LA SOPRANO DE VOZ DE ORO

Cuentan los gorriones que cuando ella nació, no lloró, cantó y que su canto fue tan melodioso, armónico y sublime que los pájaros le hicieron el coro mientras los ángeles tocaban el arpa; cuenta la música que cuando ella nació no lloró, cantó, porque su canto venía impregnado en las cuerdas vocales de quien nace con un don natural transmitido como legado por la madre que la trajo al mundo. Cuenta la vida que cuando ella nació, nació cantado porque lleva la música en la sangre cuyo torrente de notas armoniosas le corren por las venas. Y es que la pasión y la habilidad musical, hace que Beatriz Gil Parra, sea la música misma. Ella canta y encanta; canta y conmueve, canta  y destila dulzura, dulzura que no empalaga, dulzura que es la miel del arte. Porque toda ella es un arte.

Por ello, es considerada una de las voces más reconocidas de la música ecuatoriana con centenares de presentaciones nacionales e internacionales en las que ha cosechado éxitos y ha logrado el mayor reconocimiento que brinda el público a una artista: aplaudirla de pie. Además, ha grabado once discos compactos (CD) que incluyen diversos géneros como la canción latinoamericana, pasillo, tango, samba y bossa nova, boleros, música rusa y se destaca como cantautora pues tiene composiciones propias como «Guayaquileños de Corazón», «Nuestra Sangre», canción ganadora en el VI Concurso de canto en El Cairo,  y «Al partir» (basada en versos del poeta guayaquileño Fernando Cazón Vera).

Beatriz, nacida en Guayaquil, el 29 de junio de algún año (“los artistas somos anacrónicos» de acuerdo a su opinion), primogénita del director de coros, Enrique Gil Calderón, “Kily” (+)  y de la soprano Beatriz Parra Durango, la cantante lírica ecuatoriana más representativa de todos los tiempos, lleva el arte en las venas. No solo lo recibió como legado familiar, le nació de forma espontánea y natural, con ese don que nacen los elegidos.

Y como no va a ser Beatriz del arte, si por su sangre corre arte y cultura al granel. Torrente artístico y cultural que le llega por ambos lados. Sus abuelos paternos son el connotado novelista ecuatoriano novelista Enrique Gil Gilbert y la pintora Alba Calderón Zatizábal. Los maternos son: el doctor Antonio Parra Velasco, jurisconsulto, profesor, diplomático, político e internacionalista ecuatoriano y la periodista Dora Durango López. Además es bisnieta de la escultora Alejandrina Gilbert Pontón. Arte y cultura, por donde se mire, por eso ella no es ajena al mundo de letras, las pintura y la música. Por ello canta con lira poética que pinta las mejores obras que la música puede crear.

En ese entorno no era raro que Beatriz sea cantante, soprano como su madre. Soprano tenía que ser, porque para ser soprano hay que nacer. La soprano tiene la voz más aguda entre las que conforman el registro vocal humano. Soprano en italiano significa soberano, superior. ¿Alguien duda que ella es la soberana del canto ecuatoriano y que brilla a nivel superior?  “Nací en medio de la música, no  podría determinar con precisión mis inicios, no los recuerdo exactamente. No hay que olvidar que tengo la influencia de mis padres que son músicos. Yo desde muy niña, escuchaba a mi madre estudiando, a mi padre y su coro y cantaba junto a ellos. Ser artista en el medio en el que nací, era casi casi por ósmosis, pero no me lo inculcaron, flotaba en el aire. Yo canté antes de hablar, mas a los ocho años, descubrí que el piano me fascinaba y no lo dejé nunca más. Luego empecé a tomar una guitarra y me acompañaba ciertas canciones, pero recuerdo muy bien, aprender “Gracias a la vida” la cual se convirtió en un himno para el resto de mi vida.”

Con ella, para quien la música es un regalo para el alma, que la nutre y le hace brotar sus ilusiones y soñar despierta, pasó algo raro, pues pese a su influencia musical  familiar y a que se involucró en el medio musical desde niña, fue recién en 1994, que luego de terminar ocho años de estudios en la Unión Soviética en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú como cantante clásica y directora coral, recibe el grado de Máster en Bellas Artes, decide darle un giro a su carrera, lo cual la llevaría por los caminos del arte latinoamericano y ecuatoriano, en el que se compromete con el rescate de nuestras raíces y nuestros valores. “Para no olvidarnos de lo que somos ni de donde venimos” (Dedicatorio que hace en su cd de música “A Ecuador”.  En esos primeros momentos musicales, ella tuvo el honor de cantar con el ya fallecido y  conocido guitarrista japonés y catedrático Ryuhei Kobayashi.

Beatriz, quien es admiradora de los cantantes argentinos Jorge Fandermole, Mercedes Sosa y tantos otros, no tiene un género definido para cantar. Simplemente interpreta la música que le gusta, y aunque tiene algunos temas propios, como «Al Partir», compuesta en 1996, Nuestra Sangre (2000) compuesta para participar en un concurso que se llevó a cabo en El Cairo, Egipto ese año y «Guayaquileños de Corazón (2003), no canta sus melodías propias, su repertorio se basa en adaptaciones variadas que van desde trovas, canciones brasileñas, tangos y otros géneros latinoamericanos. Ella tiene timbre de soprano, pero para la música popular utiliza su registro medio.

Y como todo artista que quiere innovar, a ella le gustaría cantar otros géneros, aunque confiesa que aún no se atreve. Beatriz, es también desde 1999, directora fundadora del Coro Infantil Municipal Juan Pueblo y hace un año, Directora del Departamento coordinador de Arte, Cultura y Patrimonio de la Universidad de Guayaquil.

Presentaciones inolvidables

Beatriz en su carrera ha tenido centenas de shows y presentaciones, algunos de ellos inolvidables, como el  show  “Canciones de Ayer y Hoy” ofrecido el 29 de junio de 2005 en el Teatro Centro de Arte en que hizo un recorrido musical de temas de diferentes épocas y distintos idiomas en que cantó canciones que iban desde el baladista brasilero Roberto Carlos al rock-pop de los norteamericanos Bee Gees. O el recital denominado Noche de Bohemia, ofrecido el 7 de abril de 2006 en Quevedo en en el auditorio de la Universidad Técnica Estatal de Quevedo (UTEQ) en que con el acompañamiento musical de un cuarteto, compartió escenario con los exponentes del tango, los argentinos Raúl Reinoso y David Rondan, el chileno Alfonso Soto y el ecuatoriano Fernando Gil y cuyo repertorio incluyó pasillos, valses peruanos, baladas, boleros, rancheras y tangos. O el inolvidable recital Bicentenario de la Independencia, organizado por el Gobierno Nacional, ofrecido el viernes 31 de julio de 2009 en el que compartió tarima con el cantautor  cubano Silvio Rodríguez en el que interpretó canciones como «Cambia, todo cambia», «Gracias a la vida» y un popurrí de valses de Julio Jaramillo, con los cuales fue ovacionada a rabiar por el público. O aquel denominado  Esencia de mujer, que brindó  el 12 de agosto de 2009 en el teatro Fedenador de Guayaquil, en el que interpretó temas de cantantes internacionales, como las españolas Paloma San Basilio, Rocío Dúrcal, Rocío Jurado y Rossana, las argentina Mercedes Sosa y Libertad Lamarque y la  mexicana  Lupita D’Alessio, todas voces de mujeres  hispanoamericanas  que ha hecho historia cantando”, de allí el nombre de su espectáculo. O el recordado, ‘Hablando de mujeres y canciones’ que dio en marzo de 2019 en el auditorio Luis Silva Parra del Centro Ecuatoriano Norteamericano (CEN) a propósito del Día Internacional de la Mujer en la que ofreció un repertorio amplio con temas populares, algunos de la autoría de mujeres.

Distinciones

Beatriz, para quien la música es un tesoro, y que ha tenido una larga y exitosa trayectoria, ha sido en múltiples ocasiones reconocida por su carrera. Así, el jueves 5 de marzo 2015 recibió la condecoración al Mérito Cultural otorgada por la Asamblea Nacional, con la presea Matilde Hidalgo de Procel, por su trayectoria como intérprete de música nacional e internacional. El parlamento destacó el hecho de que ella fue la primera mujer soprano en grabar el álbum de música popular latinoamericana en 1994.

