El APERITIVO

Un aperitivo, dice el diccionario en una de sus acepciones, es un anticipo o pequeña muestra de algo que sirve para dar una idea de lo que puede ocurrir. Sonrío, y se me vuela la cabeza, pues me encanta imaginar “lo que puede ocurrir” a partir de la sola idea de planificar -con aire de ritual y travesura- un aperitivo.

¿Qué necesitamos para un aperitivo?

Por allí el ingrediente principal es encender – como acertadamente dice una amiga- el “alma de cantina”. A mí se me prende con historias y música.

Durante catorce años viajé como azafata a distintos destinos; uno de ellos: Madrid, ciudad de tapas, cañas, chatos (pequeñas dosis de vino servidas en vaso corto), vermús y otros elixires. Solíamos, mis compañeros y yo, tener pernoctes de 2 a 4 noches al menos una vez por mes. Durante el verano, cuando el atardecer “llegaba tres o más horas tarde”, digamos que 21h00 o 22h00, era un deber moral acompañar al sol y caer con él en una plaza o terraza que hayamos escogido para tapear antes de cenar pues la gran mayoría de restaurantes atendían después de las 20h00. Habita desde entonces en una parte de mí, como en muchos corazones la primavera, un verano de Mediterráneo.

Poco antes de retirarme de la aviación, en el 2015, me mudé a un departamento en el centro de Guayaquil. Tenía como vecina, en el piso arriba de mí, a Bea, una amiga italiana a quien reconozco como ferviente “abanderada” de las tardes de aperitivos. Entre los variopintos intercambios de saberes culinarios, me enseñó a hacer pan focaccia, ensalada fría de farfalle con vegetales, fainá (esta receta a base de garbanzos debo refrescarla de manera urgente), mousse vegano de chocolate. Yo por mi parte disfrutaba de compartir las creaciones del día a día. Coincidimos en ser devotas del licor Campari, en las rocas para mí, con jugo de naranja para ella. Y así, por una larga temporada, agendamos cada semana o cada quince días tardes de aperitivos junto a amigos habituales, abrazados siempre por la brisa del río Guayas.

Hoy, a junio de 2020 en que habitamos la cuarentena, el anhelo de preparar un aperitivo no se detiene. Diana, mi roomate, teletrabaja. Nuestras rutinas alimenticias cambiaron algo al principio del encierro pandémico. Hicimos durante un mes al menos, dos comidas -contundentes- al día en lugar de tres. Sin embargo, aquellos días en que sentimos que nos faltaban “5 centavitos de felicidad culinaria” nos decantábamos por un “piqueo, abrebocas, botana, bocado, refrigerio, tapa, tentempié”. Un día sí y otro también lo convertimos en aperitivo con media cerveza cada una, o con sangría de kombucha. Muchos otros días, hasta ahora, el agua mineral fue nuestra bebida elegida favorita.

He pasado lejos de mi mamá casi toda la cuarentena, visitándola de lejos cada semana para llevar sus compras y hacernos mimos y gracias a dos metros de distancia. Hace pocos días estuvo en casa por unos días, e hicimos un “piqui piqui” como en nuestro lenguaje familiar llamamos al aperitivo. Almendras, arándanos, queso, chifles y tostadas con hummus de chochos fueron suficientes para aplacar el hambre a la espera de un almuerzo tardío que se cocía.

Tengo otras tantas historias de momentos de aperitivos, desde las más sensuales y cachondas – que en principio las incluiría en este texto, pero ya nada, me agarró el bajón (bajoncito nomas) recordando, hasta las más nostálgicas y divertidas a la vez. Muchas de estas historias entrañables. Al releer “es un anticipo o pequeña muestra de algo que sirve para dar una idea de lo que puede ocurrir” me da por pensar que mi vida hasta hoy ha sido un banquete de aperitivos con infinitos momentos de felicidad y sorpresa; y que lo que aún está por venir, va a venir. Yo que lo quiero todo, no estaré ansiosa ni voraz pues un aperitivo me acompaña en la espera. Salud!

Ps: Comparto con ustedes las fotos de las tapas que hicimos el martes 2 de junio en la transmisión en vivo junto a Rodolfo Macao de la escuela de bartenders @mixingflaircocktail.

Tapa oriental: pan focaccia de curry, sésamo y ajo servida con aguacate machacado (el aguacate cremoso y en perfecta madurez), portobello baby salteado con miso y tamari. Para terminar la tapa, semillas de sésamo tostado, molidas justo antes de servir para estimular sus aromas y hacer más agradable la experiencia.

Tapa mediterránea: pan focaccia de perejil, orégano y romero acompañada de un ratatouille crudo, hummus de chochos y láminas de berenjena asada. El toque final: rama de romero crocante.

Tapa ecuatoriana con guiño a México: pan focaccia de maní, culantro, jalapeño y mango enchilado servida con encocado de zuccinis (verde y amarillo) y mucha chillangua.

Banda sonora: Fito Paéz, The Weeknd, Drexler, Chris Cornell, Caetano Veloso, The Civil Wars.


ÉRIKA GARAICOA PANCHANA

Cocinera emprendedora. Estudió Técnicas de cocina internacional en la escuela de chefs de Ecuador. Autodidacta. Heredera de los saberes culinarios de su abuelita Beatriz.

Creadora de la marca Cocina y Placer. Considera que la buena alimentación y los hábitos saludables son temas importantes para el desarrollo de una mejor sociedad, pues la buena comida influye en la salud, el buen estado de ánimo, la toma de decisiones y la interacción entre las personas.

Actualmente administra Cafetería La Suculenta 100% basada en plantas. Cocina de autor. Además, versiona platillos nacionales e internacionales en modalidad vegana, energizante.

Objetivos/intereses culinarios personales

Interactuar en un ecosistema gastronómico encaminado a lo saludable y sustentable.

Trabajar en cooperación mutua con otras artes y disciplinas para dinamizar la gastronomía natural, elaborando tanto platos de alta cocina como cotidianos asequibles y fáciles con la presencia y desarrollo de técnicas.

Promover la investigación de cultura ecuatoriana ancestral, para aprovechar la riqueza del suelo, sus productos y beneficios.

Trabajar para que la cocina ecuatoriana sea reconocida y admirada alrededor del mundo.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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