EL FÚTBOL SI TIENE UN CORONEL QUE LE ESCRIBA

“El fútbol si tiene un Coronel que le escriba”, se titulaba una nota biográfica que escribí en 2000 sobre Dannes Coronel, jugador, símbolo y referente de Emelec, para un libro de la historia de este club por sus 70 años de vida institucional, que nunca pudo publicarse. Hoy confieso que no quisiera escribirle al Coronel. Hoy hay que escribirle una nota del Adiós, de esas notas que duelen escribirla, que parten el alma y se escribe con mucho pesar. El pequeño gigante se ha ido para siempre. La mañana de ayer, martes 7 de julio de 2020 no pudo ganar en el partido de la vida y un infarto hizo que su partido terminara antes de los 90 minutos.

Hoy su nombre es leyenda. No pudo driblar a la muerte como driblaba rivales en la cancha, no pudo desbordar al destino, como cuando desbordaba por derecha y llegaba a la raya de fondo, tampoco pudo imponer su espíritu guerrero y su garra inclaudicable con los que mataba gigantes. La muerte no le dio tiempo ni espacio. Simplemente no le dio chance. Tras una picada de abeja, mientas cumplí faenas agrícolas en su hacienda cacaotera en su Naranjal querido, le sobrevino un infarto, al ser alérgico a esos insectos y murió en camino al Hospital Básico del cantón. Ironías de la vida. Él que en la cancha a pesar de su pequeña estatura venció gigantes, fuera de ella, se veía derrotado por un ser mucho más pequeño que él. Cosas de la vida. Paradojas del destino. El “Patucho” se ha ido y hoy al Coronel hay que escribirle la nota del Adiós.

Con Danes Coronel, fuimos amigos. Nos hizo amigos el fútbol y esta profesión apasionante llamada periodismo que te permite conocer personas de todos los sectores. Él, más allá de lo excelente futbolista que fue, era un gran ser humano. Un buen chico, humilde, sencillo, educado, amable, gentil, bromista y supremamente ingenuo. A él se le podía inventar la historia más inverosímil del mundo y la creía y si no la creía al menos dudaba. Y él podía hacer la pregunta más ingenua, de esas que no esperas escuchar nuca. Por ello era víctima de constantes bromas de sus compañeros que también recibían bromas de del, porque Coronel, era un chico alegre, jovial, bromista, jodón y ocurrido. En buen sentido, el “Patucho” era cargoso.

Sobre él se cuentan decena de anécdotas por demás increíbles, como aquellas que decían que cierta vez adquirió un celular que le vino con su respectiva tarjeta para cargar el dispositivo y el preguntaba donde estaba la ranura para introducir la tarjeta o cuando un periodista halabó su gran capacidad física en la cancha diciéndole que él tenía tres pulmones, a lo que respondió que solo tenía uno, como todos. Ese era Coronel. El chico ingenuo. El hombre noble que se hacía querer.

Nos decíamos “Colegas”, por aquello de jugar en el mismo puesto en la cancha: marcador de punta derecho. Una vez luego de jugar un Clásico de Solidaridad en la cancha del Capwell, en el que tuve la suerte y el honor de jugar, partido que él junto a varios jugadores de su equipo, observaron al borde del campo, nos encontramos y le dije: “Colega, vio, no hice quedar mal al puesto. Hice un buen partido jugando a lo Coronel”. El mirándome con una sonrisa pícara me dijo “No Colega. Usted no juega como yo. Usted pega hasta por si acaso, que manera de dar patadas. Yo por su lado no paso. Me cambio de lado.” y soltó una carcajada. Nos reímos. Es que ese era Coronel, la sonrisa misma.  Con Conorel como también solía decirle, porque un día el me dijo Paderes y yo también cambié las letras de su apellido, no nos veíamos hace tiempo. Una vez nos encontramos en el estadio y saludamos. Éramos amigos de FB y para nuestros cumpleaños nos saludábamos y muy de repente teníamos un corto chateo para hablar de Emelec.

