¿HASTA CUÁNDO PERMITIREMOS QUE LA GANANCIA PERSONAL ATROPELLE EL BIEN PÚBLICO?

Adam Smith, economista escocés, también conocido como «El padre de la economía» o «El padre del capitalismo», fue además autor, pionero y figura clave de la economía política, así como un filósofo moral. Tuvo una idea elegante al abordar la notoria dificultad que enfrentan los humanos para tratar de ser inteligentes, eficientes y morales.

Su obra maestra, la primera obra moderna de economía, a menudo abreviada “La riqueza de las Naciones” (1776), sostuvo que el panadero hornea pan no por benevolencia, sino por interés propio. Sin duda, los beneficios públicos pueden resultar cuando las personas buscan lo que es más fácil: el interés propio. Y, sin embargo: la lógica del interés privado, la noción de que deberíamos «dejar que el mercado lo maneje», tiene serias limitaciones cuando desaparece la reserva moral.

La falta de una política social y de salud efectiva en respuesta al brote de la enfermedad que ahora azota al mundo, ha puesto de relieve las contradicciones.

En todo el mundo, el mercado libre premia la sana competencia, el posicionamiento, por lo que se han convertido en las calificaciones más deseables que las personas pueden tener. Lastimosamente la empatía, la solidaridad o la preocupación por el bien público se relegan a la familia, los lugares de culto o el activismo.  Mientras tanto, la ganancia individual adquirida injustamente no tiene en cuenta la estabilidad social, la salud o la felicidad.

Como resultado, el actual sistema de corrupción ha agotado y devastado la esfera pública (salud pública, educación pública, acceso público a un entorno saludable) a favor de la ganancia personal mal lograda.  Las personas que realizan trabajos esenciales: cuidar de los enfermos; recoger la basura; entregar alimentos; garantizar que tengamos acceso al agua, la electricidad y la conexión WiFi, a menudo son las personas que ganan menos, sin beneficios ni contratos seguros.

Por otro lado, aquellos que a menudo tienen pocas habilidades útiles identificables (los políticos “pontificadores”, así como los principales artífices de las ilegalidades), ¿cuál es su valor? Ninguno.

Pero son esas personas las que ganan millones, a veces tanto en una hora como lo hacen los trabajadores de la salud o el personal de entrega en un año entero. En pocas palabras, vivimos un sistema impulsado únicamente por intereses personales ilícitos, el cual no protege la salud pública, los tipos esenciales de libertad y el bienestar comunitario.

¿Qué haremos cuando finalmente hayan destruido nuestra democracia?

Muchos ya han empezado a señalar la inmoralidad de nuestro sistema de codicia y ganancia egocéntrica, su ineficiencia, su crueldad, su miopía y su peligro para el país y las personas.

Pero, sobre todo, la presente lógica del interés propio (mal habido), es superficial, ya que no reconoce lo obvio: todo logro sólo es posible sobre la base de un bien común próspero: una sociedad estable y un entorno saludable.

¿Cómo rastreamos el desempeño en las economías modernas?

Contando la producción no el resultado, la cantidad no la calidad, los precios no las posibilidades, medimos todo, en resumen, excepto lo que hace que la vida valga la pena.

Libertad, felicidad, resiliencia, todo se basa en un público saludable.

El tipo estrecho de pensamiento macroeconómico que actualmente domina los pasillos del gobierno es una máquina poco inteligente que socializa los costos, una ideología venenosa y ciega.

Ahora es el momento de afirmar lo obvio: sin un público fuerte, no puede haber privado. Mi salud depende de la salud pública. Mi libertad depende de la libertad social. La economía debería estar integrada en una sociedad sana con servicios públicos funcionales, no al revés.

Este momento de dolor y colapso puede servir como una llamada de atención; darse cuenta de que lo público es fundamental.

Tenemos que cambiar.

Mire por la ventana para ver.

Sin un público vibrante y estable, la vida puede volverse pobre, desagradable, brutal y corta …rápidamente

Fotos: alainet.org; elfinacierocr.org


James Neale Yerovi Socio
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Plan-A Consulting
Estrategia Dinámica, Finanzas Corporativas, y Mercadeo Cuantitativo

 

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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