EL HIPÓDROMO SANTA CECILIA

Escribir esta nota del recuerdo me trae añoranzas inolvidables de mi niñez, cuando entre los seis y diez años, fui un fiel aficionado a la hípica, inculcado por un tío muy querido Enrique Tello (+), quien era un apasionado hípico que no faltaba un solo domingo al hipódromo Santa Cecilia, del cual ahora voy a escribir. Mi tío era además mi vecino y su casa colindaba con la mía por los patios traseros. Él me decía “Cocolala” porque de niño no podía decir coco con colada y por las tardes cuando llegaba de la escuela me llamaba con un grito que entraba por la ventana para que vaya a su casa a llenar la polla del cinco seis y siete. El llenaba la suya, yo llenaba la mía y luego se la dábamos a mi padre que tenía una librería en el centro frente a la cual sellaban las populares pollas hípicas. Ya con las pollas debidamente selladas, cuando llegaba el domingo, antes del mediodía, después del almuerzo, partíamos en carro hacia el hipódromo situado en Los Ceibos, en lo que era un viaje de más de media hora que en tramos tenía caminos de tierra. Llevábamos gorra, largavista (binoculares), cantimplora, la copia de nuestra polla, la Revista 5 6 y 7 de la que sacábamos los aprontes (datos) y pluma y papel para anotar nuestras apuestas. Eran los años en que yo era aficionado a los caballos Mar Negro y Marrón y en el que mientras llenábamos las pollas, mi tío me hacía relatar las carreras. Habilidad que hizo que un amigo hacendado de mi padre, me regalara un pony, por relatar un “Clásico”. Pony que no pude traerlo a mi casa por no tener donde tenerlo. Así que fue un regalo de nombre, nomás. En 1970, mi tío con su familia (mi tía Guñú y mi prima Eleana) se fueron a vivir a Estados Unidos y hasta allí llegó mi afición hípica.

El Hipódromo Santa Cecilia, llamado así en honor a Cecilia Gómez Iturralde, dueña de la hacienda Mapasingue, donde quedaban los terrenos en que se construyó el escenario, fue inaugurado el  27 de mayo de 1956 y cerró sus puertas el  14 enero 1979, funcionando por 23 temporadas de mayo a enero. Estaba situado en el aniñado barrio Los Ceibos, al norte de la ciudad, bajo Cerro Azul que hoy ha sido dividido en varios sectores como Los Olivos, Santa Cecilia, Las Cumbres, Ceibos Norte y Colina de Los Ceibos, zona que por esta división, puede decirse en que quedaba exactamente el hipódromo muy cercano al colegio Balandra, por donde viví hace diez años. Si no han cambiado la estructura, hasta esa época aún existían las graderías que quedaban en el interior del colegio.

En la época de sus inicios, al hipódromo se llegaba por la carretera vía a la costa o por la vía a Daule en la que había que transitar por caminos de tierra. En un documental producido por el periodista Diego Arcos titulado “El Hipódormo Santa Cecilia”, que se puede ver por youtube, Jimmy Jairala, un apasionado de la hípica contaba que no había buses que llegaban hasta el hipódromo, por lo que los administradores del mismo hicieron un convenio con una cooperativa de transporte llevara a los aficionados. El escenario por entonces se llenaba. En esa misma nota, otro hípico de Cepa Silvio Devoto Passano, contaba que el escenario tenía una “linda tribuna” y que había una orquesta que amenizaba la tarde hípica dominguera, se trataba del conjunto musical Los Ticos, con Evelio Rodríguez en el piano, Eduardo Jiménez en el saxofón y Fredy Quiroz en la voz. Eran los tiempos que en la tribuna de accionistas del hipódromo, las damas elegantes jugaban bridge y los caballeros tomaban un whisky y charlaban.

Una nota periodística escrita por Silvio Devoto, publicada en la revista El Derby, edición de septiembre 2012, cuenta con detalle datos del hipódromo. El artículo inicia así: “El calendario marca 27 de mayo del 1956 y los principales Diarios de la localidad destacan en la primera página la inauguración del moderno hipódromo ubicado en el sector de Mapasingue a diez minutos del centro de la ciudad.  “El Universo”, a la época el Diario de mayor circulación nacional, avisaba la apertura ocupando las diez columnas de su primera gran jornada de carreras que en su prueba central ponía en juego el Trofeo donado por el Dr. José María Velasco Ibarra., Presidente de la República”.

Al referirse al escenario la nota dice: “La belleza arquitectónica y el entorno natural del “Santa Cecilia”  sumados a su cercanía a la ciudad, lo hicieron merecedor del apoyo masivo de una afición  que asistió fielmente durante veinte y tres temporadas celebradas religiosamente entre mayo y enero, cuando las  lluvias obligaban a pasar las carreras al “Costa Azul” de Salinas”. También se recuerda lo Paddocks internos más hermosos de América con árboles que protegían del sol y oxigenaban el ambiente

La nota recoge muchos datos anecdóticos y recuerda los nombres de jinetes, preparadores, aficionados ilustres, y obvio los caballos que fueron parte de la primera temporada

Los caballos

La nota, al referirse a los ejemplares que marcaron época en el Santa Cecilia dice: “Peter Flower, el mejor de todos, y Mar Negro, el mulato que idolatró el pueblo, son los mejores referentes sobre una pista en la que exhibieron sus destrezas látigos de reconocida categoría entre ellos Ireneo Leguisamo, el más grande de todos los tiempos”.

Al hablar de los caballos que llegaron al inicio del hipódromo, la nota dice: “Setenta caballos fueron adquiridos por Antonio Aguirre en el desaparecido “San Felipe” de Lima y traídos por tierra a Ecuador bajo el ciudad de un grupo de jinetes y preparadores contratados para prestar sus servicios en Guayaquil. Cerca de medio centenar de purasangres vinieron de Quito donde participaban en las carteleras  de la Carolina uniéndose a ellos algunos ejemplares no puros que generalmente actuaban en la primera carrera. El irlandés Harvey vencedor del Clásico Inauguración con la monta del chileno Oscar Bravo y los peruanos Pereque, Pisqueño, Acetato, Dionboru, Don Hildo y Shylock conformaron la serie superior, junto a la excelente Miss Embassy que durante muchos años detentó la marca nacional en el kilómetro fijando un minuto, bajo el  rigor de Leonardo Mantilla, sumándose a ellos varios dosañeros sin campaña en Perú, entre los que debemos mencionar a la alazana Cha Cha Chá que rompió el celofán con el látigo chileno Luis Cáceres en el sillín y que destacara posteriormente en la reproducción como madre de Bananita, la triple coronada ecuatoriana. Muy pronto acrecentaron el activo caballar, principalmente en la serie mayor, corredores de la talla de Capo Di Monte, Abalharo, Peter Flower y Currito, el primer gran tordillo que corrió en su cancha”.

Un dato peculiar acerca de los caballos que corrieron en el hipódromo Santa Cecilia, es varios de ellos fueron familia. Ese detalle también recuerda la nota de Devoto nombrando a una hermosa yegua de pelaje alazán de nombre Ali Jean hija del exquisito Shere Alí, propiedad de Ignacio de Ycaza Aspiazu que parió al potrillo El Patriota, cuyo padre fue el notable semental Jai Mahal. No sería la única familia equina, también se habla de: “Attaché, legítimo primera serie, hijo del afamado padrote Orsino; el también argentino Benz, Excelance, Fardi, Cafi, Serpentín y Dalila, hermanos que brindaron apasionados duelos y meses después un lote de altísima calidad integrado por Aladino, (ex Alemite), Haribal, Parcial, Procer, Gaditano y Granizo. Haribal y Parcial eran hermanos maternos (Bastilla) Procer y Parcial hijos del gran Postín (Hunter Moon) y Granizo que venia del stud Quaker State”

La nota recuerda también: “El primer golpe a la hípica. Un repentino brote de encefalomielitis afectó gran parte del activo caballar falleciendo cerca de cincuenta ejemplares, muchos de ellos de series superiores causando serios problemas a la empresa”

Entre los caballos de la primera temporada que repartió en premios 1´082.850.000 se nombra a: Currito, Harvey, Misss Embassy, Fascinado, Upwars, Capo Di Monte, La Guapa, Yacht, Bravia, Fardi. Azucarera, Cafi, Miss Kendall, Don Hildo, Pardillan, Insinuante, Old Melod, Abeja, Zozio, Volidor, Toledano, Taca, Anizado, Coventry, Bijou, Peter Flower, Olida, Pereque, Albaharo, Ya Llueve, Pisqueño, Bramante, Dalila, Elástico, Black Boy, Portillo, Denver, Albor, Bullanga, Chante Moi, Nina, Miquita, Insultada, Ali Jean, Rey, Andino, Shylock, Chivita, Elecktra, Puro de Uva, Chancheca, Manoleta, Venadito, Bruselas, Marco Polo, Insulfa, Mis Mahal, Treville, Osprey, Monadita, Tauro, Fancy Walk, Nela, Liviana, Benz, Mandarín, Lady Godiva, Sinfonía, Magie, Ña Lu, Rebuena, Soucy Boy, Limuta, La Polla, Lindura, Bangú, Venus, Prestodama, Capricho, Panich, Suzy, Que Tal, Pizarro, Colegial, Lord, Cacique, Pincelada, Ricobrón, Arabia, Puchito, Aliviada, Nadir, Pioners, Madrileño, Humaya, Copetín, Cha Cha Chá, Sharling, Vestigio, Furia, Amiga, Don Pepe, Jal Windsor, Bahía, La Rayo, Muchín, Fast Lady, Porteña, Yedra, Zana, Gastón, Villanueva, Bologhan, Monteleor, Quintenic, Chuchaque, En Avan, Airosa, Bacilón, Tulipán, Amaya, Candileja, Acetato, Recada, Corinto, Cosaco, Domboru, Elegantona, Gran Cónsul, Ingenio, Ipal, Llanero, Melaza, Marquesita, Mi Chata, Mar Brava, Perón, Praga, Palo Grueso, Principal, Rumbera Tranquila, Cimarró, Fanfarón, Adán  y Zenith.

Los jinetes

Varias notas periodísticas del recuerdo rememoran a los jinetes y sus proezas en el denominado Óvalo de Mapasingue como se conocía también al hipódromo Santa Cecilia. Una crónica titulada “Tarde Hípica en el Hipódromo Santa Cecilia”, escrita por el periodista Jorge Delgado Guzmán y publicada en Diario Expreso, el 13 de septiembre de 2018, cita al Jockey uruguayo Irineo Leguisamo, quien fuera llamado “el mejor jinete del mundo”, quien llegó en septiembre de 1966, como el mejor látigo que haya corrido allí: “El famoso jinete uruguayo Irineo Leguisamo, inmortalizado por la voz de Carlos Gardel en su tango “Leguisamo Solo”, participó con una invitación especial de los directivos del hipódromo en varias carreras, mostrando la clase que lo llevó a ser el mejor adiestrador del mundo, y apodado cariñosamente El Pulpo”.

A ese afamado jinete, le ganó un ecuatoriano, Leonardo Mantilla Aponte (foto), en una de las mayores anécdotas de la hípica ecuatoriana. Esa gesta la cuenta el periodista hípico Vicente López Cañarte, en un artículo titulado: Mantilla, el jinete “gigante”, publicada en El Universo, el 31 de marzo del 2008 y en la que entrevista al propio protagonista de la historia. La nota dice así: “Desde las brumas de la leyenda de un tiempo heroico de la hípica ecuatoriana aparece, todavía nítida, la pequeña figura del jinete tricolor Leonardo Mantilla Aponte, el jockey que hace muchos años, y durante varias temporadas, se cubrió de gloria en el desaparecido hipódromo Santa Cecilia. Mantilla es una figura prestigiosa del turf nacional por varias razones, pero especialmente por haber superado en una inolvidable carrera al uruguayo Irineo Leguisamo, el Pulpo, considerado uno de los más grandes jinetes de todos los tiempos… Él era ganador fijo, como se dice en la hípica. Pero Mantilla iba a torcer el rumbo del destino”.

La nota recuerda la carrera: “Santa Cecilia resultó estrecho para albergar a la gran cantidad de público. Tal era la expectativa que las puertas del escenario fueron derrumbadas y la gente ingresó para ver el clásico pactado en los 2.000 metros, bautizado con el nombre del visitante. Se anunció a los participantes de la prueba: Mundano, conducido por Mario Jaramillo; Nevera, con Hugo Vera; Atahualpa, con Leguisamo, el maestro de la fusta; Placentero, con César Escobar; Díscolo, con Teodoro Cáceres, y Jardenia, montado por Mantilla. La señal de largada se dio y fueron Mundano y Placentero los que encabezaron el pelotón. Tercera Jardenia y Leguisamo quinto, con Atahualpa. En los últimos 800 metros Jardenia tomó la punta y Mantilla, sin amilanarse ante el célebre Leguisamo, que lo seguía para despojarlo del triunfo, condujo con clase hasta imponer varios cuerpos de ventaja. El final fue emotivo, con el público de pie y gritando. Atahualpa atropellaba y fue ahí cuando Mantilla defendió su victoria.  El guayaquileño cruzó la meta a dos cuerpos de Leguisamo, en medio de la euforia general”.

En la nota, el jinete ecuatoriano, recuerda su gesta: “Cuando me vaya de este mundo lo haré con la gloria de haberle ganado una carrera a Iirineo, a quien nunca consideré un rival, sino un gran amigo. Siempre me trató como un padre. Su familia era maravillosa”. Tanto fue así que asombrado por la clase de Mantilla, Leguisamo, quien luego de la carrera le dijo: “Que grande que sos”,  lo invitó a correr en Argentina y el jockey nacional compitió en los hipódromos argentinos, Palermo y San Isidro (hipódromos argentinos).

Otra nota, la de El Derby escrita por Silvio Devoto, también hace un repaso por los grandes jinetes que corrieron en Santa Cecilia. Ahí se dice: “Basta observar la Estadística 1956 para encontrar nombre de profesionales de la fusta que hicieron historia en el exterior. Abel Vaca,  Eduardo Luque, Jesús Yánez, Leonardo Mantilla, Gustavo Hidalgo, Sixto Lozada y Washington Rodríguez  están junto a Eliseo Dillon, Antonio Montero, Máximo Jiménez, Victoriano Lima y el mejor de todos, Walter Carrión, en la página de Honor de nuestra hípica”. De los látigos extranjeros cita a los chilenos Oscar Bravo, Luis Cáceres, Mario Catalán, Juan Guzmán y Viterbo Carrasco; los peruanos Raúl Salazar, German Orillo, Carlos Irrutia, Luis Salazar, Alberto Lara, Gustavo Farías y Eduardo Pianezzi Pagano.

Otros jinetes citados son: Alberto Lara, Carlos Urrutia, Juan Guzmán, Washington Rodríguez, Gustavo Frías, José Ramírez, Carlos Ruiz, Juan Rojas, German Orillo, José Padilla, Jaime Ilanez,, Carlos Ramia, Raúl Salazar, Meliton López, Pedro Zavala, Víctor Hugo Chico, Sixto Lozada, Luis Ramírez, Carlos Vargas, Mario Jaramillo, Gerardo Pelayo, José Frías, Julio Jaramillo, Carlos Ramos, Carlos Ciurilizza, Marcelino Palma, Gualberto Murillo, Luis Mancilla, Julio Salazar, Armando Bustamante, Francisco Endara, Leonardo Luque, Jesús Yánez (padre e hijo), Estuardo Torero, Miguel Latorre Lacito, Fabriel Saavedra, Juan Dongo Carranza, Patricio Correa, Eduardo Luque, el peruano Teodoro Cáceres, Washington «Wacho» Vega, el chileno Patricio Correa Allende, Luis De la Rosa, Demetrio Aldoradín. Vicente Macías y Alcídes Guerrero.

Otros personajes

Preparadores: De los preparadores ecuatorianos se cita a: Máximo Jiménez, Rafael Mora, Colón Ullauri, Juan Molina, Bolívar Gellibert, Luis Barzola, Julio Álvarez, Vicente Ramírez, José Valdez y Virgilio Chávez, los peruanos Roberto Saravia, Felipe Lara, Eduardo Pianezzi, Oswaldo Salaverry, José Padilla y Julio Flores y los chilenos Viterbo Carrasco y Francisco Muñoz. Además de  Máximo Jiménez, Felipe Lara, Roberto Saravia, Rafael Mora, Eduardo Pianezzi, Jorge Calderón, Bolívar Gellibert, Vicente Ramírez, Luis Barzola, Osvaldo Salaverry, Pedro Lupino, Genaro Segundo Luque, Julio Flores, Viterbo Carrasco, Caupolicán Bravo, Colón Ullauri, Juan Molina, Bolivar Gellibert, Vicente Ramírez, Luis Barzola, José Padilla, Osvado Salaverry, Pedro Lupino Genaro Ordoñez, Humberto Rodríguez, Carlos Vargas, Julio Álvarez, Héctor Flores, José Valdez y Virgilio Chávez.  Entrenadores: Paz Rodríguez y Carlos López.

Periodistas: De los hombres de prensa que aportaron a la hípica, se recuerda a Humberto Salinas Michi, Ralph del Campo Cornwall, Ricardo Chacón García, Francisco Doylet Peñafiel, Manuel Mestanza Pacheco, José Bermúdez Tello, Raúl Murrieta, Francisco Rodríguez, Mortimer Amaya y Ricardo López Manosalvas (Riloma) quien fue fundador de la revista La Fija que tiene 62 años de trabajo ininterrumpidos, colaborador en El Universo y organizador del máximo evento creado en el turf y que dio brillo al Ecuador, el Congreso Pamamericano de Periodistas Hípicos que fue presidido por un Presidente de la República. De los fotográfos se recuerda a  Manuel Puga Dillon, Alfonso Jara y sus hijos Richard y Rodolfo Jara Luque, Luis Arévalo y el relator de carreras Danilo González Puga (+) (foto), con su clásica frase “¡Laaargaroooooon!”, que durante 35 años dejó escuchar su voz a través de radio CRE.

Personajes: Al respecto, de los apoyadores de la hípica, la Revista El Derby recuerda a los: “Cuatro Mosqueteros (Trufman: Miguel Salem Dibo, sobresaliente constructor que tanto aportó la ciudad y provincia con su asombrosa genialidad; Antonio Aguirre Avilés, el más entendido en cosas de turf a la par de un incansable trabajador; Vicente Novillo Torres, el hombre de los números, llevando siempre medido los gastos con una rectitud a toda prueba y Martín Aguirre Avilés, dueño de un carisma especial con llegada a los estratos altos y medios de la sociedad, era el gran vendedor de los terrenos adyacentes cuyos dineros hacían realidad la construcción. De su parte el ingeniero Ignacio de Ycaza Aspiazu, cuya esposa era la propietaria de la hacienda Mapasingue, aportaba los terrenos, factor principal de la epopeya en marcha”

De los asistentes ilustres amantes  del turf, se recuerda a tres ex presidentes de la República, Carlos Julio Arosemena Monroy, Otto Arosemena Gómez y León Febres Cordero Rivadeneira, Además de Agustín Febres Cordero Tyler y sus hijos Nicolás y Agustín Febres Cordero Rivadeneira, Martín Avilés, Alfredo Aguilar Álava, Miguel Viteri Baquerizo, Gladys Peet de Arosemena y su hijo Carlos Julio Arosemena Peet, Juan Aguirre Oramas y sus hijos José Ernesto y Carlos Aguirre Avilés, Raúl y Fernando Lebed, Salomón Dumani Jiménez, Miguel Salem, Benjamín Rosales Aspiazu, Enrique Ponce Luque, Fernando Ponce, Enrique Tello Weir, Marcial Romero Palomo, Santiago Salem Kronfle, Javier Aspiazu Aguilera, Antonio Samán Salém, Silvio Devoto Passano, Vicente Novillo Torres, Carlos Péres Gómez, José Ormazábal, Roberto Kronfle, Xavier Aspiazu, César García, José Muñoz, , Joaquín Paredes, Jorge Ripalda, Eduardo Jairala Ferzán y sus hijos.

Otros personajes recordados son el totalizador de apuestas manual,  Vicente Madero Barzallo y el juez de partida José Barriga Plaza.

El 14 de enero 1979, el hipódromo cerró sus puertas, fue la última vez que los caballos corrieron sobre la pista y llegaron al punto de partida, fue la última vez que se movieron las apuestas y los fanáticos gritaron en las tribunas. El modernismo que dio paso al desarrollo urbanístico de la ciudad, dio forma a nuevas ciudadelas y se cerró el último hipódromo que ha tenido Guayaquil, pero los recuerdos quedaron eternos.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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8 comments

  1. Que bien reportaje en mis años mozos trabaje en la planta baja vendiendo boletos con mis primos por algunos años mi padre era el jefe de la planta baja y todos los domingos después de la jornada cojiamos el bus de la siete y el resto es historia un abrazo bro

  2. Xavier Muñoz Avilés

    Muy buena recopilación que alimenta la crónica que resulta muy amena.
    Así mismo, interesante conocer la experiencia vivida por el autor, donde refleja lo que representa la experiencia de un aficionado a las carreras de caballos en la llamada época de oro de la hípica ecuatoriana.
    Aplausos.

  3. Enrique Vaca Sanchez

    Muy buena reseña de la hipica en los tiempos del Santa Cecilia de los años 50 y 60….pero ya es repetida….siempre realizan este tipo de reportajes solamente basados en los años 1956 a 1970, pero hasta ahora nunca he visto una reseña de la hipica del Santa Cecilia en el ultimo lustro, esto es de 1975 hasta el dia que cerro en enero de 1979……y durante esos ultimos años pudimos ver una excelente caballada de la primera serie….para los que pudimos disfrutar esa etapa, que hermoso seria poder ver y leer un reportaje de esos tiempos….con el respeto y consideracion, saludos y abrazos….

  4. Linda historia del hipodromo, mi padre era fanatico de los caballos, esta historia me recuerda bellos momentos vividos con mi padre, yo era fanatico de un caballo llamado Papucho de color blanco, cuando corria siempre le apostaba, lamentablemente en una carrera, se tropezo con una barranda, metiendose un palo de la barranda en su cuerpo, y sufria tanto en el campo, era tanto el dolor que lo mataron en la pista con un disparo, hasta ahi fui al hipodromo.

  5. Saludos Simón. Sí. Buena historia la del hipódromo Santa Cecilia. Gratos recuerdos. Yo era fanático de Mar Negro. Que terrible experiencia. Con una cosa así, cualquiera se aleja del hipódromo. Un abrazo. Gracias por seguirnos.

  6. Buenos días, Enrique. Lamentablemente toda la bibliografía que aparece cuando se busca Santa Cecilia, es de los 50 al 70. Si usted tiene conocimiento de la historia de los años 1975 a 1979 y quiere compartir el recuento. Las puertas de la Revista están abiertas. Gracias por escribirnos

  7. Gracias por sus comentarios Xavier. En cuanto a mi experiencia en la hípica, fue muy corta y se dio cuando era niño. Hubiera sido lindo poder seguir con esta afición. Gracias por sus elogiosos comentarios y por leer la nota.

  8. Saludos, Otton. Que buen dato el que cuenta. Si se decide a contarlo. Las páginas de la revista están abiertas. Saludos.

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