Para para ella, el reconocimiento mayor de un músico son los aplausos recibidos después de un show y el cariño del público. “Mi vida es cantar, “No se más que hacer en esta tierra incendiada, sino cantar…” (J. Fandermole) y lo hago con un amor y respeto infinito a la música, con ímpetu, pasión y convicción porque todo lo que hago sale de mis entrañas de lo contrario, no lo hago.”

Su esencia es cantar y adora cantarle a la mujer. “Las mujeres hemos amado, llorado, luchado, ganado, perdido y gozado, pero nunca hemos dejado de cantarle a la vida”.

Beatriz, que es una apasionada por las artesanías, tiene más amores aparte de la música, los tres más grandes, con su madre y sus hijos Enrique Silva y Sebastián Medrano, y está su amor por la vida, la naturaleza, la verdad, la honestidad, la humildad y el arte. “Soy amante de lo que es el universo. Amante del mar y la tierras, Me gusta mucho la Luna, y todo lo concerniente a la astrología. Obtengo paz al desprenderme de lo material, y tras la muerte de mi padre, aprendí a dar una mayor importancia a la familia y a las personas que amo. Mi esencia de mujer no es complicada. Amo las cosas que todo el mundo ama; hijos, casa, perros y el amor infinito a la música”.

Fuera de los escenarios, Beatriz que muestra una sencillez digna de elogio es una persona que se considera normal, común y corriente. “No soy mucho salir, por ello no llevo una vida socialmente activa. Me considero extremadamente tímida. Me cuesta darme a las personas, pero cuando finalmente me doy, rompo esa barrera y puedo ser más natural y actuar con mayor naturalidad. A mis parejas las he conocido por situaciones casuales o eventuales. Nunca he aceptado tomarme un café con alguien y jamás he tenido una cita”.

Beatriz ha paseado su arte por países como Egipto, Cuba, México, Perú, Chile, Argentina, Nicaragua, Colombia, Estados Unidos, España, Francia, Chipre, Italia y Rusia, país donde residió y estudió por ocho años, y de esos viajes y concursos guarda recuerdos que viven en sus aparadores, vitrinas, mesas y el vistoso bar de su casa.

La música en la etapa actual

Este año a los artistas, quizá como a ninguna otra rama del campo productivo, les ha tocado duro, pues el confinamiento al que debimos someternos por la enfermedad que nos aqueja, le  impidió dar presentaciones en vivo. Ella debió reinventarse. “Fue una época de paz atribulada en la que era imposible estar con el alma tranquila sabiendo que tantas vidas se perdieron, tantos conocidos que partieron, tanta gente querida que ahora está ausente, mientras el país vivía situaciones de gran riesgo. Nuestra opción fue el teletrabajo. Los coros, las orquestas, los teatristas y todos quienes estamos inmersos en la actividad artística, debimos reinventarnos y tuvimos que aprender y reconocer en el teletrabajo, un nuevo sistema de conexión con nuestro público y en mi caso particular como docente, con nuestros alumnos

“Para nosotros los artistas es una etapa catastrófica porque vivimos por y para el público. Esa en nuestra esencia, esa es nuestra razón de vida, ese es nuestro medio de trabajo, de sustento y ese es nuestro fin, compartir nuestro arte con el mundo y conseguir esa simbiosis que nos alimenta tanto a nosotros como a al público que nos escucha y nos ve”.

«Espero que de a poco se llegue a una cierta normalidad en la que podamos juntarnos a medida de que la situación se regularice. Soy una convencida de que en el ámbito que fuere, no hay nada mejor que la vida presencial, que es supremamente sustancial para el ser humano. No se puede remplazar el mundo real con el mundo virtual. Por ahora tenemos la necesidad de vivir con un nuevo sistema de relacionamiento, sin embargo, confío que esto sea pasajero y que vamos a salir adelante con nuevos aprendizajes. A través de la historia, la humanidad y el ser humano ha logrado sobrevivir a las adversidades y siempre ha salido triunfante”.

Salido triunfante, como ella, que siempre da pasos delanteros que la conduzcan a una meta soñada y ansiada en el que la música es parte de su vida. Tanto que ella no eligió la música, la música la eligió a ella

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Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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