YO SOY TRANSGÉNERO

En la sala de la maternidad Sotomayor, a las 8: 42, nació Josué. Es el invierno del 74. El orgullo de don Miguel por ser varón. “No soy el orgullo de don Miguel. Dejé de serlo a los seis años, cuando notó que su gran varón, era afeminado, y dejó de serlo aún más, cuando a los 22 su “gran varón”, le confesó que no era hombre, que tampoco era gay, que era una mujer, que había decidido serlo y convertirse en transgénero, que se iba a vestir como mujer, a maquillar como mujer, a usar tacones como una mujer, porque era mujer. Entonces él dijo, yo tengo un hijo no una hija, así que si quieres ser mujer, hazlo lejos de mí  y me fui de la casa. Han pasado 24 años de eso y nunca más nos volvimos a ver ni a hablar, ni a tener ningún contacto. Sabemos uno del otro, pero hasta ahí. Él no tiene su hijo, pero yo si tengo mi padre, ausente pero lo tengo”

La canción Simón Simón, compuesta por el cantante panameño Omar Alfanno  y cantada por Willie Colón (William Anthony Colón Román), sirve de entrada, de introducción y servirá de desarrollo y colofón, a una historia real y desgarradora de la serie Yo Soy, contada por Josué, un transgénero guayaquileño de 46 años, quien decidió contar su vida con la esperanza de dejar un mensaje a la sociedad. Confieso que es la primera vez en mis 60 años de vida, que son muchos, que hablo con una trans. Tengo amigos gays, amigas lesbianas, con quienes he compartido, pero ningún o ninguna trans. Conversar con él o con ella, fue un descubrimiento, una nueva experiencia, una primera vez.

“Pensé mucho en si contar mi historia o no. No me preocupaba hacerlo porque sabía que iba a estar protegido por el anonimato y que no llevaría mis nombres reales, aunque los que me conocen si llegan a leer esto sabrán que soy yo. No era ese mi temor o mi limitante, y tampoco a estas alturas del partido, me importaría decir mi nombre, aunque prefiero no hacerlo. Lo que me hacía pensar en contar mi vida, era el desnudarme ante el mundo, el contar mi intimidad, el mostrarme como soy y qué siento, sin ganar nada, económicamente hablando, que tampoco me interesa. Pero acepté hacerlo porque creo que esta es la oportunidad de decir: aquí estamos y así somos y aunque no lo logre, dejar un mensaje a la sociedad para que al menos si no nos aceptan, no nos discriminen. Somos seres humanos, no como muchos quieren que seamos, pero somos seres humanos y pedimos que nos respeten nada más. Tengo muchos sueños como trans que los iré contando en el desarrollo de la historia, pero el mayor sueño, es ese que no nos discriminen y nos respeten”.

Antes de empezar la historia, dígame ¿Qué es un transgénero? “Transgénero, no transexual, como erróneamente también  nos llaman, somos los seres humanos cuya identidad de género no corresponde al sexo con el que nacemos y como tal adquirimos las características físicas de las personas del sexo contrario al que nacemos, ya sea mediante tratamiento hormonal o quirúrgico. En mi caso, yo nací hombre, pero me siento una mujer. Y soy una mujer. Si usted me pregunta que sexo soy le diré soy una mujer. Y soy una mujer porque así me siento. Y como tal tengo apariencia, de mujer, me visto, me maquillo, uso zapatos de tacos, faldas, blusas, brasier, calzones, cabello largo, me depilo y hago todo como mujer. Soy una mujer más, igual a las que nacen mujeres, lo único que nos diferencia es el órgano sexual y que no puedo parir. En lo demás, soy una mujer. Pero más allá de lo físico y de que transgénero es la persona que hace ciertos cambios en su apariencia, más vale el cambio interno, en sentir y tener en el género que sientes, en mi caso mujer. No tiene que ver las cirugías que te hagas, o el proceso hormonal al que te sometas, la transición debe ser interna y que tú mismo creas en lo que eres y te presentes como lo que eres: ya sea hombre o mujer. Yo soy mujer y así me siento y así me creo y me acepto. Tengo pene pero soy mujer. Mujer con antena como llaman ustedes los “normales”, pero mujer al fin”.

A ver, usted dijo que es transgénero, no transexual ¿Cuál es la diferencia? “Como le dije, el transgénero es quien se siente distinto al género que nace. Allí, es básico y esencial, lo mental, el sentirse orgulloso de lo que se es. Es tener el orgullo de vivir sin ocultarse y amando a quien se desee amar. Eso significa no ceder al chantaje, miedo, discriminación de la sociedad. En cambio, el Transexual es quien adquiere las características físicas de las personas del sexo contrario mediante tratamiento hormonal o quirúrgico. Esto a diferencia de lo nuestro que es mental, se refiere al contexto del sexo biológico, que  se tiene al nacer. Aquí, el sexo biológico se define por la genitalidad con la que se nace. Estas personas tienen la convicción y se identifican con el género opuesto a su sexo biológico. Los transexuales tienen sentimientos de haber nacido en el sexo físico equivocado, y por ello su sueño o su meta es operarse. Mientras nosotras estamos seguros de lo que somos, a ellos lo desconocido y lo diferente genera miedos. Para entender hay que dejar en claro que sexo y género no es lo mismo.”

Ahora sí, con el panorama claro de que es un trans. Empezaremos esta historia, que en gran parte la iremos contando, al ritmo de Simón Simón. “¿Fue criado como los demás. Con mano dura, con severidad. Nunca opinó. Cuando crezcas vas a estudiar, la misma vaina que tu papá, óyelo bien. Tendrás que ser un gran varón? “Tal cual, al pie de la letra. Muchas partes de esta canción, parecerían escritas para mí y para muchas de nosotras. Es real. Eso me ha pasado. Esta estrofa a excepción de estudiar la misma vaina que tu papá, es estrictamente lo que me sucedió desde niña. Fui criada como las demás, con mano dura y severidad y nunca opiné. No tenía chance, si opinaba, si chistaba, era peor. Ahí no solo me daban palo por afeminado o por maricón, sino también por contestón. Mi familia era conservadora y total ignorante en el tema, no tenía casos de referencia de esto en la familia y no entendían nada de mi personalidad. Ellos no tenían información y por tanto no sabían cómo ayudarme porque tenían mil ideas, preconcebidas en la cabeza y algunas erróneas. Mi padre nunca me dijo que tenía que ser médico como él, aunque le hubiera gustado, pero quería que sea abogado, arquitecto, futbolista, músico, que sea lo que yo quiera ser, pero que sea hombre. Mi padre era machista, estricto, conservador y yo era el hijo que no quería. Él quería un hijo hombre, que le dé nietos que mantengan el apellido y no yo era así. Él lo que quería era que sea su gran varón”

¿Cuándo sintió que no lo fuera? “Desde los cinco años. Es que era obvio, sumamente obvio, yo era un niño muy muy amanerado y se me notaba mis actitudes femeninas, sin embargo hasta ese momento me comportaba como todo niño y en mi casa nunca me faltó nada, incluso amor. Nunca hizo falta el dinero o un pan en la mesa  y mi padre me amaba, me veía raro, diferente, sospechaba, a veces me lo decía o me preguntaba cosas, pero más allá de eso, no hacía nada porque era un niño y tal vez pensó que sí me decía algo, me iba a empujar a ser lo que no quería que sea; o quizá, como que tenía la esperanza que mis gestos cambien al crecer, no sé, como que creyó que de grande, me podían “arreglar”, cambiar, no sé, pero me quiso. En casa, no sufrí  de niño, el sufrimiento se hizo extremado al crecer. Pero nada, yo siempre sentí desconexión con mi sexo biológico y esa desconexión también la tuve en su mente y la hubo en la de mi familia, en que hubo una gran confusión. Es que como le decía antes, ellos nunca habían visto un caso así y pensaron que era una etapa porque los niños también se confunden y que ese comportamiento al crecer lo iba a cambiar y ciertas posturas a olvidar. Pero no pasó así, en vez de olvidarme cada vez era más fuerte, el rol de género femenino, pero claro, lo reprimía, porque nadie sabía n poder saber lo que sentía, después de todo yo era un hombre, un niño y así tenía que ser. En mi casa, mi infancia, pese a eso, fue digamos normal y feliz”

 “Donde si fui infeliz y sufrí mucho, muchísimo, fue en la escuela, ahí si la pasé muy mal. Fue terrible. Me hicieron bulling todo el tiempo. Como le dije, era un niño muy amanerado, muy femenino, muy delicado y algo sumiso, acomplejado, avergonzado, no sé. Tuve muchas confusiones en esa etapa, en que yo mismo no sabía que era, me sabía hombre pero me sentía mujer. Sabía que era un niño, pero me sentía niña. Es que eres un niño, tienes siete, ocho, nueve años, no entiendes de la vida, no sabes porque naciste así, y sobre esa confusión, de paso, que te molesten es terrible. Yo lloraba, no quería ir a clases, no me gustaba ir a la escuela, sufría ansiedad y a veces hasta ataques de pánico y mis padres no entendían, porque no era por vago que no quería ir, porque era buen alumno, entonces no entendían porque no quería ir a la escuela, sospechaban que algo pasaba, que había bulling, pero como yo no decía nada, no tenían una razón clara por tanto, una postura clara. Al inicio estuve en una escuela de hombres, luego fui a una mixta, pero igual en ambas me sentí fuera de lugar. Cuando estuve en la escuela de solo varones, me discriminaban, me atormentaban, los niños sueles ser crueles, dicen que los niños tienen el alma pura, pero créame algunos son muy crueles. Me pegaban, me encerraban en el baño y me daban duro, entre cinco o seis, me botaban mis cosas de la lonchera, me rompían los cuadernos, me escribían en el pupitre: niña o maricón; me ponían apodos, me decían niña, y yo no podía invitarlos a pelear, yo solo lloraba y callaba y no le decía nada a los profesores porque me daba vergüenza y miedo y creí que no me iban a ayudar. A esa edad no intentaban abusar de mí, los maltratadores eran niños, solo querían molestarme y me hacían mucho daño, pero no iba más allá. Y yo confundido porque me sentía diferente. Ellos jugaban fútbol, básquet, jugaban al policía y el ladrón, a la lucha, se ensuciaban, se lanzaban al piso, se trepaban a un árbol que había y yo no hacía nada de eso, la pasaba solo, completamente solo y alguna vez intenté hacer lo mismo que ellos hacían y no pude. Ahí me di cuenta que éramos diferentes. Sufrí mucho en esa escuela”.

“Cuando estaba en cuarto grado nos cambiamos de casa, entonces como es lógico, me cambiaron a una escuela cercana y esa escuela era mixta y ahí me fue algo mejor y digo algo mejor porque si bien los niños me seguían pegando y haciendo los mismos horrores que en la otra escuela, al menos acá tenía amigas, con ellas conversaba, hablábamos de cosas de niñas, que claro yo no contaba las mismas cosas que ellas contaban aunque las hacía, pero me sentía identificada, sentía que pertenecía a ese mundo, sentía que era una niña más aunque vistiese camisa y pantalón y ellas blusas y faldas. Los niños me decían: eres una niña por eso andas con ellas; eres gay por eso no quieres jugar con nosotros, pero no es que no me importaba lo que me digan, pero al menos tenía amigas y no etaba solo como en la escuela anterior.Una vez incluso a insistencia de mi padre, en quinto grado, me metieron al equipo de fútbol del curso, pero nunca jugué, no me gustaba y no me quería y era la única vez en que mis compañeros estaban de acuerdo conmigo y no me llevaban la contraria. Yo no quería jugar y ellos no querían que juegue, debieron pensar que era malísima o que las niñas, como me decían,  no jugaban al fútbol. En esa época no estaba desarrollado el fútbol femenino como hoy y el fútbol era para los hombres y no para las mujeres. La verdad nunca me llamó la atención el deporte. A mí me gustaban otras cosas: cocer, aprender a cocinar, bailar, hacer manualidades. Ahí me sentía cómoda. Yo me confundí muchísimo en mi infancia. Me sentía femenina, veía mi mama, a mi hermana a mis primas y quería ser como ellas, pero me veía el pipi y sabía que era hombre. Toda la vida me sentí diferente, solo que sabía cómo transmitir ese sentimiento. Nadie lo entendía, solo yo y nadie más que yo. Yo era un niño que quería ser una niña y estaba muy confundida y no sabía a quién acudir. No sabía qué mismo era. .

Hubo una parte de su relato anterior que me llamó la atención. Usted textualmente dijo: “hablábamos de cosas de niñas, claro, yo no contaba las mismas cosas que ellas contaban aunque las hacía. Cuales eran esas cosas? “Pintarme a escondidas, ponerme la ropa de mi hermana mayor, ponerme los zapatos de taco de mi mamá, maquillarme, jugar con muñecas, jugar a la cocinita, al gabinete de belleza, al florón, (un juego infantil de pasarse cosas en las manos). Eso de vestirme como mujer y pintarme lo hacía a escondidas, me encerraba en el baño, lo hacía y me miraba en el espejo. Una vez mi hermana me pilló y le dijo a mi mamá. Ella me retó y me pegó, pero no le dijo a mi papá. No sé si le dio miedo o vergüenza pero lo hizo, lo calló. Los juegos infantiles si los hacía con mi hermana y mi otro hermano y eso era como normal, no había drama en eso. Creo lo hacen todos los hermanos, por ejemplo cuando jugábamos a la cocinita la que cocinaba y servía era mi hermana, mi hermano y yo comíamos, aunque realmente yo quería cocinar y servir. Cocinar era poner agua en las tazas como se fuera caldo o café y poner pan en el plato como su fuera carne. No es que cocinábamos de verdad. Eso sí contaba en la escuela en mi rol de niño, pero eso de disfrazarme de mujer no podía contarlo a mis amigas que también lo hacían, pero claro, ellas eran mujeres, niñas y yo un niño, como iba a decir eso, si era un niño. Confusión total para mí. La escuela fue la peor etapa de mi vida.”

Si eso fue en la escuela, me imagino que en el colegio fue peor el discrimen. “Fíjese que no. En el colegio me fue bien. No sé, si porque ya éramos más grandes y entendíamos un poco mejor las cosas, o porque cada quien se preocupaba por sus intereses y no le paraba mucha bola al otro, pero en el colegio no me fue tan mal, mejor dicho no me fue mal. Quizá porque ya aprendí a defenderme. Alguna vez me quisieron hacer lo mismo de la escuela como pegarme o botarme los libros, pero esta vez ya me defendí. Par de veces me fui de puñetes con los compañeros. Una vez le pegué y otra, me pegaron. Y fíjese lo que es la vida, cuando fui emplomado a casa y conté a mis padres que me había dado puñetes, mi padre se puso feliz. Le gustó mucho que haya peleado y me dijo. Al fin. Ya estás haciendo cosas de hombres y esa noche, muy orgulloso él, me dio clases de boxeo, me enseñó a pelear, a cuadrarme, a lanzar golpes, para que la próxima vez que pelee con mi compañero, quien le pegue sea yo. Ya en el colegio, en la adolescencia cambié. Ya me sentía más segura e hice amistades con las que tenía afinidad y me llevaba bien con hombres y mujeres. La mayoría de compañeras me cuidaban, me protegían, me apoyaban. Incluso, compañeros y casi todas mis compañeras, me decían que estaba bien, que sea como quiera ser y que no tenía que cambiar”

 “Claro, no siempre todo fue color de rosa. Algunas veces, no muchas por suerte, tres para ser precisos, alumnos de cursos mayores estuvieron a punto de abusar a mí. Es que así como hay quienes te repudian, te segregan y te discriminan, otros que te ignoran, otros que te estiman y tratan bien y otros que te aceptan, hay otros que te quieren violar. Por suerte a mí no me pasó. Yo perdí la virginidad por decisión propia, porque quise y con el hombre que me gustaba recién a los 21 años. Yo al crecer, al ser adolescente, también viví confundida. Sí de niño no sabía si era niño o niña, de joven llegué a creer que era un chico gay, un homosexual, un meco, un maricón o como quieran llamarlo, y lo sentía porque me atraían los hombres, había un compañero de clase que me fascinaba pero él jamás lo supo, pero yo no era gay, era mujer y a esa edad ya me sentía mujer. En esa etapa aunque me sentía mujer, vestía y vivía como hombre. Luego a los 18 años, se enteraron en mi casa, de mi homosexualidad. Yo mismo lo confesé. Mi familia a excepción de mi padre, se hizo al dolor y aceptó que era gay, aunque ya no me sentía gay, yo me sentía mujer”

¿Cuál es la diferencia? A ambos le gustan los hombres, ¿o no? “Un gay, un homosexual, no es lo mismo que un trans, nada que ver. Sí, a ambos nos gustan los hombres, a no ser que la mujer sea lesbiana, pero el maricón y el trans somos distintos. Un gay, si quiere, claro,  puede vestirse como hombre, hacer cosas de hombre, jugar fútbol o hacer mecánica, por ejemplo; se siente hombre, es un hombre solo que con otra inclinación sexual, yo no, yo no me siento hombre, yo soy mujer.  Un hombre o una lesbiana sienten atracción por alguien del mismo sexo, pero se sienten hombres y mujeres, los trans no, como la palabra lo dice: trans, transgredimos el género con el que nacemos, no sentimos que pertenecemos al género que nacemos. Pensamos y sentimos que somos de otro género. Yo nací hombre pero soy mujer. Los trasgéneros no tienen nada que ver con la orientación sexual porque a mí como trans, me puede gustar una mujer por ejemplo. Nuestra condición no tiene nada que con el gusto sexual.  Le voy a decir algo duro, crudo y hasta vulgar, pero es algo que grafica la diferencia, ahí., tal como es. En lo único que nos parecemos los gays a los trans, es que a los dos nos dan por el mismo hueco, pero ellos son hombres y nosotras mujeres. Se la pongo gráfica, gay son La Cerecita, El Cuy, Barahona o Dupleint (personajes de televisión), yo soy mujer. ¿Se entiende?… Perfectamente.

Bueno, dejando la digresión de lo de gay o trans,  volvamos a la historia. Estábamos en que su familia se enteró. ¿Qué pasó después?  “Uffff. Pasaron muchas cosas, muchas, de todo. En casa y fuera de ella. Para empezar la indiferencia y el desprecio de mi padre. Yo vivía en la casa de él, con él, pero procuraba no aparecer por donde él estaba, él llegaba de trabajo y yo me encerraba en el cuarto para que no me vea y él no me buscaba y si por ahí nos encontrábamos, no me determinaba. Es horrible vivir así, vivir con tu padre y que no te quiera. Terrible. Luego, mi madre, aconsejada u obligada por mi padre, hizo de todo para intentar “curarme”, como si esto fuera una enfermedad que se cura con medicina y tratamiento. Así, fui a doctores, sicólogos, siquiatras, iglesias, clínicas de rehabilitación de drogadictos, yo no lo soy. En fin, que no pasé”.

“Visitamos muchos psicólogos, todos decían lo mismo, todos daban el mismo diagnóstico: desorden mental. Cierta vez, fuimos a un psicólogo que trabajaba con personas trans que nos dijo que la condición de trans aparece en la primera infancia. Mi madre se asombró y creyó que no era cierto, que el doctor estaba equivocado, pero yo sabía que era verdad, porque como le conté de niño me sentía mujer. El doctor dijo algo que yo sabía y mi mamá no, que todos desarrollamos nuestra identidad de género entre los tres y los seis años. Pero aunque sepas quién eres desde la primera infancia, la mayoría nunca entiende la identidad de género, pues a veces esta puede ser congruente con el sexo biológico y otras no. El psicólogo nos explicó con estadísticas mundiales y nacionales este hecho, que a pesar de nacer con vagina se desarrolla la identidad de género masculina, o que a pesar de nacer con pene tienen la identidad de género femenino, que era mi caso”

“Según el doctor, esa incongruencia aún no ha podido ser identificada, por tanto aún se desconocen las razones en forma exacta. Sin embargo, hay estudios que dicen que esto ocurre por un factor genético, hormonal, o por la progestonera testosterona en meses de la gestación. Pero así no haya consensos científicos, esto es una realidad y es parte de la diversidad de humana. Fíjese que recién hace dos años, El 18 de junio de 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la transexualidad no es una enfermedad mental. Así que enferma no soy ni estoy y así lo dice la ciencia”.

“En cuanto a la iglesia, fui a varias de diferentes religiones y el resultado fue traumático. De una iglesia y me va a permitir decir el nombre, porque quiero desmitificar la fama de iglesia justa que tiene: Galilea, me botaron y no me permitieron la entrada porque dijeron que era el diablo que llevaba la corrupción en mi cuerpo. Otras dos iglesias evangélicas a las que fui, me aceptaban, que entre, pero pastores y feligreses, me miraban con miedo, con asco, con odio, no sé. En una me quisieron exorcizar para sacarme el demonio de la homosexualidad que levo adentro. En una iglesia católica, el cura solía caminar por los pasillos, echando agua bendita a los asistentes, a mí  me lanzaba chorros y con el tiempo ya no me lanzaba nada, me saltaba o ignoraba, como si lo fuera a contagiar. Creo en Dios, pero no me va bien con el tema de la fe”.

En cuanto a las clínicas de rehabilitación, me llevaron a dos. En una fueros sinceros y profesionales y apenas me llevaron mis padres, dijeron que la homosexualidad no se curaba y que esa clínica era para alcohólicos, drogadictos y personas con problemas de conducta. En la otra me aceptaron con el paro de que me iban a curar, pero era por sacarles dinero a mis padres. Estuve allí tres semanas, pero yo no me sentía cómoda. Sentía que me discriminaban, en esa clínica a más que nos dopaban, nos pegaban, nos encadenaban y las terapias eran a base de insultos. Ellos justificaban el uso de las cadenas, diciendo que esas cadenas había que soportarlas porque eran las cadenas de la salvación, que cuando estaba afuera estaba atada a la cadena de la homosexualidad que era peor y no ahí no decía nada. De esa clínica me dejaron salir por que dos de los internos una noche me intentaron violar, por suerte hice escándalo, tiré una lámpara al piso, llegaron los terapistas y pusieron orden. Yo al día siguiente pedí que llamaran a mis padres para que me retiren y los amenacé que en caso que eso ocurra los iba a denunciar con la prensa. Así que tranzamos mi salida y la devolución del dinero que faltaba por el tiempo que no iba a estar allí, por mi silencio. Cabe aclarar que no fui por mis propios medios, me llevaron a la fuerza, como saben a hacer a los drogadictos”

“En la calle, en el mundo exterior, pasa de todo. Así como hay gente buena que te acepta o te ignora, hay un mundo de mucha discriminación. Para un gran sector de la sociedad, cuando una de nosotros se pone una falda, sale disfrazada a la calle. La conducta de la gente es variada. Hay gente que te quiere golpear, otros que te insultan, patanes que te dice cosas vulgares o te quieren manosear, gente que te minimiza, policías que te quieren levar preso o te chantajea, lugares como restaurantes, bares o discotecas, a los que no te dejan entrar, no es fácil conseguir trabajo, no hay oportunidades,  entré a la universidad estatal a estudiar derecho, pero me sentía discriminada, hasta que abandoné la carrera. La calle es una selva de cemento, pero para los gays y los trans, a más de ser una selva de cemento con las fieras sueltas, el campo está minado. A veces me quería morir, y en dos ocasiones me quise matar, es que tenía tantas frustraciones, tantos dolores y toda esa desinformación, de saber que va a ser de mí. No es fácil ser diferente, aquí. Porque eso soy diferente, no un perdido, no un degenerado, no un enfermo, no un delincuente, solo una persona diferente al resto, que tiene su diversidad.”

“Hasta allí, mil penurias, sin embargo vivía en mi casa y nada me faltaba. Mi apariencia física era la de un hombre gay. No me vestía como mujer, pero era fácil darse cuenta que hombre, hombre, no era. Hasta que un día cuando tuve 22 años, mi padre que ya estaba cansado y frustrado de hacer de todo para curarme (iglesias, doctores, tratamientos médicos, clínicas etc) me vio besándome con un chico y ese si fue el acabose. Tuvimos una fuerte discusión, intentó pegarme, no se lo permití y me botó dela casa, en una escena dolorosísima, porque mi madre lloraba, mis hermanos no sabían que hacer, cuando quisieron intervenir en mi defensa, mis padre los amenazó con botarlos también. Así que con lágrimas en los ojos, mucha frustración y un gran dolor en el corazón, me fui de la casa, a hacer mi vida. Fui a vivir a casa de un amigo gay y allí mi vida tomó otro rumbo” Y usted que está que hace preferencia a la canción Simón, en eta parte de mi vida bien podría cantarme: “Se dejó llevar de lo que dice la gente. Su padre jamás le habló. Lo abandono para siempre”. Dos años después, a los 24 años, tras un proceso largo, decidí, cambiar mi apariencia física y convertirme en lo que realmente soy: una mujer. Allí se transformó Josué, ojo que no digo murió Josué, porque Josué no ha muerto, sigue vivo, solo que se transformó. Lo que sí puedo decir es que nació Geovanna”

Nació Geovanna

Entonces pasó lo de: “Al extranjero se fue Josué. Lejos de casa, se le olvidó aquel sermón
Cambio la forma de caminar Usaba falda, lápiz labial, y un carterón”
“Sí, literal, aunque no me fui al extranjero, anduve por Quito, Manta y Quevedo, pero fuera de la frontera no salí. Tampoco pasó  lo que sí le pasó a Simón que su padre lo fue a visitar. A mí, mi padre jamás me volvió a ver. Hasta hoy no me ve. La transformación a transgénero fue un proceso.  Ya al año de estar fuera de casa y convencida de quien era, sentí la necesidad de hacer mi transición. Para eso, ya tenía información de los transexuales. Había leído mucho del tema, había consultado con médicos, conocí a muchas chicas lesbianas y a la primera trans en mi vida. Ellas afianzaron mis ideas porque ellas me entendían, vivían realidades similares sino iguales, tenían otra perspectiva y más mundo que yo. Esa decisión de cambio fue como un despertar. Llevaba la mitad de mi vida viviendo “a medias” que un día decidí que la situación era insostenible y comencé un largo proceso de transformación. Tenía un miedo atroz a hacerlo, pero más tenía miedo a que un día me despierte y sienta que, definitivamente, había pasado o  perdido el tren de mi vida. Quería ser yo, necesitaba ser yo, y no sólo por dentro. No fue de golpe el cambio. Lo primero que hice fue cambiar mi closet. Desaparecieron las prendas masculinas y aparecieron los pantalones de mujer y las blusas. Aún no tenía faldas no vestidos. Luego fui trabajando mi cambio físico. Fui tomando hormonas. Primero me perforé la oreja para usar aretes, mi madre con la que si tenía contacto frecuente, lloró cuando me vio las orejas perforadas. Tiempo después me dejé crecer el pelo, meses después me lo teñí, luego me depilé las cejas y me rasuré, ya rasurada me podía poner vestidos, faldas, y me maquillaba, tuve que aprender a usar tacones, al principio era muy difícil y varias veces me caí o salieron ampollas. A medida que fui formando una estética más femenina me fui transformando. Ya era una mujer y la gente empezó a tratarme como a una chica. Al tiempo las hormonas femeninas iban dando resultados y tenía senitos, unas grosellitas para ser sincera, luego fueron ciruelas y luego limones. Hasta allí llegaron. Entonces decidí hacerme el aumento de busto y de glúteos, lo cual hizo que me sienta más segura y más linda. Antes de que me pregunte, no me he cortado el pene, ni me lo pienso cortar, aparte que le tengo miedo a la operación, y que no tengo el dinero para hacerlo, pues es muy cara, no siento que debo hacerlo. No necito hacerlo. Aun teniéndolo siento que soy una mujer. Lo que si pienso quitarme cuanto esto se normalice, es la manzana de Adán. Y bueno, así me transformé en una mujer regia, porque para suerte, no soy fea. Soy una mujer guapa que llama la atención”. Y es cierto, sin mariconada, alguna, Geovanna es muy guapa. Bastante atractiva, la verdad. Podría estar fácil en la televisión.

