EL JEFE

A Daniel Santos lo conocí musicalmente desde mi infancia en mi obligado paso diario por la esquina de Riofrío y Bolívar en mi ciudad natal, Bahía de Caráquez, encaminándome a la Escuela Juan Montalvo que se ubicaba a pocos metros del bar Copacabana; desde donde salía esa inconfundible voz nasal de una vieja rockola alimentada por Hugo Rosales.

Era tan popular a mediados de los 60’s que El Jefe cantaba sin parar Cruel Condena, la melodía más sonada de aquella época, misma que siguió cantando en la década siguiente junto a otros éxitos más; ahora desde una cuadra más lejana en Riofrío y Montúfar; cuando a diario caminaba hacia el Colegio Eloy Alfaro, donde desde la esquina de La Catanga, legendaria cantina de Miguel Quijije entre tufo de aguardiente, cerveza caliente y puchos mal apagados hacia fluir su diario cantar al amor, al desamor, el abandono, el olvido, la alegría y la tragedia.

Mis encuentros con Daniel Santos continuaron a medida que mi idolatría por su música crecía, así como mi interés por desentrañar su agitada e iconoclástica vida que lo había convertido en una leyenda viviente.

Nacido en Puerto Rico, había hecho escalas domiciliarias en Cuba, Haití, Colombia, Panamá, Venezuela, México y muchos países más, entre ellos Ecuador, donde recaló en Guayaquil instalando un Cabaret llamado El Barquito de muy grata recordación para los habitantes de la urbe porteña de mediados del siglo pasado, y al que conocí tardíamente cuando anclado junto al puente 5 de junio de entrada a la ciudad, ya lo corroía el moho y el salitre del estero.

Artista de identificación ideológica definida había cantado un himno de apoyo a las huestes de Fidel cuando combatía en Sierra Maestra, lo que le valió ser proscrito y expulsado de Cuba en el gobierno del sátrapa caribeño Fulgencio Batista. De la misma manera fue aliado de don Pedro Albizú Campos en su lucha nacionalista por lograr la tan anhelada independencia de Puerto Rico.

Mientras tanto en su vida artística, El Jefe cantaba y cantaba sin cesar logrando la identificación de chulos y putas quienes cadenciosamente movían sus caderas ante los acordes de El Diablo, Borracho No Vale o el Tibiritabara en el legendario puteadero de Capacho o Julito Naranjo en Zona, como en cualquier Cabaret de Guayaquil o Latinoamérica.

Personalmente lo vi por dos ocasiones, una en el Teatro 9 de Octubre junto a una constelación de estrellas en 1976, y la segunda en un lleno increíble en el Coliseo Cerrado en Guayaquil, donde haciendo honor a su tumultuosa vida, en esa ocasión: volaron ladrillos, centellas y sillas como en el Cataplúm de su autoría; se tuvo que prender periódicos y cartones para disipar el olor a yerba que impregnaba el ambiente que incentivaba a un jolgorio indetenible.

Vivía en Nueva York en 1992 cuando me desayuné con la noticia a través de los diarios hispanos de la Gran Manzana, del fallecimiento de El Jefe acaecido en Florida, donde murió en un rancho en Ocala que le recordaba a su natal Santurce desde donde caminó sin cesar hasta conseguir el estrellato.

Hace días que pasé por el Coliseo Cerrado con mi amigo El Gato, gran bailarín del Cabaret de Carlos Ponce de la música de Daniel, vino a mi memoria el recuerdo de los acordes del solo de trompeta que identifica la famosísima canción de don Pedro Flores: Despedida; canción que fue con la que cerró su show en aquella memorable noche.

Allí Daniel, con paso lento y cansado se fue alejando de los aplausos interminables, de las voces aguardentosas que le pedían otra, otra, otra; y, abriéndose paso entre el humo de cigarrillo y marihuana….mientras la trompeta tocaba y tocaba su interminable solo, y El Jefe entraba a la eternidad.

Fotos: Herencia Latina, El Universo


Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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