CLEMENTE YEROVI INDABURU

Hoy que el tren de la política ecuatoriana recorre por rieles zigzagueantes de corrupción e ineficiencia que avergüenza y perjudica a todo un país, vamos a tratar de enderezar el camino y abrir una ruta de esperanza, recordando y extrayendo del vagón de la memoria a uno de los políticos y presidentes de la República, más honestos y capaces de todos los tiempos: Don Clemente Yerovi Indaburu, sinónimo de pulcritud y eficiencia, quien ejerció su mandato en un período interino de facto, por muy poco tiempo, apenas ocho meses, del  29 de marzo de 1966 al 16 de noviembre del mismo año, tiempo suficiente para dejar una huella imborrable, que pudo ser mayor si permanecía más tiempo en el poder, que lo recobió de su predecesor Ramón Castro Jijón de la Junta Militar de Gobierno y se lo entregó a Otto Arosemena Gómez.

La Enciclopedia del Ecuador, escrita por Efrén Avilés Pino, en su sección de personajes ilustres, dice de él: “con amplio espíritu civilista, respetuoso de los derechos humanos y de las garantías ciudadanas conquistadas durante siglo y medio por nuestro Derecho Constitucional, hizo una administración pulcra, eficiente y progresista, auténticamente democrática. Restauró en corto tiempo la economía y las finanzas nacionales, pacificó el País -sujeto como suele acontecer al mar generalizado de las pasiones desatadas-, devolvió la confianza en la democracia y presidió comicios libérrimos para la nominación de los diputados constituyentes. Cuando se retiró efectivamente del poder dejándolo en manos de la Asamblea, el criterio unánime fue que la Patria ecuatoriana había perdido con su separación una coyuntura única para un definitivo enrumbamiento de su vida democrática”… “Su prestigio de hombre progresista y de amplia visión hizo que fuera llamado en más de una ocasión para ocupar importantes cargos públicos y privados en el campo de la industria y la banca”. (Jorge Salvador Lara. Fragmento del discurso pronunciado el 31 de julio de 1988, en el develizamiento del monumento con el que Guayaquil y la Patria rinden homenaje a su memoria).

Digno Patriota

Hasta la fecha de su nacimiento revela su identidad de patriota consumado, de un país en el que no nació por cosas del destino y la política, pero que fue suyo por ley y por derecho y al que amó, defendió y lideró como pocos. Nacido en Barcelona, España el 10 de agosto de 1904, mientras su padre ejercía el cargo de Cónsul General del Ecuador, por lo que fue inscrito en la embajada ecuatoriana, lo que le da la calidad de ecuatoriano de nacimiento, el ex mandatario, es hijo de Clemente Yerovi Matheus y de María Indaburu Seminario y llegó al país a los cuatro meses de edad llegó con sus padres a Guayaquil, y pocos años más tarde -como casi toda la juventud de su época- ingresó al tradicional Colegio Vicente Rocafuerte donde inició sus primeros estudios; posteriormente viajó a la ciudad de Quito, donde los culminó en el Colegio San Gabriel de los jesuitas. Su actividad creadora lo llevó a transitar por otros senderos y se dedicó también al comercio y a la agricultura, actividades que le permitieron -gracias a su esfuerzo y trabajo honorable- amasar una considerable fortuna.

Su biografía publicada en la enciclopedia virtual Wilkipedia, señala que: De joven se dedicó a la navegación fluvial y de cabotaje por lo que conocía de memoria la cuenca del río Guayas el Golfo de Guayaquil y las costas ecuatoriana y nor-peruana. Dejó la vida marinera y comercial y empezó una carrera de ejecutivo: fue presidente de la Sociedad de Agricultores de los Ríos en 1935, del Banco de Crédito Hipotecario en 1936 y de la Cámara de Agricultura del Litoral en 1939; director del Banco Central en 1938, ministro de Economía de Galo Plaza Lasso entre 1948 y 1950, cartera desde la cual planeó e impulsó la producción de la riqueza bananera. Presidió la Junta Monetaria entre 1951 y 1952, dirigió el Banco Nacional de Fomento en 1955 y 1956 y promovió asociaciones agrícolas, comerciales industriales y pesqueras.

Sobre estos cargos, Enciclopedia del Ecuador al referirse a su cargo de Ministro de economía dice: “Como tal estimuló y orientó la producción bananera hasta convertir al Ecuador en el primer país productor y exportador de banano del mundo” y sobre su cargo de Senador de la República entre 1951 y 1955, escribe: “Desde el Congreso inspiró leyes orientadas a solucionar práctica y efectivamente los grandes problemas que a través de los años han azotado a la economía de los ecuatorianos. También desempeñó el cargo de Presidente de la Junta Monetaria, entidad a la que condujo por acertados caminos, trazando una política económica y cambiaria altamente beneficiosa para todos los sectores de la producción”.

La reseña de Wilkipedia agrega que: “Se hizo cargo de la Junta Nacional de Planificación en 1962 y elaboró el Plan Nacional de Desarrollo empezado con Carlos Julio Arosemena Monroy  y entregado a la Junta Militar en 1964. Sirvió como embajador ante el Mercado Común Europeo en 1965, dignidad a la que renunció por considerarla una sinecura (piponería). Jorge Salvador Lara, canciller de la República en tiempos de Yerovi, lo consideraba «un varón consular de acendradas virtudes republicanas, un personaje cordial, lleno de gracejo, recursos prácticos».

Su presidencia

Enciclopedia del Ecuador, cuenta los antecedentes que rodearon antes de su permanencia al poder. “A principios de 1966, la Junta Militar de Gobierno que presidió el Calm. Ramón Castro Jijón empezó a vivir sus últimos días, cuando en todos los rincones del Ecuador -y especialmente en Guayaquil- se alzaban voces de protesta en su contra por la caótica situación económica a la que había llevado al país. Se reunieron entonces en Quito los ciudadanos más prominentes, destacados militares y representantes de los partidos políticos, quienes luego de varios días de deliberaciones, el 29 de marzo acordaron llamarlo para que asumiera el poder y condujera al país hacia la constitucionalidad”.

«Caída la Dictadura Militar, gracias a la unidad del pensamiento libre expresado a través de los partidos políticos de signo democrático y de los órganos de opinión conscientes de su responsabilidad histórica, las esperanzas de un pueblo ansioso por retornar al régimen de derecho confluyeron en la persona de un ciudadano honesto y patriota, cuyo espíritu se había forjado en el servicio público dirigido hacia las nobles finalidades que inspiran el auténtico culto de los valores nacionales. Un objetivo primordial e irrenunciable tenía don Clemente Yerovi Indaburu al asumir la Presidencia Interina de la República: Encauzar al país hacia la reconquista de la democracia representativa, amordazada por un Gobierno de Facto que nació de la traición al juramento sagrado de respetar la Constitución que regía el desenvolvimiento institucional del estado ecuatoriano» (El Tiempo de Quito, nov. 17/66).

Sobre el ejercicio de su presidencia, Wilkipedia, dice: “Fue presidente interino desde el 29 de marzo de 1962 al 16 de noviembre de 1966. Cedió su cargo a una Asamblea para que eligiera a su sucesor. Siete meses y medio gobernó Yerovi. Recibió el cargo del General Telmo Vargas, Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, al renunciar la junta de gobierno. Dio libertad a los presos políticos, no apresó ni desterró a nadie, restableció el derecho a la huelga y a asociarse, respetó las garantías ciudadanas y aunque elegido de facto, él mismo se sujetó escrupulosamente a la Ley. Gobernó con independencia de los partidos y formó un gabinete de concentración nacional. Restableció la vigilancia sobre las doscientas millas de mar territorial medidas desde la costa del Pacífico y las del Archipiélago de Galápagos y suscribió el Acuerdo de Cartagena, célula inicial del Pacto Andino. Fomentó el desarrollo de las finanzas particulares con la fundación de la Corporación Financiera del Ecuador (Cofiec) y con la apertura de la primera sucursal del Bamco de Pichincha en Guayaquil. Hizo posible la planificación y posterior construcción del puente sobre el río Guayas, obra de trascendencia para unir la Costa y la Sierra. Creó el Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional (Secap) y la Flota Bananera.”

“Una vez instaurada la Asamblea Constituyente, renunció a su cargo y lo puso a disposición de los nuevos legisladores. No le fue posible leer su mensaje final a la nación. El mismo día, regresó a Guayaquil conduciendo su vehículo”.

Legado

Clemente Yerovi Indaburu, al dedicarse por entero a la economía, conocía de sus problemas, sabía del movimiento bancario, de los seguros, de la industria, agricultura, de la integración multinacional, del transporte marítimo y terrestre. Yerovi, pacificó al país, gobernó con las maletas hechas. Ciudadano honesto y sencillo, el poder no lo envaneció. En su administración se dictaron leyes de defensa profesional, entregó un país en marcha, luego de afrontar los más acusantes problemas, que en algunas ocasiones parecieron insolubles.

Conocedor del campo y del río, fue capitán de altura de la cuenca del río Guayas, su abuelo Pablo Indaburu Ortiz, catalán afincado en Guayaquil, era dueño de vapores fluviales en los que aprendió el oficio desde marinero a capitán.

En sus memorias dice que cuando subió al solio presidencial, él devoto de la Providencia, pidió se le concediese tres favores: 1) No tomarle amor al poder; 2) Llegar a la Constituyente de 1967, y 3) Equivocarse lo menos posible. Dice, en ellas, que vivió agradecido que se le concedieron esos favores. (Aporte de Gastón Alarcón Obando, abogado criminólogo e historiador guayaquileño).

Yerovi, casado con Victoria Gómez Icaza, con quien procreó cuatro hijos (María Laura, Elena Clemente y Fernando Yerovi Gómez), fue un ilustre personaje, quien buscó siempre apegarse a la ley, a pesar de reconocerse a sí mismo como un gobernante de facto. El trabajo honesto, el desinterés político y el liderazgo innato, en conjunción con un amplio conocimiento de la economía mundial, fueron algunas de las cualidades que puso al servicio del Ecuador. Llegó a la administración del estado en el momento en el que el país más lo necesitaba, afrontando el reto que la historia colocó en sus manos, con altura y patriotismo. (Aporte de Iván Gárate Sarmiento)

El colofón de su semblanza lo señala: “No era político, pero era un gran patriota. Por eso su designación como Presidente Interino fue recibida con gran satisfacción por todo el pueblo ecuatoriano… pero el pueblo y la opinión pública rechazaron y desbarataron dicho argumento, y recibieron su designación con grandes muestras de respaldo y satisfacción, y con la seguridad de que un nuevo futuro se abría para los ecuatorianos”.


Fotos: enciclopediadelecuador.com; fotografiapatrimonial.gob.ec; guayaquilesmidestino.com;

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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