ADRIANA UN REGALO DE NOCHE BUENA

Su nacimiento es un regalo de Dios para la vida, que se dio justo en la Noche Buena de 1964, como un don de presagio del triunfo que la iba a acompañar siempre y un augurio de bienaventuranza para el devenir de su vida. Ese 24 de diciembre, la estrella de Belén se iluminó más que nunca, porque nació una persona predestinada a brillar. Ese día que nació, los Reyes Magos le hicieron tres regalos: su belleza física y moral, su capacidad intelectual y su talento innato para las artes en la que ella es el arte mismo. Adriana Manzo, actriz, presentadora, animadora, cantante y dobladora de voces es el oro, la mirra y el incienso que se mantiene en vigencia eternamente con una carrera de 35 años llena de luces y aplausos. Los Reyes Magos no se equivocaron con ella. El oro es un reconocimiento de su realeza, porque ella es la reina de la actuación que reina por sobre el tiempo y el espacio. El incienso, es un homenaje supremo a su divinidad, porque ella frente a las cámaras, en un tablado o cantando es divina y la mirra, es un anuncio a sus padecimientos como redentora que redime al arte y lo pone por todo lo alto.

Adriana, mujer guayaquileña, mujer de bien, es eso y mucho más. No es casualidad que haya nacido víspera de navidad, la misma fecha en el que el todopoderoso vino al mundo. Y ella vino al mundo para cumplir una misión en diferentes ámbitos de la vida. El devenir del tiempo dice que ha cumplido, porque es buena actriz, buena mujer, buena madre, buena persona y buena amiga. Si sabré yo de amistad con ella con quien tenemos una relación fortalecida de más de 30 años, tiempo en el cual hemos aprendido a aceptarnos y querernos. Entrevistarla es un honor porque no solo es descubrir a la amiga de más de tres decenios, sino permitir que la conozcan en su real dimensión.

Su vida antes de la tele

Antes que Adriana brillara en la cámara como lo que es, un ángel de luz, ella tuvo una vida previa, intensa y feliz. Aún no llegaban los flashes de la popularidad y la niña Adrianita y la joven Adri, vivían su mundo en el que merodeaba el arte que moría por atraparla. “Mi vida de niña y adolescente se desarrolló en el centro de Guayaquil en el que fui muy, muy feliz. Fui parte de ese Guayaquil hermoso, añorado, que hoy penosamente ya no existe. Yo viví en el Centro en la época que casi todo Guayaquil vivía allí, porque nuestra ciudad nació en el centro, luego se extendió al norte y al sur, pero en mi época, el Centro era todo. Yo primero viví en Vélez y García Avilés después en Urdaneta y Córdova. De niña me encantaba salir de la mano de mi abuelo a caminar. A él le encantaba caminar de noche y me llevaba a pasear por el Malecón, la Nueve de Octubre y el Gran Pasaje. Con mi padre, íbamos al Malecón que no es como ahora. Él me sentaba en el borde de la pileta, sin zapatos para mojar los pies en el agua, mientras me contaba historias de la ciudad, los monumentos, del Malecón de cómo nació la ciudad y como era. Nací amando ese Malecón que además de jugar, me servía para esconderme. Yo vivía cerca de allí y cuando hacía alguna travesura en la casa y me buscaban para reprenderme, yo abría la puerta y me iba corriendo al Malecón y me lanzaba de cabeza en la playita al borde de la ría, que entones era un extenso manglar. Después de un tiempo, cuando pensaba que a mis padres se les había pasado el coraje  volvía a la casa, toda sucia, enlodada, apestosa e igual me daban. No me salvaba. Uno jugaba en el malecón, era como el patio de la casa. Me subía al muelle, a los lanchones que hacían viaje entre Guayaquil y Durán, a correr entre los árboles. Cuando era chiquita y veía las carretillas tan pesadas jaladas por un burro, me ponía a llorar, me daba pena el sufrimiento del animal y pensaba y sigo pensando: que no debería ser permitido eso y pensar que en muchos rincones del país, sigue pasando eso. Debería haber un reglamento, pues el burro no es un equino muy grande para someterla o a tanta carga. Ya a esa edad sentía que el arte me llamaba. Entre las actividades de la escuela, practicaba danza española y  flamenco. Lo hice de chica, lo hice con mucho cariño agrado alegría y fui descubriendo que me gustaba el arte. Fui una niña feliz viviendo en el Guayaquil de ntes donde había mucha naturaleza, seguridad, armonía y paz.”

La hermosa etapa de su niñez en el centro la vivió también en la adolescencia con otras inquietudes y otras aAdermas ctividades. “Tuve una juventud muy linda y feliz. Con la gallada del centro, andábamos en bicicleta, paseábamos por el malecón, compartíamos reuniones, conversábamos, departíamos. Por aquella época la mayoría de las actividades se desarrollaban en los colegios, ya sea en deporte, arte, cultura, actos sociales, etc. Al frente de mi casa quedaba el colegio de la Junta de Beneficencia y a pocas cuadras de mi casa, estaba el colegio San José, allá íbamos a los eventos que se desarrollaban. Era muy bonito caminar por el centro con la brisa deliciosa tropical que venía del río. Añoro el Guayaquil de antes, que tenía una vida deliciosa, de salir a Las Peñas a visitar familiares y amistades y pasar el día con ellos. Era otra vida, muy hermosa, todos nos conocíamos, nos saludábamos en las calles. Los vecinos y amigos sabían el origen de uno y uno sabia el origen de los demás, pasabas por la calle y  te decían; tú eres la hija, la nieta  de fulano de tal.  Crecí en el  Guayaquil que contemplaba desde el comedor de mi casa donde me sentaba todos los días, veía como brillaba el río, veía ese Guayaquil de cielo azul, la imponencia de las palmeras, el movimiento de los barcos y el comercio. De pronto cambio todo, hasta el cielo y el río cambiaron de color y se hizo un microclima de tanto cemento. Con mucha pena empecé a ver otro Guayaquil, veía desde el balcón de mi casa como la gente se iba cambiando a otras zonas, como Urdesa que recién nacía. Luego llegó otra gente con otra actitud, otras maneras de actuar y otra actitud. Guayaquil cambió y un día tuve que dejarlo.” Y lo dejó para ir a Quito en donde hoy reside junto a su familia.

En esa época de juventud, Adriana estuvo coqueteando con el arte y la comunicación, que luego, años después, sería su carrera. Así en 1979 por la tonalidad de su voz y su buena figura, se enrumbó en el mundo de la locución y el modelaje, que a la postre serían sus primeros acercamientos al medio del espectáculo. “A los 14 años me llamaron de una productora de audio para locutar un comercial porque necesitaban una voz con mis características, y hoy 41 años después sigo siendo una locutora comercial. Por esa época misma época, me llamaron para modelar en pasarela y estuve un tiempo en eso y así me fui descubriendo poco a poco, como el arte me iba llamando, me iba jalando. A los 16 años, me presentaron al famoso cantante Eddie Erazo que tenía con tata Villao un famoso cuarteto y yo los iba a ver ensayar y empecé a cantar, él me iba enseñando como cantar, iba afinando la voz, me iba formando, me fue entonando y me fui descubriendo como cantante. Así mismo entre a talleres de teatro en el centro de arte y de a poco, fui involucrándome en actividades artísticas y desde jovencita empecé a salir en comerciales  que a la larga fueron mis primeras apariciones en televisión.”

Nace la conductora y actriz

Ese coqueteo con el arte y esa vinculación con diversas actividades artísticas fueron enrumbando el camino del destino para que un día la causalidad se convierta en causalidad y Adriana llegue un día al mundo del arte para quedarse por siempre. Corría 1985 y tenía 20 años cuando por primera vez se subió en un escenario y se estrenó como actriz, al participar en la ópera rock “Historia de  la Calle 10” de Guillermo Loedel y Enrique Navarro que se presentó en Guayaquil en el antiguo teatro Nueve de Octubre y en Quito en el Teatro Sucre. El camino a seguir estaba listo. “Estando en los talleres de teatro, me contrataron para participar en una obra. Antes de presentarla, se hizo una premier para la prensa y a ella asistió como periodista a cubrir la información Jorge Delgado Guzmán, quien al verme me dijo: Niña tu deberías estar en televisión. Luego, el me contactó con Ecuavisa y así ingresé a la televisión”.

Fue en 1981, a sus 21 años que Adriana se estrenó en la televisión como conductora, al ser parte del panel del programa Complicidades de Ecuavisa que fue una de las primeras revistas matinales televisivas del país. Allí, junto a Pilar Serna, María de Lourdes Padilla y Gianella Avellaneda fue parte del primer equipo que tuvo el programa que completó trece años de permanencia en la TV nacional y por el cual pasaron decenas de animadores.  Paralelo a ello, hacía el doblaje de la voz en español para el programa infantil el Show de Xuxa, que animaba la actriz, cantante y conductora brasileña María da Graça Xuxa Meneghel. Poco después fue la conductora  de Estrenos y Estrellas, un programa que presentaba novedades del mundo del espectáculo nacional e internacional.

Luego la conductora de televisión, mutó hacia la actuación y a partir de allí inició una larga y reconocida carrera como actriz de series y telenovelas en las que casi siempre se robó el show con sus bien interpretados personajes. Así, en 1990, a sus 25 años tuvo su primera producción: La Jaula, un melodrama de 30 capítulos, escrito y dirigido por César Carmigniani, que se transmitía en horario estelar del domingo a las 20h30. En esa historia que trataba sobre una mujer encarcelada injustamente, por un crimen que no cometió y que en la cárcel encuentra al amor de su vida y sale libre, Adriana, compartió roles protagónicos con Gonzalo Samper, Rosa Victoria Pardo, y Jeniffer Oeschle y artistas de reparto como: Carlos Clonares, Cristina Rodas, Claudia González, Hernando Rojas, Ruth Bazante, Luís Montesdeoca, Clara Salgado, Fanny Zamudio, Lucía Rivas, Carlos Júlio Cisneros, Camila Albán, María Eugenia Rodriguez entre otros.

Luego a sus 27 años, entre 1992 y 1993, actuó en la telenovela Isabella, un drama de 100 capítulos, transmitido por Ecuavisa, escrito por María Antonieta Gómez y Antonieta Gutiérrez,  dirigido por Marcelo Del Pozo, en la que compartió roles con María Sol Corral, Jaime Araque, Carlos Delgado, Elba Alcandré y José María Bachelli. Además, simultáneamente para la misma estación era la animadora del programa taurino “Fiesta y Toros”, que se transmitió por las fiestas de Quito.

Luego en 1993 tuvo su primer cambio de estación televisiva y pasó a Teleamazonas en la que actuó en las mini series Chicos de la Calle y No Quiero Ser Bella, de César Carmigniani. En esta producción ambientada en el Quito de los 90, ella tuvo el rol  coprotagónico  junto a los protagonistas Laura Suárez y David Gil, y los ya desaparecidos Gonzalo Samper y Martha Ormaza.

Allí fui la mala de la película y el personaje terminó siendo la figura principal. La serie contaba la historia de una hermosa mujer, interpretada por Laura Suárez, que temía enamorarse pues era víctima de una terrible maldición que le prohibía vivir el amor solo por ser bella. Ella intentara por todos los medios acabar con su belleza para que ningún hombre se fije en ella por lo que acude con un doctor (David Gil) para que le haga un cicatriz en el rostro y la deje fea, pero él se termina enamorándose de ella y yo me convertí en su más enconada rival que hacía lo imposible por separarlos, al punto que cité a la pareja a un lugar para asesinarlos, les disparé y luego de ello, me suicidé. El doctor murió pero mi rival logró salvarse y yo al morir cumplí con el maleficio de su abuela que una bella moría por amor».

Después en 1995, tuvo un nuevo cambio de casa televisiva y pasó a TC para actuar en el largometraje de ficción de 97 minutos de duración, Amor en Tiempos de Guerra, un filme que si bien estaba basado en hechos reales su libretos estaba sujetos a la creatividad de su autor, escrito y dirigido por Juan Carlos Terán, cuya trama contaba que a punto de estallar la guerra del Alto Cenepa de 1995, Mateo, un músico famoso y Natalia, hija del Embajador de Perú, viven su amor prohibido.  Allí compartió roles con  Vilma Sotomayor, Francisco Terán, Caspián Kuykendall, Estela Redondo, Jorge Vivanco, Juan Carlos Terán, Joel Sotolongo, Pedro Saad V., Orlando Schwaitz, Álvaro Correa, Héctor Wall, Antonio Santos, Cristina Morrinson, Mario Sastre, Jaime Zapata.

“Mi papel fue el de la esposa del embajador y madre de la protagonista que tenía amores con un músico, relación en la que yo no estaba de acuerdo por considerar que mi hija merecía alguien mejor que un músico, lo cual me traía conflictos con mi hija. El contexto de la serie trataba de un tema de interés como fue la guerra del Alto Cenepa y la trama fue bien elaborada matizada con esos problemas sentimentales que trae la vida. Fue una grata experiencia trabajar allí y compartir con grandes actores, a los que aprecio mucho.”

Un año después, en 1996 volvió a Ecuavisa para ser  la voz femenina en off del canal en Quito y actuar en los dramatizados del programa Pasado y Confeso, un programa conducido por Ramiro Pérez, que narraba casos reales de situaciones raras que se habían dado en Ecuador. Además en mayo de ese año, actuó en el largometraje El Milagro de Las Cuevas, un filme de 84 minutos, escrito por Catalina Ledeboer y dirigido por Carl West, en el que tuvo un papel principal y compartió roles con los protagonistas Amaia Merino, Gonzalo Samper (+) y Elena Torres.

“Allí hice el papel de una reportera de televisión. La trama se desarrollaba en el pueblo las Cuevas, donde se realiza un milagro en una joven llamada Iné, muy creyente y muy apegada a la Iglesia. Yo que no creía en la religión, fui designada para para entrevistarla. Fui al encuentro con ella y con el tiempo surgió un gran lazo de amistad entre nosotras, que cambió la vida de muchas personas para siempre. Fue un filme de gran contenido.”

Tras ese filme, paró su carrera por doce años, para ser ama de casa, madre de familia y dedicarse por entero al cuidado de sus hijos Valeria y Adrián. Corría 1996 y ponía un paréntesis muy largo a una carrera que la tuvo siempre en el top de los talentos de pantalla del país.

Pero quien tiene el bicho de la actuación en las venas, un día se deja picar por él y fue el caso de Adriana quien en 2005 volvió al mundo del espectáculo para filmar la novela de Ecuavisa, “El Cholito”, una parodia del periodista José Delgado, producida en 120 capítulos, exhibida en 2006, escrita por Christian Cortez, Eddie González, Jorge Luis Pérez, y Cecil Estacio, dirigida por Jorge Toledo y protagonizada por David Reinoso, Giovanna Andrade y Flor María Palomeque con la participación especial de la venezolana Ruddy Rodriguez y la actuación antagónica del colombiano Julio César Herrera, el cubano Bernando Menéndez y el ecuatoriano Andrés Garzón.  “Para esa producción, tuve que cambiar de look y me convertí en rubia intensa. Allí hice el papel de la mejor amiga de Doménica Rossi, que era interpretado por Ruddy Rodríguez, quien era la novia del hijo del dueño del canal, un joven, vividor, mujeriego que hacía sufrir a mi amiga por lo que yo le aconsejaba para que termine con esa relaciónque la hacía sufrir”.

En 2007 actuó en el seriado Súper Papá, transmitido por Ecuavisa, una serie dirigida por la directora cubana Nitzy Grau, en la que compartió roles con Paul Martín, Maricela Gómez, Paola Jaramillo, Verónica Pinzón, Ariana Burgos, Carolina Ossa, Marcelo Gálvez y Gisella Garbeza. “Allí hice el papel de la estricta tía Norma, que como dice el nombre, era la que ponía las normas de conducta a mis tres sobrinas Susi, Angie y Vivi, quienes al quedar huérfanas, vivían con el papá sin una figura materna que las acompañara, figura que yo como tía aunque no vivía con ellas, trataba de cumplir, visitándolas con frecuencia, pero al ser muy estricta con ellas, había ciertos problemas que interferían en la relación familiar”

Dos años después en 2009, apareció en la telenovela Kandela de Tc, una serie creada por Stefanía Isías con guion de Ignacio Sanz y Cecil Stacio en la que protagonizó a Soledad Cervantes, la Mamina, madre adoptiva de las integrantes del grupo musical Kandela y Son, Jasú Montero, Jordana Doylet, Dora West y Kymberly, protagonistas de la novela desarrollada en el campo y en un pequeño pueblo cercano.

La trama narraba la historia de Jasú, Dora, Jordana y Kimberly cuatro hermanas abandonadas desde niñas por sus padres biológicos, a quienes yo adopté, convirtiéndose en su estricta pero amorosa madre, quien cuidaba de sus hijas como una fiera que no permitía que nadie les haga daño. Mi papel era de una mujer fuerte, sobreprotectora, dueña de la hacienda las Nereidas, que tenía que cuidar de cuatro hermosas jóvenes que sueñan en convertirse en cantantes, algo con lo que no estaba de acuerdo, por los prejuicios que hay sobre las carrera artística. En el pueblo había otro hacendado, el malvado Héctor Carreño (Gonzalo Samper +), con quienes teníamos una gran rivalidad porque él me quería quitar la hacienda que era el hogar de mis hijas y yo no lo permití hasta que viví en la serie, porque al final los libretistas me “mataron” de un infarto”.

En 2009 participó en la serie de drama y suspenso Mujeres Asesinas Ecuador que transmitió Ecuavisa en horario estelar y en la que interpretó a Laura en el capítulo La Encubridora. La serie, franquicia de un programa argentino de gran éxito, contó con actrices del medio de la talla de Katherine Velasteguí, Aída Álvarez, Silvana Ibarra, Anghela Roncancio, Dallyana Passailaigue, María Fernanda Pazmiño y Lucciana Grassi.

“En mi capitulo denominada la encubridora, hice el papel de una madre que  tiene una hija adolescente de dieciocho años, que está en el último año de colegio. Yo hace unos años tenía una pareja estable que vivía en la casa, pero lo que no sabía es que este hombre abusaba de mi hija. Un día al abrir la puerta, vi como mi hija en defensa propia lo mataba. Ahí me entero de todo y planeo que este hecho quede como que el hombre se había suicidado. Pasaron los años y nadie sospechó, pero yo nunca pude superar el trauma de no poder ayudar a mi hija desde un principio»

«Un día Laura decido ir al gimnasio y ahí conozco a un entrenador muy apuesto que me seduce y con quien empiezo a tener una relación abierta. Cuando se entera mi hija, ella  no puede evitar deslumbrarse por la belleza de este joven, y decide seducirlo. El envuelto por la fantasía de estar con las dos, acepta. Todo parece estar muy bien, hasta que pasan los meses y se da cuenta que se encuentra en un callejón sin salida; cuando decide poner fin a la situación, mi hija no lo deja ir, le dice que se quede con las dos; como él no quiere, ella lo mata. Yo llego unos segundos después y al ver la situación, decido hacerme cargo: llamo a la policía y me echo la culpa y voy presa, con lo cual siento haber pagado esa culpa que no me dejaba vivir en paz».

En 2010, actuó en Rosita La Taxista de Ecuavisa junto a Claudia Campuzano, Diego Spotorno, María Fernanda Ríos y Jonathan Estrada. En 2012 volvió a hacer dramatizados con Milagros y Recuerdos que transmitió Ecuavisa, El 2018, marcó también su vuelta al mundo de las telenovelas para actuar en Sharon La Hechicera, una novela biográfica de la fallecida cantante nacional de tecno cumbia, Edith Bermeo, en la que interpretó a la madre de Pilar, protagonizado por Cinthia Coppiano. “Mi papel era el de una mujer de alta sociedad que como madre, por interés y por mantener las apariencias, inculcaba a su hija que sepa sobrellevar lo malo que su esposo pueda hacer, mientras ella tenga todas las comodidades y viva bien de acorde a su clase social. Pero mi hija, decepcionada por el mal trato y las constantes infidelidades de mi yerno, se desencanta y se enamora del chofer, algo que para mí es inconcebible y que no podía permitir, por lo que vivíamos en eterno conflicto madre e hija

Adriana en las Tablas

Adriana es una actriz completa que ha estado  televisión, teatro y cine. En teatro en 2012 volvió a las tablas para la obra “Sopla” que se exhibió en el Centro de Arte; luego de seis años en 2018 actuó en la obra Tartufo de Moliere que se presentó en el Centro de Arte de Guayaquil, y en el que actuó en el personaje de Elmira, compartiendo tablas con Lucho Mueckay, Poen Alarcón, Xonia Varela y Héctor Garzón.

“ Tartufo es una comedia hilarante, una obra teatral clásica ambientada en la corte francesa siglo XVII, que a pesar del paso del tiempo sigue teniendo vigencia pues a pesar que fue escrita en 1660, se relaciona con la sociedad actual llena de corrupción e hipocresía, en la que se debe decidir qué posición tomar frente a lo que nos rodea. En la obra, Tartufo, el estafador, intentará manipular a una opulenta familia para quedarse con todos sus bienes».

«En esta obra, para mí, la construcción de los personajes es dictaminada por la escritura del mismo Molière. El da los matices y uno tiene que agarrarle el sentido de lo que dice y adaptarlo. Para mí, Elmira, mi papel es una mujer impredecible. Ella es  la esposa de Orgón y madrastra de Damis y Mariana, más tranquila que su marido, y bastante sensata y precavida. Su principal objetivo será la de proteger el futuro de Mariana, para que no se case con Tartufo y se case con Valerio que es  el hombre a quien ella ama,. Al igual que el resto de su familia, intenta hacerle ver a su esposo la verdad sobre Tartufo, sin éxito. Rechaza claramente tanto la hipocresía como el victimismo en las mujeres”.

En el cine

En 2015, Adriana volvió al mundo cinematográfico para hacer en los años subsiguientes cuatro películas: Con Alas Pa´ Volar (2016), un film nacional del género cómico-dramático, dirigida por Álex Jácome y protagonizada por el cantante Felipe Centeno junto a  los actores Fabio Nieves, Katherine Palma, el mexicano Arturo Allen, Darío León, Marco de la Torre, Gabriela Jiménez, Sujey Delgado y Raúl Portilla.​ Luego en 2017 actuó en  Tal Vez Mañana de HCJB, un drama policial, dirigida por Dwight Gregorich, en la que compartió con Wilson Salguero, Darío León, Marco De la Torre, Ana María Vera, Dwight Gregorich y en Horas Exaustas de Leandro Sotomayor, un filme que retrata el secuestro de menores y en la que comparte roles con el mismo Sotomayor, Sandra Espinoza, Lorena Robalino, María Carla Gómez, Roberto Ayala y Pedro Saad. En 2018, estuvo en 303 Rescate, también de Gregorich, un thriller drama, en el que estuvo junto a Karen Montero, Darío León, Ricardo González y Pancho Tello. En 2019, filmó otra película aún por estrenar, ADH (Alguien Debe Hacerlo) en la cual es la protagonista.

Galardonada

Adriana siempre ha tenido una carrera siempre exitosa que constantemente la ha galardonado con estatuillas, como aquella que recibió en 2017 cuando ganó el premio diamante a mejor actriz, por sus 30 años de carrera, que lo recibió en el teatro Prometeo de la Casa de Cultura, en evento, que fue organizado por Iván Silva y Gina Villacís, y en el que se premiaron además a otros artistas, varios de ellos latinos. Además, la película nacional Con alas para volar, dirigida por Álex Jácome y en la cual participó Adriana, fue elegida como mejor guion. “Recibir un premio es una felicidad enorme, pues es el reconocimiento a un trabajo bien hecho, algo que he realizado por 30 años, soy agradecida de los reconocimientos y sigo haciendo lo que me gusta mucho cine y teatro”,

Adriana detrás del telón

De la Adriana artista ya escribí bastante y con lujo de detalles. De la Adriana persona hay también mucho que decir. ¿Quién es Adriana Manzo? “Adriana Manzo es una guayaquileña, nacida un 24 de diciembre por lo que soy una y una capricorniana neta. Soy, un espíritu en evolución constante, un alma en búsqueda de la luz divina cada día, un ser despierto ante lo que el universo presenta, una unidad de cuerpo alma y espíritu que persigue cumplir dentro de sus imperfecciones humanas, los mandatos de Dios, tratando así de ser mejor cada día y superar las fallas en las que cae el humano dentro de este sistema. Soy una persona que ama los animales. Tengo mi perrita raza nayare y dos gatas, de quienes me siento responsable .Tengo un hermano maravilloso que lo amo. Es divertido tener un hermano y es necesario tener ese ser que te atienda, te consuele, te de cariño y calor humano. Lo amo mucho me ha dado sobrinos maravilloso y soy madre de dos hijos hrermosos  Valeria de 28 años y Adrián de 27 profesionales, seres mavillosos seres que escriben su propia historia, aunque una madre nunca deja de serlo jamás, no tengo nietos pido pero no me dan, Vivo en Quito porque me enamore de ella y soy feliz”

“¿Que me gusta? Me gustan las plantas, la agricultura. Me encanta la comida italiana y nuestra comida ecuatoriana dentro de sus raíces originales, autóctonas de cada región, sin fusiones ni remodelaciones, la cocina describe las raíces de un pueblo, por lo tanto se debe respetar, miro con respeto lejano las fusiones que presentas ciertas culturas culinarias modernas, mas amo y abrazo las raíces originales de cada sector. Si observas detenidamente, la cocina, te cuenta la historia de un pueblo, se va transformando y mestizando que no es lo mismo que fusionando. Te doy un ejemplo, la papa guarda calor, Dios la hizo así para los sectores andinos, de tal manera que cuando la comes, tu cuerpo conserva calor, además de los valores nutritivos que esta contiene. Imagínate nuestros indígenas en sus chozitas, dentro de un ambiente helado en su exterior, pero dentro, tienen un fogón y alrededor de este fogón se ha sentado la familia a comer papitas hervidas, choclos cocinados acompañados que queso, algún hervido de guayusa, alimentos nutritivos y que calientan al organismo, y mientras comen, se abrigan con el calor del fogón. Al transcurrir del tiempo, la misma papa andina, o cualquiera de la muchas que tiene el Ecuador, se ha convertido en una torta de papa, a manera de una lasagña italiana, ¿qué historia nos está contando? si no es acaso que llegó la influencia europea a nuestra tierra, utilizando los alimentos propios de nuestra región.”

Vaya que clase se mandó, toda una clase gastronómica. Resultó apasionada de la cocina. “Si es un tema que me apasiona. Es que las cocinas del mundo te cuentan sobre los mestizajes realizados a través de la línea tiempo espacio en nuestro planeta. Hasta que hemos llegado al punto de la cocina molecular, realmente a mí me parece una forma de divertirse como las niñas que juegan al cafecito, cocina molecular, todo reducido a bolitas de sabores.”.

Sabores. Sabores son los que ha derrochado Adriana a través de su vida, de su carrera, de su accionar proactivo y capaz en los que ha dejado en alto su apellido, apellido que no sabe de ortografía porque en su regazo interior es de manso carácter, pausado, reflexivo, sosegado, pacífico, tranquilo como la calma, pero no la provoquen ni le causen daño porque allí de Manzo solo tiene el apellido.

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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