SEGUIMOS JODIENDO…¿Y SI NOS JODEN A NOSOTROS?

Hace algunas ediciones, el editorial de Revista Delado, exponía su opinión sobre el irrespeto a determinadas personas en lo referente a la viralización de fotos o videos, por actos cometidos por dichas personas que despiadadamente llegan a sufrir lo que hoy se conoce como linchamiento mediático. Aquella vez fue por el tema de Julissa, aquella mujer que hizo una felación a un stripper en un centro nocturno. Más allá que ella se irrespeto así mismo cometiendo ese acto en público que fue grabado y difundido, hasta ser lo que hoy se llama tendencia o viral, está el hecho de la persona que lo difunde sin ningún reparo, irrespetando la privacidad de la persona.

Hoy nuevamente un acto privado pasa a ser tendencia o viral por ese afán actual de reproducir y replicar todo cuanto nos caiga en nuestras manos. Sucedió la Noche Amarilla en la que no importó el partido de fútbol, o si jugó el italiano Alessandro Del Piero o cantó la cantante colombiana Greeicy Esa noche el centro de atención fue el denominado Soldado Caído, un hombre que besó a una chica y fue pillado por la cámara, que según su reacción luego de verse filmado, fue motivo suficiente para que la gente lo acuse de infiel y difunda las imágenes, sin pensar el daño que puede  causar

Me dirán: ¿Qué pides respeto para esas personas, si ella mismo se irrespetan y dan papaya? Sí, puede ser. Quizá no merecen respeto, aunque esa posición es subjetiva, pero el hecho no va por si ellos cometen estupideces o no, que por último es problema de ellos; sino porque las personas nos metemos en los que no nos importa y violando la privacidad de las personas, difundimos el hecho, sin ponernos en los zapatos de esa persona por más equivocada que esté y lo que es peor, sin que exista una ley que lo prohíba o una regulación que impida la difusión de dichos hechos.

¿Qué esperamos? ¿Qué un día de estos, una víctima o un familiar de ella, se suicide por  no poder soportar la presión social? Mínimo dirán: Si eso ocurre no es problema nuestro, allá el que se mata por no saber soportar lo que el mismo causó. Quien lo manda a gil.

Pero en serio, hay que tomar conciencia en ¿Por qué replicamos y viralizamos todo los que nos llega a la mano? ¿Qué ganamos? ¿Qué utilidad nos da hacerlo? ¿Por qué lo hacemos? ¿Qué pasaría si las víctimas somos nosotros o alguien cercano a nosotros?

Me dirán, ¿Quién lo manda a gil a ir al estadio con la mujer ajena? Y yo pregunto, ¿cuántos de los que han viralizado los hechos, habrán hecho lo mismo?  ¿No es acaso ser carepalo criticar lo que uno también hace? Es simple, no hay conciencia de mirar la paja en el ojo ajeno, cuando se tiene la viga en el propio. Que lo hagan los que tienen el cuaderno limpio, pasa; pero que lo hagan los que tienen rabo de paja, que deben ser muchos, es incomprensible. En fin, problema de cada quien.

El asunto de este editorial, va por el lado de la falta de conciencia en la que hemos caído por esta invasión tecnológica que si bien trae muchas cosas buenas, trae también aspectos negativos. ¿Por qué no vivimos nuestras vidas y caemos en la tendencia de ser vulgares chismosos metidos que juzgamos todo? Porque no se va a negar que en el caso en mención y en otros anteriores, sin saber una realidad se empiezan a construir teorías. ¿Cómo supieron que era infiel? Ah, obvio por la reacción que tuvo. Sea o no sea, ya la gente construyó distintas hipótesis sobre la reacción. Y hasta se jugó con ella, diciendo a manera de concurso ¿Qué explicación darías a tu mujer cuando llegues a casa?

Es más. No solo las personas individuales estamos cayendo en eso, sino que lo hacen, quienes no lo deberían hacer como son los medios de comunicación que lo difunden sin el menor pudor ético. Al menos ellos, entendiéndose que son profesionales, deberían abstenerse de hacerlo; pero dirán erróneamente para justificar que el medio recoge una información que es pública e hizo tendencia, lo cual ya es una noticia. Error no es así. O al menos eso no es lo que dicen los libros que enseñan la teoría, que entre otras cosas estipula que para ser noticia debe tener un interés general. ¿En estos casos, cual es el interés general?

El asunto es que estos hechos que para muchos son jocosos, terminan siendo un acto transgresor. Y lo peor de todo es que no se puede hacer nada para evitarlo. Si para fines comerciales no puede usarse imágenes sin autorización y de hacerlo hay sanción si existe una demanda ¿Por qué no hacerlo para fines de privacidad? Me explico, si yo tomo la foto de una persona determinada y con ella hago un aviso publicitario, la persona cuya imagen se usó me puede demandar por uso de imagen sin autorización. Si eso se estipula en las leyes en los asuntos o fines comerciales, ¿Por qué no se lo puede hacer en el plano personal individual?

Al momento, el país no posee una Ley de protección de imagen y voz que proteja a las personas afectadas por la viralización de contenidos sin su autorización.  Por este motivo, hoy se puede destruir la reputación de alguien y no pasa nada. Es más hay carta blanca para hacerlo. Supuestamente la Asamblea de Montecristi iba a tratar una ley respecto a este tema, el supuestamente es literal, porque nunca se hizo ley proyecto alguno al respeto.

Hoy se vive una época de intolerancia total, con mucho doble discurso, pues decimos que somos tolerantes i respetuosos, pero la i debería ir pegada a la palabra pagada, porque lo que somos es irrespetuosos.

El hecho de que una persona vaya al algún lugar y haga algo indebido, por más que esa persona sea el propio responsable del hecho por su “estupidez” por decirlo de alguna manera, no da el derecho a ninguna persona de juzgar su actuación y destruir a una persona por un juicio personal, que no pasa de ser eso, una postura personal sobre un hecho o una persona determinada.

Hubo un proyecto de ley de La Constitución de Montecristi del 2008 que en el artículo 66, numeral 18, señalaba “El derecho al honor y al buen nombre. La ley protegerá la imagen y la voz de la persona”. Pero al final eso no se creó como ley y ya han pasado 12 años de eso, sin que a nadie le interese legalizar esta situación. Toda ley tiene su espíritu y ahí hay un principio: que todas las personas debemos tener derecho sobre nuestra imagen y voz. Inclusive si yo envío una foto o un audio a un grupo de watsap, únicamente estoy haciéndolo para ese grupo y de ahí no debe salir, fuera de ese espacio no puede ser usado para otros fines. Ante ello, hay una postura general de la sociedad, en que las personas nos estamos acostumbrando a hacer lo que queremos.

Hoy con este auge de la tecnología, todos tenemos un teléfono con cámara, lo cual nos da la posibilidad de registrar un hecho y difundirlo lo cual más allá de que debería ser ilegal, es un absurdo. Otros países si tienen mormado este hecho. Aquí es “viva la fiesta”. En caso de actos ilícitos, es justificable y obligatoriamente moral que publique el hecho; pero en casos privados, no debería serlo. Es invasión de la intimidad y punto. Así la persona “haya dado papaya”

En el caso del soldado caído, es cierto que al estar en un evento público, corre el riesgo que su imagen pueda aparecer en algún espacio, pero de ahí, el hecho de usarla para otros fines, debería necesitar una autorización.

¿Pensamos en el daño que causamos cuando esto se hace tendencia? ¿Reparamos en que hay daños emergentes y morales? Planteemos situaciones hipotéticas, como rupturas familiares, despidos laborales, afectaciones sicológicas, entre otras. ¿Nos corresponde a nosotros ser causantes de ello?. Y nuevamente digo, me dirán “El culpable es la persona que genera el hecho? Sí. Totalmente de acuerdo. Pero mi postura es ¿Qué nos interesa a nosotros su vida? ¿En que nos afecta? ¿Qué ganamos difundiendo?

La persona afectada debería tener la posibilidad de acudir a u juzgado de lo civil y plantear una demanda, un reclamo, algo que de alguna manera lo ampare de su uso de imagen sin autorización y que le derecho a recibir una indemnización por daños y perjuicios. El asunto es que si existiera una ley que estipule sanciones, las personas vamos a pensar dos veces en ejercer la viralización.

El asunto de fondo es que hoy las redes sociales en las que se suben videos, fotos, textos, memes, lo que sea y se los viraliza, ha hecho que se desate una ola de morbo, maldad, hipocrecía, linchamiento mediático, carencia de humanismo y hasta juzgamiento, en la que todos de una forma u otra terminamos siendo protagonistas. Repito, más allá de la estupidez de la persona en cometerlo, ¿tiene que ser viralizado y juzgado? ¿Hay derecho de irrespetar la vida ajena por más que el autor del hecho, el mismo, haya irrespetado su vida privada? ¿En que nos hemos convertido los seres humanos?

El tema trae cola y genera opiniones diversas.  La mía es que esos escándalos mediáticos cometidos por otras personas que nada tienen que ver con nosotros y que en muchas ocasiones ni conocemos, no nos debería importar y no deberían tener la trascendencia que tienen y ser tendencia, que parece ser la palabra de moda. Y no deberían ser trascendentes y peor tendencia viral mediática, porque en su mayoría son casos repudiables, que no valen la pena puestos en escena.

Claro. Hay casos y casos. Aquellos que representan violencia, injusticia, prepotencia, delito y más si son funcionarios públicos, merecen ser denunciados. Denunciados, no juzgados, para eso están los jueces y las leyes. Pero una felación, una infidelidad, un coito, un hecho privado, ¿merece ser difundido? ¿No estamos siendo partícipes del hecho, compartiendo?

Incluso, criticamos a la persona que filmó o viralizó el hecho, pero no nos autocriticamos, cuando al reproducirlo en nuestros grupos de watsap, o en nuestras redes sociales, estamos haciendo exactamente lo mismo.

En el editorial anterior puse lo siguiente, que hoy vale repetirlo: Se ha llegado al colmo de la falta de humanismo, que la otra vez vi un vídeo, de una persona que se estaba quemando y que era filmado por alguien. Ese que filmó, ¿no debió tratar de ayudar en vez de filmar? Por estar filmando no hizo nada por ayudar. Quizá no está en condiciones de pagar el fuego y rescatar, pero sí de coger el teléfono, para llamar al organismo competente en busca de ayuda, de  buscar un balde de agua y lanzárselo (aunque dicen que no es recomendable hacerlo), de hacer algo beneficioso que ayude, de al menos intentar hacer algo. No. El asunto es filmarlo, subirlo a la red social y viralizarlo. ¿Sí me hago entender?

Mi afán no es ser más papista que el papa, pero si desearía que con esta opinión, reflexionemos, meditemos, analicemos y hagamos una autocrítica, sobre que deberíamos hacer y qué no. Total cada quien hace lo que su conciencia y su humanismo le dicte que haga.

Criticamos, censuramos, exhibimos dotes de moralismo, sin el más mínimo recato. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a nadie? Nos falta empatía. Ponernos en los zapatos de otro. Ser más humanos, menos metidos, menos “sapos”, menos chismosos, menos “crueles”. ¿Qué ganamos siéndolo?

Cierro la nota con algo que ya puse en el editorial anterior y que sigue vigente para este caso:  ¿Hemos pensado si no hay algo de maldad, en la persona que filma y sube un vídeo de un acto detestable? ¿Para qué filmar, para que subir el vídeo, para que viralizarlo? ¿Se gana algo con ello? No sé, díganmelo, por favor. No logro entender.

¿Saben quién sí gana? La persona que hizo el hecho reprobable y que de pronto se convierte en figura mediática y se hace famoso, que hasta trabajo consigue y muchas veces en la televisión y pasa a ser “ídolo”. ¿Qué pasa por la cabeza del contratante? ¿Es justo que una persona por salir fumando mariguana o por hacer una felación y hacerse mediático, tenga un espacio laboral en un medio determinado? Cuando, hay cientos de personas, que han estudiado una carrera, que se han esforzado, que se han “quemado” las pestañas, que obra bien, y que no tienen oportunidades. ¿A que hemos llegado?

Es simple. El contratante, sabe que su producto, su espectáculo, su programa, lo que fuere, va a ser visto y va a tener éxito, porque le gente quiere ver al hoy «famoso» personaje. Esa persona es imán de atracción. Así de simple.

¿Qué ejemplo estamos dejando a nuestros hijos, a nuestros nietos, a la sociedad? De pronto, sin quererlo, les estamos enseñando que ese es el camino. Ya hay ejemplos. ¿Quiere ser famoso y lograr “éxito”? haga algo malo, déjese filmar haciendo huevadas, procure que se viralize. Pronto será una celebridad.

Ahí se las dejo boteando.


Foto:ocafezinho.com;grupocrece.com

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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