PAO, EL TUERTO HUGO Y LA LEONA

Anécdotas Musicales

Corría el año 1983 creo, Hugo Idrovo había viajado a Usa y regresado a Quito después de algunos meses de ausencia; él era parte del grupo de amigos costeños que vivíamos en Quito y compartíamos música , casa, comida y aventuras; mujeres no , por lo menos yo . Los otros eran Juan Carlos González y Héctor Napolitano, a este cuarteto de amigos se unía el colorado Alex Alvear, otro hermano.

Tocábamos solos y en grupo; lo que jamás dejábamos de hacer diariamente era estudiar y practicar guitarra. Con Hugo nos unía una vieja amistad, con una motivación especial: nuestro amor al mar y a la playa: el creció y se formó en Manglaralto y yo en Salinas, y habíamos farreado, enamorado y vacilado años en el viejo y mágico Montañita y en el mismo Manglaralto, donde el padre de Hugo tenía una hostal, además nuestros padres eran grandes amigos, maravillosos ambos.

Nuestra rutina en una época, era ir al taller de Shirma Guayasamín en la esquina de Roca y 6 de Diciembre, ahí la maestra tenía un horno y espacio para crear en barro, yo hacía unas pangas pescadoras, que el maestro Pedro Dávila pintaba como tiburones y el tuerto (así le decíamos a Hugo) pintaba y repintaba un cuadro que a todos nos gustaba y que el insistía en seguir metiéndole detalles.

Así pasábamos horas, bromeando, chismeando y escuchando música, hasta que llegaba la sagrada hora del “bunde “ (comida), en la que juntábamos recursos y nos íbamos a seguir compartiendo nuestras vidas.

En una ocasión solo estábamos Hugo y yo, volados, felices, sin preocuparnos de nada; creo  que era un martes de un sol radiante y feliz. El problema era que Hugo suponía que yo tenía dinero (pues tocaba con Napo casi siempre en donde sea), y yo que no había cobrado, pensaba igual  pero de  él, jajajajaja.

Dieron las 3 de la tarde y el hambre le ganó a la pasión por el arte, así que el guardó sus pinceles, yo me sacudí el barro de las manos,  atendiendo a la imperiosa voz de  Hugo: “vámonos a comer, hermano, ya me duelen las tripas “,

 ¿Qué vas a invitar?“  Repliqué esperanzado y también con la leona apretándome el alma y la panza.

Siguió un silencio cargado de tristeza al darnos cuenta que los dos estábamos chiros….

Pero siempre fuimos recursivos y  luego de un pequeño instante de zozobra, partimos  donde Fernando  “el Lobo “, quien además de ser un maestro de la armónica Blues, tenía un local de botas e insumos para motociclistas en la Amazonas y Colon que se llamaba Le Fígaro , una pinta de Jefe Apache harlista ,y  además mi pana de años.

Salimos embalados y contentos, pues al frente de Le Fígaro, quedaba un local donde vendían un caldo de bagre que te ponía pata e’ perro envenenado, un manjar digno de los dioses del Olimpo, y no solo esto sino una serie de delicias del mar, a  las cuales Hugo y yo  ya las teníamos ingeridas y digeridas cuatro cuadras antes de llegar.

Le Fígaro estaba cerrado, pero sin bajoneárnos le dije,  Arrobita es el efectivo hermano, (El nuevo mecenas vivía cerca, tenía una óptica, y era buena nota). Pero al llegar a sus dominios, nos dijeron: “que el Sr Juan Carlos se fue a Guayaquil y llegaba pasado mañana.”

Ahí si quedó la recagada completa…

Volvimos derrotados por nuestros pasos, y al pasar frente al sitio del caldo de bagre con el olor inundando toda la Amazonas, muertos de hambre y a punto de que nos den las 5 pm, a Hugo se le empezaron a caer unos lagrimones de tristeza, decepción  y angustia,” no puede ser tanta desgracia, ñañito, balbuceó “, a punto del desmayo…

Luego de unos minutos en absoluto silencio, con un hambre del hdp, y sin saber qué hacer, nos miramos, pensando  lo mismo los dos; no quedaba más que empeñar nuestros relojes, el dilema era quien de los dos sacrificaría el único símbolo de aniñados playeros que teníamos  .Los dos poseíamos hermosos relojes, el mío un Omega Geneve, delgadito y lindo que me encantaba; Hugo, uno de esos de astronauta, pues ama los aviones y además servía para bucear a profundidad, una preciosura…

“Vamos donde Pao “, le dije y el recontra avión y zalamero,  feliz, pelando los dientes de alegría “¿Vas a empeñar tu reloj, nañito?

Yo: “Que más queda Tuerto maricón  “, contesté cabreado y pensativo por el autogol.

Y nos fuimos a la Juan León Mera , donde quedaba el restaurante de Pao , lleno de delicias que íbamos imaginando , mas Hugo que yo , que en cambio urdía algún plan para salvar mi hermoso Omega.  Y llegamos.

Nunca supimos de donde mismo era Pao , hablaba muy mal el español y lo que nos importaba de él, era fundamentalmente, que tenía un restaurante de deliciosa comida china , donde íbamos siempre solos o acompañados de toda la pandilla ; el además aceptaba que le empeñemos cualquier objeto de valor ,menos cédula jajajaja ( no, cédula no, decía, no era para nada cojudo ), que generalmente sacábamos al día siguiente; no recuerdo como se llamaba el sitio , pero tengo bien guardada en la memoria donde quedaba la caja ( su reducto) , el baño y un apartado que era nuestro preferido.

Al llegar, nos dirigimos a nuestro sitio preferido, nos sentamos y fui a negociar con Pao, le expliqué que estábamos sin efectivo, pero que ya desde el jueves teníamos chivos, y que hasta mientras le dejaríamos un reloj; el accedió en seguida, nos conocía bien, y creo que se hacia el que no entendía todo, pero bien que se divertía cuando armábamos nuestras comilonas, siempre llenas de cerveza y alegría en su local.

Llegó a nuestra mesa a tomar el pedido, Hugo, angurriento como él solo, tras un breve, “¿si puedo pedir lo que quiera Marito?” y un cabezazo afirmativo de mi parte, pidió un wantan doble, la sopa más cara, un arroz a la ni se cuánto, otro plato más para sacarse la pica, una Pílsener grande: un cuentón… Yo solo un chaulafán especial y una club…

A todo esto, mi reloj estaba en el bolsillo del pantalón, a buen recaudo; pedimos más cerveza y en medio del festín,  lancé el anzuelo: “hubiésemos empeñado tu pendejada de reloj chimbo marca  bahía Huguito, en vez de mi Omega original aniñado “, le dije.

Inmediatamente se lo quitó de la muñeca, contándome con el rostro lleno de felicidad y el bigote sonreído (barriga llena, corazón contento), que era un reloj original de piloto de jet  y buzo profesional, regalo de su padre el Coronel Idrovo, yo reconocí que era maravilloso, pedí más cerveza, derivé la conversación hacia nuestros amores, pedimos mas cerveza, le dije “voy al baño”, y empeñé su reloj a la velocidad de un rayo.

Como supuestamente no había que preocuparse de nada y estábamos súper felices, el por el banquete, yo por el éxito de mi maniobra, pasaron unos 10 minutos antes que advierta asombrado mi goce interior, se miró la muñeca y me dijo a voz en cuello: “Que astuto que eres, infeliz “, para los dos matarnos de risa hasta dolernos la panza, y una vez recuperado el aire, tomarnos otras  cervezas en gran camaradería.

Salimos plutos, era lo apropiado luego de un día inolvidable.

El reloj lo desempeñe el fin de semana, pues el tuerto jodió todos los días hasta que lo hice; igual el mío no se salvó y en otra ocasión creo que con el mismo Hugo, lo empeñe ahí  mismo, lastimosamente era vísperas de nostalgia por mi playa, me fui a Salinas y cuando regresé, meses más tarde, ya no había reloj.

Fueron tiempos felices,  también duros, pero llenos de hermandad.

Aún sonrío , recordándolos…


MARIO RAFAEL MALDONADO, Salinense, músico, compositor, enamorado del blues, de la poesía, de la playa, de las mujeres inteligentes y sobre todo de mi país. Y el líder de Mario Maldonado & La Tromba o simplemente La Tromba Banda.

 

 

 

 

 

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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Un comentarios

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