ALÍ…

Pese a que nació como Cassius Marcellus Clay en un paupérrimo barrio de Lousville en el estado de Kentucky de la Unión Americana, el mundo entero lo conoció para la posteridad con el nombre que adoptó cuando abrazó la causa musulmana. Muhammad Ali,

Su tumultuosa vida pública se inicia cuando ganó Medalla de Oro en las Olimpiadas de Roma en 1960; medalla que luciera con orgullo mal disimulado por las calles de su país y que terminó arrojando a un río cualquiera como señal de protesta, cuando le negaron la entrada a un establecimiento por el color de su piel, amparados bajo una segregacionista ley que partía en dos a la sociedad americana.

Dijo que sería el mejor, el más grande, y empezó a caminar a trancos para conseguirlo, iniciando una vertiginosa carrera deportiva dentro del boxeo, que fue cimentando en base a golpes de puños y nocauts, y le permitió a mediados de los 60’s proclamarse como Campeón Mundial de Boxeo de los Pesados, título que consiguió y refrendó a costa de Sony Liston (foto), un campeón al que se consideraba imbatible.

Pero el camino de él, lleno de rosas hasta ese momento, sufriría un giro radical cuando fue llamado por el Army (Ejército de los Estados Unidos) para cumplir servicio militar en su país, involucrado como siempre en algún lugar del planeta en una guerra….en esta ocasión en un lejano lugar de Asia llamado Vietnam.

Como miembro de la Nación del Islam liderada por Elijha Muhammad, ALÍ como sustento para negarse a luchar en esa guerra, aduce su militancia religiosa y pregona que su «objeción de conciencia» le impedía ir a un encuentro con hermanos para ultimarlos. Fue una bofetada al «stablishment» (orden establecido), que lo pagaría muy caro.

La Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos lo persiguió, lo enjuició y condenó; y, la Asociación Mundial de Boxeo lo despojó de su título alcanzado en el cuadrilátero y de la licencia para combatír en cualquier ring, convirtiéndolo en un paria deambulante rechazado por buena parte de una injusta sociedad, asombrada por su valor y arrestos.

Fue entonces que la figura de Alí empieza a adquirir dimensiones gigantescas, llevando su voz de protesta y haciéndose escuchar hasta en los más recónditos lugares del planeta, logrando que millones de ciudadanos del mundo se identificaran con su justa lucha.

A través del legendario primer negro que formara parte de la Suprema Corte de Justicia, el Juez Marshall, se logró que se aceptara la revisión de su sentencia, mediante una histórica apelación que finalmente le dio la razón a Alí por una abrumadora mayoría de 8-0; algo nunca antes visto…y que se constituyó en una nueva victoria a su favor.

Cuando en octubre de 1974 en la sala de la vieja casona nuestra en Bahía de Caráquez, escuchábamos junto a mi padre, la nasal voz de Jorge Akel transmitiendo para los televidentes de Canal 10 «en vivo y en directo y a todo color» desde la selva de Zaire; yo a mis tiernos 14 años, poco conocía de la comprometida lucha social desarrollada por Alí; estaba en mi ring side casero viendo la pantalla de nuestro televisor Zenith y gritando desde lo más profundo de mi negritud: » Alí bumayé» que significaba…Alí màtalo !!!

Al llegar el octavo round y ver caer cuan largo era a George Foreman para que Alí se convirtiera por segunda ocasión en Campeón Mundial de Boxeo, pensé que era de verdad el más grande…pero me equivocaba puesto que aún faltaba mucho por ver.

Vendría un tercer título mundial sin parangón en la historia del boxeo, su retiro y su largo peregrinaje por el mundo llevando un mensaje de paz, espiritualidad, amor y solidaridad; consiguiendo perdón y liberación de presos políticos y rehenes; y logrando que el mundo observara con estupor la hambruna en África, la guerra en Centro América y llevando ayuda humanitaria necesaria donde se necesitara.

Cuando a inicios de los 90’s en el sureño estado de Georgia; y, en el corazón de la Atlanta, racista y segregacionista que celebraba sus Juegos Olímpicos, el mundo entero vio como esa leyenda viviente caminaba con paso vacilante y con temblor en su cuerpo motivado por el Parkinson, avanzar lentamente para encender la llama del pebetero olímpico….me di cuenta que ahora sí con un estadio puesto de pie ovacionandolo y con millones de televidentes aplaudiéndolo a rabiar; era el más grande y seguí observando como Alí…caminaba lento, muy lento hacia la inmortalidad.

Foto:getyimages.com; us.as.com; elespanol.com; abc.es; twitter.com; mundodeportivo.com


 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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2 comments

  1. El boxeador mas grande que vi en mi vida, tecnicamente era deslotado, con su retiro, perdio mucho el boxeo, tanto es asi, que ahora las peleas no llaman la atencion

  2. Confieso, Simón, que no me gusta el boxeo. A Alí si lo veía. Un grande. El mejor boxeador de todos los tiempos. Saludos.

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