MI PERRO ME DICE: ¡QUÉDATE EN CASA!

Nos levantamos muy temprano por el sonido del reloj despertador y luego por los rayos del sol que atraviesan la ventana, nos estiramos para sacarnos la pereza de encima y, por último, abrimos bien los ojos porque hemos sido bendecidos para recibir otro día más de vida gracias a Dios. Me dirijo al baño a lavarme el rostro y los dientes, mientras Boris se instala a mi lado y me mira fijamente, entonces una vez más no pierde la esperanza creyendo que saldremos rumbo a su “Disneyland” favorito, el parque que queda cerca de casa, en el que le gustaba tanto correr junto con mis otros perros y jugar a las cogidas, o a traer una rama o su pelota. No sé cómo hacerle entender que nuestro único paseo a un lugar abierto es y será sólo al patio por ahora, que lamentablemente en estos tiempos es imposible salir de casa, si podemos evitarlo. No sé cómo explicarle que, si me ve sacando una funda de basura de la alacena es para recoger los desechos del hogar, mas no porque sea una de las funditas con las que recogía sus “gracias” cuando le daban ganas de hacerlas en la calle; cada vez que me ve tomando una, cree que me estoy “equipando” y enloquece porque para él todo apunta a que saldremos a caminar por tiempo indefinido.

Parecería que el resto de mis mascotas comprendiera con mayor serenidad la situación por la que atravesamos, pero, si en una de las cosas en la que Boris se parece a mí, es en lo terco, lo acepto, ¡bien dicen que las mascotas se parecen a sus dueños! Se mantiene insistiendo mediante la emisión de un leve gemido con su rostro algo apagado y con un signo de interrogación gigante sobre su cabecita, hasta darse por vencido al no ver mis intenciones de colocarle siquiera su collar ni su correa, mucho menos su bandana preferida alrededor del cuello. Ahí es cuando puedo ver su expresión de decepción en su carita y en su cuerpo, cuando se retira de mi baño caminando inusualmente lento y con su cola gacha. Sólo espero que el hecho de no llevarlo a pasear de la forma en que lo hacía, hasta antes de que surgiera la recomendación de quedarse en casa, no le haga creer que es un castigo, igual que el tema del distanciamiento social, ya que ha estado siempre acostumbrado a que la gente lo mime, lo acaricie, o le diga algún piropo por su forma sociable de ser y su peculiar andar, especialmente nuestro amigo Víctor, aquel señor portero de la plaza de locales comerciales cercana a casa, muy amable y risueño, quien lo bautizó como “El carita manchada” con mucho cariño, cuando lo conoció siete años atrás, de quien hoy lamentablemente supe que partió de este mundo y a quien no pude decirle adiós, pero Boris aún no lo sabe.

Aunque tengo un nudo en la garganta, bebo un sorbo de agua para que éste se deshaga y resbale momentáneamente para poder controlar el tono quebradizo de mi voz y, así, no note mi melancolía. Al instante le digo: “tranquilo Boris, hoy será un día más en que nos quedaremos en casa, ven, ¡juega conmigo!”, automáticamente se anima y es como si le cambiaran las pilas y no se dijera más, comenzamos el juego, en el que invita a Tribi, cuatro veces más grande que él, y a Truchis, mi viejita de dieciséis años, quien no se atreve a correr con la misma agilidad de Boris y prefiere quedarse acostada viéndolo correr con el grandote. Hago de todo para que se recreen no sólo física sino mentalmente también. Los comprendo, si no encontrara alguna actividad que desarrollar encerrada entre cuatro paredes, estaría mayormente ansiosa, aburrida, de muy mal humor y mis defensas bajarían hasta el subsuelo.

De manera inesperada y forzosa he debido quedarme todo el tiempo en casa, motivo por el cual Boris se ve mucho más feliz, aunque no sepa nada de lo que ocurre afuera, no puede creer cómo es que estoy mañana, tarde y noche junto a él, a diferencia de cuando salía muy temprano y no volvía sino hasta cuando ya caía el sol, y cómo es que ahora invierto mi tiempo sentada frente a una computadora, además llevando a cabo quehaceres domésticos que antes no realizaba tan a menudo.

Una ventaja es que puedo vigilar más de cerca lo que él y los demás hacen durante todo el día, u observar si tienen algún cambio de comportamiento o alguna situación anormal que los pueda aquejar, puedo revisarlos más minuciosamente, prestar más atención a detalles que antes el cansancio y el estrés del diario vivir tal vez no me permitían. Incluso puedo cocinarles sus comidas preferidas desde algo tan simple como un huevito a la copa (la yema semilíquida para ellos es tan deliciosa como para mí lo es una Coca Cola de sabor original bien helada) hasta sus dietas debidamente formuladas, así como preparo también mis alimentos, aunque sinceramente no sea de mi máximo agrado tener que pasar horas en la cocina, pero he debido acostumbrarme por la necesidad.

Mis gatos, por el contrario, se han tomado este período de otra manera. A ellos les gusta estar en casa, una de las actividades que más disfrutan es comer, dormir y tomar sol en el patio. Cuando los veo tan relajados haciendo nada, a veces pienso en las típicas frases que repetimos: “¡Qué buena vida!”, o inmediatamente recuerdo una imagen que un estimado colega tenía enmarcada y colgada en uno de los cuartos de consulta de su veterinaria, en la que aparecía un cachorro plácidamente dormido en una hamaca, con la siguiente frase: “La pereza es madre de todos los vicios, ¡pero madre es madre y hay que respetarla!”. Debo pensar seriamente en delegarles algún trabajo para devengar todos los gastos que originan (risas), porque además no son conscientes de todo lo que uno debe hacer para conseguir que estén sanos y llenen sus estómagos, ¡sino tendría que atenerme a las consecuencias de que me llevaran en peso y fuese yo su cena!

Mecho, la “panterita” del hogar, es de los más inquietos y exploradores, se entretiene observando muy atentamente a las mariposas y otros insectos que visitan el jardín perteneciente a mi abuela materna. Admirar a este pequeño jardín junto con el gato viendo las mariposas, es como ver personas deleitándose con el avistamiento de aves u otros animales, la diferencia radica en que Mecho observa y se prepara para luego dar el gran zarpazo encima de todo lo que se mueve, es su instinto natural, el cual he debido redireccionar a favor de las indefensas y frágiles mariposas, y demás invertebrados. Entonces, le muestro uno de los juguetes más llamativos que posee, un ratón de peluche que tiene una argolla oculta en la zona ventral del cuerpo la que, al halar y soltar, permite al ratón vibrar ininterrumpidamente por algunos segundos, y es la antesala para su tiempo de distracción, de tal manera que las mariposas pueden terminar sus actividades en medio de las flores y se retiran de las mismas, sanas y salvas.

 

 

 

 

 

 

 

 

La que seguramente sí debe creer que estar en casa ha sido un castigo es Mocha (nombre que se le dio por la característica de su oreja derecha, que carece del extremo puntiagudo), gata rescatada de la calle y de las amenazas de personas indolentes, que vivía en un parque dentro de una ciudadela junto con sus dos hermanas. Definitivamente ella debe extrañar salir y pasear por los alrededores, literalmente el vagabundeo fue parte de su estilo de vida durante varios meses. Percibo su tristeza cuando todos los días se sienta durante un buen rato a mirar a través de las ventanas lo que sea que se mueva allá afuera, incluso cuando llueve, parece esperar, al igual que yo, que pase la tormenta y vuelva la calma.

Muy puntualmente todos los días, cuando dan las 16h00, no desprende su mirada acosadora, ni por un segundo, de las palomitas que se pasean libres por la calle, algo ventajoso para éstas, porque si por Mocha fuera, saldría a lanzar sus garras sobre ellas muy sigilosamente en un descuido mío, por su instinto de supervivencia, el cual le ayudó a ser autosuficiente para alimentarse hasta antes de ser adoptada. Me dirijo a ella de la forma más sutil que puedo, diciéndole: “Mochi, discúlpame, para ti también es esto de quedarnos en casa”. Llegadas las noches, algo que la entretiene, además de sus juguetes, es ver objetos moverse en el monitor del televisor, afortunadamente no puede saber lo que aquellas imágenes de los noticieros, en su mayoría, reflejan en estos tiempos. También se deleita con buenas películas o documentales interesantes.

Lo que más disfruto hacer en casa junto a mis mascotas es hablar con el más confidente de todos, el que escucha mis penas y mis preocupaciones, mis canciones favoritas, al que le hablo para decirle cuánto lo quiero y para contarle alguna cosa guardada, porque es como el amigo que escucha sin emitir un juicio anticipadamente imprudente, el único que me ve con un corazón dibujado en cada uno de sus ojos y con el que comparto la esquina izquierda inferior de mi cama, o hasta la mitad de ella, cuando sin darme cuenta se camufla por debajo de las sábanas y termina recostado a mi lado, que, por cierto, esto que les comparto me acaba de recordar a mi querido amigo Stefano cuando, coincidí una vez con él, y me dijo: “es una conexión increíble dormir con tu perro, ¿no Mariellita?”, mientras me contaba que él también dormía con el suyo, con Memín, incluso siendo éste un perrito roncador, ¡que seguramente ronca como su dueño! (risas).

Mientras ha transcurrido el tiempo del confinamiento he debido ver el lado positivo de quedarme aquí con mis mascotas: me he ejercitado corriendo con ellos, aunque he terminado siendo la que se ha cansado más rápido; he estimulado sus mentes creándoles laberintos con botellas, a pesar de que la mayoría de las veces han encontrado el camino pasando sobre ellas y echando abajo lo que había preparado con esmero; cuando ha sido necesario los he bañado, aunque siempre lo detesten, pero se han emocionado cuando el agua ha dejado de caer sobre ellos y ha llegado el momento de secarlos y cepillarlos; los he acariciado y esto se ha convertido en toda una terapia de relajación tanto para ellos como para mí; les he enseñado nuevos trucos a mis perros, no todos han tenido la misma predisposición, pero lo he intentado; hemos jugado a que con su olfato busquen comida por la casa mientras me he esforzado por esconderla bien en lugares estratégicos, o con sus “Kongs”, juguetes mentales, que se indican según la talla de cada perro y que se pueden rellenar con ingredientes caseros o con croquetas comerciales atrayentes para que puedan mantenerse entretenidos cuando tratan de alcanzar lo que se introduce en el canal interno del juguete hasta lograr comerlo, también los ha divertido el hecho de que, por sus formas redondeadas, éstos han rebotado por todos lados, han ido corriendo tras ellos y los han traído de vuelta a mis manos para que se los lanzara una y otra vez.

Gracias a mis perros y a mis gatos, todas estas rutinas se han convertido en una forma de contrarrestar mis repentinos momentos de ansiedad e impotencia cuando inevitablemente he pensado y aún pienso en que el sufrimiento se apodera de muchos allá afuera, por lo que no he dejado ir esos momentos que, hasta podrían parecer tan simples como insignificantes para muchos, pero que la realidad es que me han generado mucha calma y bienestar, algo que hoy en día no es fácil conservar.

Y mucho se ha hablado acerca de que todos podemos ser parte de la solución en medio de la crisis sanitaria que enfrentamos: mientras menos movilización innecesaria exista de nuestra parte, estaríamos contribuyendo a la disminución de la tasa de contagios, no por nada es que la frase “Quédate en casa” sigue siendo mundialmente difundida.

Si todavía podemos quedarnos en casa, ejercitemos la paciencia, seamos obedientes y demos paso a nuestra creatividad innata. Pero, si debemos salir por motivos verdaderamente útiles e innegablemente importantes, no olvidemos aplicar, de manera responsable, los respectivos protocolos y medidas de protección, y en caso de hacerlo con nuestros perros, recordar que sus salidas deben realizarse junto con personas que no se encuentren dentro de los grupos de riesgo, deben limitarse a las afueras de la casa, por un período corto de tiempo, no más allá de diez minutos, y evitando que sean tocados por terceros. Al final de sus paseos, antes de entrar nuevamente a casa, debemos lavar con abundante agua y jabón sus patas, especialmente las zonas entre sus dedos y sus almohadillas plantares. Incluso, puede utilizarse una mezcla de agua y vinagre blanco, en iguales proporciones, y frotar las partes antes mencionadas con un paño humedecido con este preparado.

Hoy más que nunca es necesario priorizar y fortalecer nuestra salud física y mental, las de nuestros familiares e inclusive, indirectamente, las de las personas que no conocemos, además de cuidar las de nuestros hijos de cuatro patas. Así que, ¡a seguir orando y cuidando nuestro cuerpo y nuestra mente! Si no colaboramos y no tenemos la voluntad de hacerlo, ¿quién más lo hará por nosotros?

Anoche soñé con Boris portando un cartel diciéndome “¡Quédate en casa!”, presumo que es por los duros tiempos que se están viviendo que mi subconsciente me lo recordó mientras dormía. Estoy segura de que esto es lo que querrá decirme mi perro, aunque no pueda con palabras, cuando lo peor haya pasado y haya retomado mis actividades allá afuera, porque entonces no me tendrá como hasta ahora, día y noche, noche y día…


Mariella Chacón Morales

Médica Veterinaria

WhatsApp: 593 984 010 758

E-mail: marielinha20@hotmail.com

Instagram: @mariellachaconmorales

 

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

Check Also

EN LAS PROFUNDIDADES DEL DESAMOR

¿Quién dijo que nosotras no podemos enamorarnos? Quien lo haya dicho se equivocó rotundamente. Así …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *