LA VISITA DE DON DIVOK

Todo mal tiene implicada un aprendizaje.

Si te pregunto: ¿qué fue lo bueno que trajo Don Divok (leerse al revés), que dirías?

¿Seguramente te sorprende la pregunta, verdad? Qué podría tener de bueno que haya un microorganismo por ahí quitando la vida y amenazando de muerte a todo el planeta!

Sin embargo, cuando nos ponemos a mirar desde una perspectiva mayor, quiero decir desde una visión objetiva y curiosa, descubriremos que este evento planetario fue algo realmente revelador. Que ha sido quizás, para muchos, un periodo de evaluación, de recapitulación, de re encuentro consigo mismo y con lo que hay de valioso en la vida.

Otro punto relevante de este evento es que nos mostró ampliamente que nada de lo que llamábamos seguridad nos sostenía en los momentos críticos.

Usualmente construimos plataformas para que nos sirvan de sostén en la vida. Es por eso que estudiamos una carrera universitaria o mantenemos un trabajo por muchos años con el fin de construir solidez. Procuramos una economía estable para tener un “colchón” en casos de emergencia, compramos seguros médicos y de vida por si acaso sucedan enfermedades o tragedias, participamos de una comunidad religiosa para asegurarnos la salvación del alma, nos esforzamos por tener relaciones familiares estables y fuertes para apoyarnos los unos a los otros. Todo esto con el propósito de sentirnos seguros, de tener algo por sentado, para sentir certeza en momentos de incertidumbre.

Pues bien, la visita de Don Divok nos mostró que no importa qué título académico tengamos ni qué posición ocupemos en la compañía, ni cuánto dinero tengamos en el banco, ni cuántos seguros médicos de montos millonarios tengamos, ni todos los amigos o palancas a las que podamos acudir o cuánto nuestros padres o parientes hubieran querido ayudarnos, ni la situación política, ni el barrio donde vivimos, nadaaaaa de eso servía! Nada de esto podía salvarnos la vida!
El microorganismo no respeta edad ni raza ni estatus social ni títulos académicos, ni religión, ni santos ni diablos. El microorganismo vino a enseñarnos que todo eso en donde estábamos poniendo nuestra seguridad, atención y energía, no nos protegía de su amenaza.

Vino a mostrarnos cuán frágil es nuestra vida y la estructura de los paradigmas a los que les hemos dado tanto poder. Vino a mostrarnos lo tergiversadas que están nuestras prioridades. Vino a darnos una oportunidad de hacer una pausa, valorar lo importante que es la vida. A valorar el hecho de poder respirar el aire libremente. A comprende que los rayos del sol son una prioridad. El privilegio caminar por la calle, el valor de un abrazo, la bendición de tener salud.

Este visitante nos reveló que ninguno de los sistemas en que se basaba nuestra sociedad era suficientes. La ciencia estaba desconcertada y confundida, la economía paralizada, los políticos sin herramientas, las religiones estáticas, la misma estructura familiar se dividió entre jóvenes y viejos, teniendo que respetar espacios. Y todo esto nos abrió una ventana para mirar con asombro como los médicos no sabían cómo tratar el microorganismo, los hospitales y recursos colapsaron, la economía pasó a segundo plano y ninguna cantidad de dinero podía comprar la cura que no existía, no se podía asistir a las iglesias ni templos ni sinagogas, no se podía reunir con la familia y desde luego los políticos no ofrecían soluciones.

Entonces ¿que nos quedó ¿Nos mandaron a la casa a pensar en la vida que hemos llevado, en las sociedades que hemos construido, a re organizar nuestras prioridades. A darnos cuenta del abandono que hemos perpetrado sobre nosotros mismos, sobre nuestros hijos, nuestro hogar, la salud, la vida misma conformada por los pequeños detalles como un abrazo, una caminata al aire libre, un te quiero. La comida sana de casa, los roles de padre y madre retomándose, la reunión familiar al principio obligada e incómoda por la falta de hábito y mucho más de esa índole.

La visita de Don Divok nos sacó la venda para que veamos tantas cosas!
Cuántos nos dimos cuenta que cocinar en la casa es más barato e infinitamente más sano que comer fuera, cuántos perdimos peso por la combinación del stress y el efecto de la comida sin grasa, sin químicos ni preservantes, preparada con amor y escogida con esmero para fortalecernos y no solo para complacer el paladar.

Cuántos nos reconciliamos con nuestros hijos y nos dimos cuenta cuanto habían crecido y todo lo que podemos disfrutar juntos. Cuántos nos dimos cuenta la falta que les estábamos haciendo.
Cuántos nos dimos cuenta que no había necesidad de ir a un edificio, templo o iglesia para encontrarnos con Dios. Cuántos comprendimos que es posible comulgar sin una hostia. Cuántos pudimos encontrar paz y alivio en su amor incondicional que está siempre presente en cualquier lugar porque lo llevamos dentro. Cuántos descubrimos que podemos ejercitarnos en casa sin tener que ir a un gimnasio.

Cuántos nos dimos cuenta que tenemos mil chucherías por las que hemos estado trabajando duro para poder pagarlas pero que ciertamente son totalmente irrelevantes. Cuántos pudimos volver a “ver” nuestra casa, pasar tiempo en ella, disfrutarla, arreglarla y por fin poner cada cosa en su lugar ahora con tiempo y con pausa. Cuántos sabemos ahora que tenemos muchísima más ropa, zapatos, camisas, carteras, etc de lo que es necesario.

Es por esto que yo me atrevo a decir que este evento, así como todo lo que sucede es esta tercera dimensión tiene su polo opuesto a la tragedia y al horror y ese polo opuesto es que nos ha mostrado que existen dos fuentes de amor que jamás nos abandonan: la Tierra que está siempre nutriéndonos, produciendo para nosotros, llenándonos de energía y vitalidad con su inmensa creatividad y diversidad, los minerales, vegetales, animales y su amorosa entrega para nuestra existencia. Y la otra fuerza eternamente presente que es DIOS O PRINCIPIO CREADOR de la naturaleza y de la vida misma que nos está dando otra oportunidad de seguir y de llegar a comprender que es ésta energía la única con la que podemos contar. Esta energía es de verdad nuestro único pilar. La realidad que nos sostiene a nosotros y a toda la creación.

La cuestión es como siempre:
¿Dónde está tu atención? ¿En el polo de la tragedia o en el polo de la oportunidad? ¿En quien te quieres convertir después de esta experiencia. ¿Te has dado el tiempo de reflexionar sobre los cambios necesarios en tu vida? Si lo has hecho, por dónde vas a comenzar? ¿Cómo vas a habilitar esos cambios? ¿Estás listo y comprometido con este nuevo inicio y con tu nuevo yo? ¿O necesitas otra visita? Respóndeme tú!

Con cariño y luz infinita,

CECILIA RENDÓN

@ceciliarendon Facebook
@ceciliarendoncoach IG
Rendon15@gmail.com

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

Check Also

EN LÍNEA

Uno de los descubrimientos más relevantes en las últimas décadas es el Internet. Esta red …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *