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ADIÓS LISSETY

Hay notas que jamás quisiera escribir. Esta es una de ellas. No hubiera querido tener que hacerla nunca. Pero a veces toca y toca hacerlo con dolor, con lágrimas en los ojos, con una daga clavada en el corazón y con una pena enorme, que a veces raya en rebeldía, porque es difícil aceptar que personas que uno quiere y que tiene mucho que dar todavía, se vayan y lo que es peor se vayan de esta forma.

Lisetty, si duele tu partida, duele más la forma en que te vas. Inesperada, injusta, inmerecida. Porque la luchaste, por más de 20 días, luchaste en el hospital como lo que fuiste una guerrera, luchaste hasta el final, pero no pudiste ganar esta batalla. Duele que la hayas perdido, como duele también no haberte podido acompañar en tu último viaje. No haber podido estar acompañando a tu familia a quien me la presentase un día y con la que tuvimos muestras de afecto.

Esta despedida no la podrás leer nunca, pero igual tengo que escribirla. Primero agradeciéndote que siempre estuviste ahí para apoyarme. Siempre. Tú fuiste una de las personas que más me insistió para que vuelva a escribir y haga una revista y cuando te dije: si la hago, tú me acompañas, me dijiste. Encantada y fuiste la primera persona en decirme sí para ser mi columnista. No pudiste escribir más que una columna, pero tu puesto, está ahí y siempre estará. Desde hoy eres la columnista eterna. Tu lugar en la portada de inicio, estará por siempre. Si algún día llega otro columnista para asuntos jurídicos, tendrá que ocupar otro lugar, porque tú de la portada y el staff no saldrás nunca.

Con Lisetty, nos conocimos hace 38 calendarios, cuando yo repetía año en leyes en la Universidad Católica y nos tocó ser compañeros. Nos hicimos amigos de una, aunque siempre me criticabas por la melena, que decías no era para un estudiante de leyes de la católica que pretendía ser abogado. Pero inmediatamente decías. “Pero sabes que son lindos tus rizos abogado rockero” y reías como solo tu solías hacerlo.

Luego nuestros destinos se fueron por otros caminos, yo dejé la universidad, me cambié a periodismo y tú seguiste hasta graduarte de abogada. No nos volvimos a ver en muchos años, Hasta que un abril del 2008, nos puso nuevamente juntos en el camino. Fue cuando nos encontramos como compañeros de trabajo en la Procuraduría. Tu como Directora de Mediación y yo de Comunicación y lo que es la vida. Fuimos una de las tres direcciones que no estaban en el mismo edificio. Nos tocó compartir una villa que quedaba colindante al edificio principal. Yo con mi departamento ocupaba la planta baja y tú con la tuya, la de la de arriba. Eso hizo que nos viéramos casi todos los días, que compartiéramos mucho tiempo, que almorzáramos juntos. Y tú antes de subir a tu oficina pasabas por la mía saludando. Nos hicimos muy amigos.

Formamos con los directores de Guayaquil, un buen grupo. Pero hicimos un cuarteto de mosqueteros con Janina y Elena y fuimos muy muy cercanos. Entonces surgieron muchas cosas, laborales, sociales, familiares, de panas. Cuantas farras sanas nos pegamos, cuantos almuerzos compartimos. Hiciste tu revista El Mediador para difundir tu labor y yo te la revisaba, editaba, corregía y nos pasábamos horas trabajando juntos para que quede un buen producto.

Recorrimos el país juntos, tu haciendo tu labor y yo difundiéndola. Fuimos a Cuenca, el Oriente, Guayaquil, Esmeraldas, Ambato, Riobamba, Portoviejo y Galápagos. Ese viaje no lo olvido jamás, el Sub quería bajarme de la camioneta por costos. Y tú te impusiste y lo convenciste para te acompañe y te acompañé.

Compartimos tantas cosas con Helen y Jani con quienes muchas veces viajamos juntos los lunes para ir de Guayaquil a Quito a trabajar y de Quito a Guayaquil para pasar el fin de semana con la familia. Conversamos muchísimo, nos hicimos yuntas. Conocimos nuestras familias, estuvimos en las buenas y en las malas. Cuando mi padre falleció y yo estaba en Quito, al recibir la noticia  tú y Yani fueron mi apoyo. Helen estaba en Guayaquil y apenas llegué estuvo conmigo. Así éramos de unidos. Y luego cuando tocó salir del trabajo, seguimos unidos. En nuestros cumpleaños tratábamos de juntarnos y siempre buscábamos estar en contacto. La distancia nos apartó bastante, pero el corazón jamás nos mantuvo lejos.

Hoy te adelantaste y nunca más seremos los cuatro mosqueteros, los monos guayacos que revolucionamos Quito. Quedan para el recuerdo las tertulias, las bielas en la Foch, las farras en Mal Santiaguado, los partidos de fútbol con barra femenina, la ida a los toros, las horas de trabajo intenso, los seminarios compartidos, las charlas amenas, las sesiones de edición de tu revista, las cangrejadas donde Cynthya,  las reuniones entre directores, los viajes, las jodas del aeropuerto y tantas vivencias juntos.

Recuerdo que gozabas diciendo que mi hija se llamaba Lizzeth en honor a ti y que le quité la y para disimular. Y bromeábamos que nos casamos el mismo día para enloquecer a los curas. Y yo me desquitaba diciéndote que eras una figuretti empedernida, que no se podía tomar una foto sin que aparezcas tú y reíamos. Siempre te molesté de novelera porque me acompañaste a ver Roger Hodgson de Supetramp, sin conocer al artista ni saber las canciones, solo porque querías que te vean conmigo. Hacíamos bromas de todo. Porque tú eras eso una bromista empedernida que vivía la vida con alegría, con optimismo con fe.

Eras una persona intensa en tus cosas, pero leal, comedida, solidaria, trabajadora, honesta, noble de altos principios éticos y valores morales, supremamente inteligente que te hicieron una buena persona. Una persona triunfadora. Pero sobre todo una persona respetada, admirada, valorada y querida. Muy querida.

Y como triunfadora que eras fuiste la primera jefa de mediaciones en el Consejo de la Judicatura, la primera Directora Nacional del Centro de Mediación de la Procuraduría General del Estado, la mejor mediadora del gremio de abogados, la mejor directora de tesis y profesora de los cursos de mediación en la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UES). Fuiste  consultora internacional, directora ejecutiva de la fundación «Acuerdo Ecuador». Tuviste tuvo una brillante trayectoria como persona, esposa, madre abnegada y como profesional honorable y honesta.

Poseedora de gran corazón recientemente habías constituido una Fundación de Mediación para trabajar en favor de los más vulnerables, en la que te volviste a juntar con tu parcera Yani, que hoy te llora desconsolada.

Te vamos a extrañar. No sabes cómo y cuánto. Nos harán falta tus dones de ser humano extraordinario.

Mis condolencias a su familia. A Milton, tu esposo y a tus hijos, a tu hermana Danixa, compañera mía en Revista Vistazo, a tu hermano Mario.

Nos vas a hacer falta. Ly. Buen viaje. Esto es solo un hasta luego.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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