LA VIDA SECRETA DE LOS AUTORES

Pablo Neruda

Me gustas cuando callas porque estas como ausente

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca,

parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca

La primera estrofa de este poema de Pablo Neruda, parece inspirado en el abuso sexual que cometió en una mujer del pueblo Tamil, cuando fue cónsul en Sri Lanka.

En su libro póstumo, (Confieso que he vivido, en la página 44) Pablo Neruda de manera muy poética relata el abuso sexual a una humilde mujer tamil, una nativa, la que se encargaba de limpiarle el retrete cada día.

Una paria, los parias en la india es el eslabón más bajo en el sistema de castas, los parias no tienen derechos, están obligados a hacer los trabajos más denigrantes , sufren todo tipo de abusos, si una mujer paria es violada y denuncia la violación, recibe severos castigos, porque para ellos quiere decir que se merecía eso y más, esto está relacionado a sus creencias, “ Karma”

Confieso que he vivido

Mi solitario y aislado bungalow estaba lejos de toda urbanización.

Cuando yo lo alquilé traté de saber en dónde se hallaba el excusado que no se veía por ninguna parte. En efecto, quedaba muy lejos de la ducha; hacia el fondo de la casa.

Lo examiné con curiosidad. Era una caja de madera con un agujero al centro, muy similar al artefacto que conocí en mi infancia campesina, en mi país. Pero los nuestros se situaban sobre un pozo profundo o sobre una corriente de agua. Aquí el depósito era un simple cubo de metal bajo el agujero redondo. El cubo amanecía limpio cada día sin que yo me diera cuenta de cómo desaparecía su contenido.

Una mañana me había levantado más temprano que de costumbre. Me quedé asombrado mirando lo que pasaba. Entró por el fondo de la casa, como una estatua oscura que caminara, la mujer más bella que había visto hasta entonces en Ceilán, de la raza tamil, de la casta de los parias. Iba vestida con un sari rojo y dorado, de la tela más burda. En los pies descalzos llevaba pesadas ajorcas. A cada lado de la nariz le brillaban dos puntitos rojos. Serían vidrios ordinarios, pero en ella parecían rubíes.

Se dirigió con paso solemne hacia el retrete, sin mirarme siquiera, sin darse por aludida de mí existencia, y desapareció con el sórdido receptáculo sobre la cabeza, alejándose con su paso de diosa.

Entró por el fondo de la casa, como una estatua oscura que caminara, la mujer más bella que había visto hasta entonces en Ceilán, de la raza tamil, de la casta de los parias. Iba vestida con un sari rojo y dorado, de la tela más burda. En los pies descalzos llevaba pesadas ajorcas. A cada lado de la nariz le brillaban dos puntitos rojos. Serían vidrios ordinarios, pero en ella parecían rubíes.

Era tan bella que a pesar de su humilde oficio me dejó preocupado. Como si se tratara de un animal huraño, llegado de la jungla, pertenecía a otra existencia, a un mundo separado. La llamé sin resultado. Después alguna vez le dejé en su camino algún regalo, seda o fruta. Ella pasaba sin oír ni mirar. Aquel trayecto miserable había sido convertido por su oscura belleza en la obligatoria ceremonia de una reina indiferente.

Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia.

La joven seguramente tendría que verlo todos los días, y no solo eso, sino que retirar el excremento de su violador.

Si no hay nada que nos salve de la muerte

Que el amor nos salve de la vida

Hermosa frase de Pablo Neruda, que no supo practicarla en su propia hija, que murió enferma y abandonada. En España en 1934, nació la primera y única hija de Pablo Neruda, con su primera esposa holandesa María Antonia Hagenaar. La niña era dentica a su padre , pero nació con hidrocefalia. Al cabo de unos meses, el poeta abandonó a su familia, para no volver nunca mas.

En una de sus cartas describe a su hija como un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma, una vampiresa de tres kilos. La esposa de Pablo Neruda, María Antonia a causa de su pobreza tuvo que dejar a su hija en manos de amigos muy cercanos, porque Neruda muy rara vez enviaba algo de dinero.

Mientras su esposa y su hija vivían en la miseria, Neruda continuaba en sus fiestas bohemias y reuniones. Mari Antonia Hagesaar se tuvo que trasladar a Europa, para tratar de conseguir un empleo, a una Europa abrazada por la segunda guerra mundial.

El presidente chileno Gabriel Gonzales Videla, enemigo político de Neruda, invito a Chile a la abandonada esposa del poeta para que lo desprestigie públicamente, pero ella se rehusó y fue olvidada a su suerte. Sumida en la tristeza y en la pobreza empezó a deambular por las calles de Santiago, y luego de varias detenciones por tenencias de drogas y adicciones, logró regresar a su Holanda natal.

Es tan corto el amor y tan largo el olvido.

María Antonia Hagenaar “Maryka” como la llamaba Pablo Neruda, muere en la miseria, sus restos fueron puestos en una fosa común.

Pablo Neruda le escribió a la naturaleza, a sus mujeres, a la vida, a la muerte. Las cosas que el describía adquirían cierto brillo. La pluma de Neruda era un caudal de romanticismo, sin embargo no escribió un solo poema para su pequeña Malva Marina, su única hija.

Su gran amigo Federico García Lorca le escribió este poema

Malva Marina, quien pudiera verte

delfín de amor sobre las viejas olas

cuando el mar de tu América destila veneno

y sangre de mortal paloma

Foto: La Vanguardia.com; fundación Neruda.com; biografiasyvida.com; diariocorreo.pe


BERNARDA CALVO En realidad no soy capaz de hacer una semblanza de mí. ¿Cómo describir lo que hago o porque lo hago? Como decir quién soy si aún no reconozco mi rostro en el espejo, si escribo para habitar por otro mundo. Todo en mi es incendio, impulso. Escapar de todos lados, de todas las personas

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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