¿QUÉ ES DE TU VIDA?

ANTES

Bertha Yolanda Domínguez Domínguez, ecuatoriana, nacida en Riobamba, el 4 de octubre 1939 fue una legendaria jugadora de básquet, que fue figura descollante entre las décadas de 1950 a 1960, habiendo sido jugadorade varios clubes del país, seleccionada provincial de Chimborazo y Pichincha, Seleccionada Nacional, con la que tuvo el honor de heber representado al país, en dos campeonatos sudamericanos (Paraguay y Brasil) y los Juegos Bolivarianos de Ecuador.

Como casi todos los jóvenes de antaño, sus inicios se dieron en el deporte colegial, cuando el deporte estudiantil era el semillero del país y tenía primordial importancia. Del equipo colegial se pasaba a los clubes y si se destacaba, se llegaba a las selecciones provinciales y nacionales. Y ese fue el camino que recorrió, Bertha. “Yo soy miembro de una familia de diez hermanos que siempre se caracterizó por ser deportista. Mis hermanos Carlos, Alfonso y Hugo hacían tauromaquia. Yo me inicié en el básquet desde la escuela. Estudiaba en Las Hermanas de la Caridad y en sexto grado le ganamos al colegio Isabel de Godín que era un equipo de mayores. Era por entonces mi mayor triunfo. Luego ingresé al colegio Nacional Riobamba y desde primer curso fui capitana del equipo infantil y de Chimborazo. Obtuvimos triunfos muy hermosos en el colegio como aquel en que vencimos al equipo de Chimborazo que había sido vicecampeón nacional juvenil estudiantil en 1954.

«Luego en 1957 jugando en el equipo del colegio y habiendo sido nominado uno de los mejores equipos estudiantiles del país, nos invitaron a jugar un partido comprobatorio con la Selección Nacional que se preparaba para unos compromisos internacionales en Lima y logramos ganarle y eso que la Selección tenía jugadoras de la talla de las hermanas Quiñónez, Nashly Álvarez, Obdulia Pillasagua. Nuestro equipo siempre estuvo invitado a jugar torneos en Guayaquil, Quito, Cuenca, Ambato. Fue una linda época que marcó mis inicios deportivos”.

Al graduarse de colegio, Bertha, junto a su familia se trasladaron a Quito, para seguir estudios universitarios, a la par que siguió con su carrera deportiva. ”Integré el equipo de Liga Deportiva Universitaria y en la universidad de la Selección de Educación Física, y mire como son las cosas, fuimos a jugar a Riobamba contra mi ex colegio y tuvimos la suerte de ganarles, cuando ellas eran casi invencibles y donde nunca antes nadie les había ganado. Luego con mi compañera Angélica Baldeón que también había venido a Quito, nos convocaron para que nos reunamos como equipo algunas riobambeñas y así convocamos a Jessi Fiallos, Elba Poveda, bajo la dirección de mis hermanos Carlos y Eduardo Domínguez, formamos un equipo supremamente invencible que ganaba en todos los sitios del país, donde nos invitaban a jugar. Por eso, el dirigente, ingeniero Francisco Saá, nos invitó a formar parte de la Selección de Pichincha que lo formábamos cuatro riobambeñas, más Martha Espinoza que si era de Quito, luego formamos el equipo Quito Luz de América, también dirigido por mis hermanos, con el que llegamos a ganar al eterno campeón intercolegial de Pichincha, el colegio Manuela Cañizares que era lo máximo de Quito y al que ganamos por un marcador supremamente amplio 87-16., por lo que la prensa nos denominó un equipo muy completo y bien técnico”.

Y como era el curso del deporte en esa época, Bertha legó al básquet de primera categoría y a la selección provincial. “A partir de 1961 ya como seleccionadas de Pichincha jugamos varios torneos nacionales con nuevas jugadores que iban llegando como Nubia Villacís, Kathia Monje, Lola del Salto, quedando campeonas en el Torneo Especial de Manabí. Luego hubo un campeonato selectivo nacional para nominar la Selección Nacional que nos representaría en el Sudamericano de Paraguay. Allí quedamos campeonas con Pichincha derrotando a Chimborazo. Manabí, Esmeraldas y otras provincias. Ese año fue muy competitivo y jugamos mucho torneo. Pero como en el deporte, al menos en esa época, no había mucho apoyo al deporte, con las compañeras de siempre, formamos nuestro propio equipo, el Independiente, dirigido por mis hermanos con el que jugamos varios torneos interclubes de otras provincias”.

Su gran participación en el equipo pichinchano, hizo que ella y cuatro de sus compañeras riobambeñas, miembros del denominado “Quinteto de Oro”, tuvieran el honor de llegar a la Selección Nacional que participó en el IX Campeonato Sudamericano de Asunción – Paraguay en 1962, que fue ganado por el país anfitrión, seguido de Chile y Brasil. Ecuador fue sexto entre siete, logrando siete puntos en la tabla de posiciones. Además participaron Argentina que fue cuarto, Perú, quinto y Uruguay, séptimo. Así, Bertha cumplió uno de sus mayores sueños deportivos, y el logro máximo que un deportista puede obtener, logro que repitió además en dos oportunidades en 1965 para los V Juegos Bolivarianos de Ecuador en el que fue vicecampeona y en el X Sudamericano de Brasi, que fue ganado por el equipo local, seguido en el podio de Paraguay y Perú. Ecuador fue sexto (útimo), detrás de Argentina y Chile, sin lograr conseguir el triunfo. “Llegar a la Selección Nacional es un honor y orgulloso inmenso, más si en ese equipo habíamos cuatro riobambeñas. Tuve el honor de formar parte del quinteto titular en Paraguay junto a mis compañeras riobambeñas y en Brasil 1965 junto a Hilda Monge, Angélica Baldeón, Nubia Villacís y Lola Del Salto. Estaban además: Adaza Albán, Carmen Cruz, Teresa Venegas. Jugar un campeonato sudamericano defendiendo los colores de mí país es un hecho inolvidable en mi vida y la más grande de mis satisfacciones. Viví una época inolvidable con la Tricolor.”

Años después, tal como la canción de Rubén Blades, que dice “Todos vuelven a la tierra que nacieron”. Un día ella volvió a sus lares para volver a vestir la casaquilla roji-azul de Chimborazo. “Fue en 1963. Con ocasión del quinto campeonato nacional cuya sede era Riobamba, las autoridades provinciales nos visitaron en nuestras casas para pedirnos a que juguemos con Chimborazo. Nos pusieron en una disyuntiva y realmente no sabíamos que escoger porque Pichincha nos había apoyado y nos daba mucha pena no jugar por nuestra provincia. Por suerte para nosotras hubo una displicencia de un directivo pichinchano, lo que nos “obligó” a dejar el equipo y jugar por Chimborazo. La dirigencia capitalina trajo un entrenador norteamericano para armar un equipo que pueda ganarnos y no pudieron. Ese año Chimborazo fue campeón nacional invicto, ganando a veces con goleada a otras provincias, con un equipo dirigido por el director técnico, profesor Agustín Cascante Zurita y formado por Angélica Baldeón, Elba Poveda, Marina Garzón, Elba Andrade y yo de capitana como titulares, además de Mariana Yépez, Fabiola Escalante, Carmen, Mercedes y Arminta Mejía, Piedad Calderón, Piedad Jaramillo, Socorro Dávalos, Carmen López y Bertha Murillo. Nuestra inspectora era Lola Salazar de Garcés. Todas ellas con un valor deportivo y personal digno de descartar”.

Ese torneo será histórico para Chimborazo y permanecerá eterno en el tiempo, pues fue la primera y a la postre la única vez que el equipo chimboracense obtuvo el campeonato nacional de baloncesto femenino, en las 16 ediciones realizadas desde el primer torneo jugado en 1940 en Riobamba y que ganó Guayas. En ese torneo participaron seis provincias, tres de la Costa (Guayas, Esmeraldas y Manabí) y tres de la Sierra, (Pichincha, Tungurahua, Chimborazo), que jugaron, en los predios de la casa federativa en la que se construyó un coliseo con graderías de madera y con una capacidad de tres mil personas, al que le dieron el nombre de Teodoro Gallegos Borja en honor un extraordinario dirigente chimboracense. Ese triunfo rubricó la buena organización deportiva de dicha provincia, a través de su Federación, que en aquel entonces estaba presidida por el Dr. Víctor Lobato Vinueza, y que tenía en el Comité de Básquet, a Cristóbal Guadalupe Martínez, de presidente, que fueron bien apoyados por el vocal, José Vasquez y el relacionista público, periodista José Miguel Garcés Meza.

Bertha, quien pese a su baja estatura (1,58 metros) y su contextura liviana, destacó en el básquet con base a su depurada técnica con la que solía eludir a rivales espigadas y a su garra que la convertía en una ganadora, tuvo muchas anécdotas en el deporte canasta. Ella cita dos de ellas: “A raíz de que fuimos a jugar por Pichincha, coincidía que mis hermanos también hacían deporte y jugaban en El Nacional con el dirigente mayor Rodrigo Daqui, y no sé por qué en las competencias iban contra ellos con un desquite tremendo llegando incluso a la violencia física por lo que tenían que reaccionar. En ese contexto, recuerdo que para los Juegos Bolivarianos, trajeron de entrenador a Bolívar Carrasco que era del Cuerpo de Paz y una autoridad en Estados Unidos, su ayudante era la figura del básquet nacional Gonzalo Cevallos, el famoso “Patallucha”. Una vez en un entrenamiento, hubo un momento en que no se aún no llegaban las jugadores y el me propuso hasta mientras jugar un partido de uno a uno. Yo acepté y tuve tanto capricho que le gané. Ya para eso estaba empezando a llegar el entrenador, las jugadoras y él llegó a la desesperación al coraje y me pedía la revancha y le dije que nunca se la iba a dar, porque esta vez no había jugado ante los hermanos Domínguez, sino que había perdido ante una mujer que la dominó como crack. Otro recuerdo es que cuando las riobambeñas jugábamos en Pichincha siempre hubo una posición en contra del entrenador, de uno que otro dirigentes porque no éramos de esa provincia, lo cual fue un estímulo y una motivación para nosotras de ser mucho mejores y superarnos”.

En 1966, a los 27 años de edad, aún con mucho hilo en el carrete, dejó las canchas, para dedicarse a la educación, dejando un legado de calidad, coraje y casta deportiva, lo que la ha convertido en una de las mejores canasteras de todos los tiempos. “Es muy grato recordar esos buenos momentos en notas como estas que permiten hacer conocer de las personas que hemos hecho deporte con calidad y amor en bien del país en el aspecto deportivo. Yo siempre que jugué lo hice con mucho capricho y mucho amor porque siempre pensaba que lo que yo representaba no solo era un simple deporte, sino que estaba el orgullo y el compromiso de defender una camiseta, una provincia y que había que jugarlo con altura y responsabilidad”

AHORA

Tras su retiro de las canchas, Bertha se dedicó a su profesión de educadora, viviendo junto a su esposo, un tiempo en Colombia, país donde fue condecorada, pero su amor a la tierra la hizo volver para trabajar por muchos años en el colegio 24 de Mayo, del cual se jubiló. Hoy a los 81 años de edad, está dedicada a gozar de su familia compuesta por sus hijos, nietos y bisnietos, que son su vida y que la llenan completamente.

En cuanto al deporte que amó y en el cual destacó, desde hace mucho tiempo está alejada de las canchas, y recuerda que su último contacto con el tablero y las canastas fue hace 40 años, en 1979 en que tuvo un hermoso reencuentro con su deporte amado. “Fuimos con mis compañeras de antaño, las primeras en organizar el I Torneo Festival del Recuerdo en Riobamba en recordatorio al fallecimiento de la compañera Marina Pinzón, torneo que luego fue tomado la posta por Jorge Rivadeneira. En ese reentré ya con 40 años, quedamos campeonas nuevamente, evocando épocas pasadas y llenándonos de orgullo una vez más”.
Y orgullo es ella, quien siempre será recordada por la historia deportiva ecuatoriana que la tiene como una de sus figuras.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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