QUE NO PANDA EL CÚNICO

Una vez más, nuestra columna de opinión es para tratar un tema en el que nuevamente la gran protagonista, directa o indirectamente, es la inmediatez y la presencia de la tecnología, manifestada en uno de sus “subgéneros”: las redes sociales.

Hoy el tema del que todos hablan es el coronavirus. Y está bien que se hable, es el tema de moda y más allá que sea de moda, es de suprema importancia, porque trata un tema prioritario del ser humano: la salud. Pero el asunto es que se hable bien. Que se hable, luego de leer, de conocer, de saber bien de que se trata, de estar empapado del asunto para hablar o escribir con propiedad y evitar así hablar con ignorancia que no contribuye en nada. De dejar de escribir porque está de moda y para que “otros” vean que estoy en la onda.

Ya otras veces, por los casos virales, de hechos que se hicieron populares al instante, sin ser de trascendencia, escribí de como las redes sociales tienen influencia en la vida actual. Hacerlo ahora, con el tema del corona virus, sería repetitivo. Más bien quiero emitir mi opinión a como deberíamos tomar el asunto.

Y nada mejor para ello, que usar esa típica frase del Chavo del Ocho, “que no panda el cúnico”. Y así debe de ser. Tratemos de que no cunda el pánico. Vamos a prestar atención a este asunto supremamente serio, tomemos todas las precauciones pertinentes, protejámonos, instruyámonos, démosle la importancia que tiene, es nuestro derecho y obligación, pero vayamos con calma, sin exageraciones, sin pensar que es el fin del mundo y que ya lo tenemos en la puerta de nuestra casa.

Ayer, por redes sociales y por medios de comunicación se pasaron noticias, fotos, comentarios, análisis y claro, como no, hasta memes, del efecto corona virus y es realmente impresionante ver por ejemplo, como había fotos de perchas vacías en los comisariatos, causando desabastecimiento, todo causado por el temor de que algo malo va a suceder y es mejor provisionarnos. Más allá de nuestra prevención de asegurarnos en la compra, que es entendible, reflexionemos en si el gran causante de esa compra masiva, no es ¿el miedo, pánico, temor, sicosis, alarma (póngale usted nombre a la palabra), el que nos lleva a comprar exageradamente? Quién sabe si en ese momento no era estrictamente necesario. Quien sabe, si quizá estábamos debidamente provisionados, pero adquirimos más, por si acaso, cuando talvez no necesitábamos provisionarnos. Quien sabe y si por llenar la carretilla de productos, gastamos lo que estaba destinado a otro rubro. Y ahora tenemos mucho de algo y nada de otro. Eso sin analizar cuanto ayudamos a “enriquecerse” al comerciante que se desabasteció por nuestra desesperación. Desesperación que más que desesperación es oportunismo que llevó a delincuentes a saquear dos almacenes que siempre son víctimas de los malandros que aprovechan situaciones como esas.

Caso parecido, al de la compra de mascarillas, alcohol, desinfectante y demás. Por redes sociales y medios de comunicación se informó del furor de la gente por comprar esos productos, al punto que o terminaron con él, o negociantes inescrupulosos, dijeron que no hay, para especular, subir precios y sacar provecho del temor o necesidad de la gente. A eso voy. A que estos repentinos golpes de preocupación y temor sirven para provecho de otros.

Lo básico es informarse, saber del tema, saber qué hacer y saber que se necesita realmente. Se leen y escuchan tantas cosas. Por ejemplo y por citar un caso: el de las mascarillas que hoy son “más carillas”, unos dicen que son necesarias, otros que no. El asunto es que en las distribuidoras ya no hay (o están escondidas) las famosas mascarillas. Y corremos a comprarlas. ¿Pero sabemos si la que compramos es la correcta, es la que se necesita en estos casos? No todas tienen el material, la textura, la composición o lo que sea que se necesita para cada caso. No es de comprar por comprar. A eso voy.

Y claro, entre tantas notas serias y fundamentadas están los memes, a veces traen chistes que terminan siendo reales. Por ejemplo. Estamos con mascarillas pero nos la sacamos para tomarnos un sorbo de cerveza de la misma botella que tomó el que está junto a mí. Y le metimos  el diente al sánduche que nos vendió de sus manos el sanduchero, que no se las lavó antes de servirnos, o comemos ceviche de balde con la cuchara que antes alguien comió. Lo hemos hecho (al menos yo lo he hecho) y lo seguimos haciendo y lo seguiremos haciendo, porque es “normal” o normal. Y no ha pasado nada.  Es que como que somos inmunes.

Tomemos precauciones, preocupémonos, démosle la importancia que tiene el tema, pero seamos coherentes, hagamos lo correcto, instruyámonos bien para hacer lo correcto, consultemos a los profesionales, no difundamos noticias falsas que carecen de comprobación, no contribuyamos a sembrar pánico, no tomemos medidas extremas como encerrarnos en nuestras casas, huir despavoridamente del que tose o no saludar. Tomemos las cosas con calma. El problema es serio y seria debe ser nuestra actitud para enfrentarlo. A ser serios entonces.

Ese es el punto de este escrito. Que no exageremos el tema, que seamos cautos, sensatos, coherentes, prudentes, que no caigamos en desesperación, que no cundamos en pánico, que tomemos las cosas con calma y que nos aseguremos que no estemos cayendo en la novelería. Porque no lo neguemos. Noveleros si somos.

 

 

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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