EL DÍA QUE ANDRÉS TOCÓ EL CIELO

Ese día lloré a moco tendido frente al televisor. En la pantalla mi compañero de aulas colegiales, mi amigo querido, uno de mis ídolos deportivos, levantaba un trofeo al cielo tras haber ganado uno de los torneos más importantes de la élite mundial de tenis: el afamado Roland Garros. Mi orgullo no cabía en el pecho, mi alegría desbordaba mi cuerpo. El triunfo lo sentía como mío. No lo había ganado yo, lo había ganado Andrés Gómez Santos, uno de los dos mejores tenistas ecuatorianos de todos los tiempos, junto a Pancho Segura, pero por ser tan cercano, el triunfo hacía que me sienta identificado con el logro.

Ese 10 de junio de 1990 será inolvidable, histórico, de leyenda eterna. Ese 10 de junio de 1990 de hace ya 30 años atrás, en medio del furor del Mundial de Italia 90, Ecuador había logrado una de sus más grandes hazañas deportivas y hasta ese momento, la más grande hazaña del deporte ecuatoriano. Mi pana, el Zurdo de Oro, había vencido en la final del Abierto de Francia al estadounidense Ande Agassi y se colaba en el podio de los grandes. Su nombre se publicaba en todos los periódicos del mundo y el Himno Nacional sonaba por todo lo alto. La Hazaña estaba lograda. Andrés, mi pana, pasaba a la gloria eterna.

Para Andrés era su primer Gland Slam. Se llama así, Grand Slam de tenis a los cuatro mayores mayores del circuito internacional organizados por la Federación Internacional de Tenis. Antes, tenía a su haber cuatro finales de torneos importantes, pero en los Grand Slam, era su primera final. La ganó tras vencer a Agassi por 6-3, 2-6, 6-4, 6-4, en un triunfo quien hoy conmemoramos.

 

Ese día, Andrés recibió el trofeo que alzó al cielo, de dos de las más grandes leyendas del tenis francés, las exglorias René Lacoste y Jean Borotra, quienes forman el famoso grupo de los Cuatro Mosqueteros del tenis de Francia, al que también pertenecían Henri Cochet y Jacques Brugnon quienes habían fallecido tres años antes. Que dos glorias te entreguen un trofeo, también es un hecho que se suma a la leyenda.

La historia

Previo a la hazaña, pocos meses antes, Andrés había cambiado de entrenador. Había sumado a su equipo al chileno Patricio ‘Pato’ Rodríguez con quien recuperó su nivel deportivo lo que le sirvió para regresar al top ten del ranking  de la Asociación de Tenis Profesional (ATP).  Así, al Roland Garros, llegó siendo el séptimo tenista del mundo, por tanto era el séptimo preclasificado al torneo.

Cuando las cosas están para ti, están para ti. Y las cosas estuvieron dadas para Andrés, quien aleatoriamente y como un complemento al triunfo tuvo la suerte de obtener un buen cuadro de rivales en el sorteo. Así en primera ronda le tocó el  español Fernando Luna, a quien el lunes 1 de junio, venció sin objeciones 7-6, 6-1, 7-6. Luego cayeron sucesivamente: el uruguayo Marcelo Filippini, en segunda ronda por (7-6, 6-2, 6-1), (miércoles 3) y el ruso Alexander Volkov, en tercera (6-2, 7-5, 4-6, 6-3), (viernes 5), lo cual significó un esfuerzo supremo pues jugaba cada dos días. Jugar tres partidos en menos de una semana no es cosa sencilla, solo pueden hacerlo quienes están preparados física y mentalmente y Andrés lo estaba, como lo están los grandes.

Luego se vino el camino de los partidos decisivos. Y nuevamente, se da lo que escribimos al inicio de este párrafo, cuando las cosas están para ti, están. Así en octavos de final, cuando debía enfrentar al sueco Magnus Gustafsson, ganó el partido sin jugar, pues su rival se lesionó y no pudo saltar a la cancha. Algo que de carambola le sirvió como hándicap pues, así como en primera ronda tuvo un intenso trajín, ahora podía contar con la tranquilidad de tener cinco días de descanso previo al juego de cuartos de final, en el que venció en tres sets (6-3, 6-3, 6-4) al francés Terry Champion, quien por ser local contaba con todo el apoyo de la hinchada presente dl estadio y del país en donde se jugaba el torneo.

