EL SHOW DE BERNARD

Riiiiiiiiiiiiiiiiiiin. Suena la campana, es la una de la tarde, hora de salir del colegio. Todos o casi todos, los adolescentes setenteros, tenían a más de ir a almorzar, un motivo muy especial para salir corriendo y llegar a casa: ver un programa televisivo musical en el que como novedad nos poníamos al día en música y veíamos videos de los artistas del momento. Algo no tan común por aquellos tiempos. ¿Necesito decir el nombre del programa? Seguro que entre mis contemporáneos de los años 70 y 80, no necesito hacerlo. Todos saben que estoy hablando, escribiendo más bien, del Show de Bernard. Un programa que hizo historia, que dejó huellos, que batía récord de audiencia y que fue parte importante de la vida de muchos ecuatorianos de los 60 al 80. Muchos crecieron viendo el programa que se transmitió de generación en generación, no siendo difícil de encontrar padres e hijos, que crecieron viendo a Bernard Fougeres.

El programa que siempre estuvo en la misma cadena de televisión, se inició un lunes de 1967 en el entonces Canal 2, que luego fue Ecuavisa. Al inicio se llamaba Show de la Tarde y se transmitía después del noticiero, de lunes a viernes a la una y media de la tarde como se decía por aquella época, (hoy se dice o se tiene que decir las 13h30) y duró 30 años hasta 1997. Eran las tardes en que la familia almorzaba junta, en que el televisor estaba en la sala y en la que todos veían el mismo programa y Bernard lo sabía, por eso ponía videos musicales para todos los gustos y todas las edades

El programa tuvo un inicio inusual, anecdótico, paradójico, fabulesco, porque salió clandestinamente sin la autorización del dueño del canal, algo que parece imposible pueda suceder. Pero sucedió. El propio Bernard, lo contó un programa homenaje que se le hizo en su canal cuando decidió sacarlo del aire. El programa, el Show de la Tarde, nunca debía salir al aire aquel lunes, porque nuestro presidente Xavier Alvarado Roca, frente a la propuesta mía de un programa musical a medio día, me dijo: estás loco, ¿y que tienes? Bueno, unas cuantas películas en francés, Charles Aznavour. Me dijo: eso no va a funcionar nunca, pero el cómo lanzaba el número de Vistazo y tenía que desaparecerse del canal, yo aproveché y fui donde el director del programación y le dije: Oye, ya habló Xavier contigo, No. El programa sale hoy. Llámalo si quieres, yo sabía que no lo iba a hacer, así que el programa salió. El programa ya estaba con dos auspiciantes, así que cuando salió, ya no podía sacarlo y ahí se quedó”

Y se quedó por 30 años. Contabilizar su número de emisiones, es mucho trabajo, como decía el mismo Bernard cuando se lo preguntaban. “Habría que multiplicar 5 x 1 para tener el número de programas semanales, luego eso multiplicarlo por cuatro para obtener el número mensual y  luego eso multiplicarlo por 12 para sacar el número anual y de allí por el número de años al aire. Y yo no soy bueno para las matemáticas”.  Pero si se hace la operación matemática, se obtendría que fueron 7.200 programas los que estuvieron al aire, muchos en verdad, pero todos y cada uno de ellos muy especiales. El programa y su conductor que ya no está entre nosotros serán por siempre un ícono de la televisión ecuatoriana y permanecerán en el recuerdo siempre.

Y el programa de este francés, nacido en Cossé-le-Vivien en 1934 y fallecido en Guayaquil el 5 de mayo de 2018, tiene muchas cosas que contar y muchos símbolos ícónicos que recordar, como la cortina musical que daba apertura al programa en la versión  instrumental de la canción  ¿What’s New Pussy Cat? De Tom Jones, o como su piano de cola, sobre el cual estaba Mafalda, aquel personaje cómico creación del humorista gráfico, argentino Quino (Joaquín Salvador Lavado Tejón), una niña filósofa e irónica por naturaleza, que era su símbolo; el top ten de los viernes; el despertar «morbosístico» de muchos cuando veíamos salir de una piscina con sus pechos al aire a la cantante italiana Sabrina Salermo, un símolo sexual de la época cantando Boys Boys Boys; o el cierre de su programa que terminaba con una reflexión, mientras el entonaba alguna improvisación en el piano; o las espectaculares entrevistas que realizaba a los artistas que terminaban siendo sus amigos, tanto de frecuentarse, visitar sus casas, ser amigo de su familia  y tomar una copa de vinos son ellos.

Bernard había legado al país un 1 de mayo de mayo 1965, procedente de Marruecos, donde fue profesor de literatura francesa y tuvo un programa televisivo. “Mi programa Teleclub” que fue número uno de 1962 a 1965. Acá, llegó porque el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia lo nombró director de la Alianza Francesa, luego de que el escogiera al país como opción de entre los tres que le propusieron (los otros fueron Nicaragua y Turquía).

Y aquí hizo muchas cosas, como que en 1966, condujo en radio La Prensa el espacio ‘La canción de París’, pero hoy nos referiremos exclusivamente a su programa musical que nos brindó uno de los mayores placeres entre los que crecimos entre fines del 60 a fines del 90, más concretamente entre 1967 y 1997. ¿Qué placer era ese? Llegar de la escuela, colegio, universidad, trabajo o simplemente de la calle para sentarse frente al televisor a ver y escuchar música. Sí a ver, está bien dicho, pues veíamos videos musicales. Yo recuerdo que allí y solo allí, vi por primera vez videos clip, como se decía en aquel tiempo, como Bohemian Rhapsody de Queen, Dust in the Wind de Kansas, Satrwy To Heaven de Led Zeppelin, If You Leav me Now y 25 or 6 to 4 de Chicago, o Silly Love Songs,  My Love, Band On The Run o Live and Let Die de Paul MacCartney & The Winds.

Como olvidar ver en imágenes en blanco y negro de como aterrizaba un avión mientras sonaban los primeros acordes de Starway To Heaven y luego ver el logo de Led Zeppelin en el avión ya “estacionado” y ver como saludaban en la escalinata Robert Plant, Jimmy Pages, John Paul Jones y John Boham para bajar del avión, subirse en carros y perderse en el camino; o ver las cuatro caras de Freddy Mercury, Brian May, Roger Taylor o John Deacon de Queen ardiendo en fuego, mientras empezaba a sonar Bohemian Raphsody; o ver Paul MacCartney bajando del avión con su esposa Linda en Silly Love Songs o hablándole por megáfono a sus compañeros de banda en Band On The Run, o verlo comer canguil junto a su esposa Linda en la sala de un cine en Live and Let Die en la que además literalmente veíamos a James Bond volar en su bote o como explosionaba la banda al final del video. Simplemente inolvidable. Imágenes y sonidos que quedaron en mi mente por siempre.

¿Quieren que les confiese algo? Yo llamaba al teléfono del canal a pedir esas canciones y una vez, Bernard, sin nombrarme, claro, la puso al aire, diciendo que era para un jovencito que siempre llamaba. Muchos años después, un día cualquiera de 1993, cuando fuimos compañeros en el canal y nuestras oficinas quedaban contiguas y nos hicimos amigos, le conté que yo llamaba al conmutador a pedir esas canciones. Y él me dijo “ah tú eras el muchachito de mierda, que jodía al recepcionista y decía que era vecino de Javier (el dueño del canal) y amigo de sus hijos y que ya habías hablado con él para que me ordene que ponga las canciones de rock. Mira tú” y nos reímos. Como yo ¿Cuántos habran llamado a hacer lo mismo: pedir canciones?

Pero el programa no era solo canciones, era una combinación de música cultura, arte, filosofía  y educación en la que Bernard conversaba y filosofaba con Mafalda, hablaba de variados temas y entrevistaba a cuanto artista famoso llegara a Guayaquil. Si ese artista no iba de tarde a Bernard no había venido y no llenaba sus conciertos. Y no era exageración.

Es que  Bernard, que allá en su Francia natal, trabajó de niño en la ferretería de sus padres y que a los siete años tuvo que aprender a cocinar a la salida de la escuela porque sus padres hacían una sola jornada, era un hombre polifacético, multifacético, que se distinguía por su cultura, por ser carismático, ameno, excelente pianista y notable entrevistador. Sus entrevistas eran una lección de periodismo. Quién no recuerda sus conversaciones, porque eso eran sus entrevistas: conversaciones con Raphael, Alberto Cortez, Piero, Paloma San Basilio, Betty Misiego, Joan Manuel  Serrat, Julio Iglesias, María Conchita Alonso, José Luis Rodríguez “El Puma”, Juan Gabriel, su consentida, así le decía a la cubana Luis María Güell, Caridad Canelón (foto)  y la clásica con Brigitte Bardot.

Bernard era único. Por muchas razones, su gran capacidad para comunicarse con el público, su simpatía y carisma, a para con una teleaudiencia ávida de espacios de música, su sensibilidad, su sencillez, igual podía conversar con un artista pop, uno de pueblo o el pianista de cámara y smoking.

Resultará inolvidable, verlo tocar su piano en el cráter del volcán Cotopaxi. Allí brillando en la cima. Porque esa fue su vida y su programa. Brillando en la cima.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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Un comentarios

  1. Muy bonito artículo de recordación histórica musical de la TV nacional. Bernard ,gran personaje nacional. Crecimos muchos aprendiendo a amar la música ,viendo y escuchando todo tipo d géneros. Un abrazo Aurelio! Felicitaciones!

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