¿SE SECAN LAS REMESAS?

Los flujos de remesas que envían los emigrantes hacia sus países, los cuales son estados generalmente frágiles y de bajos ingresos, naciones pobres, representan una línea de vida dramática que apoya a los hogares que las reciben, y, sobre todo, proporciona ingresos fiscales muchas veces irreemplazables.

Aportan de manera fundamental en impulsar a sus países de origen en su intento por alcanzar sus objetivos de desarrollo sostenible tales como, reducir la pobreza, mejorar la salud y la nutrición, aumentar las oportunidades de educación, mejorar la vivienda y el saneamiento, la capacidad empresarial, la inclusión.

Según el Fondo Monetario Internacional, a partir de 2018, los flujos de remesas a estos países alcanzaron los USD $350 mil millones, superando la inversión extranjera directa, las inversiones de cartera y los programas de ayuda externa, como la fuente más importante de ingresos del exterior.

A nuestro país, de acuerdo con información publicada por el Banco Central del Ecuador, los emigrantes ecuatorianos enviaron USD $3,234 millones el 2019.

La cifra se descompone de la siguiente manera:

Estados Unidos representó el 58,47% España el 24,72%  Italia el 4,87%, México, Chile, Perú, Canadá, Colombia, Reino Unido, Alemania, Suiza, Francia y Bélgica, el 11,94%.

Una caída en los flujos de remesas aumenta las presiones económicas, fiscales y sociales sobre los gobiernos de los países destinatarios, los cuales, incluso en tiempos normales, luchan por sostenerse.

Las alteraciones o shocks en las economías de los países ricos, que dan acogida a los migrantes, como la causada actualmente por la pandemia de coronavirus, terminan transmitiéndose a las de los países receptores de las remesas.

Cabe anotar que las remesas llegan a representar mucho más del 10 por ciento del PIB para muchos países.

Por ejemplo, para un país receptor, el cual recibe remesas que representan al menos el 10 por ciento de su PIB anual, una disminución del 1 por ciento en la brecha de producción del país que refugia a los migrantes (la diferencia entre el crecimiento real y potencial) tenderá a disminuir la mencionada brecha de producción del país receptor en casi 1 por ciento.

La pandemia indudablemente dará un golpe a los flujos de remesas que incluso puede ser aún peor que durante la crisis financiera de 2008, y se producirá justo cuando los países pobres se encuentran lidiando con el impacto de COVID-19 en sus propias economías.

Lo más probable es que los trabajadores migrantes que pierden su empleo se vean obligados a reducir las remesas a sus familias en sus países de origen.

Los países receptores de dichas remesas perderán una fuente importante de ingresos, y por ende, recaudaciones fiscales, justo cuando más las necesitan.

De hecho, según información del Banco Mundial, se espera que los flujos de remesas disminuyan en aproximadamente   USD $100 mil millones en 2020, lo que representa aproximadamente una caída del 20 por ciento desde su nivel de 2019.

Como consecuencia, los saldos fiscales y comerciales se verían afectados, y la capacidad de los países para financiar y pagar su deuda se reduciría.

Una crisis prolongada podría empeorar la presión en los mercados laborales de los países ricos, y los migrantes sin trabajo podrían perder su condición de residentes en dichos países de refugio y hasta verse obligados a regresar a sus hogares.

Es probable que se unan a los desempleados en sus países de origen, en mercados laborales que ya están repletos de desempleados, y que ejerzan más presión sobre los sistemas de salud pública que ya son frágiles.

Esta situación podría aumentar la presión social en países que no están preparados para hacer frente a la pandemia y posiblemente también aumentar los efectos indirectos más allá de sus fronteras.

Serio.

¿Qué se puede hacer?

A los países ricos les conviene que los migrantes no regresen a sus hogares.

Asimismo, también les conviene proporcionar recursos a los países pobres para combatir la pandemia.

¿Por qué?

Las tasas de infección son mucho más altas en los países ricos y son especialmente altas entre los trabajadores migrantes debido a sus pésimas condiciones laborales y de vivienda.

Los migrantes que se regresen a casa corren el riesgo de acarrear el virus con ellos.

Si esto sucede, los países pobres proporcionarán una incubadora para el virus, la cual aumentará a medida que los refugiados busquen nuevas fronteras.

Entonces tomaría décadas, y muchas vidas, para que el mundo se deshaga de esta pandemia.

¿Cuáles podrían ser maniobras significativas?

Los países ricos, que amparan a los trabajadores migrantes, deben estabilizar las oportunidades de empleo en sus economías para ellos.

Los programas de ayuda que apuntan a la protección del empleo para los ciudadanos en los países ricos también deberían ayudar a los trabajadores migrantes a permanecer empleados.

Aquellos países pobres que reciban migrantes que regresan necesitarán ayuda para contener, mitigar y reducir la escalada de brotes.

Los países donantes deberían ayudar con el costo de la mitigación del virus, en un esfuerzo por disminuir la gravedad de la crisis en las economías locales, y por derivación, en las suyas propias, buscando evitar posibles efectos secundarios.

Dado que los gobiernos de los países pobres tienen un margen de maniobra limitado, estos países necesitarán la asistencia de las instituciones financieras internacionales y la comunidad de donantes.

Las instituciones financieras internacionales deben apuntalar la asistencia fiscal y de balanza de pagos a estos países.

¿Lo harán?

No se sabe.

Lo que sí se sabe es que, ahora más que nunca, el esfuerzo global es esencial.

Foto: aristeguinoticias.com


jneale@plan-consulting.com

Plan A Consulting
Estrategia Dinámica, Finanzas Corporativas, y Mercadeo Cuantitativo

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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