Los grandes cuando están para las hazañas, vencen todo escollo y Andrés, venció este. Así ya estaba en semifinales, en la que venció (7-5, 6-1, 7-5) a quien era el favorito para ganar esa instancia, el austriaco Thomas Muster, quien semanas atrás en el Abierto de Roma, lo había vencido. Fue la dulce revancha y en ese momento, la gran “sorpresa”. Muchos creían que hasta ahí llegaba Andrés. Muchos menos él. Ahora la final estaba en sus manos y solo quedaba ganarla ¿Fácil, no? Pues la ganó, el resto es historia.

Como es historia también que para esa instancia, El Zurdo de Oro tampoco llegaba como favorito. Pues la edad entre los contendores era aparentemente un hándicap para el estadounidense, quien era 20 años menor que su rival, lo que parecía algo insalvable. En el deporte no se juega con la cédula de identidad. Ganan los mejores y ese día, Andrés fue mejor. Que no venga a decir Agassi que le molestaba el peluquín. Con peluquín o sin él, ese día, Andrés estaba para ganarle y le ganó.

Cuenta la historia que al terminar el juego con Andrés de ganador, él se le acercó a su rival y le dijo: “Tranquilo que tú tienes tiempo para ganar el tuyo, pero esta era tal vez mi última oportunidad“. Las palabras fueron una sentencia, pues así ocurrió exactamente. Ese a la postre, fue el primero y último Grand Slam del gran Andrés. “Ganar Roland Garros fue lo máximo de mi carrera. Antes había logrado torneos importantes como los de Barcelona y Roma, o eventos importantes de los ochenta como Indianápolis y Boston. Había sido número uno del mundo en dobles, tras ganar dos finales de Grand Slam en esta modalidad,  pero faltaba el título de singles. A mis 30 años, en momentos cerca del retiro, no viniendo jugando bien y cuestionándome ciertas cosas, ese era el torneo que me faltaba para hacer la diferencia en mi carrera”.

Los antecedentes

Previo al torneo, Andrés, quien era  el séptimo jugador más veterano del cuadro principal y el único preclasificado con 30 años o más, era el No. 7 del ranking  ATP y cuarto cabeza de serie, venía de ganar los títulos de Barcelona y Madrid, pero no estaba de favorito, ese cartel lo portaban el estadounidense André Agassi, número cinco del ranking, en austriaco Tomas Muster (No. 9), ambos rivales en el torneo y el ruso Andrei Chesnokov. Gómez estaba en el grupo de élite junto a Stefan Edberg y Boris Becker y el local Henri Leconte, pero no era favorito.

El día de sus partidos, Andrés, llegaba cuatro horas antes a la sede del torneo para realizarse terapia de rehabilitación a base de electrodos para relajar su hombro, resentido por viejas lesiones y vendarse los tobillos en prevención a que suceda alguna lesión, que solía “reaparecer” tras una que tuvo en 1988. Otro de los rituales previos era tomar un baño y luego de eso practicarse una nueva terapia con hielo para el tobillo y el hombro. Luego  almorzaba, realizaba ejercicios de estiramiento y preparaba el partido con su entrenador.

El torneo familiar

Fuera de las canchas, apartado de los courts, en los que solo hubo una bandera ecuatoriana flameando en las graderías, en el entorno humano, Andrés había llegado a Francia acompañado de su esposa Ana María y su pequeño hijo Juan Andrés. “Para esa gira por Europa, que empezó en Estoril, no pudimos conseguir una persona que nos ayude con los cuidados de mi hijo. Así decidimos viajar con él. Yo tenía una maleta, mi esposa, dos, el resto era de mi hijo, y estaban llenas de juguetes, hasta un triciclo tuve que llegar, había que ingeniárnosla para entretenerlo. Tan era así que cuando no había juegos lo llevábamos a alguna juguetería de París”

Y así como entretenía al hijo, tenía que entretenerse él. Y lo hacía jugando el videojuego Mario Bros en Nintendo, o un juego de golf en el novedoso Game Boy, escuchando música,  o viendo los partidos del Mundial Italia 90 o los Play-offs de la Asociación Nacional de Básquet National Basketball Association (NBA por sus siglas en inglés).

Otro entretenimiento era pasear en familia. “En los días que no había partidos, antes de las tres de la tarde, solíamos con mi esposa y mi hijo, caminar por los Campos Elíseos. En la noche, con mi familia comíamos en el hotel, cenábamos en una trattoría o pedíamos comida a un restaurante vietnamita”.

Los antecedentes del torneo y su entorno fuera de las canchas, hoy son anécdotas. Como anécdota es, la leyenda eterna de que un día como hoy, mi amigo Andrés, fue noticia mundial, alzó un trofeo al cielo y con el tocó la gloria.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

Check Also

CARAPAZ A RITMO DE MARSELLESA

Ayer fue en Italia, hoy es en Francia, mañana será en cualquier lugar del planeta. …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *