LA TRIPA ASADA SE CONSUME HACE MUCHO TIEMPO

Atardece en la ciudad. Las calles alejadas del centro, y de la parte regenerada de Guayaquil, están pobladas de sol y de olores a frituras. En algunas esquinas, pequeñas parrillas asan tripas de vaca. Luego todo eso se convertirá en la parrillada de los pobres.

Jacinto Tenorio, de 36 años, dice que no trabaja, sino que cachuelea cuando se puede como electricista. Suele gastar 50 centavos, pasando un día, en una porción de tripita asada. Él vive en el sur de la ciudad y refiere que empezó a comer tripa asada por recomendación de un amigo quien le dijo que eso le ayudaría con su problema de gastritis.

Él le creyó y ahora es uno de los mejores clientes del negocio de Natacha (nombre protegido), tanto que ella le fía cuantas veces él desee y le paga cuando logra hacer algún negocito, como dice Jacinto. Así como Natacha hay otras personas en Guayaquil que viven de asar tripas y vísceras de vaca libremente por las calles. La razón por la que ella no desea que la identifiquen es que teme a la reacción de los policías metropolitanos.

Lo mismo dijeron Ximena y Alexander. Ellos y sus familias viven de eso. Perder la parrilla y pasar unos días detenidos no es una idea atractiva para ninguno. Admiten que hace algunos meses no tienen inconvenientes con los metropolitanos y así quieren continuar. Nada de problemas.

Entonces contar la crónica sobre alguno de ellos se vuelve difícil. Sin embargo después de comprar un par de porciones y de insistir sobre la posibilidad de retratar la historia, algo se logra. Natacha relata que lleva un poco más de diez años en este negocio. Ocultando su rostro para evitar ser retratada, reclama que no se puede dedicar a nada más, y que no sería justo quedarse sin trabajo.

El material para asar lo consigue en el camal municipal, pero tampoco puede revelar el nombre de la persona que la ayuda con esto. Todo es temor y preocupación. Bastante molesta dijo que no confiaba en nadie y que probablemente alguien nos había enviado para hacer de espías.

Ximena se mostró muy amable, pero con dudas. Si bien no dejó de sonreír mientras atendía los pedidos de sus clientes, rogó que por favor no le tomaran fotografías, ya que ella en la calle siempre está en riesgo de que la identifiquen.

Trabaja de lunes a viernes y llega a su puesto alrededor de las 15h00. Se queda hasta pasadas las 20h00 y normalmente vende todo lo que asa. Ella tiene cuatro hijos y cuando sobra algo de comida lo lleva a casa para que ellos se alimenten. Nada se desperdicia. En la esquina en donde ella monta el asadero tiene un poco más de un año y ya todos la conocen. No quiso revelar cuánto pagaba por cada tripaje, pero aceptó que tiene un contacto para conseguir el material. Ximena se reconoce una persona humilde que lo único que desea es que la dejan trabajar. Para ella se hace incomprensible la actitud de algunos empleados municipales que la asedian como si lo que hace fuese delito.

Mientras, el escaso diálogo pasaba se fue haciendo de noche. Sobre la parrilla quedaban tres pedazos de tripa. Llegó un cliente antiguo y le dijo que no tenía dinero. Que no había problema, dijo Ximena y le sirvió dos fundas. Ya le pagaría después.

Estos no son tiempos para permitirse el lujo de rechazar a un cliente, recordó ella. La vida está muy revuelta y un dólar es un dólar por mucho que llegue mañana. Luego pidió disculpas y se puso a recoger sus artefactos para marcharse a su casa


Serie: Tradiciones en el Puerto. Nota Publicada en Diario El Universo, el sábado 15 de mayo de 2004 y parte del libro Crónicas de Ecuador escondido de Francisco Santana, publicado en mayo de 2013

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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