¡QUE LA EMPATÍA SEA CONTAGIOSA Y QUE NO TENGA CURA!

En esta ocasión les presentaré un par de relatos que me dejaron boquiabierta porque son una muestra de lo que los animales son capaces de hacer, y por eso es que cada día me sorprenden más. Se trata de anécdotas que me fueron compartidas por dos de mis amigas más cercanas de la época universitaria, cuyas esencias intenté plasmar en un papel mediante dibujos que son los que en esta nota observan.

La primera trata de Pinky y Pinka, de Gloria Mosquera, dos perritas de raza Teckel, o Daschhund, comúnmente conocidas como “Salchichas” por su alargado cuerpo: Pinky de color café y Pinka de color negro con manchas claras en sus patitas, hermanas de nacimiento, inseparables, hacían todo juntas lo que en su vida de perritas les estaba permitido. Me dio mucha gracia imaginar cuando Gloria me contó que una de ellas aprendió a subirse a una hamaca que tenía en su patio, y la otra también, y estando las dos arriba se mecían juntas y disfrutaban de ello.

Para comprender lo que viene a continuación debemos saber que normalmente las perras durante su etapa de gestación y de lactancia tienen mayores concentraciones sanguíneas de la hormona encargada del instinto materno, la progesterona. Y un día Pinka fue madre, y lo que acabo de mencionar fue la excepción en ella. Después de parir, fue una madre despreocupada de sus cachorros, llegó a ser muy indiferente con ellos, a tal punto de que no los atendía, si se lograba que los alimentara fue gracias a que sus dueñas la obligaban a quedarse para que los cachorros lactasen, ya que ella buscaba la mínima oportunidad para escaparse y huir de su responsabilidad.

Muy frecuentemente los cachorros lloraban, y no precisamente por hambre sino porque les hacía falta el calor materno. Esto no resultó indiferente para Pinky, la tía de los cachorros, quien decidió asumir el rol de madre nodriza, dándoles el calor que ellos tanto necesitaban, dormía con ellos, no se desprendía del lugar donde se encontraban, los lamía con frecuencia, los mantenía aseados, sólo no podía alimentarlos porque no secretaba leche de sus mamas, a pesar de que ellos buscaran esas zonas para alimentarse, motivo por el cual solamente eso siguió haciendo la madre biológica, hasta aproximadamente la tercera semana de vida de los bebés.

De cierto modo ambas compartían el rol materno, nunca hubo alguna señal de cambio de comportamiento, celos, o agresividad entre ellas. Una confirmación de que eran verdaderamente hermanas en todos los sentidos.

Después de los veintiún días de nacidos, los cachorros tuvieron una alimentación mixta, es decir, comían otros alimentos además de la leche materna, alimento que su propia madre seguía rehusándose a darles. Pero gracias a Dios, a los cuidados de sus dueñas, y por supuesto a los de su tía, salieron adelante y fueron desarrollándose sanamente.

Por otro lado, estaban Lassie y su amor eterno Patricio, pareja de perros mestizos, de color café, de talla mediana, coincidentemente se parecían mucho en su fisionomía, dicen que las almas gemelas son muy parecidas entre sí, ¿qué habrá de cierto en esto?

Para no desviarme del tema, les cuento que ambos eran callejeros, vivían en una calle en el centro de la ciudad cerca del consultorio de mi amiga Andrea Schnabel. Lamentablemente no tenían dueño, pero se habían ganado el cariño de los trabajadores de una gasolinera cercana, quienes los alimentaban en conjunto con mi amiga, quien además les ofreció los cuidados médicos cuando los necesitaron.

Patricio tenía la muy mala costumbre de perseguir autos, era algo que no se podía evitar porque no había quien lo pudiese controlar. Una tarde corrió con muy mala suerte y lo atropellaron, gracias a Dios no de forma fatal, pero se encontraba golpeado, adolorido, con heridas que sangraban.

Cuando Andrea conoció por primera vez a Patricio fue porque Lassie lo llevó a su consultorio, debido a que Lassie y Patricio andaban juntos en todo momento, aquel día, el del atropellamiento, Lassie se dirigió a pedir ayuda a la doctora, mientras Patricio caminaba detrás a paso lento y sin mayores opciones. Fue ahí cuando mi amiga pudo percatarse, a través de la puerta de vidrio de su local, de que Lassie traía un acompañante, el cual yacía en el suelo y se notaba débil. Entonces, Andrea abrió la puerta y preguntó: “Lassie, ¿a quién me has traído hoy?, ¡¿quién es este pobre perro?!”. Al ver las condiciones de Patricio inmediatamente mi amiga quiso ayudarlo y atenderlo, pero él reaccionó de manera agresiva y hasta tuvo intenciones de morderla, ¡pero no era para menos, el dolor lo tenía de muy mal humor! Estando sin ayudantes, tuvo que ingeniárselas para atenderlo en la medida de sus posibilidades.

Un tiempo más tarde, Patricio fue reincidente y Lassie nuevamente lo tuvo que arrear para que fueran a donde sanarían sus heridas, lo sorprendente fue que esta vez Patricio se dejó hacer todo sin mostrar ninguna conducta negativa, a pesar del dolor que lo invadía. Se dejó lavar y curar las heridas por Andrea, incluso permitió que le aplicara un catéter intravenoso para administración de fluidos para hidratarlo, y medicinas para calmar su dolor.

Desde que Patricio se dio cuenta de que Andrea no era una persona que lo maltrataba como muchos lo hacían en sus recorridos por las calles, como demostración de su agradecimiento y lealtad, comenzó a ir muy puntualmente todos los días a las 19h00, hora en que la doctora terminaba su jornada laboral y cerraba su consultorio, con el fin de acompañarla escoltándola varias cuadras desde ahí hasta el paradero para que tomara el transporte que la llevaría a casa, casualmente los alrededores del local eran característicamente muy desolados y peligrosos a dicha hora, y Patricio lo sabía…

Dos claros ejemplos de empatía, es decir, de esa capacidad de ponerse en el lugar del otro, de preocupación y amor por el prójimo, si así dicen que los animales no son racionales, ¡indudablemente nos sorprenderían aún más si lo fueran!

Nadie está exento de tener problemas, incluso podemos mirarnos a través de nuestro propio espejo y preguntarnos, cuando tuvimos algún problema, leve o grave, ¿cuántas veces nos ayudaron?, pero también deberíamos hacernos una segunda pregunta, al contrario, ¿cuántas veces hemos ayudado a alguien que atravesaba por un problema?

De manera personal, si tu respuesta mostró una cantidad satisfactoria para ambas preguntas, ¡en buena hora! Te felicito, estás rodeada (o) de gente que te estima y te quiere y eres muy afortunada (o), además tienes un gran corazón. Si tu respuesta fue: “en pocas ocasiones me han ayudado a mí y muchas veces he ayudado a otros”, te sigo felicitando porque podrías estar aplicando al refrán “Haz el bien sin mirar a quién”, en estos tiempos es “normal” que poca gente se ponga el lugar de otra, cada quien hala para su propio molino, pero aún hay esperanza con personas como tú. Pero, si, por otra parte, te contestas “muchas personas me han ayudado y, contrariamente, he ofrecido mi ayuda pocas veces”, podría pasar que no estás siendo lo suficientemente recíproco, o tal vez no has tenido la oportunidad de manifestarte ofreciendo tu ayuda de cualquier manera posible, pero lo cierto es que existen oportunidades a millares surgir. Por último, si tu contestación fue “pocas veces me han ayudado y asimismo en pocas ocasiones he brindado mi ayuda”, esto podría resultar muy decepcionante, porque sería un reflejo de lo apáticos que somos los seres humanos en medio de tanto caos.

En realidad, no vendría al caso saber con cifras cuántas veces nos ayudaron y cuántas veces ayudamos a alguien, cuando se hace de manera genuina se puede llegar a perder la cuenta. Cuando hablo de ayudar al prójimo, es lógico comprender que no sólo esto implica dar dinero, ropa o alimento a alguien necesitado, o hacer un favor de cualquier otra índole, también es dar una palabra de aliento en el momento oportuno, y podría mencionar incontables formas de ayudarnos entre sí, para demostrar empatía, pero esta nota sería interminable, tan sólo tengan en cuenta los ejemplos que les presenté de Pinky, Lassie y Patricio, ¡y eso que ellos no son humanos!

Actualmente vivimos momentos supremamente difíciles, parecería que estamos siendo actores dentro de un filme de ciencia ficción, suspenso, o más bien de terror, en el que un virus nos asedia y nos ha privado de seguir con nuestras vidas de forma habitual y nos la ha cambiado drástica e irreparablemente, un ser microscópico capaz de producir daños letales y que es responsable de una temible pandemia, algo que no habíamos palpado antes en nuestra generación, viendo cómo tanta gente se está yendo de este mundo de manera inesperada.

Seguramente, mientras vivimos estos duros episodios, gran parte de nosotros ha reflexionado acerca de muchísimos aspectos de esta vida terrenal, pero de tantos hay uno que personalmente quisiera destacar y bajo mi punto de vista es una de las tareas que se nos está pidiendo a gritos que hagamos: manifestar empatía con todo lo que nos rodea, es tiempo de hacerlo, es momento de tener la capacidad de entender y sentir las emociones de los demás e identificarse con ellas como que si fueran propias, tal vez esto nos ayude a ser mejores seres humanos y, si la realizamos aquí, es muy posible que esto contribuya a que aprendamos la lección, la transmitamos a nuevas generaciones y finalmente nos la llevemos consigo a la próxima vida.

Finalmente, por dicho motivo, me tomo una frase de una de las tantas imágenes que observé a través de mi teléfono celular mientras permanecía en casa dentro de estas dos semanas de cuarentena, respecto a lo que acontece: “¡Que la empatía sea contagiosa y que no tenga cura!”.

Orando a Dios fervientemente para que muy pronto ese virus se aleje y lo podamos vencer, espero sin desespero que esta mala “película” llegue a su final…


Mariella Chacón Morales

Médica Veterinaria

WhatsApp: 593 984 010 758

E-mail: marielinha20@hotmail.com

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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Un comentarios

  1. Es impresionante ver la capacidad de amar de los animalitos, se apoyan desinteresadamente, muy buenos tus relatos. sigue adelante exitos siempre amiga con ese corazón de oro que te caracteriza, muchas bendiciones.

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