UNA CIUDAD DONDE SE RESPIRA LA SALSA

Lo cierto es que Guayaquil es una ciudad caliente. Llamada por algunos el último puerto del Caribe sobre la costa del Pacífico. Parece que el calor bochornoso del día se mete en la piel de los que la transitan, de los que la viven y la sufren, guayaquileños o no.

Decir que al guayaquileño le gusta la salsa no es mentir. Claro que muchos disfrutan de otros géneros musicales, incluso comparten su simpatía con el bolero, la balada o el rock, pero esta es una ciudad tropical, o peor, otros opinan que esto no es una ciudad, sino el trópico mismo.

Ir por las calles y descubrir su vida, su rumba. Viene la noche y enseguida los bares salseros asaltan la cotidianidad. Pasar por Borinquen, Momentos, Cortijo, Secretos, Don Juan, La salsa del ayer. O tomar unas bielas donde Carlos Alberto, en el Norte o en el Sur, en Barín Barín, La Saoco, La Chocó, Salsa de hoy, Kabalán, Marcos, la inolvidable Calle Siete. Tantas y tantas barras salseras, perdonen si no nombro alguna pero Guayaquil es un laberinto de lugares donde se vive esta música.

Hay que entrar en El Cabo Rojeño (1), porque es imposible hablar del gusto de los guayaquileños por la salsa sin visitar este lugar. 1.428 discos compactos de sabor, el último es el de la Orquesta Bailatino en vivo en Venezuela, y el primero: Rey y Frankie Ruiz, Ruiseñores.

En la barra, sentada y moviéndose rítmicamente se encuentra Helga Ayala junto al escritor guayaquileño Fernando Itúrburu. Él reside en los Estados Unidos y está de vacaciones en la ciudad. Lo primero que hizo luego de llegar fue largarse a “vacilar unas heladas con buena rumba”. ¿Un escritor salsero? Por qué no. Guayaquil es una ciudad de salsa. En la pantalla el concierto homenaje al rey del bajo, Bobby Valentín, en una cárcel de Puerto Rico. Por allí pasan Rubén Blades con su música para pensar; Charlie Aponte, vocalista del Gran Combo; Cheo Feliciano con su son abolerado; Roberto Roena con su bongó inmortal; Papo Lucca y su piano imposible; Marvin Santiago, el sonero del pueblo, hombre duro, estaca de guayacán; todos improvisando en el tema Ven rumbero. La salsa se percibe inmensa.

Helga dice que ella es manaba, pero se siente una guayaquileña salsera. Siempre va al Cabo Rojeño, la Salsa es una tradición en su vida. Cómo no escuchar a Willie Colón y su Gitana, aunque su canción ideal es Marejada feliz, de Roberto Roena. Discute con su novio porque la considera chola, pero es necesario decir que ser salsero no es sinónimo de cholería. Ella piensa celebrar su cumpleaños en el Cabo Rojeño. “Aquí ponen la música que me gusta”, confiesa.

La salsa en Guayaquil tiene su historia. Un cuento dice que se empezó a escuchar hace un montón de años y los culpables fueron los jugadores de béisbol que venían del Caribe. Panameños, cubanos y dominicanos se aburrían en este soleado puerto sin poder disfrutar del ritmo tropical. Con el tiempo y de a poco los que llegaban se traían la música también y algún encargo para los que ya estaban acá. En el Libro de la salsa, de César Miguel Rondón, dice que el término salsa fue utilizado por primera vez en Venezuela cuando Federico y su Combo publican su disco Llegó la salsa, en junio del 66.

En Nueva York, Pupi Lejarreta con su charanga fue uno de los primeros en utilizar el término, luego los Hermanos Lebrón en su disco Salsa y control. El término logra su máxima difusión en 1975 por el programa televisivo Salsa presentado por Izzy Sanabria en Nueva York y en 1976 con la producción cinematográfica Salsa, película realizada por la discográfica Fania, el imperio que controló el boom comercial de la música caribeña en los años 70.

La salsa no es un nuevo ritmo, ya que sigue utilizando el viejo son, el guaguancó, la guaracha, la plena, la bomba y otros ritmos cubanos y caribeños disfrazados con arreglos instrumentales del jazz. Es un ambiente, un estilo, un nuevo sonido para los viejos ritmos hispanos, afros, caribeños. Es sabor a barrio y su temática está ligada a lo social.

En El Rincón de la Salsa (2), Marcos Solórzano dice que la salsa es un sentimiento del pueblo y que ya ni se acuerda desde cuándo le gusta. A Danilo Alvarado la salsa se le mete en la sangre. “Siempre vengo al Rincón a gozar de la buena rumba, en julio siempre hacen un fiestón y no me lo pienso perder”. Lo afirma y se aleja danzando.

La salsa ya es parte de nuestra cultura popular. Unos dicen que somos un Cali chiquito por la cantidad de rumba que hay en la ciudad. ¿Usted qué piensa?

Foto: Joffre Flores para El Universo; Diario El Universo.

(1) Rumichaca y Luis Urdaneta, centro de Guayaquil.

(2) Lorenzo de Garaycoa y Víctor Manuel Rendón, centro de Guayaquil.


Serie: Tradiciones en el Puerto. Nota Publicada en Diario El Universo, el miércoles 2 de julio de 2003 con la categorización de El Guayaquileño de Hoy y parte del libro Crónicas de Ecuador escondido de Francisco Santana, publicado en mayo de 2013

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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