Hoy Coronel ya no está y a Coronel hoy le escribo su homenaje. El ex jugador de Emelec (1991-1999), El Nacional (2000-2002), Barcelona (20003) y Macará (2004) en el que cerró su carrera de 14 años en el fútbol ecuatoriano, no está más. Después de su retiro se dedicó a la agricultura su otra pasión, en una finca de cacao que tenía en su Naranjal querido, al tiempo que dirigía las escuelas de fútbol del cantón. Y claro, como buen músico al que el compás le queda, seguía jugando informalmente en partidos de excracks o con sus amigos, en la cancha que tenía en su hacienda. Hoy ya no juega más. Querido “Colega” que en paz descanse.

A continuación, reproduzco el artículo escrito en  2000 para el libro que nunca salió.

EL FÚTBOL SI TIENE UN CORONEL QUE LE ESCRIBA

 Un Apasionante libro del escritor colombiano Gabriel García Márquez se titula “El Coronel No Tiene Quien Le Escriba”. Fuera del mundo literario, ubicado en el campo deportivo, el fútbol ecuatoriano y Emelec, si tienen un Coronel que le escriba. Este Coronel escribe su propia historia con letras de oro sobre una cancha.  Sus mejores líneas las piensa con la cabeza y las escribe con los pies, esos que le han permitido dejar el anonimato y forjarse un nombre, el de Dannes Arcesio Coronel Campoverde, para muchos el mejor lateral derecho de Emelec de todos los tiempos. Un símbolo, un referente, un guerrero sinónimo de lucha y pundonor. Un crack.

Este Coronel por apellido, soldado por su forma de batallar inclaudicable, capitán por el cargo que ejerce en el equipo, es en cancha, un general por la alta calidad de su juego y el amor que pone al defender la camiseta. Más allá de símiles y rangos militares, Coronel ganó y de largo su batalla deportiva. Pequeño de estatura (mide 1,65) pero grande de corazón y condiciones futbolísticas, puso ya su bandera blanca de la gloria y un hito en la frontera del éxito de su querido Emelec.

Coronel, soldado, capitán o general, lo que fuere, supo obtener el más alto rango que confiere la hinchada: el de ídolo e inolvidable. Nacido en Naranjal, un pequeño pueblo de la provincia de Guayas, un 24 de mayo de 1973, inició su peregrinaje en el fútbol en su ciudad natal a los 10 años cuando causaba admiración en la escuela 15 de Octubre y deslumbraba con un balón en las calles y canchas baldías del barrio Encalada “No sería nada de lo que soy sin el apoyo de mi madre. A ella le debo todo. Fue quien me apoyó siempre en mi sueño de ser futbolista desde que empecé a jugar en el Nueve de Octubre de mi tierra natal con el que fui tres años campeón de los torneos locales de la Liga Cantonal”, cuenta Coronel.

“Todavía recuerdo que vendió sus aretes para pagar el pasaje con el que vendría a Guayaquil a dar rienda suelta a mi pasión. Aun rememoro sus palabras de ánimo y consuelo cuando luego de ser seleccionado de mi cantón para integrar la Selección de Guayas que iba a jugar la Compa Emprode 1988, fui dejado fuera de la misma por ser muy pequeño. Tenía 15 años. Eso me entristeció mucho y me desilusionó al punto que ya no quería seguir, pero la fuerza de mi madre me sirvió para salir adelante. Ahora que he logrado algo, debo reconocer que ella tiene mucho que ver en esto”.

Pero la vida, como el balón da vueltas y un año después de su primera desilusión, Coronel volvió a ser seleccionado por su cantón para integrar el equipo de Guayas. Esta vez no hubo pretexto para frenar su calidad y el “Patucho” como se le decía en el fútbol, jugó la Copa Emprode 1989.  Tenía 16 años  su mente estaba llena de sueños e ilusiones. “Jugando ese torneo me vio el dirigente Alberto Dassum y me calentó la oreja para ir a Emelec. Fue algo de gran alegría porque allí iniciaba mi sueño de llegar lejos en el fútbol que era mi deseo”.

“Llegué a las divisiones menores y a poco de llegar al equipo, me pusieron mi primera prueba. Era como un examen, si lo aprobaba me quedaba, sino debía hacer maletas y volver a la casa. Así formé de titular en un preliminar que Emelec juvenil jugaba ante Calvi de primera en el estadio Modelo Guayaquil. Me fui bien ese día. Me paré tieso como marcador derecho e hice un desborde y un centro para el gol. Luego del juego, Don Alberto Dassum me dio su tarjeta y me pidió que lo visite en su oficina. Conversamos y de inmediato se dio el trato. Recuerdo que me compraron en 400.00 sucres. Así un día de 1989 me incorporé al equipo juvenil”.

Ya se había lucido en muchos partidos de los torneos divisiones menores, jugando por Emelec, cuando teniendo 17 años, Dusan Drascovic lo vio jugar y lo convocó para la Selección Nacional Sub 20 que debía jugar el Sudamericano de esa categoría en Venezuela. “Me fue bien en ese torneo. Fui titular, hicimos un buen torneo y fue un orgullo vestir mi primera camiseta de la Selección de mi país. Al legar tuve una alegría mayor, cuando leí en Diario Extra que estaba convocado para integrar el equipo de primera de Emelec. Me incorporé enseguida y ese mismo año, el entrenador Nito Veiga me daba la oportunidad de debutar en primera división en el campeonato nacional”

Su debut se dio por obra de la casualidad y la fortuna. Fue un domingo 3 de marzo de 1991 en la primera fecha del campeonato nacional en un partido jugado en el estadio Guayaquil en el que Emelec empató como local 1-1 contra El Nacional goles de Jesús Cárdenas pala los Azules y José Guerrero para los nacionalistas. Ese día, los titulares estaban en la Selección y el estratega argentino Nito Veiga, tuvo que mandar a la cancha a suplentes y juveniles, reforzado de los jugadores mayores que no estaban en la Tri y los extranjeros. Así, Emelec formó con: Israel Rodríguez; Danes Coronel, Urlín Cangá, Hólger Quiñónez y Marco Quinde (Romel Báez); Mario Saralegui, Dixon Arroyo y Vidal Pachito; Luis Ordóñez, Jesús Cárdenas (Víctor Ramos) y Xavier Balladares.

De sus primeros años en Emelec guarda una de sus grandes anécdotas. “Fue en 1991 cuando dirigía Ángel Castelnoble que remplazó a Nito Veiga. Jugaba un Clásico, el primero de mi vida  y la verdad es que había estado mal en el primer tiempo. Raúl Avilés le pidió al entrenador que me saque, pero el profe, ratificó  su confianza en mí y me mantuvo en la cancha. Me habló y sus consejos me sirvieron. En el segundo tiempo cambié radicalmente y terminé jugando un partidazo, al final Raúl me felicitó.”  El Clásico al que se refiere Coronel, fue cuatro meses después de su debut, un domingo 28 de julio de 1991. Fue en el estadio Monumental en un cotejo que terminó igualado 2-2. Raúl Avilés y Humberto Garcés, anotaron por Emelec y Rubén Insúa por Barcelona.

Ese mismo 1991, siendo juvenil, logró afianzarse como titular, jugando 23 partidos de inicialista de los cuales en cinco fue sustituido. Muy buenos números para un juvenil que debutaba en el club y en el torneo nacional. Tuvo tan buen desempeño, que la Asociación del Fútbol del Guayas lo nominó como Mejor Jugador Promesa. Esa temporada Emelec no llegó a planos estelares y apenas logró ser campeón en el torneo de reinauguración de su estadio, pero Coronel empezó su camino en el equipo con pie firme.

Su buen antecedente en la Selección Nacional Sub 20 que jugó en Venezuela y su buen accionar en el campeonato nacional, le sirvieron para que en 1992, Dusan Drascovic lo convoque nuevamente a la Tricolor. Esta vez fue en la categoría Sub 23 que jugó el Preolímpico de Paraguay 1992 en el que Ecuador tuvo una gran participación y terminó en cuarto lugar. En la primera fase ganó su grupo delante de Uruguay con el que clasificaron al cuadrangular final y dejando en el camino a Argentina, Chile y Bolivia. En la ronda final ocupó la cuarta casilla, no logrando clasificar a los Juegos Olímpicos Barcelona 1992.

En 1992, Coronel se consolidó como titular en el equipo que dirigía Salvador Capitano, que se distinguió por su buen juego y en el que formó una de las mejores defensas de Emelec de todos los tiempos, que fue además la defensa de la Selección con Iván Hurtado, Máximo Tenorio y Luis Capurro. Ese año, él jugó 40 partidos en los que fue nueve veces sustituido, siendo con el arquero Jacinto Espinoza, los jugadores que má partidos jugaron ese año por el club. “Ese año merecimos mejor suerte. Fuimos considerados por la prensa como el mejor equipo del torneo y el que mejor fútbol practicaba, dábamos espectáculo y nuestro fútbol agradaba, pero un mal resultado ante El Nacional en Quito en la Liguilla, nos privó de legar más lejos, terminamos terceros, pero para muchos nosotros fuimos los mejores”.

Ese 1992, se dio el debut Coronel en la Selección mayor. Fue una gira amistosa de la Selección a Centroamérica. Fue un 24 de mayo en el estadio Mateo Flores de la Ciudad de Guatemala en empate de 1-1 ante Guatemala. Su compañero en Emelec, Iván Hurtado hizo el tanto de los Tricolores y Wispal notó para los “Ticos”. Ese día “El Patucho” formó defensa con Hurtado y Luis Capurro como centrales y José Guerrero como lateral izquierdo. El reto del equipo fue Héctor Carabalí, Nixon Carcelén, Juan Carlos Garay y Cléver Chalá (Patricio Hurtado) en la media y Ángel Fernández (Oswaldo De la Cruz) y Eduardo Hurtado (Diego Herrera) en la delantera.

Al año siguiente (1993), el fútbol fue más justo con Emelec que terminó siendo campeón nacional, título que repitió en 1994, para el primer bicampeonato de la historia del Club y en el que Coronel, fue factor importante, siendo en el 93 titular en 23 partidos con cinco sustituciones y en el 94 en 38 ocasiones sin ser cambiado, anotando dos goles, uno a Deportivo Cuenca y otro a El Nacional. “Ese año (1993) es inolvidable, quedé campeón nacional en ese equipazo que dirigía el profe Capitano en que jugábamos de memoria y hacíamos un fútbol de lujo y además nuevamente y por tercera vez fui convocado por Dusan  a la Selección. Esta vez para la Copa América de Ecuador en que llegamos a las semifinales y quedamos en cuarto lugar y para las eliminatorias al Mundial de Estados Unidos 1994 al que debimos clasificar. Nos faltó suerte y el punch final. Con Emelec fuimos campeones al ganarle 1-0 a Green Cross de Manta con golazo de Iván Hurtado. Ese día, me mandé una jugadota que debió ser gol. Corrí desde mi zona de defensa, atravesé  toda la cancha a toda velocidad dejando rivales en el camino, llegué al área, el arquero me salió bien, me cerró el ángulo y mi disparo lo pudo controlar. Hubiera sido un golazo. Pero bueno, ganamos, fuimos campeones y eso fue lo importante”

En 1994 fuimos campeones nuevamente, esta vez tras empatar en Quito con Aucas, pero fue un título con angustia, pues debimos esperar un resultado entre Barcelona y El Nacional en Guayaquil. El marcador fue favorable a nosotros y logramos campeonar con un plantel compuesto enteramente por jugadores nacionales. El técnico era el profesor Carlos Torres Garcés”.

Los títulos de campeón con Emelec en 1993 y 1994, le permitieron a Coronel, jugar sus primeras Copas Libertadores. En su debut en este torneo en 1994 jugó ocho partidos, siete de ellos de titular. La Copa de 1995, le dejó el mejor sabor que ha tenido el cuadro Eléctrico en estas lides, cuando llegó a ser semifinalista de América. Esta vez jugó siete partidos.“Fueron grandes momentos. El equipo tenía buenos jugadores que más allá del fútbol formábamos una familia. Éramos un grupo con aspiraciones. Merecimos mejor suerte, en semifinales al Gremio de Porto Alegre debimos ganarle aquí, nos faltó el gol pero fuimos mejores que ellos y los dominamos. Terminamos 0-0. Allá nos ganaron. Al final elos fueron los campeones”.

Los caminos del éxito se le siguieron presentando a Coronel. En 1995, con Emelec fue el titular indiscutible, jugando 38 partidos, 37 de ellos de inicialista y uno que entró al cambio. Ese año sufrió la primera expulsión de su carrera, fue  en un Clásico del Astillero, jugado en el estadio Monumental en la Liguilla  final. Esa temporada su club terminó cuarto en el campeonato nacional, consiguiendo la clasificación para la Copa Conmebol, lo que significó para Coronel oro torneo internacional más. Además volvió a integrar la Selección de mayores que jugó la Copa América de Uruguay, en lo que para él, era su segundo Sudamericano.

En su club, las horas de triunfo, continuaban. En 1996 fue vicecampeón con lo con lo que  regresaba a la Copa Libertadores. Ese año  jugó 42 partidos, 36 por campeonato nacional en el que anotó un gol a Espoli en la Liguilla final y seis por la Conmebol. En 1997, su equipo quedó en tercer lugar y clasificaba a otro torneo internacional: la Merconorte. Ese año jugó 39 partidos, 34 por campeonato nacional y cinco por Copa Libertadores, anotando un gol a Aucas en la Liguilla. En 1998 fue nuevamente vicecampeón nacional, llegando a su cuarta Libertadores y jugó 40 partidos de campeonato nacional, anotando tres goles, marcados ante Técnico Universitario, El Nacional y Panamá. En Copa Merconorte, jugó cinco partidos. En 1999 en su última temporada en el club, Emelec fue tercero y por quinta vez, Coronel llegó a otra Copa, jugando esta temporada 40 partidos, 33 por campeonato nacional, cinco por Libertadores y dos por Merconorte.

Su último partido con la camiseta Azul fue el 5 de diciembre de 1999 en el estadio Reales Tamarindos de Portoviejo por el Campeonato Nacional ante Deportivo Quito en partido que los Azules remontaron el marcador pues de ir perdiendo 2-0 en el primer tiempo, al final ganaron 3-2. Ese día, Emelec formó con Carlos Morán en el arco; Dannes Coronel, Juan Manuel Rey, Augusto Poroso y Manuel Mendoza; Wilson Carabalí, Geancarlos Ramos (Javier Intriago), Moisés Candelario (Jimmy Quintero) y Ángel Fernández en la media cancha y Carlos Alberto Juárez (Otelino Tenorio) y Ariel Graziani en la delantera..

En el balance final, Coronel al que también llamaban “Matagigantes” por su garra y combatividad con la que enfrentaba a cualquier rival, sin importarle su esttura o su nombre, jugó nueve temporadas en Emelec con 342 partidos oficiales, jugando nueve campeonatos nacionales (1991-1999), cuatro Copas Libertadores (1994-1995-1997 y 1999), una Copa Conmebol (1996) y tres Copa Merconorte (1997-1998 y 1999). En su paso por el club anotó siete goles. Al inicio del 2000 Coronel, dejaba el club de sus amores y fue transferido a El Nacional de Quito.

Su paso por la Selección Nacional también seguía vigente. Así, entre 1996 y 1997, fue llamado en algunas convocatorias al Mundial Francia 1998 y en 1999 para su tercera Copa América que se jugó en Paraguay, en la que Ecuador terminó en cuarto lugar en una participación honrosa que mereció mejor suerte.

Ya sea en Emelec o en la Selección, Coronel fue un grande e hizo época por su hábil forma de jugar, por su impecable marca y su gran tarea de apoyo ofensivo, en la que lució gran velocidad, habilidad y precisión para centrar siendo con sus pases gol, coautor de muchos goles de su equipo. Pero más allá de todo, Coronel sobresalió por ese temperamento guerrero, por esa garra inclaudicable, por la fuerza con que jugaba y porque no se entregó nunca. Coronel es puro corazón y conmueve verlo jugar. “Yo no nací para perder. A mí me gusta ganar”. Y por ser ganador está donde está, alcanzando la frontera de la  gloria y siendo querido por la hinchada que pocas veces se equivoca en elegir a sus ídolos.


Estadísticas: Alfredo Mera Giler.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

Check Also

CARAPAZ A RITMO DE MARSELLESA

Ayer fue en Italia, hoy es en Francia, mañana será en cualquier lugar del planeta. …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *