UNA CARRERA CON PALITO

Hoy nos vamos a subir en un carro de carreras para viajar a toda velocidad por la ruta del recuerdo, vamos a empuñar fuerte el volante y darle con todo al velocímetro de la remembranza para internarnos en el túnel del tiempo y transitar por los caminos de la  historia del automovilismo ecuatoriano. Vamos a detener nuestro bólido en los pits para hurgar en la guantera y extraer de allí la memoria para rememorar a uno de los mejores pilotos nacionales de todos los tiempos: Guillermo “Palito” Ortega. Hoy vamos a viajar con él por el maravilloso mundo de los años 60 al 80, cuando el “Flaco” era el rey de la velocidad, el corredor del momento y el ídolo del mundo tuerca.

Hoy, Guillermo Ernesto Ortega Hougee, ya no está entre nosotros, pero vamos a revivir sus épocas de gloria cuando era el campeón de campeones. Nacido en Quito en 1946, hijo de padre manabita y madre norteamericana, con ancestros cuencanos, fue considerado después de Luis “Loco” Larrea como uno de los mejores corredores nacionales de todos los tiempos, ganador del Cóndor de Oro de Revista Estadio en 1967 y varias veces elegido el mejor deportista del año.

Una nota de Revista Estadio, publicada en la edición 1413 del 8 de enero de 2003, escrita por el connotado periodista quiteño José Navarro Guzmán, nos trae detalles de la vida de Ortega, quien inicialmente era apodado “Guillo” o el Flaco, que luego pasó a ser “Palito” por esa tendencia de nuestro periodismo de heredar los apodos a asociarlos con alguien famoso. En su caso fue aludido al cantante argentino Ramón Bautista  “Palito” Ortega. Y así, el “Flaco” pasó a ser Palito.

La nota de Pepe Navarro rememora sus inicios en el automovilismo “A los 8 o 9 años ya sabía conducir, pues me enseñó un chofer que teníamos en la familia y a los 12 a escondidas ya salía en coche por las calles. Corrí en 1963 mi primera carrera en un Austin. Fue en 1964 cuando empecé a dedicarme al deporte tuerca, en el que estuve hasta los años 80, puesto que regresé de Europa para competir en la categoría Scorpio, fui a Colombia y concluí con una Vuelta a la República. A lo lardo de estos años dedique mis esfuerzos a competencias en el país, Estados Unidos y la conocida gira a Europa, en donde no solamente estuve en las 24 horas de Lemans, sino en la Fórmula 2 europea”.

La nota rememora sus grandes competencias. “Estuve en las famosas Vueltas a Ecuador, como la de 1973 que corrí en un Libre argentino, en la que estaban pilotos como Andrés Chiriboga, Fernando Madera, Fausto Merello, el “Loco” Larrea, en sus últimos años, Hernán Ampudia que era mayor que nosotros, Patricio “Chino” Arias, Marco Vivanco, en fin. No olvide que Ecuador lleg´a tener el mejor parque automotor de Sudamérica. Pero le doy otro dato, había tanta afición por el automovilismo que los dirigentes de Afna (Asociación de Fútbol No Aficionado) llamaban a sus similares de Aneta (automóvil Club del Ecuador) para saber cuándo había carreras, para así programar al fútbol, porque los autos se llevaban a la gente. Hubo pruebas a las que fueron 150.000 personas. Fuimos una familia automovilística”.

Ortega rememora que su mayor anhelo, fue correr en competencias internacionales. “Mi anhelo siempre fue salir a competir internacionalmente. En 1965 empecé a salir, cuando fui a Colombia. Desde 1966 fui a las Seis Horas de Perú. Fue en 1968 cuando gané en Daytona, Estados Unidos, en mi categoría, en las 24 Horas y luego triunfé en las 6 Horas de Lima, en el Campo de Marte, escenario que luego de eso, cerró, porque los peruanos no soportaron que un ecuatoriano gane un circuito solo para ellos. Y, claro en Ecuador gané las 10 carreras que competí”.

Sus buenas actuaciones internacionales, le valió el reconocimiento del gobierno que entonces presidía el General Guillermo Rodríguez Lara. “Mi general, se portó muy bien. A Fausto y a mí nos invitó al Palacio de Gobierno y nos entregó a través del Ministerio de Educación, 10.000 dólares para ir  Le Mans, que era una cantidad importante, pero que no permitía el financiamiento total. Pero además nos dio la liberación de seis carros, para rifarlos. Eso ayudó porque trajimos seis Mercedes, rifamos unos y vendimos otros.

Sus principales gestas

Ortega habla de Le Mans, y esa fue una de sus más grandes epopeyas automovilísticas. Fue en 1973, en Francia cuando junto al piloto nacional Fausto Merello, fueron a correr la afamada prueba 24 Horas de Lemans. “Nos fuimos a Francia con Fausto y ganamos Las 24 Horas de Lemans de Francia, lo que nos sirvió para que se nos permita participar en la famosa 24 Horas de Lemans, internacional, en la que corriendo en un Porsche 908-2 ganamos en nuestra categoría y fuimos sextos en la general. Un año más tarde entramos al campeonato mundial de Fórmula 2, que era una categoría muy dura, puesto que ahí corrían pilotos de Fórmula Uno. Mis mejores ubicaciones fueron un quinto y dos séptimos lugares. En 1974 corrí por tercera vez en Le Mans y luego en 1975 y 1976”.

La página de Facebook Autos históricos de Carreras del Ecuador, recuerda la histórica participación de los pilotos ecuatorianos Fausto Merello y Guillermo “Palito” Ortega en las 24 Horas De Le Mans, circuito considerado como la catedral del automovilismo mundial. La nota dice: “Recordamos con mucha nostalgia y alegría la participación ecuatoriana en Le Mans de 1973 cuando nuestros campeones nacionales Ortega y Merello con todo tipo de limitaciones económicas, pero con un talento grande y una pasíon sin límite por el automovilismo se decidieron por entrar en grande en el automovilismo mundial. Nuestros pilotos participaron al volante de un prototipo Porsche 908 Spyder de 3000 centímetros cúbicos, que si bien era uno de los mejores autos, ya tenía ya algunos años. Contaron con la preparación técnica del gran mecánico alemán Lothar Ranft y la asistencia del excelente mecánico y piloto ecuatoriano Hernán Ampudia. La limitación económica en los pits del equipo ecuatoriano era evidente, ya que contaban únicamente con lo necesario, mientras que los otros equipos contaban con abundantes repuestos y herramientas, esto era una desventaja para nuestros volantes, pero ellos no se sonrojaron por eso y salieron a la pista en busca de los primeros lugares. El Porsche ecuatoriano largó en la fila 17 de las 27 filas de autos que participaron esa ocasión. Es decir largaron 55 autos de todas partes del mundo. El prototipo ecuatoriano poco a poco fue remontando posiciones a tal punto que transcurridas las 12 horas de carrera ya estaba entre los 10 primeros exhibiendo una regularidad impresionante en la carrera a parte del excelente manejo de nuestros pilotos, cabe destacar la actuación de Fausto Merello que demostró ser la estrella del equipo ecuatoriano demostrando un manejo impecable y en ciertos momentos agresivo, Guillermo Ortega también tuvo una participación excelente pero un poco más conservadora; todo esto bajo la supervisión del team manager del equipo ecuatoriano Lothar Ranft”

“Pasaron las horas y la competencia finalizó con nuestros pilotos ubicándose en Séptimo Lugar en la clasificación general y Sexto Lugar en la categoría de Sport Prototipos. Estos lugares alcanzados por Guillermo Ortega y Fausto Merello fueron considerados como una hazaña, ya que con poco presupuesto lograron mezclarse con los más grandes del automovilismo mundial como: Jackie Ickx, Gérard Larrousse, Henri Pescarolo, Arturo Merzario, Carlos Pace, Mario Andretti, Carlos Reutemann, Derek Bell, Francois Cevert y otros pilotos campeones mundiales en varias categorías, el automovilismo ecuatoriano estuvo dentro de la élite del automovilismo mundial. La clasificación general de esta edición de las 24 horas de Le Mans de 1973 fue ganada por Henri Pescarolo y Gerard Larrouse al volante de un prototipo Matra Simca, del mismo equipo Matra que participaba en la fórmula uno de esos años”.

“Volviendo nuevamente a la participación del equipo ecuatoriano en Le Mans de 1973, es importante resaltar la emoción que provocó este suceso en Ecuador, ya que la transmisión fue seguida en vivo y en directo por el pueblo ecuatoriano a través de Radio Libertad que envió al gran periodista deportivo Carlos Rodríguez Coll para que relatara minuto a minuto la participación del equipo ecuatoriano en Le Mans 1973; la alegría se completó cuando Fausto Merello y Guillermo Ortega retornaron a Ecuador y fueron recibidos como héroes por el público de Quito, que a su arribo al aeropuerto cantaron el Himno Nacional, posteriormente una caravana recorrió las calles de la capital donde todo el pueblo aplaudió el paso de los Héroes de Le Mans. La caravana finalizó en el Palacio de Gobierno donde el presidente de la República de ese entonces el Gral. Guillermo Rodríguez Lara f,elicitó e hizo un brindis por los pilotos ecuatorianos, a esta felicitación se sumó el alcalde de Quito de esa época el Arq. Sixto Durán Ballén.

«Nuestros campeones Ortega y Merello también recibieron la felicitación del pueblo en ciudades como Tulcán e Ibarra, a donde fueron llevados en avionetas de Ícaro y en su regreso a Quito por tierra en una caravana fueron aplaudidos en ciudades como Cotacachi, Otavalo y Cayambe. Diás después nuestros campeones recibieron el cariño del pueblo de Guayaquil, donde acudieron al Estadio Modelo a presenciar un partido de la selección ecuatoriana de fútbol, en ese escenario en la previa del partido de futbol, Guillermo Ortega y Fausto Merello recorieron en caravana alrededor de la cancha recibiendo el aplauso del pueblo guayaquileño”.

Otra de sus carreras y gestas memorables, fue la de Datyona en Estados Unidos, sucedida cinco años antes. Fue un 4 de febrero de 1968, cuando junto al piloto nacional Fausto Merello y al estadounidense John Gunn, a bordo de un Ferrari modelo 250 LM, bajo la bandera del equipo Raceco y con el # 34, , corrieron la afamada carrera 24 Horas Daytona, ganando en su categoría y siendo octavos en la clasificación general, superando a todas los de la clase GT y numerosos prototipos y autos de Trans –Am.

Gusto caro

Ortega sacó adelante su pasión automovilística, a pesar de ser un deporte caro, pues su afición le costó mucho dinero. “Seguramente me pudo haber costado más. Los autos me costaron toda la plata del mundo. Será por ello que este deporte es practicado por los jóvenes, que cundo tienen la intrepidez de hacerlo, no siempre miden lo que cuesta con tal de competir. Porque además de dedicarle alma, vida y corazón, hay que poner mucho dinero. Solo los profesionales que son estrellas pueden decir que no les cuesta correr. Yo fui profesional, pero fueron muchos miles de dólares que debí invertir en esta afición, particularmente cuando fui a Europa. En 1974 la Fórmula 2, me costó a mí la módica suma de 900.00 dólares, que era toda la plata del mundo. Phillips Morris, me ayudó con 200.00 dólares. Good Year con 100.00 dólares y otras marcas con 150.000 dólares. Entonces tuve que asumir non medio millón de dólares. A mí me faltó dirigencia. Conmigo trabajó en la F – 1 como manager Don Denis, el dueño de la Mac Laren, ahora”.

Los carros son parte de la vida de Ortega, Hubo un auto muy especial, el Ferrari modelo 250 LM (foto) con el que en 1968 corrieron en Daytona. Ese auto tiene su historia y su costo. Era un deportivo, creado y diseñado por la firma Pininfarina, construido en los talleres de Scaglietti que fue adquirido por Guillermo Ortega y Fausto Merello, en Estados Unidos, luego de pertenecer a dos dueños.  Luego lo corrieron en  las 12 Horas de Sebring, en la que no culminaron por fallas mecánicas. El auto fue traído a nuestro país ese mismo año (1968) siendo sensación. Ortega vendió su parte Pascal Michelet, quien junto a Merello, lo corrieron en la carrera inaugural del nuevo Autódromo Internacional de Yahuarcocha, en 1970, y en las 12 Horas Marlboro, también en Yahuarcocha, el 26 de septiembre de 1971. Luego Michelet compró la parte de Merello. En 1975, vendió el auto a un Londinense, quien también lo vendió años después, hasta que un 21 de Noviembre de 2013, en la casa de remate RM Auctions, el auto se vendió por 14,3 millones a un personaje desconocido.

Cuando habla de los autos en que más le gustó competir dice: “Dos extremos de coches. Los Mini Austin, que los corrí todos. Y los Porsche. Además BMW que competí para la marca. También lo hice en Ferrari. Recuerdo con cariño el Chevrolet Camaro con el que gané en Lima”.

El hombre Marlboro

El Flaco, a quien era costumbre verlo siempre con su característico cigarrillo en la boca, recuerda que él fue al primer piloto que contrató la mayor empresa tabacalera del mundo, la estadounidense, Phillips Morris, como su primer corredor oficial de la marca Marlboro. “El empresario Fernando Donoso, con quien llevo una entrañable amistad fue un gran apoyo, porque fui el primer piloto en el mundo automovilístico auspiciado por Marlboro (Phillips Morris). El primer mercado para Marlboro en el mundo, fue proporcionalmente el ecuatoriano. Por eso el apoyo de esta marca a varias actividades, porque además del automovilismo, el ciclismo recibió el aporte de la gente liderada por Fernando Donoso. Malrboro me apoyó hasta cuando me retiré de las carreras. No olvide que el equipo con el que corrí en Europa se llamaba Ecuador – Marlboro Team.

Su otro tesoro.

“Palito”, que en la época de la entrevista, estaba dedicado al campo, a la administración de una hacienda ganadera de su hijo en Latacunga y al comercio de pinturas y obras de arte, habló en la entrevista de su otro tesoro, ese que lo apasionaba fuera de las pistas: su familia. Su esposa Ana Chiriboga, sus hijos Maxine, Carolina, Ana María y Guillermo. “Ese es el mayor tesoro de mi vida. Mi esposa, mis hijos. Mi padre el Dr. Guillermo Ortega Moreira, que tuvo la casa Ortega que distribuía equipos médicos. El mejor recuerdo es que existió. Fue muy humano, con mucha bondad, capaz, inteligente, trabajador. Fue muy estimado.”

Y es por el amor y el recuerdo de su familia, que hoy traemos su nota.  Fue en una conversación con su yerno y mi  buen amigo de colegio, Marcelo López, que salió la idea de recordar a este prócer del automovilismo nacional. Don Guillermo, quizá no le sepa, pero su nieta, heredó su pasión y le sigue sus pasos. Así pudo rememorar para el recuerdo, una foto de su abuelo con el gran piloto brasileño Emerson Fitipaldi, uno de los mejores del mundo de todos los tiempos, con quien corrió F3 (Fórmula Tres) en el equipo Marlboro. Un día muchos años, después alguien de la dinastía Ortega, también se fotografió con Emmo, como se lo conocía a este gran piloto de Fórmula 1 de la década de 1970, que logró 14 victorias, 35 podios, dos campeonatos en 1972 y 1974, y dos subcampeonatos en 1973 y 1975.

El Olvido

La nota de Estadio, la nota de Pepe, tocó también un punto común de los deportistas, luego de su retiro, el olvido. Ortega se refirió así: “Mi historia deportiva fue muy dura. Me entregué, como en todo en mi vida, a las carreras con todo. Lo cual, en la práctica era una tontería, porque no mide las consecuencias materiales. La gente me quiso, se me entregó, fui ídolo. Pensé que la gente me adoraba. Pasan los años, uno se retira y se produce un olvido total. No reclamo, sí me duele. Lo que conseguimos fausto y yo, es muy difícil que se repita, porque pusimos el nombre del país en Europa. Mire, renuncié a la ncionalidad norteamericana, porque solo quería correr por ecuador. No olvide que era hijo de norteamericana. Pasa el tiempo, la gente se olvida. Cierto que tuve problemas. Pero me molesta el olvido”

Aquí no lo olvidamos, Don Guillermo Ortega.  Aquí destapamos el cofre de recuerdos para dedicarle esta nota en nuestra sección Hurgando en el Baúl (Recuerdos). Por esas cosas de la vida, un año después de esta nota (2004), Ortega dio su última vuelta por la vida para participar en la carrera de la eternidad. Vamos a cerrar la nota, como la cerró Pepe “Al automovilismo le tengo un inmenso amor que me acompañará hasta la tumba a donde seguramente ingresaré a toda velocidad en un ataúd al que le pondrán rueditas”.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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6 comments

  1. Guillermo Ortega Ch.

    Aurelio, te saluda Guillermo Ortega Chiriboga, realmente quiero agradecerte por la bella nota que has logrado, has captado en pocas palabras, muchas de las esencias que mi viejo transmitió.
    Su familia y amigos siempre hablamos de el, y nos acordamos de sus historias y enseñanzas. Pero tu, has logrado recordar, tras 16 años de su partida, a un publico, joven y nuevo, las vivencias de uno de los pilotos de la época dorada del automovilismo ecuatoriano.
    Hablas probablemente de un gran piloto, pero sin duda, para mi, hablas del mejor padre, amigo, y ser humano que jamás conocí.
    Gracias

  2. Andrés Sevilla

    Un grande Guillo!
    Se le recuerda siempre por su gran don de gente, siempre fue muy cariñoso y atento.
    Un abrazo para ti Gullito y para toda la familia, excelente artículo y merecido reconocimiento.

  3. Estimado Guillo
    Gran reportaje sobre la vida de tu Padre que no es otra cosa que la pasión que tuvo sobre los autos competencias y su familia ,para mi humilde opinión el mejor piloto que ha tenido nuestro país en todos los tiempos sin duda
    Abrazo

  4. Patricio Páez Moscoso

    Un repórtate muy bien estructúralo que resume la vida deportiva de quien para muchos, entre los que me cuento, es sin duda uno de los mejores sino el mejor, piloto de autos de carreras, por sus méritos deportivos, por su gran capacidad para pilotar un auto de competencia y la pasión para hacerlo. Sufrió con el olvido que trae el retiro y consideró que la historia no le ha hecho justicia aún

  5. Giovanni Camacho

    Linda historia de uno de los mejores pilotos del Ecuador, recuerdo que daba un verdadero espectáculo en cada competencia que participaba y nunca nos vamos a olvidar de él

  6. Don Guillermo. No hay de que agradecer. lo que se agradece no se merece. Don Guillermo, «Palito», su padre fue un grande del deporte ecuatoriano y merece ser recordado y reconocido. La verdad el mérito es de Don Pepe Navarro, de quien tomé muchas cosas de la nota que escribió para Estadio. Esa es la idea de esta revista, recordar en sus diferentes secciones a personajes desconocidos por la mayoría de jóvenes pero que sentaron un nombre, dejaron una huella y un camino a seguir. Un gusto y un honor que les haya agradado la nota. Que honor de tener un padre así. Hombre admirable por deportista y por ser humano. Muchas gracias la deferencia de comentar, Don Guillermo. A sus órdenes.

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