en 2002 y Eileen que se produjo en Holanda en 2012”.

Entre la cocina y los masajes

En esa época a más de empresario y actor, Diego tuvo otras actividades como cheff, pues reabrió su bar, el Bogarín y como masajista, actividad que le vino por osmosis como herencia de su madre. “Lo de los masajes viene por mi madre que hacia yoga y fue la primera mujer que dio clases de yoga por televisión en canal 6, cuando el canal quedaba en lo que hoy es el parque Itchimbia. Ella fue la maestra daba las clases y mi hermana mayor hacía de modelo y ejecutaba los ejercicios. Nosotros desde niños siempre estuvimos involucrados con aquello de la meditación trascendental, el manejo de la energía y demás. Nos iniciamos en meditación trascendental con un gurú de la India. En mi familia eso es tradición y siempre ha habido práctica de yoga. Hoy mi hija y mi sobrina son maestras de yoga en Guayaquil y tiene un estudio. Por mi parte, cuando empecé en la universidad, uno de mis maestros era masajista y él se curó de una enfermedad seria gracias a sus masajes que son una técnica terapéutica».

«Ese hecho me motivó a aprender la técnico y dar masajes,  primero lo hacía empíricamente, luego me preparé con un sensei japonés, y uno italiano hasta aprender de manera profesional. Esta es otra faceta de la cual disfruto, porque me permite también manejar mi propia energía. De hecho me hago auto-masajes cuando estoy muy estresado o tengo alguna dolencia física, porque el cuerpo es el que habla. Entonces me aprovecho de la técnica y me auto-masajeo. Esa técnica es la que me ha ayudado a tener una filosofía de vida diferente y a soportar este confinamiento al que estamos sometidos por la enfermedad y entenderlas cosas desde otro punto de vista. Este es el punto de vista que te lleva a dejar que las cosas fluyan y tratar de siempre ver el lado positivo de absolutamente todo para que tu cuerpo no se cargue de energías negativas. Eso hago en la actualidad y así  vivo las crisis que he atravesado que no han sido pocas, y que han sido soportables ya que gracias a eso he podido salir de alguna complicaciones. Durante el confinamiento estuve sin dar masaje porque la proximidad y el contacto físico, estaba vetado y había temor en las personas. Hoy que estamos entrando a la normalidad, he vuelto a dar masajes pero no como antes”

“Lo de cocinar es desde siempre. Es tradición familiar que nos inculcó mamá que desde niños nos hacía participar de la cocina con ella, poniéndonos a cortar, picar, y así hasta aprender a cocinar. Somos una familia grande, que siempre ha estado junta. Mi casa en Quito era grande con un gran patio y siempre los fines de semana estaban en mi casa, mis hermanos sobrinos, no menos de 20 personas y yo preparaba comida mexicana que nos gusta muchísimo porque mi madre es mexicana. A veces hacia fritada, caldo de pata, pero la preferida era la mexicana. A veces amigos y conocidos me pedían que cocine para sus recepciones. Y antes cocinaba en el bar. Así que siempre he cocinado. En este tiempo de confinamiento, al estar parada la actividad artística, y al tener la necesidad de generar recursos, he volcado ese gusto a realizar un emprendimiento. Ahora vendo bajo pedido, enchiladas que es una comida tradicional de México y de a poco me voy abriendo mercado”

Otras de sus actividades ha sido la de Difusión Cultural, tarea realizada en las Jornadas de Mayo del Consejo Provincial de Pichincha con Patricio Romero Barberis en 1978, Nuclearización Rural con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) bajo la dirección de Fabio Pacchioni en los ochenta y Jornadas culturales en la campaña de alfabetización con el gobierno de Jaime Roldós Aguilera (1981).

Un giro a Guayaquil

Y por un giro del destino, Diego, dejó su Quito natal para residir desde hace dos años en Guayaquil. Esta es la historia.  “Por esas cosas de la vida mi hija se vino a Guayaquil a terminar sus formación como bailarina. Entonces yo venía a Guayaquil a visitar a mi hija y mis nietas. Entonces una prima que vive acá, me sugirió que en vez de ir y venir y gastar, me dedicara a producir y a dar masajes como lo hacía en Quito. Así empecé a tener más trabajo acá en Guayaquil, algo que disfruto mucho porque me gusta el calor, yo le corro al frio, soy mal serrano, el frio excesivo me es poco grato, no lo disfruto, no me gusta, y soy más afín al calor desde que trabaje en el sub-trópico. Estaba en eso de los masajes y cuando me entero que salió una convocatoria del teatro Sánchez Aguilar para la obra musical Cante la Vida, sobre las producciones de Alberto Plaza. Nunca antes había hecho musical, pero igual mandé mi currículum, por mucho tiempo no me contestaron, hasta que un día me dijeron que debía venir a la audición, pero para eso yo estaba en Quito, viaje toda la noche para llegar a tiempo, hice la audición, tampoco me contestaron por mucho tiempo, hasta que un día me dijeron que sí y la condición era que me quedara aquí por cuatro meses para poder estar en el montaje que se hacia todos los días y me quedé. Un día el cineasta Sebastián Cordero se enteró que estaba aquí y me dijo: quiero que trabajes conmigo. Hicimos Rabia para teatro lo que significo quedarme seis meses más. Eso me significaba un año y tomé la decisión de mudarme a Guayaquil. Aquí he hecho doce obras de teatro, me han acogido con cariño, he conocido gente valiosa y lo que hago, lo hago con muchísima entrega en mi profesión que me gusta y que se a hacer»

«El responsable de que me quede en Guayaquil se llama Ramón Barranco porque gracias a él, que me abrió el espacio en el Sánchez Aguilar pude mudarme definitivamente acá. Otra persona muy importante para mi afincamiento en Guayaquil fue el actor Ricardo Velasteguí com quien he participado en varias obras. Por el tiempo de confinamiento, la actividad artística se detuvo, pero ya de a poco se va retomando y la próxima semana ya estaremos con obras en Pop Up”

La familia, su pasión

Otra de las pasiones, de Diego, es su familia compuesta por sus tres hijos y sus ocho nietos. Sus hijos: Rebeca, sicóloga, Camila, maestra de yoga y Joaquín médico, han heredado sus dotes artísticas. La hija mayor heredó la afición familiar por el baile, especialmente de salsa, y flamenco, la segunda hace danza aérea y su hijo menor, llegó a involucrarse en la tauromaquia, participando en varias corridas de toros. “Soy un padre orgulloso de mis hijos, aunque por ahora estamos dispersos, una vive en Guayaquil dando clases de yoga, la otra se fue a Francia a hacer su masterado y mi hijo que recién se graduó de médico está en Quito. Ser padre y abuelo no es lo mismo. La experiencia de ser abuelo no se compara con la de ser padre, como abuelo uno tiene el privilegio de recibirlos de visita y cuando llegan, los disfruto yo porque los papás no tienen autoridad en ese espacio que es de uno”

Su yo interior

¿Quién es Diego Naranjo? “Quien soy. En esto de la autodefinición puede que uno peque de alabancioso o egoísta, sabiendo que si algo hay en nuestra profesión del arte, es que siempre lidiamos con el ego y el ego puede ser mal consejero por un falso orgullo que se genera. Pero vamos a intentar hacer una semblanza mía muy anárquica también. Pero básicamente trato de ser un buen ser humano, de respirar oxigeno todos los días y transformarlo en felicidad y bienestar. Esa es la premisa fundamental a estas alturas de mi vida. Quiero seguir con la pasión de mi vida, que es el teatro y la actuación que me superan. Me gusta disfrutar de la vida, me gusta montar a caballo, manejar, la esgrima, me apasiona la cirugía y he estado en tres operaciones de observador, me gusta cocinar hoy lo hago en mi casa solo para mí, cosa que no disfruto tanto como cocinar para los demás. Me encanta bailar salsa, aunque bailo de todo, bailar es un gran ejercicio que sirve para mantenerse joven y para hacer que la energía fluya. Me gusta el ciclismo y la fotografía, la hice un tiempo y tuve un laboratorio en la casa, en mi cuarto con toda la implementación  necesaria. Ya no lo hago porque ya no hay esa tecnología antigua. Antes la foto era en papel y ahora nadie las tiene así, lo cual es lamentable. Hoy tomo fotos digitales. Me gustaría tener una casa o una propiedad cerca al mar que tanto me gusta, que sé que es algo que va a llegar, porque anhelo pasear en bote por el mar y disfrutar de los delfines y los caballos de mar, como disfruto en la tierra de los perros y los caballos. Pero sobre todo me gusta disfrutar de mi familia: hijos nietos hermanos sobrinos, eso es fundamental. He tenido dos matrimonios y algunas relaciones que no han seguido adelante pero no es que no hayan sido buenas, fueran bonitas y la disfruté  pero no me aferro”

A lo que sí se aferra, Diego es al arte y la actuación que son, como el mismo lo llama: su vida y en la que ha interpretado varios roles que lo han hecho sentir cómodo, a gusto y feliz, porque el naranjo que nació verde y el tiempo lo maduró, nació para actuar.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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2 comments

  1. Excelente entrevista, me gusta mucho el personaje que aflora en los diálogos, entrevista en donde se aprecia la espontaneidad de las vivencias del actor. Felicitaciones al periodista su mano profesional está en el origen de esta amena entrevista y al actor que ha sido capaz de llegarnos con un calor particular

  2. Doña Alicia. Muchas gracias por sus comentarios hacia la labor del periodista de lo cual me siento honrado. Cuando el personaje entrevistado es bueno, salen notas muy interesantes. El mérito total es del actor. Uno de los mejores del país. Gracias por seguirnos.

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