¿QUÉ IMPACTO SOCIAL GENERA EN LA EDUCACIÓN Y EN LA ECONOMÍA LA ACTUAL ENFERMEDAD?

En el mes de junio pasado se inauguró el año lectivo en las escuelas y colegios de la costa, de forma virtual.  Sin embargo, no está del todo claro cómo este se desarrollará.

Recapitulemos.

La región de la costa ecuatoriana, y sobre todo Guayaquil, ha estado lidiando de manera dramática con casos de la enfermedad actual- Han experimentado niveles de infecciones récord.  No obstante, los distintos centros de estudio se comprometieron, y comenzaron el año lectivo en línea. Otros han ido abriendo poco a poco, empero, según los informes, en las áreas rurales, por ejemplo, con muchas dificultades.

En la sierra, aún no han anunciado sus planes, y están esperando más datos. Si bien las autoridades educativas sostienen que no «tienen evidencia» de que los niños dirigen la propagación del microoganismo, existen estudios, además de la certeza y convicción, que confirman que tanto los niños, así como los adolescentes, pueden propagar la enfermedad tanto como los adultos.

Todo esto plantea serias preguntas de seguridad para ellos, sus familias, sus maestros y el personal escolar.

¿Y, en Estados Unidos qué sucede?

La administración de Trump está presionando a los gobernadores estatales para que encuentren una manera de lograr que las clases en persona se den, al punto de amenazarlos con recortar los fondos de las escuelas que no lo hagan.

La Academia Estadounidense de Pediatría (American Academy of Pediatrics) instó el mes pasado a abrir los centros educativos, señalando los beneficios del desarrollo social y de salud mental de la educación en persona. Además, numerosas investigaciones sugieren que el aprendizaje remoto también puede perjudicar a aquellos niños de bajos recursos.

Funcionarios de salud y educación sostienen que los niños de familias con bajos ingresos y niños con discapacidades se ven seriamente afectados.

¿De qué forma?

Se teme que el cambio al aprendizaje remoto amplíe aún más la brecha entre estudiantes ricos y pobres.

Mientras tanto, los padres luchan por enseñar a sus hijos ellos mismos en sus hogares, sin embargo, en la mayoría de las familias, ambos padres trabajan (ni se diga de aquellos hogares en los que el padre o la madre son las únicas cabezas de la casa), y simplemente no pueden pagar por el cuidado de sus hijos.

Por otro lado, lo que estamos viviendo es una enfermedad sin precedentes, y como consecuencia, ya sabemos que grandes aglomeraciones pueden ocasionar serios peligros.

En días pasados, el sindicato de maestros más grande de Florida demandó al estado por requerir que las escuelas reabran el próximo mes.

Se produce justamente cuando, según los informes, Florida tiene la tasa diaria más alta de nuevos casos de la enfermedad en la nación.

La Federación Estadounidense de Maestros, el segundo sindicato de maestros más grande del país, recurrió al Congreso en busca de ayuda, estimando que tomaría nada menos que un trillón de dólares reabrir los planteles de la educación de manera segura.

Entonces, ¿cuál es la respuesta?

Gran pregunta.

Las autoridades educativas planeaban publicar pautas actualizadas sobre la reapertura de las escuelas y colegios la semana pasada, pero luego retrocedieron diciendo que necesitaban más tiempo.

Muchas personas tienen opiniones y necesidades legítimas, tanto por seguridad, ya sea esta de orden financiera, pero sobre todo, por el bienestar y desarrollo de sus hijos.

La presión está sobre los centros educativos para abrir de manera segura, pero muchos no pueden ponerse de acuerdo acerca de cómo hacerlo y cómo proteger a los maestros, el personal de apoyo y los estudiantes.  A estas alturas, poco importa lo que decidan los funcionarios, las señales indican que muchos estadounidenses (jóvenes y mayores) podrían sufrir serios perjuicios.

¿Y el impacto económico?

Está claro que las consideraciones económicas pesan tanto como las educativas.

Porque, aunque los estudiantes están perdiendo en el aspecto educativo, no es su pérdida de educación lo que es el factor clave detrás de cuando regresarían al aula.

La realidad es que (como ya lo expresamos), hasta que los niños y jóvenes estudiantes regresen a las instituciones educativas, muchos padres tendrán que quedarse en casa cuidando de ellos, y será imposible reiniciar completamente la economía.

Y en medio de una recesión global sin paralelo (por ejemplo, la economía de EE. UU.,  disminuyendo a su ritmo más rápido desde la crisis financiera de 2008), el imperativo económico supera incluso el impacto en la educación.

Está afirmación no intenta minimizar la pérdida educativa experimentada por millones de estudiantes en el mundo.

Al existir actualmente un tipo de programa de recuperación que es a la misma vez poco práctico y políticamente imposible, en algún momento tendremos que aceptar que toda una generación tendrá brechas importantes en su aprendizaje.

Foto: chileas.com; fracebook.com: csmn.educacion.navarra.es


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Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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