Ya como mujer ¿Qué pasó?  “Nuevamente como en la adolescencia, cuando se descubrió mí sexualidad. De todo. Pasó de todo. Cosas buenas y malas. Triunfos y derrotas, alegrías y penas, amores y desamores. En fin, la vida normal de una persona. Experimenté muchas cosas. Primero afincarme en Guayaquil y estudiar belleza y cosmetología, porque estaba decidido que esa iba a ser mi profesión y que tendría mi gabinete de belleza. Atrás quedó el sueño de ser abogada. Sabía por experiencia que como tras iba a ser difícil conseguir trabajo en una oficina, un banco o en cualquier empresa con relación d dependencia y decidí que tendría mi negocio propio y sería mi propia jefa. Los gais obtienen trabajo más fácil porque son más aceptados, pero los trans y las lesbianas no. A nosotras nos discriminan más. Ser tan visibles, tan evidentes, es un problema para conseguir empleo en este país. En ese sentido, me he sentido muy discriminada y me han rechazado y he perdido oportunidades muchas veces. Por eso decidí que tendría mi negocio propio y lo tengo. Y me va bien”.

Para costear los estudios y también por novelería, debo admitirlo, hice show de transformismo, o de drag queen (hombres vestidos de mujer) en una discoteca alternativa. Allí me vestí con prendas femeninas e hice dinero. Alguna vez me propusieron sexo pagado, pero yo jamás le hice a la prostitución. Mis principios no me lo permitían ni mis deseos tampoco. No nací para eso, nunca quise serlo. Solo una vez en mi vida me paré en la Primero de Mayo, pero no fue con el afán de prostituirme, fue por apoyar a una amiga. Había un hombre que la acosaba y la maltrataba y yo decidí ayudarla. Así que me paré junto a ella a esperar que llegara, cuando llegó lo llevamos con engaño a un lugar y le dimos la del zorro, el hombre jamás la volvió a molestar. Esa experiencia de dos horas parada allí, me sirvió para constatar lo espantoso que es ese mundo. Al menos para mí  lo es y respeto a quien las hace. Son objeto de burlas, las agreden, las estafan, los policías las extorsionan, las corretean, le pes pegan o le piden favores sexuales gratuitos, Allí recibí el peor agravio verbal que me han dicho en mi vida: desde un carro me gritaron: Se te nota el huevo. Fue terrible. Cuando salgo a la calle, siento las miradas y siento el discrimen. No quiero victimizarme pero todos los días dia de mi vida siento que soy rechazada, comenzando desde la forma en que me miran. La gente lo nota y algunos sin la menor prudencia y con total irrespeto me lo hacen saber. Así, me encasillan en un lugar que tu no eliges.”

¿Y con la familia, que tal como mujer? “Bien. No con todos. No toda la familia lo acepta o entiende. Es difícil hacerles entender que tú no eliges el sexo y que a veces naces con el sexo equivocado. Es difícil hacerle entender a tus padres, que solo cambio tu apariencia pero no tu esencia. Es difícil, pata la gente, que el hijo que pariste, el hermano con el que creciste, el primo con el que jugaste, el amigo que tuviste, es el mismo de siempre, tal cual, con los mismos defectos, las mismas virtudes, los mismos gustos, solo cambió su apariencia física. La única persona que hoy me ama sin paros ni peros es mi mamá, pero no siempre fue si, al inicio, antes que entendiera o quisiera entender mi situación, me retó, me pego, se avergonzó, me escondía, cuando iban sus amigas yo no podía salir. Era un caos. La ayuda sicológica que ella recibió y las palabras de su cura que es un consejero espiritual le hicieron entender que era mi madre, que soy su hijo y que las madres aceptan a sus hijos tal como son. Entendió que ella me trajo al mundo, que yo no pedí venir así, y que si me trajo al mundo debía amarme, cuidarme, protegerme y aceptarme tal cual soy y hoy lo hace. Hoy ya no me esconde más. Hoy ella es mi pilar, mi mejor amiga, mi todo. No sé qué pasaría de mí sin ella”

“Para el resto de familia o amigos, no es tan fácil entender, aceptar y peor aún, asimilar esto. Yo para muchos sigo siendo Josué, incluso me llaman así y no me disgusta, porque soy Josué. Incluso no he querido cambiar mi cédula aunque hay esa opción. Parte porque la tramitología de cambiar un nombre conlleva cambiar muchas cosas, cuentas bancarias, RUC (Registro Único de Contribuyentes) SRI (Servicio de Rentas Internas), título de bachiller, etc etc. Y parte porque no quiero, porque no me molesta ser Josué y que mi cédula diga así, aunque eso a veces me traiga inconvenientes. Voy a una caja de un banco o a alguna dependencia, muestro la cédula y enseguida me miran como bicho raro y otros hasta me preguntan ¿este es usted? Lo más cumbre es en las elecciones, hacer cola en la fila de hombres, vestido de mujer es patético”.

Experiencias y anécdotas.

Cuénteme experiencias, aventuras, situaciones, vivencias o anécdotas como esas. “Hay montones, muchas, muchísimas

Salgo a farrear como chica. Yo tengo lo mío, soy atractiva y lo sé, los chicos se me acercaban pensando que era mujer, unos se dan cuenta al paso, al instante y tienen varias reacciones. Unos se retiraban asustados sin pronunciar palabra, otros me insultan y me dicen que no engañe a las personas, yo les digo que no engaño, que yo soy mujer; otros me riegan el trago encima y otros me pegaban, me pegaban, porque hoy ya no me dejo. No le permito a nadie que me falte el respeto. El que me busca, me encuentra. Y créame, le va mal. Cierta vez hubo uno que pidió que me sacaran del lugar y lo peor es que lo hicieron. Me sacaron de esa discoteca.  Lo que más me dolió es que el grupo de amigos que fueron conmigo, entre los que había hombres, mujeres, gays y trans, no hicieron nada, al principio medio protestaron, pero luego permitieron que me saquen, yo esperaba que ellos salgan conmigo, si me botaban a mí nos botaban a todos, no fue así. Ellos se quedaron, hasta allí fueron mis amigos. Algunos me llamaron al día siguiente a disculparse, yo ya no los quise oír. Al final los oí y hasta los perdoné, pero no volví a salir con ellos nunca más. Luego nos distanciamos, simplemente dejaron de ser amigos porque no me demostraron que lo eran. Así de simple. Un amigo que no se solidariza con el amigo no es amigo. O sea, si yo hubiera hecho relajo y me botan, está bien que no se solidaricen y dejen que me boten porque, yo me lo merecía por malcriada, pero este no fue el caso, yo no hice nada, me botaban por mi condición de trans. Se suponía ellos me aceptaban así. No fue el caso”.

Hay casos, que hay hombres que  no se dieron cuenta que soy trans, y hasta llegamos a besarnos y cuando alguien les dijo lo que era, me iban a pegar. Una vez uno incluso me sacó una pistola, por dizque haberlo engañado, por no decirle que era hombre, pero es que él no entiende, que no lo engañé, que yo soy una mujer. Me siento una mujer, vivo y siento como mujer, soy una mujer, ¿Cómo decirle lo que no soy?. Es difícil entender, pero el hecho que tenga pene, no me hace hombre. Yo no soy hombre. Soy mujer. De esos casos, que no se han dado cuenta y que hemos llegado a la intimidad, me ha pasado dos veces. Una al ver mi pene, me insultó, me ultrajó y me quiso golpear, yo me defendí con un cuchillo y lo boté del lugar. Otra vez, otro me reclamó pero igual me hizo y después me buscaba para salir”

¿Qué tal de amores? “Mal, pésimo. Soy mala para los amores. Me he enamorado, he tenido pareja pero no me va bien. Para una mujer trans es difícil conseguir amor, tener novio, establecerse con una pareja, casarse. En Ecuador, los hombres se sienten acosados por la sociedad y por sus familias. Se avergüenzan de nosotros. Yo tenía un novio que nunca me llevó a sus reuniones de amigos, excompañeros de colegio o universidad, peor donde su familia. Siempre salíamos solos o con el grupo de amigos que me conoció. Y yo no quiero eso para mí. Si es mi pareja tiene que llevarme atodo lado. Bueno hay situaciones en que entiendo que las personas debemos salir solos. Yo lo entiendo, pero de ahí a no llevarme por temor o vergüenza hay un gran trecho. La mayoría de los hombres ecuatorianos, por no decir todos.  No quieren que los encasillen en una orientación sexual por andar con una trans y peor aún quedar mal ante su núcleo. Simplemente no lo entienden. Yo estoy convencida que mi amor, tiene que ser un extranjero de mente abierta y sin prejuicios. Yo quiero casarme, ser madre, tener mi familia. Es el sueño de toda mujer?

Pero, disculpe, usted no puede tener hijos. ¿Quién le dijo eso?. Si puedo. No puedo parir que es distinto, pero madre, si puedo ser. Hay muchas variantes para serlo. Puedo ser la madre de los hijos de íi pareja si los tiene, o de los hijos de él si quiere tener, hay métodos para eso y no solo mediante el contacto sexual. Puedo adoptar. En fin, madre sí puedo ser. No me venga con criterios retrógrados. Se que no es fácil entender que las trans seamos madres, pero podemos serlo”

Bueno. Y ¿Cómo le va con la sociedad? “Las trans no vivimos en una burbuja, no tenemos un mundo solo para nosotros, no hay una ciudad exclusivamente de trans, en el mundo hay de todo y hay dos opciones o nos aceptan o no nos aceptan y en ese no aceptar hay también, dos opciones o nos marcan con indiferencia o nos rechazan y hasta agreden. La sociedad debería aceptarnos, porque somos una realidad. Existimos, somos seres humanos con los mismos deberes, derechos y obligaciones. Pasa que La gente es muy ignorante, y ojo que no insulto al decir ignorante, hablo de ignorar un tema. La gente que se llama común o normal, la sociedad, tiene miedo. Hay un estigma para con nosotras. Nos estigmatizan y nos dan estereotipos, que mo siempre son así. Para muchos somos vulgares, conflictivas, problemáticas, piteras o putas. Y sí, si hay quienes cumplen con ese estereotipo, pero hay quienes que no. Yo por ejemplo no. Mucha gente no entiende que alguien sea gay, tampoco que un hombre pueda amar a otro, pero que haya una trans, o lesbiana. La gente no entiende que nuestra preferencia sexual, nos nos hace lacra, ni mala persona, ni somos enfermos o depravados y pervertidos, peor violadores. Simplemente no entienden”.

Pero para un sector de la sociedad, o la crítica, están en buen camino en su deseo de ser aceptados. Ya se aceptó el matrimonio homosexual, ya se pueden cambiar los nombres, ya se les reconoce derechos de igualdad, ya se pena los delitos de discriminación.  “La crítica cree que estamos en buen camino y no es tan cierto, falta muchísimo. Aun no nos aceptan y temo que hay personas o sectores que no nos aceptaran jamás. No todas trabajan, no todas podemos trabajar como cualquier mujer, estar en un banco, en una oficina, en una caja del comisariato, en el sector público etc. Solo podemos estar en un salón de belleza que es el único lugar que nos hace visible y como que la gente acepta y se lo ve “normal”. Ni siquiera en un restaurante, muchas trabajan de cheff, cocineras o como se las llame, y si trabajan, el dueño las esconde, porque no todo el mundo quiere comer de las manos de un gay o de un trans. Es la verdad., pero es más aceptado un gay, y está bien, que nosotras”

“En Ecuador, ha habido trans que han logrado visibilizarse  y triunfar, puedo nombrarlas incluso, porque sus nombres son públicos y ellas figuras conocidas, y es loable, digno de elogio, y un gran paso para el colectivo trans y la comunidad GLBTI (Gays, Lesbianas, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales) a la que pertenecemos, pero son muy pocas, no son todas. No todas son Franchezka  Mnmessine (+), modelo venezolana fallecida que ganó un reality de televisión nacional, o Doménica Menessini, que estuvo en un reality de TV, que es actriz y actuó en una serie transmitida por canal 10, en muchas obras de teatro y es cantante; o Rudy Arana, que fue reina de belleza trans, y actriz de «Archivos del Destino», «De la Vida Real», de la telenovela del Cholito «Mostro de Amor» o conductora del programa PHD; o Ginger Paris que fue jurado del reality «Diva Sexy» de «Vamos Con Todo» de RTS o  actriz invitada a. «Solteros Sin Compromiso», de Tc Televisión, «Archivos del Destino», «Amores en Conflicto el programa  «Buenos Muchachos sin Closet» y en la serie «Aida»; o Roberta Montero, doctora en pediatría que se ha ganado un respetable espacio en la comunidad médica; o Diane Rodríguez que es asambleísta, la primera en la historia del país. Ellas son sies ejemplos, de personajes destacadas, pero hay cientos, quizá miles, no sé, porque no hay registros estadísticos de eso y ahí tiene otra discriminación, que siguen siendo discriminadas, invisibilizadas, irrespetadas, ignoradas. ¿Aún dice que hemos conseguido mucho?”.

O sea, que podemos concluir que para un sector de la sociedad, no hay aceptación porque No se puede corregir a la naturaleza. Palo que nace doblado, jamás su tronco endereza. “Huy esa parte es fuerte y dependiendo de cómo lo mire, ofensiva. No estoy de acuerdo con eso. Eso se aplica a los delincuentes, a la gente mala que es torcida y no cambia ni cambiará. Nosotras no somos torcidas, no somos palo doblado, ni tronco que no endereza. No somos personas enfermas, indeseables, inservibles o lacra. Nacimos diferente a lo que debimos nacer, que es otra cosa. Esa es la realidad. La realidad es la diversidad, la heterosexualidad no es la realidad. No es real que todo el mundo es heterosexual, lo real es que hay diversidad, gústele a quien le guste, convéngale a quien le convenga. Yo no soy diferente, no soy un tabú, soy transgénero”

Esa fue su historia, esa fue su vida. Ese su relato. La sinceridad, la honestidad, la valentía con la que confesó su vida con su “doble” identidad y la claridad de su historia permiten que nos adentremos en un mundo, para muchas personas inexplorado, inaceptable, inadmisible, antinatural, vetado, pero que qué hoy, más que nunca, está `a la orden del día.

Y ya que en toda la nota hemos “cantado” la canción de Simón, Simón, Colón, queda como colofón, que: “Hay que tener compasión, basta ya de moraleja. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. No se puede corregir a la naturaleza. El que nunca perdona tiene destino cierto de vivir amargos recuerdos en su propio infierno”


Fotos: portafolio4toaprueba.blogspots.com;actuall.com;  ecured.cu;catalunyapress.com; la vanguardia.com; lasdrogas.info. gracia-mx; es.aleteia.org; freepik.es; mintimidad.cl

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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2 comments

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