“NEGACIÓN”

(Léase con el fondo musical de La Rosa de Guadalupe)

“Podría ponerte en primera línea, pero necesito saber que eres leal…

debes buscar la manera de demostrarlo.”

(El Escándalo “Bombshell”, John Lithgow como Roger Ailes)

Desde que aparecieron las primeras denuncias de acoso, explotación sexual y abuso que señalan como culpables a actores, cantantes, ex productores de cine y hasta de cadenas informativas, empresarios multimillonarios y de más, han proliferado como grillos en invierno las propuestas audiovisuales que recrean situaciones que normalmente se cuentan desde el punto de vista de las víctimas, quienes bajo la promesa de convertirse en estrellas de la información o del cine, fueron sometidas a situaciones denigrantes y criminales de las que muchas no lograron salir bien libradas.

Pero estos argumentos lacrimógenos de series y películas nos ofrecen una versión demasiado sesgada de una problemática que demuestra que se trata más de un tema de carestía de valores que de maltrato a la mujer o abuso nada más. Que se los digo yo que conozco como mínimo a dos Harvey Webstein con faldas que se las dan de grandes damas de la información y que van pescando novatos día tras día para asegurarse la inyección de colágeno.

Por ello y conociendo la televisión ecuatoriana como la conozco, detallo la otra versión, esa que la gran luz del movimiento “Me Too” no permite ver: la de las muchas practicantes que llegan a los medios con una agenda dirigida a ser estrellas de la información o del espectáculo, agenda que incluye la posibilidad de hacer cualquier cosa por un minuto en la pantalla grande o chica, pero realmente “cualquier cosa”.

Nací en 1972, crecí en los 80, me casé en los 90, parí en la misma década a dos de mis hijos, me gradué de profesional en 2000 y me divorcié en 2008. He desarrollado una carrera de 20 años en los medios de comunicación en la que he sido desde dialoguista hasta Directora de Programas y talento de pantalla, a pesar de no ser la típica belleza curvilínea a la que estamos acostumbrados. No he esperado que nadie me obsequie el lugar que me he ganado yo misma gracias a mi persistencia, disciplina, esfuerzo y sacrificio y, léanlo bien, gracias al gran poder de la oración. Celebro el feminismo en situaciones de búsqueda de igualdad, pero jamás lo haré para tratar de conseguir un lugar de preferencia o confort con respecto a nadie, por ello no defiendo posturas radicales, mis ovarios están en su lugar, no los tengo en la garganta y menos en la frente y no me gusta usarlos como bandera de nada.

Por ello debo decir que en este tema del acoso es justa la responsabilidad compartida. Pues muchas mujeres también acosan y otras tantas se dejan acosar. ¡Las he visto con estos ojos que se han de comer los gusanos! Llegar con caritas de “yo no fui” a las salas de redacción o a las áreas de producción el primer día, con jean, cuello alto y cadenita con crucifijo, con libretita y pluma, con voz de inocentes mariposas y a medida que pasa el tiempo convertirse en las verdaderas hembras del grillo. No tiene nada que ver la universidad de la que vengan ni la alcurnia, porque en poses realmente indignas he visto a muchas de variada condición social.

Si bien es cierto que existe el reptiliano productor, conductor, reportero o presentador de noticias que te plantea de frente el “si no me das, no te doy”, también existe aquel que debe soportar los avances y seducciones de las niñas que saben que en él descansa la posibilidad de tener la oportunidad de medio segundo en pantalla y que muchas veces se disputan su atención.

Las editoras son ambientes pequeños en el que apenas entran dos sillas, una para el editor y otra para el reportero, una practicante que ande de calentona se mete ahí y no le queda más que estar detrás de ambos de pie, de manera que las tetas, quiéralo o no, a los dos les van a pulsar la nuca y solo que sea usted eunuco para no reaccionar ante semejante situación.

Recuerdo alguna vez a cierto colega, guapísimo y casado, todo un caballero, (me consta que lo era), al que cierta señorita acosaba todas las noches en el camerino del noticiero. Los sobajeos con el pie, roces de tetas por la espalda, masajitos, piropos y ven para acomodarte la corbata eran diarios. Él juraba que jamás cedería aunque reconocía que la acosadora, una jovencita llegada de alguna universidad por ahí y también casada, estaba “bastante bien”. El hombre luchó, lo sé porque lo vi, pidió cambio de turno, pero solo se lo concedieron una semana. Trató de ir más temprano para no topársela, también de estar con gente en el camerino para no quedarse solo con ella y hasta de hacerse pana del marido a ver si la tigresa se asustaba, pero nada. Un día, en que quizá el diablo andaba flotando por ese camerino, justo en momento en que llevaba yo la pauta del noticiero, me tocó escuchar una épica batalla digna de “Juego de Tronos”. El camerino dos, que en ese canal está al ladito del uno me ofreció la oportunidad de esconderme hasta que todo quedó en silencio, luego escuché susurros, sonrisas cómplices, ropa, tacos y puerta cerrándose. Salí de mi escondite y me metí en el camerino del suscrito y lo encontré mirándose en el espejo un tanto serio, me dijo: “Escuchaste? ” Le respondí: “Absolutamente todo”. Dejé la pauta y me fui. Trascendió que de aquel apasionado instante algo de lápiz labial quedó en el cuello de la camisa y que ese fue el inicio del fin para su matrimonio, mientras la muchachita, ni bien terminó con él apuntó a un rango mayor.

Y así como hay viejos verdes hay viejas reverdes también, a dos o tres he visto haciéndoles la vida imposible a los practicantes o reporteros jóvenes porque no se dejaron llevar a un almuerzo íntimo donde hablarían de los objetivos del programa o noticiero. Pero no hay por qué ser mal pensado, es cosa de explicarle al chico el manual de estilo, claro, ¡es eso! Recuerdo que alguna vez, un reportero de deportes, devolvió un cheque a su nombre que había girado cierta Directora de Noticias, luego ella adujo que era un premio por su excelente trabajo y tiempo después intentó echarlo y él claro, se quejó y la doña fue separada de la institución, no solo por ese tema sino por muchos otros entre los que había incluso menciones de acoso de dos reporteras. A la doña de gustaba el sushi con mermelada de fresita.

Y como olvidar a aquella que durante diez años mantuvo a su esclavo sin ascenso porque según ella estaba esperando el momento preciso. Y que cuando el mencionado se hartó y consiguió otro trabajo, ella llamó a la cadena contratante para que retiren su ofrecimiento, es que claro, la doña quería cenar canario al orange y el ave se le fugó. Dicen que luego le pusieron a un periodista alternativo de asistente, por algo será.

En fin, no nos hagamos los pendejos ni los cortos de vista que con el hecho de negar las cosas no van a desaparecer nada más. Las mujeres tenemos tanto deseo sexual como los hombres y somos tenaces cuando se nos mete algo entre ceja y ceja. No olvidemos que en ciertas especies de animales, principalmente entre los depredadores, la hembra es la que caza. El asunto es que al niño, adolescente o adulto joven también hay que alertarlo en contra de mujeres acosadoras y abusivas, y a las señoritas también hay que enseñarles que nadie debe mancillar la dignidad de su cuerpo usándolo como un objeto sexual, empezando por ellas mismas.*


Fotos: fundaciongabo.com; psicologiamadrid.es

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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