EL ESCRITOR CON LA PIEL DE VENENO

El escribe que “La piel es un veneno”. Yo que creo conocerlo escribo que: Él es el Veneno de su piel. Veneno, porque cuando a él le da la gana, puede ser el veneno que envenena  a cualquiera a quien él quiera envenenar hasta matar. A algunos los “mata” con las letras, porque escribe maravilloso, del carajo, con un desparpajo que atrae, con un hilo conductor que enreda y atrapa,  con una sapiencia que engolosina y un estilo que apasiona. Por algo es periodista y escritor. Pero puede matar también con el silencio, porque cuando “El Negro”, mi compadre, calla, dice más que cuando habla. Hay que tener cuidado con su silencio. Hay que tener miedo cuando calla. Pero también puede matar con su actitud, porque el cronista narrativo urbano Francisco Santana, cuando quiere puede ser el más adorable de los mortales, de hecho hay mucha gente que lo adora y hasta lo venera, simpático, divertido, bohemio, jovial y gran conversador; pero cuando quiere, o quizá más literalmente, cuando no quiere, cuando le da la gana o cuando no le caes en gracia o está con coraje, puede ser el más idiota de los imbéciles. Mordaz, ácido, antipático, cortante, lejano, apático pero jamás irrespetuoso.

Así de radical, así de extremista, así de contradictorio, así de “loco”, así de cuerdo, así de franco, así de humano es este hombre con pinta de rastafari y rastas hasta la cintura. Rastas que ya pintan canas, las canas de la experiencia de una vida bien vivida y bien jodida también. Lo conozco, nos conocemos desde hace 31 años, desde un día de 1988 cuando nos topamos en Diario El Universo, al que yo entré a trabajar como periodista y él era armador. No vayan a entender mal lo de armador. Armador en periodismo se dice a la persona que armaba la página para ser impresa en la rotativa. Era la época en que en una hoja del tamaño de la página del periódico, se pegaba la tira de textos y la foto con cera. Hicimos click de una. Muchas cosas nos unieron: el fútbol, el amor por Emelec, la música, el rock, la salsa, la buena comida, la bohemia, el carácter alocado e irreverente, a veces pan de dulce y a veces idiota, ambos somos así. Y ambos nos identificamos. En poco tiempo pasamos de ser compañeros de trabajo a amigos y de amigos a compadres, porque él me dio el honor de ser padrino de su primogénita Danielle, aunque yo como padrino sea el peor del mundo y salvo los primeros dos años que le di regalos, nunca más velé por mi ahijada, a la que quiero y me quiere, al menos eso creo.

Y así de amigos y compadres y a veces de hermanos, caminamos juntos por la vida. Fueron muchas las veces que frecuentamos nuestras casas y compartimos con nuestras doñas; también fueron muchas veces las que fuimos a la galeta del estadio y más, las que nos amanecimos con farras eternas de alto calibre. Como aquella vez que en mi cumpleaños número 29 armé un farrón en el patio de mi casa y al día siguiente mi padre encontró al Negro dormido en el portal y lo invitó a terminar de dormir adentro. O como cuando me casé y él fue el invitado “outsider” o cuando éramos asiduos a Palo Santo, de nuestros panas Jimmy Mendoza  y Andrés Crespo, o cuando yo acudía a sus bares (ha tenido algunos), para de ahí, luego de cerrar los mismos en la madrugada, partir a su casa o la mía para matar el amanecer y llegar al medio día. Por eso y por mucho más, con Francisco, somos amigos

Y a pesar de ser amigos, es la primera vez en mi vida que escribiré de él. Bueno, es también la primera vez que lo entrevisto y que conversamos como periodista y entrevistado, porque de conversar hemos conversado muchas veces. Muchas que nunca son demasiadas. Esta vez lo hacemos con ocasión de la presentación de su quinto libro: “La Piel es un Veneno” a cuyo acto me ha invitado bajo la advertencia de quitarme la amistad si no voy. Pero él sabe que esa amenaza es por si acaso no más, porque sabe que no le voy a fallar.

Santana

Santana. Así lo llaman, casi todos, menos yo. Para mí es Compadre o Francisco. Y Santana o Santein, como lo llaman muchos, es o debe ser uno de los personajes más conocidos de Guayaquil. Habrá gente que no lo conozca, pero en el mundo del boxeo, porque de joven fue boxeador; en el mundo literario, en el mundo artístico, en el mundo cultural, en la órbita bohemia es tan conocido como la coca cola, la cerveza helada o el encebollado.

Francisco Santana Segura, nacido en Guayaquil, el 4 de junio de 1968, aunque su cédula diga 4 de julio de 1968, hijo del marino y electricista Luis Enrique Santana (+) y María Elena Segura, padre de Danielle  y Sebastián (foto), y pareja de la también escritora y conductora radial, la francesa Alice Goy – Billaud, es un periodista – escritor, de mil oficios, que ha sido albañil, armador, diagramador, diseñador, redactor creativo, profesor universitario, conferencista, viajero, cheff, bartender y propietario de bar. Lo de albañil fue su primer oficio. “Fue en la adolescencia, con un amigo salimos a pasear en su carro, yo manejaba y nos estrellamos contra una pared. Mi mamá adoptiva me dijo. Tranquilo yo pago los daños, pero tú  me tienes que pagar a mí lo que cueste el arreglo. Y así tuve que ser albañil, derribando paredes con un combo, lo cual me servía también para desfogar el coraje”.

 

 

 

 

 

 

 

Un día, el albañil que construía o destruía paredes, empezó a construir su vida con las letras para destruir la ignorancia. Primero como lector, luego como escritor.  Así fue periodista que trabajó en El Universo, El Telégrafo y escribió para las revistas SoHo y Diners. Y fue el escritor que publicó cinco libros: Tres de ficción: Historia Sucia de Guayaquil, Pequeñas Historias Cochinas y La Piel Es Un Veneno;  y dos de periodismo: Ecuador Escondido. Crónicas y Ecuador Escondido. Retratos. Además de muchas poesías que no se atreve a publicar. También fue alumno y profesor. Estudió periodismo, diseño y literatura y enseñó Redacción Creativa en la Universidad Casa Grande de Guayaquil. Además fue gestor cultural que durante varios años mantuvo el espacio Poeticanto en el bar galería Barricaña. Es que el destila cultura. No en vano su tiempo estudiando universidad en España le sirvió para recorrer Europa y conocer culturas, idiomas, tradiciones, personas de las que se nutrió para transmitirlas y escribirlas, logrando escritos de gran calidad que da gusto leer.

Leer, su palabra favorita. Francisco lee desde niño,  desde que leía a Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, uno de los principales escritores de la Rusia zarista, cuya literatura explora la psicología humana en el complejo contexto político, social y espiritual de la sociedad rusa del siglo XIX, considerado uno de los más grandes escritores de Occidente y de la literatura universal. Pero mejor que él mismo cuente la historia:

Me encontré con la lectura muy temprano, como era muy inquieto y tenía muchas cosas en la cabeza, mi mamá adoptiva, (mi abuela Carmen), me dijo: lee, de hecho a los doce años, ella me regaló un libro: El Arte de Amar de Erich Fromm y me fascinó, porque él dice cosas tremendas allí, sobre las relaciones entre las personas y el amor. Para mí inquietud, leer, al final, es como lo que me salva o al menos es una de las opciones. Entonces empecé a leer con mucha curiosidad pero también con mucho desorden. Y de tanto leer, me volví una persona introvertida. Me sentaba en cualquier rincón a leer, lo cual causó preocupación a mi madre, porque decía ¿Qué le pasa  a este chico, tiene un problema? En mi casa había una biblioteca, yo no sabía que era una biblioteca, pero ahí estaban los libros y leí muchísimo.  Leí Dostoyevski, un autor capital en mi vida. Así me introduje en ese mundo de la lectura y de esa persona que era yo a la que soy ahora han pasado muchísimas cosas, pero la aventura de vivir, siempre es un misterio. Tanto que se puede tratar más de entender que explicar a través de los libros y a través del proceso de la escritura. Por eso yo creo y digo: que escribo porque no comprendo nada y trato de entender al menos a los seres humanos a través de la escritura, de la complejidad de lo que es una persona y para mí, la forma que yo he encontrado de entender este mundo y a la gente que lo habita, es la escritura”.

Y contradictorio como es, a pesar de tener a Dostoyevski, como “autor capital”, si le preguntas que escritor no recomienda leer, te dirá que él. “Si yo tendría que nombrar a un escritor que no leas nunca es Dostoyevski, por la forma de como retrata a las personas y la complejidad humana”.

Pero en verdad, Francisco Santana, el escritor, tiene dos autores que son su influencia real.  Rubem Fonseca, un escritor y guionista de cine brasileño que aún está vigente a los 94 años y Pedro Juan Gutiérrez, un escritor, periodista, pintor, poeta, referencia del realismo sucio cubano. “Pedro Juan Gutiérrez y Rubem Fonseca, son como padres putativos de la literatura. Entonces yo cuando empecé a escribir visualicé la posibilidad de acercarme a ellos. Y como yo no soy un tipo pretencioso y que miente, eso de las influencias lo dejo claro. Obviamente mis influencias son ellos y no pretendo no decirlo ni negarlo. Entonces para mí. Pedro Juan Gutiérrez y Rumben Fonseca, son autores que no tienen miedo de decir las cosas. A mí como escritor lo único que me interesa es eso. Un escritor tiene que tener la posibilidad de decir las cosas, como las piensas, como las sientes, sin consentir, sin tratar de agradar a nadie, ni siquiera a su familia, por eso es que tomo estos modelos como referencia fundamental”

Pero hay otros autores que le fascinan como; Emil Cioran (+) escritor y filósofo rumano, José de Sousa Saramago (+), escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués, Premio Nobel de Literatura en 1968; Mario Vargas Llosa, escritor y político peruano y Paul Auster, escritor, guionista y director de cine estadounidense que se caracteriza por su obra en la que hay absurdismo, existencialismo, literatura policíaca y la búsqueda de un significado y de una identidad personal.

“Obvio que hay autores que me gustan y otros que me fascinan como Rubem Fonseca que me encanta por la forma que él cuenta lo que pasa con las personas. O el filósofo, Cioran, que es pesimista y  tiene una frase: “Estamos en el fondo de un infierno del cual cada instante es un milagro”, que es lo que te pasa todos los días y eso ya es un milagro, lo que pasa es que no lo visualizas. O Saramago, que como dijo la academia sueca: “tiene capacidad para volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”. Y también me gusta Vargas Llosa que me parece un escritor importantísimo. No me importa su vida, no me importa lo que piensa, me importa lo que escribe. Yo separo la obra  de la persona. Y Paul Auster, por su búsqueda de una identidad personal. Bebo de todo un poco. En cuanto a poetas, no tengo un poeta favorito, pero Eliot (Thomas Stearns Eliot), es un poeta capital, como lo es Walt Whitman y allí con ellos, voy construyendo con todo esto mis influencias que es lo que me lleva a esto de escribir”

El escritor

Francisco Santana,  es un escritor nato e innato. Lo lleva en la sangre. Su apego a la calle lo nutrió para sacar historias y personajes. Él es un escritor, así se define, aunque cuando se le pregunta a que género literario pertenece, dice: “La narrativa. Yo soy de un tipo de ficción”

Y contradictorio como es, aunque el dicho diga, que “de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco”; y que él, de poeta tiene mucho, no publica las poesías que escribe “Amo la poesía, escribo poesía, lo que no hago es publicarla, porque le tengo tanto respeto y tanto temor. Me parece que la poesía, si se puede clasificar como un género, es lo más alto que tenemos los seres humanos. A la poesía llego con temor pero también con mucho respeto y entonces trato de no maltratarla. Pero para escribir, la poesía es fundamental, porque te da un ritmo narrativo, la poesía te ayuda a construir imágenes, metáforas. Cuando un escritor no lee poesía, se nota, porque sus textos no tienen esa influencia porque la voz poética es importantísima, el ritmo de la poesía, lo tienes que tener. Es muy complicado para mí escribir sin poesía. Y en esos períodos que me dan ataques, me meto en la poesía para escribir narrativa”

Santana, cree que mucho de su condición de escritor se lo debe al periodismo. “Yo soy periodista también. Para mí el ejercicio diario de la escritura que te da el trabajo de periodista, me ayudó muchísimo para escribir, porque ahí no tienes como escaparte, porque tienes que entregar el tema y lo tienes que entregar como sea, entonces no hay opción. No te vale la inspiración, tienes que cumplir, es trabajo. Hay que entender que escribir es un trabajo y es un trabajo complicado, porque estás haciendo dos de las cosas más complicadas que hay, que es pensar y escribir a la vez. Si te has dado cuenta que a veces tú tienes como una idea en la cabeza y dices: esta  cosa increíble que se me ocurre, pero al momento de escribirla ya no se te ocurre. Porque el lenguaje es limitado, las ideas no, pero todas las ideas que se te ocurren al final necesitan letras que son símbolos y tenemos limitaciones y tenemos una cantidad de letras y con esas letras tenemos que construir todo lo que se nos ocurre y eso es muy complejo, muy complicado. Tienes que entender que escribir tiene un proceso y es una aventura en sí y un trabajo muy profundo y a veces te quedas muy vacío con eso.”

El hombre

Si algo se puede decir de Francisco Santana, es que no pasa desapercibido jamás. Su pinta extraña, excéntrica para muchos y su presencia poco común, hace que las personas, más allá del sexo, para bien o para mal, regresen a verlo. Sus rastas (trenzas jamaiquinas) a lo Bob Marley que le llegan a su cintura, su pañuelo en la cabeza y su barba blanca, sumado a su manera informal de vestir y de ser, captan curiosidad y provocan desconfianza. Y en este mundo de prejuicios, él es raro. Aunque quizá los raros son otros. Muchos pueden hacerse ideas equivocadas con solo verlo. Incluso, algunos hasta se asustan, me consta. Pero ¿Quién es en realidad Francisco Santana?

“Ni yo sé, No sé donde nací, no sé en qué año nací. Creo las mentiras de mi padre, pero no las puedo corroborar porque el murió cuando yo era muy chiquito, me gusta pensar que nací en el 68 porque él me lo dijo, pero no tengo forma de corroborarlo. Soy bautizado dos veces. Una en un país extranjero y otra en la Catedral de Guayaquil. Mi padre era un aventurero, cuando tenía 16 años se fue del Ecuador y estuvo muchos años fuera del país, y cuando volvió al Ecuador, volvió conmigo y con mi hermano que se llamaba Miguel Ángel. Yo podría decir que Francisco Santana es muchas personas, pero me gusta pensar que es un chico que nunca conoció su madre, que su padre se murió cuando él tenía ocho años, que se crío con su abuela que fue su madre adoptiva  y que ha tenido que construir una vida solo prácticamente. Crecí en un barrio que es el suburbio de Guayaquil, tierras profundas, 36 entre Bolivia y Vacas Galindo. De allí salí yo. Puedo decir que no me gustan muchísimas cosas, y lo que no me gusta tienen que ver con cosas muy construidas, demasiado filosóficas de decir, como que no me gustan las injusticias, pero a quien chucha le gusta la injusticia, es absurdo, pero lo que no me gusta realmente es la estupidez, que es el defecto que menos tolero en las personas. No me gusta el melloco. Lo que me gusta es beber, obviamente divertirme, leer y leer profundamente, escribir que no es algo que me guste sino algo que se hacer y por eso lo hago. Obviamente las mujeres nunca me van a dejar de gustar”.  

Santana en frases

Santana es contundente para hablar y para escribir. Por eso lo buscan muchas veces para conformar paneles literarios, para mesas de diálogo y de crítica, para hablar de lo que escribe y entre lo que habla y escribe, va dejando frases que son su sello de identidad. Él es como sus letras y sus palabras. Radical. Radicalidad que encontró en la calle que es la mejor escuela y de la que saca sus historias y sus personajes. Hay frases que hablan por sí solas de su forma de pensar y de escribir como aquella de: “Quiero ocasionar algo en la cabeza de las personas, pretenciosamente podría decir que quiero ser un arma de destrucción masiva de las estupideces, uno tiene alojadas muchas estupideces en la cabeza y creo que la literatura ayuda a quitar un poco de estupideces.” 

Para el, las estupideces son por ejemplo, el discurso de los políticos que le parece siempre vacío y vacuo, al punto que hay que criticar a los políticos todo el tiempo. “Los políticos nos mienten todo el tiempo y no entiendo como reproducimos esas mentiras”

Y contra esas estupideces escribe. “Primero intento que las personas tengan un sentido mucho más crítico, a que la gente no crea todo lo que le cuentan. Además, también tenemos un gran problema de relaciones intrapersonales, la violencia familiar es un producto de la ignorancia y de creer que la violencia es un camino, y creo que con la literatura puedes ayudar a despejar ese camino. Por ello pienso que esas estupideces tienen que ver con la libertad, las libertades de los seres humanos nunca pueden ser atacadas, cualquiera que estas sean, y los escritores en ese sentido tenemos siempre algo que decir”

¿Y qué tal esta otra?, que se puede leer en su último libro: “Pocas veces en la vida se conjugan el momento exacto con la persona precisa y surge la fatalidad. Fui su alumno. Ella me educó. Me enseñó, con la inevitable dosis de sufrimiento y dolor, que la piel del ser amado es un veneno para el cual no existe remedio posible”

O estas que forman parte de su diario vivir y su forma de pensar:

“El ecuatoriano si lee, pero se lee cualquier cosa, se lee mal. Leen cualquier cosa que les cae en las manos, que para un inicio está bien, pero si quieres construir un pensamiento crítico necesitas leer cosas mucho más profundas, a escritores que con su obra hayan trascendido en la historia de la humanidad”

“Yo no escribo para mi mamá, yo no escribo para mi familia, yo no escribo para mis amigos, yo escribo para que la mayor cantidad de gente me entienda y nos entendemos a través de la literatura que es mi trabajo”.

“La gran masa de personas que no lee, no lee porque encuentra que los libros tienen una dificultad, sobre todo una dificultad de lenguaje, y como no están conectados con ese lenguaje rechazan los libros”.

“Puedo decir que yo sí vendo libros, y eso es una gran suerte, pero también se debe a que antes yo fui cronista (periodista) y hay gente que me leía y conocía de mi trabajo”.

“Nada es para siempre. Ni siquiera la estupidez”. 

“Es absurdo pensar que un hombre tiene la razón”

“No hay luz ni música que pueda servir para rescatarme de la noche de mi propia tormenta”

“La gente educada me pone de buen humor”.

“Hay cosas difíciles de explicar; la repentina felicidad sin un motivo aparente es una de ellas. Para mucha gente parece estúpido que uno sea feliz solo con mirar la luz dorada de un día cualquiera”, 

Y cualquiera no es Santana, porque ese que escribe y que vive es Santana, el de la pinta foca, el de la mente lúcida, el de la pluma mágica, el de la bohemia eterna, el de amigos carnales, el popular, el querido, el odiado, el amigo… el compadre.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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2 comments

  1. Qué bacán este artículo Aurelio!! Un abrazo al negro Santana y para vos porsupuesto
    Viva el Rock!

  2. Aurelio Paredes

    Saludos, Chino. Sí. Salió simpático la nota con mi compadre. Gracias por tus palabras. Un abrazo, Luis. Viva el Rock

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