SUCRE EL REY DE LOS PASTELES

Hoy me embarco en el tren de los recuerdos estudiantiles para transitar por los rieles de la añoranza y desembarcar de sus vagones la memoria de un personaje ilustre de mi colegio, que se convirtió en una institución dentro de la Institución. Quizá esta nota de la Sección Recuerdos, no sea de una personalidad que todos conocen, quizá solo se limita a un círculo determinado: el de los relacionados a mi colegio, el Cristóbal Colón, pero hoy voy a hurgar en el baúl del tiempo ido para sacar a la memoria al viejo y querido Sucre, el pastelero que por años deleitó los paladares de los cristobalinos y que se convirtió en una persona querida, respetada y recordada. Hoy comeremos un pastel, le agregaremos limón y vamos a saborear el pastel de la nostalgia.

Sucre, apodado así por algún alumno cristobalino, debido a las exuberantes patillas que usaba cuando era veinteañero, similares a las del prócer de la emancipación americana y ecuatoriana, Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá, se llama en realidad Gilberto Pesantez y fue el pastelero del Cristóbal Colón por 66 años. Sí, leyó bien, 66 años, desde el 14 de agosto de 1924 hasta el 29 de mayo de 1989. 66 años toda una vida. Toda una vida de conocer personas, vivir aventuras, acumular vivencias, hacer amistades y disfrutar anécdotas. Es que Sucre era como el abuelo de los cristobalinos.

Fueron 66 años de sentir que sus cabellos platearon viendo crecer generaciones. 66 años de conocer miles de alumnos, entre ellos tres generaciones de abuelos, padres e hijos cristobalinos, 66 años de pronunciar palabras ocurridas, graciosas, sabias y cariñosas. Es que cuando Sucre hablaba, hablaba con cariño, daba consejos y con sus dichos tan propios de él y su sentido del humor único, arrancaba sonrisas con sus ocurrencias, como mandarle saludos a “la ñaña de este”, corresponder a las gracias, diciendo “de nalga”;  en vez de “de nada”; llamar “pillísimos” a sus deudores, decir “de madre de quien”, en lugar de parte de quien; decirte Buey Amigo, por buen amigo; «diez, veinte, treinta, cuarenta…tu mamá los cuenta», cuando daba las monedas de vuelto tras la compra del pastel; «Calientitos, mi Cholito», cuando los ofrecía; o «Peores nalgas tenía mi abuela», cuando se le pedía que deje un recado o , cuando le pagabas incompleto. No hay cristobalino que no lo recuerde y tenga memoria de su figura alta y delgada, de su carácter jovial y sus palabras bromistas. Parado junto a su carretilla de pasteles y golosinas, como su afamado cuadrado de manjar, el legendario pastelero se convirtió en leyenda.

Una nota que le hice para Diario El Universo, el lunes 29 de mayo de 1989,  publicada en la primera página de la sección Actualidad, cuenta detalles de  vida de Sucre. La entrevista fue realizada con motivo de su salida del colegio, en retiro por voluntad propia y como un homenaje a su trayectoria laboral, un agradecimiento por toda una vida ofrendada a mi colegio y un gesto de gratitud personal por esos 13 años que compartimos en mañanas de recreo,  tardes de entrenamiento en las selecciones colegiales y ya graduado en noches de campeonatos de exalumnos, en las que él estaba siempre presente con sus pasteles, compartiendo como un cristobalino más. Cómo será la gratitud del alumnado con él, que un equipo participante en esos campeonatos, el de la Promoción 30, se llamaba “Pastelitos de Sucre”.

En la nota, Gilberto Pesantes, nacido en Cuenca el 6 de marzo de 1909 y que por entonces tenía 80 años, contaba que entró al colegio en 1924 cuando tenía 15 años. “Entré al colegio el 14 de agosto de 1924, cuando era rector el padre Guido Roca. Era la época en que el Cristóbal quedaba en la calle domingo Comín, cuando la iglesia aún estaba en construcción, cuando pasaba el carro urbano y el tranvía, cuando el piso era de tierra y la cancha de petróleo, en la que yo también hacía mi parada de futbolista frente a los muchachos de esa época, algunos de ellos se adelantaron a la partida, como el doctor Roberto Nevárez, de quien guardo gratos recuerdos. Ahora han pasado 66 años, los tiempos han cambiado, las cosas han mejorado, pero el recuerdo de caballerosidad y generosidad propia del cristobalino, siempre ha estado presente”.

Aquella tarde de la entrevista, cuando Sucre hablaba, sus palabras se envolvían en el hilo de la nostalgia y sus ojos se humedecían, cuando su mente completamente lúcida viajaba a tiempos idos y la idea de dejar su segunda casa merodeaban su cabeza. “Mira tú, la Mascota, ahora de periodista haciéndome una entrevista para el periódico. Quien diría ¿Como te hiciste periodista, si eras vaguísimo, solo te pasaban botando de clases, te escondías en los baños y pasabas jugando pelota o corriendo todo el tiempo?”, me dijo con cariño y cuajado de risa aquella tarde. Es que Sucre me decía Mascota, porque siempre me molestaba con que yo no era atleta ni futbolista, sino la mascota del equipo. Lo decía por mi estatura y así me llamó hasta que me fui del colegio: «Mascota».

Al preguntarle sobre su salida del colegio dijo: “Es triste para mi saber que me voy. Son 66 años brindando cariño y recibiendo momentos gratos y también duros. El Cristóbal es para mí algo muy grande, pero estoy enfermo, ya no tengo aguante y debo partir, pero dejo en mi corazón y en mi mente grandes recuerdos, como aquella primera vez que salí publicado en un periódico, cuando Carlos Pérez que recién se había graduado de bachiller, me hacía una entrevista para El Universo. Han pasado muchos años de eso, pero aún conservo ese recuerdo”. Sucre recordaba las entrevistas que le hacían y las guardaba, como aquella que en 1969 le hizo Xavier Benedetti para Diario El Universo o una publicada en la revista del colegio, “Nosotros” en los años 70.

Otra cosa que recuerda mucho Sucre es a los alumnos. “No pueden irse de mi mente la imagen de grandes cristobalinos a quienes vi crecer y ahora los veo en planos mayores. Muchos son presidentes, ministros, profesionales, artistas, deportistas. De los que más recuerdo son: León Febres – Cordero, los Menéndez Gilbert, Estrada, Luis Noboa Naranjo, los hermanos Aguirre, Otto Arosemena Gómez, Carlos Julio Arosemena, los Ortega, Cornejo, Hidalgo, Martínez, Barciona, los hermanos Hanna, Carrera, Alcívar, y los deportistas Bocha Armendáriz, Ponce, Andrés Gómez, Cazar, Falconí, los Patiño, Baquerizo, etc”

Cuando se le pregunta ¿Sucre, tuvo momentos duros aquí?, dijo: “Aquella vez que recibí un pelotazo y estuve enfermo en el hospital, de esa vez recuerdo que perdí la dentadura y parte de mi vitalidad. Sin embargo también recuerdo la cariñosa atención del Dr. Samaniego”.

Sus palabras se tornan festivas cuando evoca la dulzura que le han dejado en su corazón recibir cariñoso homenajes. “Algo que nunca olvidaré es aquella fiesta que se hizo en mi honor cuando cumplí los cincuenta años. El colegio se llenó de quioskos, la gente bailó hasta las nueve de la noche y todo fue alegría y cariño. Igual que ese homenaje, cuando cumplí 60 años y vino personalmente en entonces ministro Álvarez Grau a entregarme una placa; o aquella vez que los exalumnos Maruri, Muñoz, Villacreses, Falcóní, le pusieron a su equipo de fútbol el nombre de Pastelitos de Sucre. Son recuerdos gratos. Hoy todo ha cambiado, hasta el precio de los pasteles, antes valían medio, hoy cuestan 60 sucres. Lo que sí, no ha cambiado es el cristobalino, para quien doy mis más sinceros agradecimientos.”.

Los recuerdos de Sucre son muchos. Era clásico su cuaderno en el que anotaba el nombre de los alumnos que le fiaban y a los que esperaba que sea viernes para cobrar. Jamás olvidaba una deuda y era infalible para cobrar.  Una vez escondieron el cuaderno, pero igual recordó sus deudas a los morosos, a. los que los llamaba con el apodo de «pillísimos». Tenía una memoria privilegiada y se sabía el nombre de casi todos los alumnos.  Como olvidar que te amagaba con el limón, cuando ya no tenía, pues ya había exprimido casi todo el contenido y hacía como que te ponía aunque ya la fruta no contenga jugo, igual uno le pedía que te ponga. Sucre tuvo en el tiempo varias ubicaciones estratégicas. Solía ponerse en el pasillo principal a la bajada de las escaleras, para cuando los alumnos bajen al recreo, o en el patio de primaria junto a la casa de las Monjas, y a la salida, cerca de la entrada lateral de la iglesia por la puerta de salida, pues por ahí se iban los alumnos a coger los buses.

Sucre, quien vendía los pasteles que preparaba un hombre llamado Enrique, confesaba aquella tarde, que extrañará que suene la campana y los alumnos bajen presuroso las escaleras, para ir a su rincón a comprar pasteles y golosinas. Y dejó su mensaje de despedida con su puño y letra para El Universo. “A los cristobalinos, anticipo mi despedida por decadencia física y enfermedad y agradezco a la comunidad de este prestigioso Colegio Salesiano Cristóbal Colón. Por mi conducta y disciplina he estado con ellos 66 años. Para alumnos y exalumnos con quienes he compartido una sonrisa y un cariñoso y sincero abrazo. Para todos, un eterno adiós”

Adiós y gracias Sucre. El querido Viejo, dejó el mundo terrenal hace muchos años, pero su recuerdo está latente por siempre. Y tan latente está que lo podemos recordar eternarmente. Con tantos alumnos que pasamos por el colegio, bien podría hacerse una fondo económico, para hacer un busto o una estatua de él, ponerla en su rincón y perennizarla por siempre. La idea está lanzada.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

Check Also

CLEMENTE YEROVI INDABURU

Hoy que el tren de la política ecuatoriana recorre por rieles zigzagueantes de corrupción e …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *